sábado, 27 de junio de 2026

Un corazón limpio


Podría dedicar unas líneas a la escuálida y sufrida victoria de España sobre Uruguay (0-1) en el partido jugado ayer (esta madrugada) en Guadalajara, pero, como no vi el partido, lo dejo en mero apunte. Me interesa más fijarme en unas palabras que he leído hoy en el Oficio de Lecturas. Las escribió Gregorio de Nisa en el siglo IV, hace la friolera de más de dieciséis siglos. Están tomadas de una homilía suya sobre las bienaventuranzas. Podrían haber sido escritas hoy pensando en quienes nos debatimos entre la búsqueda y la fe. O entre la fe y el miedo. O entre la indiferencia y el asombro. Copio un párrafo de la homilía gregoriana:
“La divinidad es pureza, es carencia de toda inclinación viciosa, es apartamiento de todo mal. Por tanto, si hay en ti estas disposiciones, Dios está en ti. Si tu espíritu, pues, está limpio de toda mala inclinación, libre de toda afición desordenada y alejado de todo lo que mancha, eres dichoso por la agudeza y claridad de tu mirada, ya que, por tu limpieza de corazón, puedes contemplar lo que escapa a la mirada de los que no tienen esta limpieza”.

Leído de manera superficial, pareciera defender que los que no logran creer en Dios son esclavos de su “inclinación viciosa”, como si los ateos, agnósticos e indiferentes engrosaran las filas de los malvados y pervertidos. O como si la fe fuera patrimonio de una élite de puros y aristócratas del espíritu. No creo que fuera esta la verdadera intención de Gregorio, tan sensible al encuentro con el Jesús que se hace amigo de pobres, pecadores y prostitutas.  Lo que escribe es más sutil y más verdadero. Es aplicable a todos nosotros. Cuando dejamos que nuestro corazón (es decir, nuestro centro personal) se ensucie con el egoísmo o cualquiera de los vicios capitales (soberbia, avaricia, ira, envidia, lujuria, gula o pereza), entonces nos resulta difícil ver reflejado en él a Dios. 

Esto explica muchas de nuestras dificultades en nuestro itinerario de fe. Cuando decimos: “No veo a Dios”, tendríamos que examinar nuestro corazón para ver si está demasiado recubierto por una costra de orgullo que impide todo reflejo de la divinidad. La bienaventuranza de Jesús es diáfana: “Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios”.


Acabo de venir de visitar a las Carmelitas Descalzas de Toro, una simpática comunidad dirigida por una priora italiana. Su sencillez y su alegría contagiosa –además de sus dulces exquisitos– me han hecho entender que “digitus Dei est hic” (el dedo de Dios está aquí). Se lo he dejado escrito en el libro de visitas. Han sido probadas por varias muertes recientes y seguidas, pero no por eso han perdido la alegría de quien se sabe en las manos de Dios. 

Cuando uno encuentra personas inteligentes, sencillas y bondadosas que creen en Dios, desearía ponerlas en contacto con aquellos que ironizan sobre su existencia, consideran que las personas racionales no pueden ser creyentes o hacen suyos los argumentos de los viejos “maestros de la sospecha”. Veo en las redes sociales –no tanto en el círculo de mis conocidos– que hay personas que siguen hablando de Dios como “proyección humana” (Feuerbach), “opio del pueblo” (Marx), “refugio de débiles” (Nietzsche), “neurosis colectiva” (Freud) y cosas por el estilo. Me hago cargo de sus zozobras, pero no me parecen suficientemente  racionalesSolo un corazón humilde y limpio puede abrirse al Misterio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

En este espacio puedes compartir tus opiniones, críticas o sugerencias con toda libertad. No olvides que no estamos en un aula o en un plató de televisión. Este espacio es una tertulia de amigos. Si no tienes ID propio, entra como usuario Anónimo, aunque siempre se agradece saber quién es quién. Si lo deseas, puedes escribir tu nombre al final. Muchas gracias.