jueves, 7 de mayo de 2026

De vuelta a casa


He pasado un par de días en el centro de congresos Fray Luis de León de Guadarrama con un grupo de superioras de las Hermanas Hospitalarias. Venían de varios países: España, Portugal, Reino Unido, Francia, Vietnam, Filipinas, India, Camerún, Congo, Chile, Colombia, Ecuador… Las Hospitalarias están embarcadas en un serio proceso de revitalización de su instituto. Quieren seguir haciendo presente la compasión de Jesús en las fronteras de los enfermos mentales. Por paradójico que resulte, en estas primeras décadas del siglo XXI han aumentado los problemas. Los desajustes familiares y la intoxicación digital están haciendo estragos, sobre todo en adolescentes y jóvenes. Se requiere una nueva forma de presencia y acompañamiento. 

Aunque estamos en mayo, en la sierra madrileña hacía más bien frío, así que no pudimos disfrutar mucho del inmenso parque que rodea los edificios brutalistas del centro Fray Luis de León donde estábamos alojados, un centro que fue visitado en varias ocasiones por el actual papa León XIV cuando era superior general de los agustinos. Me emociona comprobar cómo algunos institutos de vida consagrada se están tomando muy en serio la necesidad de “renacer”. No se limitan a afrontar la reducción en Europa y América y a gestionar la expansión en Asia y África, sino que quieren aprovechar esta coyuntura para una renovación a fondo.


Esta tarde voy a participar en una rueda de prensa sobre la próxima visita del papa a España que se producirá dentro de un mes. Espero conocer de primera mano más detalles de los que se hicieron públicos ayer. El programa previsto es muy intenso. Solo un papa “joven” (León XIV tiene solo 70 años) puede someterse a un maratón tan exigente de encuentros, entrevistas y celebraciones en varias ciudades a lo largo de siete días. 

Durante ese tiempo, muchos españoles podremos verlo de cerca; otros lo harán a través de los medios de comunicación social.  Lo más importante no es ver al papa, sino que el papa nos vea, que se haga cargo de la realidad de un país y de una Iglesia que han cambiado mucho en las últimas décadas y que no acaban de encontrar un camino claro. Por eso, necesitamos todos “alzar la mirada”.


Como toda visita papal, también esta será un test proyectivo. Cada uno de nosotros proyectaremos en la figura de León XIV nuestros deseos, temores, expectativas, frustraciones, malestares, preguntas y dudas. Como el objetivo no es contentar a todos (lo que no es posible ni deseable), sino conocer más de cerca la realidad plural de la Iglesia y ayudarnos a “alzar la mirada”, lo que importa es dejarnos interpelar por aquello que confirme nuestra fe y también por lo que pueda desafiarla. 

Yo no espero que el papa nos dé la razón y aplauda todo lo que hacemos, sino que nos ayude a examinar desde la verdad del Evangelio lo que estamos viviendo y nos sugiera caminos de futuro. Comprendo que haya personas –católicos o no– a los que este tipo de visitas les produzca urticaria (por los gastos que implica, por la sobreexposición mediática, por la alteración de la vida social o por otros múltiples motivos), pero eso no significa que la visita sea inútil o dañina. En las sociedades pluralistas necesitamos un mínimo de tolerancia para aceptar lo diferente e incluso lo que no nos gusta. Más aún: estamos llamados a hacer un esfuerzo por abrirnos a nuevas realidades y rescatar en cada persona y situación aquello que hay de verdadero, bueno y bello. Es el único modo de convivir en paz y de madurar como pueblo.

 

Hoy se cumplen 76 años de la canonización de san Antonio María Claret. Todos los años, cuando llega esta fecha, recuerdo unas palabras pronunciadas por Pío XII en la alocución que dirigió al día siguiente a los peregrinos reunidos en Roma con motivo de la canonización. Me parece que constituyen uno de los mejores retratos del santo que se han hecho hasta ahora: 

“Alma grande, nacida como para ensamblar contrastes: pudo ser humilde de origen y glorioso a los ojos del mundo; pequeño de cuerpo, pero de espíritu gigante; de apariencia modesta, pero capacísimo de imponer respeto incluso a los grandes de la tierra; fuerte de carácter, pero con la suave dulzura de quien sabe el freno de la austeridad y de la penitencia; siempre en la presencia de Dios, aun en medio de su prodigiosa actividad exterior; calumniado y admirado, festejado y perseguido. Y entre tantas maravillas, como luz suave que todo lo ilumina, su devoción a la Madre de Dios”.

 

1 comentario:

  1. Muchas gracias Gonzalo!
    Esperamos de corazón que el Papa "nos vea " y toque muchos corazones fríos y aumente el ardor de "creer"......
    Hoy un bonito día! 76 años de la Canonización de San Antonio Maria Claret Una gran obra para el mundo.

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