
Nunca pensé hacerme benedictino, pero siempre me interesó mucho la figura de san Benito (480-547). Han pasado casi quince siglos desde su muerte. Su Regla sigue siendo un modelo de armonía. Cobra fuerza en tiempos de incertidumbre. Cuando Benito de Nursia reúne a algunos compañeros, no lo hace para salir al paso de necesidades sociales o eclesiales, aunque en su tiempo eran ingentes. Su objetivo era la búsqueda de Dios a través de la oración, el trabajo y la vida comunitaria.
En esta búsqueda, lo esencial es el encuentro con Cristo. Por eso, él exhorta a sus monjes a no anteponer nada a Cristo: “Vivan siempre en el temor y amor de Dios; amen a su abad con una caridad sincera y humilde; no antepongan nada absolutamente a Cristo, el cual nos lleve a todos juntos a la vida eterna”. Cuando esta mañana, en el oficio de lecturas, he vuelto una vez más sobre estas palabras, he comprendido hasta qué punto, en la práctica, “anteponemos” muchas realidades a Cristo. Somos aprendices que cada día tienen que renovar su opción. Nada funciona automáticamente, de una vez para siempre.

Benito vivió un tiempo de cambio. Tras la caída del imperio romano en Occidente, todo se vino abajo. Era necesario recomenzar desde lo esencial. Benito, que en su época estudiantil se había vuelto de Roma decepcionado y perplejo, comprendió pronto que lo esencial era Dios. Por eso, dedicó toda su vida a buscarlo y a dejarse encontrar por Él.
No encuentro otra alternativa en estos momentos de cambio de época que vivimos hoy. De la perplejidad no vamos a salir solo a base de ciencia y tecnología. Ni solo con propuestas políticas y económicas. Todo es necesario, pero lo imprescindible es encontrar un fundamento que sostenga todo y dé sentido a nuestros logros. Los monasterios benedictinos siguen siendo lugares de búsqueda, laboratorios de una vida alternativa. Por eso, atraen a creyentes y buscadores. Una Regla que resiste quince siglos debe de contener algo más que normas disciplinarias. Es Evangelio desmenuzado.

La sufrida victoria de España contra Bélgica estuvo bien. Oí los gritos de muchos vecinos que se entusiasmaron con el gol postrero de Mikel Merino. Necesitamos alegrías en el camino, puntos de encuentro, experiencias entusiasmantes. Pero necesitamos, sobre todo, fuentes de sentido, horizonte, miradas de largo alcance. Para esta segunda aventura, Benito es más útil que los jugadores de La Roja.
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