martes, 23 de junio de 2026

Pausas de hidratación


Llegué ayer a Toro pasadas las seis de la tarde. En la pantalla del enorme autobús que me trajo desde Madrid se leía la temperatura: 39 grados. Dentro se estaba bien. El aire acondicionado mitigaba el intenso calor exterior, pero, al salir en la estación de autobuses de la ciudad zamorana, una bofetada de fuego me recordó que el verano ha empezado de forma despiadada. 

La casa fundacional de las Hermanas del Amor de Dios es un antiguo palacio episcopal renovado. Sus gruesos muros aseguran una temperatura interior aceptable. Después de la cena, comenzamos una semana de ejercicios espirituales. Es un grupo de cuarenta hermanas entradas en años. Detrás de sus canas y de su caminar renqueante descubro vidas entregadas que no se resignan a vivir la crisis de reducción con desesperanza, sino con una humilde confianza en Dios. Son una verdadera reserva de humanidad en estos tiempos acelerados. Parecen una especie en vía de extinción, pero su legado no se perderá. Merece la pena acompañarlas durante una semana en su aventura personal y comunitaria de dejarse leer por la Palabra de Dios para interpretar desde la fe lo que están viviendo.


Por supuesto, los periódicos no hablan de lo que estamos viviendo dentro de los muros de este convento, sino de algunas sentencias judiciales que han levantado ampollas, de los ecos de la visita del papa León XIV a España o de la marcha del Mundial de fútbol. Y, sin embargo, son muchas las personas (laicos, religiosos y sacerdotes) que aprovechan el tiempo de verano para tener unos días de ejercicios espirituales. Yo mismo voy a animar otra tanda a mediados de julio abierta a todos. 

Es verdad que muchas personas (sobre todo, laicos) no disponen de tiempo (y a veces de recursos) para apartarse una semana de su ritmo ordinario e ir a un “lugar solitario” (Mc 6,31) para ponerse a tono espiritualmente. Habría que hacer un esfuerzo colectivo por facilitar la participación de aquellas personas que de verdad lo desean. Hoy se han puesto de moda los “retiros de impacto”. No tengo una opinión formada sobre ellos porque no los conozco... por dentro. Si ayudan a las personas a encontrarse con Jesús y a reorientar su vida, bienvenidos sean. Pero siempre me dan más confianza las iniciativas discretas que las llamativas, las serenas que las demasiado emotivas, las de largo plazo que las que provocan decisiones inmediatas.


La vida es una carrera de larga duración. El cansancio y la fatiga son inevitables. Como en el Mundial, necesitamos “pausas y lugares de hidratación” que nos permitan conectar con la fuente que nos mantiene vivos. Los ejercicios espirituales anuales que practican todos los consagrados son como “pausas de hidratación” en el combate de la vida ordinaria. Su eficacia se nota en la fuerza que nos dan para regresar al ritmo cotidiano con más disposición a cumplir la voluntad de Dios. 

Mientras algunos religiosos y religiosas se muestran un tanto reticentes (por cansancio, rutina, desconfianza u otras razones), muchos laicos anhelan pausas de este tipo para vivir en verdad, habitar el silencio, permitir que la Palabra los lea, dejar de controlar en exceso el propio camino vital, ordenar los afectos para amar mejor, reconocer el paso de Dios por la vida, permitir que Dios sorprenda, caminar junto a otros sin invadir su espacio y creer que Dios es capaz de hacer nuevas todas las cosas. Estas son cabalmente las nueve actitudes que les he propuesto a las Hermanas del Amor de Dios al comienzo de nuestra peregrinación. Esperemos que podamos llevarla a término.

domingo, 21 de junio de 2026

Miedosos reconvertidos


Tras un par de días en el Santuario de Nuestra Señora del Henar haciendo el retiro de fin de curso con mi comunidad, celebro el XII Domingo del Tiempo Ordinario en un Madrid que puede alcanzar hoy los 40 grados. Estamos ante la primera ola de calor del verano recién inaugurado. Para evitar golpes peligrosos, he salido a caminar a las 7 de la mañana, cuando los barrenderos estaban poniendo guapa la ciudad y algunos noctámbulos regresaban a sus casas tras una noche de fiesta. 

Me gusta pasear por Madrid antes de que el sol del mediodía la convierta en una sartén. Para sofocos ya tenemos suficientes con los que nos brindan a diario los periódicos. Y con los infinitos comentarios, análisis, bulos y chascarrillos que circulan por las redes sociales como si fueran granizos hirientes de una tormenta mediática interminable. En este contexto de temperatura elevada (la meteorológica y la social), Jesús nos invita en el evangelio de hoy por tres veces a “no tener miedo”. Es uno de sus consejos más repetidos.


No debemos tener miedo a los hombres. Todo lo que hoy parece escondido llegará a desvelarse. Si siempre hemos sentido la impresión de que hay fuerzas oscuras que controlan el mundo, ese sentimiento se ha reforzado en estos tiempos de revolución digital. Hay un miedo razonable a que quienes controlan las distintas Inteligencias Artificiales manipulen a la humanidad por encima de los gobiernos nacionales y de los organismos internacionales. La invitación de Jesús a no tener miedo a los hombres es una afirmación de la primacía de Dios. No hay poder humano, por omnipotente que parezca, que pueda competir con Dios. La fe nos cura de un miedo insano a los poderosos de este mundo.

No debemos temer a los que matan el cuerpo. La violencia puede acabar con nuestra vida física. Por desgracia, esto sucede a diario en los lugares donde hay guerras abiertas, narcotráfico, terrorismo y crimen organizado. Pero lo más grave es el veneno cultural que envenena el alma y la priva de su conexión con Dios. No hay mayor daño que privar a una persona, por superioridad intelectual y moral, por odio o por ignorancia, del tesoro de la fe. Esto está sucediendo de manera sutil en nuestras sociedades hiperconectadas. Por eso, debemos reforzar nuestra confianza en la providencia de Dios que no nos deja de su mano. Esta confianza es un antídoto contra el veneno que inoculan en nuestros corazones los asesinos del alma.


No debemos temer al futuro. La incertidumbre es uno de los rasgos que caracteriza a nuestro mundo. No sabemos lo que nos van a deparar los próximos años. No estamos seguros de caminar hacia tiempos mejores. Se dice que en los jóvenes actuales se ha instalado la convicción de que van a vivir peor que sus padres y abuelos. Puede ser. De lo que estamos seguro es de que si nos dejamos vencer por el miedo no vamos a estar en condiciones de construir algo valioso. 

Las grandes obras son fruto del entusiasmo, no del miedo. La historia, incluida la historia del incierto siglo XXI, no se le escapa a Dios de las manos. Como los indicadores sociales parecen apuntar en otra dirección, necesitamos que la palabra de Dios nos señale siempre, como GPS infalible, la dirección correcta. Feliz (y caluroso) domingo. 

viernes, 19 de junio de 2026

Del dicho al hecho


¿Es fácil transformar el entusiasmo en virtud? El Mundial de Fútbol ha vuelto a poner en primera plana el deporte, aunque el fútbol en concreto lleva ya mucho tiempo ocupando un lugar destacado en el panteón de los dioses modernos. Me hablan algunos amigos mexicanos de los precios disparatados de las entradas para acceder a los estadios. Por si albergábamos alguna duda, este nuevo Mundial nos confirma la convicción de que estamos ante un pingüe negocio. 

Y sí, también se hace deporte, pero sometido a las férreas leyes del mercado y del entretenimiento. Los deportistas que no han sucumbido a la presión de convertirse en máquinas competitivas representan todavía el ideal del esfuerzo convertido en hábito, del sueño devenido virtud. Y por eso pueden ser modelos de algo que necesitamos en cualquier proceso de crecimiento humano: hacer que la chispa del entusiasmo genere hábitos de transformación.


Mi padre solía repetir una frase que me acompaña desde hace años: “Temo el esfuerzo del vago”. Las personas perezosas se pasan la vida sin hacer nada, pero si alguna vez deciden trabajar, entonces parece que se van a comer el mundo. Dan de sí lo mejor que tienen y tachan a los demás de indolentes. Claro, ese esfuerzo sobrehumano dura un día o unas horas. Cumplido el objetivo efímero, enseguida vuelven a la noble actividad del dolce far niente. 

Escribo esto a propósito de las expectativas generadas por la visita del papa León XIV a España. Millones de personas se han sentido atraídas por la persona y el mensaje del Papa. Se habla de despertar social, de búsqueda espiritual, etc. No dudo de que muchas personas habrán visto en León XIV un referente sólido en medio de un ambiente volátil, incierto, complejo y ambiguo. Este es un claro signo, pero no basta. ¿Cómo transformar esa expectativa en un itinerario sostenido en el tiempo? Aquí viene el ejemplo de los verdaderos deportistas. Ellos no viven del entusiasmo de las victorias ni se dejan hundir por la frustración de las derrotas. Dedican mucho más tiempo a entrenar que a competir. Saben que la obtención de triunfos depende en buena medida de una ascesis rigurosa, de una constancia a prueba de veleidades y de un acompañamiento fiable por parte de entrenadores expertos.


Me parece que en los procesos de crecimiento personal necesitamos experiencias luminosas, acontecimientos extraordinarios, encuentros que nos hagan vibrar. Pero necesitamos también ascesis, disciplina, moral de deportistas. ¿Estará la Iglesia española en condiciones de ofrecer itinerarios y entrenadores que acompañen a las personas que buscan? Me temo que, sin este ofrecimiento, la visita del Papa se convertirá a medio plazo en un espejismo. Ha llegado el momento de transformar la chispa en procesos, el entusiasmo en disciplina, la búsqueda en entrenamiento. Entonces, las semillas sembradas pueden acabar dando fruto. Del dicho al hecho... siempre hay un largo trecho. Paciencia.

jueves, 18 de junio de 2026

Necesitamos consuelo


Regresé ayer por la tarde de
Tortosa. He estado un par de días acompañando a las Hermanas de la Consolación en su Asamblea General. Acababan de celebrar el 150 aniversario de la muerte de su fundadora, santa María Rosa Molas, nacida en 1815 en Reus, la localidad natal también de Antoni Gaudí, el “arquitecto de Dios”. 
Admiro a las congregaciones que, en plena crisis de reducción, salen de su tierra y se arriesgan a ir a otros continentes. Las hermanas provenientes de Burkina Faso, Mozambique, Filipinas o Corea eran un ejemplo de la fecundidad multicultural del carisma de la consolación.

El domingo 14, antes de salir para Tortosa, estuve en el concierto-oración que el jesuita chileno Cristóbal Fones dio en la parroquia de santa Ángela de la Cruz en Madrid. La iglesia estaba llena. Muchas personas cantaban las canciones. Cada vez hay más gente que encuentra en la música religiosa un venero para nutrir su espiritualidad. Se ha visto con claridad durante el viaje de León XIV a España. 


Están siendo días de mucho movimiento. El calor con que se despide la primavera no es el mejor aliado para desplazarse de un sitio a otro, pero es lo que toca. Ayer, en la audiencia general de los miércoles, el papa León XIV hizo un agradecido balance de su viaje a España. Mientras, yo aproveché los viajes en tren y autobús (Tortosa está a 547 kilómetros al noreste de Madrid) para releerme todos sus discursos y homilías de su visita apostólica y algunos capítulos de la encíclica Magnifica Humanitas

No basta una primera lectura rápida para captar todos los temas. El papa León XIV escribe como es: con claridad, concisión y profundidad. A veces, echo de menos un toque literario al estilo de Pablo VI, pero reconozco que cada Papa tiene su manera peculiar de expresarse. Dudo –eso sí– que muchos jóvenes católicos se adentren en los 245 números de la encíclica. El texto es demasiado largo para los estándares comunicativos modernos. Corren por las redes resúmenes, infografías y vídeos que destacan lo esencial. Quizás es el único modo de que a muchas personas les llegue el mensaje, pero nada de esto sustituye a una lectura meditada, ni siquiera las síntesis hechas con IA.


Por lo demás, alumnos y profesores se frotan las manos porque el fin del curso académico 2025-2026 está al caer. No sé si los padres que tienen hijos pequeños comparten ese entusiasmo, pero es lo que hay. Yo, por mi parte, me preparo para el retiro de final de curso que tendré con mi comunidad este fin de semana. Es el momento de la evaluación, la gratitud y la mirada al futuro. Luego nos aguardan algunos días de vacaciones y muchos compromisos pastorales de diverso tipo. En mi caso, pasan por Toro (Zamora), Málaga, Segovia, Colmenar Viejo, México, etc. 

Aunque suene a tópico, siempre aprendo más que lo que yo puedo compartir. Mi segunda universidad –primera, en sentido axiológico– ha sido el encuentro con miles de personas en muchos lugares del mundo. A medida que pasan los años y tomo distancia de los acontecimientos, más valoro el poso que me han dejado. Mucho de lo que hoy pienso, siento y hago, bebe en las fuentes de personas extraordinarias que me han revelado los vericuetos de la vida que ningún libro consigue recorrer. Incluso los casos problemáticos que he debido afrontar me han enseñado más sobre la naturaleza humana –es decir, sobre mí mismo– que mis estudios de Psicología. Es verdad que viajar me cansa más que hace veinte años, pero sigue siendo una experiencia extraordinaria de admiración y aprendizaje.

domingo, 14 de junio de 2026

Líderes compasivos

 

Padecemos una gran crisis de liderazgo. En el comienzo de la revolución digital, tenemos la impresión de que nuestras sociedades se encuentran “extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor”. Eso es lo que sucedía también con las gentes del tiempo de Jesús. Lo leemos al comienzo del evangelio de este XI Domingo el Tiempo Ordinario. Cansancio y sensación de abandono, de orfandad, son dos notas que caracterizan nuestro tiempo. De hecho, uno de los libros de más éxito del filósofo surcoreano Byung-Chul Han se titula La sociedad del cansancio. 

Pero no solo estamos extenuados por el tipo de vida que llevamos, sino que tenemos también la impresión de que nadie nos guía. La falta de líderes creíbles y compasivos redobla nuestro sentimiento de abandono. Quizá esta es una de las razones que explica el gran éxito de la visita del papa León XIV a España. Millones de personas -creyentes y no creyentes- han visto en él a un líder sólido, compasivo, creíble, un referente ético en tiempos de confusión e incertidumbre. Incluso quienes no comparten su cosmovisión cristiana, de la que dimana su liderazgo, aceptan de buen grado su magisterio.


La reacción de Jesús ante las personas “extenuadas y abandonadas” es la compasión. Esta debería ser la primera actitud de todo buen líder. Y esta es quizá la actitud que menos vemos en los líderes políticos, económicos, mediáticos… y hasta religiosos, demasiado preocupados por defender sus intereses y arañar votos que los avalen.

Como las necesidades son muchas y la mies del mundo es abundante, Jesús pide al Padre que “mande trabajadores a su mies”. Aquí no se habla de vocaciones al sacerdocio o a la vida consagrada, sino de “trabajadores” que recolecten los frutos que el Espíritu suscita en el mundo. 

¿No pertenecen a este grupo inmenso los miles de voluntarios que han colaborado durante la visita del Papa, los policías, sanitarios, periodistas, etc.? Y, yendo más allá de un acontecimiento extraordinario, ¿no son “trabajadores” de la mies del Señor los millones de padres y madres de familia que transparentan el amor de Dios en el cuidado de los hijos, los profesores que educan y enseñan, los científicos que investigan, los panaderos que fabrican a diario el alimento cotidiano, los agricultores y transportistas, los médicos y enfermeros, los artistas y misioneros, los funcionarios y albañiles…? El mundo está lleno de “trabajadores” que se dejan guiar por el Espíritu y sin los cuales no podríamos existir ni un segundo más.


De este inmenso colectivo, el Señor llama a algunos a ser sucesores de los primeros doce apóstoles. Uno de ellos -a quien hoy llamamos el Papa- es el sucesor de Pedro, el primero de los apóstoles. Mediante el sacramento del orden, estos sucesores de los apóstoles han recibido la autoridad de Jesús “para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia”. Su misión es un envío, no una responsabilidad que ellos mismos se arrogan. Comienza por las “ovejas descarriadas”, pero llega a todo el mundo. El mismo evangelio en el que Jesús les pide que no vayan a tierra de gentiles, ni entren en las ciudades de Samaría, sino que vayan a las ovejas descarriadas de Israel (cf. Mt 10,5-6), acaba pidiéndoles que vayan a hacer discípulos de todos los pueblos bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (cf. Mt 28,19). 

Durante el viaje de León XIV a España hemos podido comprobar cómo el ejercicio de esta misión, con la autoridad de Jesús, llega al corazón de las personas y produce frutos. No se trata del encanto personal del ciudadano estadounidense-peruano Robert F. Prevost, sino del ministerio de León XIV, 267º sucesor de Pedro. Cuando se anuncia de palabra y de obra que el reino de los cielos está cerca, entonces aparecen los signos que acompañan a este anuncio: se curan enfermedades y se expulsan demonios. Las enfermedades y demonios de nuestro tiempo tienen nombres conocidos: enfrentamiento, polarización, indiferencia, secularismo, etc. Está claro que el Evangelio nunca pasa de moda. Estamos llamados a seguir dando gratis lo que hemos recibido gratis.

sábado, 13 de junio de 2026

El corazón es un cofre hermoso


El Papa ya está en Roma. Llegó al aeropuerto de Ciampino pasadas las 11 de la noche de ayer, con más de dos horas de retraso sobre el horario previsto. No lo hizo en el Airbus 320 de Iberia que estaba preparado en el aeropuerto Tenerife-Norte, sino en el Falcon del Ejército del Aire y del Espacio que había utilizado el rey de España para volar desde Madrid a Tenerife. Esta anécdota –junto con la del rosario que el Papa arrebató a un joven en Montserrat y que luego le devolvió arrojándolo desde el coche– ponen un poco de sal y pimienta en un viaje de siete días que ha sido como una especie de ejercicios espirituales. 

Ahora nos toca “conservar todo esto en el corazón”, rumiarlo con calma para hacerlo nuestro. Y esta es precisamente la actitud de María que recordamos hoy, en la solemnidad del Inmaculado Corazón de María, la fiesta grande de los claretianos. La verdad es que su encaje litúrgico -entre la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús y el domingo– hace que pase casi desapercibida para muchos cristianos. De hecho, algunas congregaciones –como, por ejemplo, las Misioneras de la Caridad de santa Teresa de Calcuta– la celebran en una fecha fija (el 22 de agosto), como hacíamos hace décadas los claretianos. Sin entrar ahora en las razones “litúrgicas” que aconsejaron su ubicación actual, quizá esa discreción sea un rasgo típicamente cordimariano. María pasa casi como de puntillas por el Nuevo Testamento y, sin embargo, su influjo en la comunidad cristiana es determinante.


¿Qué puede significar hoy “guardar todo en el corazón”?
Teniendo como trasfondo el viaje apostólico del papa León XIV a España y algunos de los acentos de sus mensajes, me atrevería a hablar de tres viajes espirituales.


El primero tiene que ver con la verdad.
Es el viaje de la superficialidad a la profundidad. O de la exterioridad a la interioridad. El corazón es símbolo del centro personal, del santuario de la conciencia, del lugar donde se revela la verdad. Troquelados por una cultura que nos invita a mirar fuera, a confundir lo superficial con lo real, María nos enseña el arte de dejarnos alcanzar por la verdad de Dios en lo profundo del corazón. “Lo esencial es invisible a los ojos”, decía el Principito. Hoy necesitamos esa esencialidad para vivir en verdad.


El segundo se refiere a la belleza.
Es el viaje de la mera apariencia a la belleza interior. Prisioneros de la imagen, moldeados por el esteticismo de las redes sociales, necesitamos dejarnos seducir por la belleza de Dios que atrae sin forzar, que habita en nuestro corazón como el sumamente Hermoso: “Tarde te amé, hermosura tan nueva y tan antigua” (san Agustín). La etapa de la Sagrada Familia en Barcelona fue una emocionante expresión de este segundo viaje. 


El tercero alude a la bondad.
Es el viaje de la indiferencia a la cordialidad. La frialdad de relaciones cada vez más distantes solo se cura con el amor que pone corazón (cor) cuando nos acercamos a los demás: “Quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne” (Ez 36,28). El encuentro cordial de León XIV con personas sin hogar, presos, desempleados, víctimas de abusos, inmigrantes e infinidad de bebés ha sido una clara expresión de este tercer viaje. 


Es hermoso contemplar a María, en su advocación de Corazón inmaculado, como la peregrina que ha hecho estos tres viajes esenciales. Por eso, es maestra de verdad, belleza y bondad. Repasando los mensajes del papa León, descubrimos que estos tres armónicos han estado muy presentes a lo largo de su viaje a España. ¡Hermosa coincidencia!

Feliz fiesta del Inmaculado Corazón de María a todos



viernes, 12 de junio de 2026

La "otra" semana santa


Después de siete días en España (Madrid, Barcelona y Canarias), el papa León XIV regresa esta tarde a Roma. Lo hará cansado y contento, emocionado y agradecido, solo y acompañado. Y nosotros nos quedaremos rumiando la experiencia vivida en una semana que, más allá del calendario, ha sido “santa” por muchas razones. Podemos aprovechar el fin de semana para releer con calma, como auténticas meditaciones, sus discursos y homilías. Es bueno que no pase demasiado tiempo. Necesitamos cuanto antes dejarnos iluminar, interpelar, consolar, corregir y animar. 

Es mejor hacerlo en soledad o acaso en pequeños grupos (familias, comunidades, etc.). El ruido mediático ha ido ganando decibelios a medida que pasaban los días. Tras una actitud obsequiosa inicial, a partir de su discurso en el Congreso de los Diputados el pasado lunes, han ido arreciando las críticas y descalificaciones, más entre los adultos de una cierta tendencia que entre los jóvenes, que se han mostrado muy abiertos a la bocanada de aire fresco que León XIV ha traído a una atmósfera demasiado cargada. De hecho, las redes sociales arden con vídeos y mensajes de personas mayores (en el sentido etario e ideológico) que repiten de manera cansina los argumentos de siempre. Es probable que en algunos casos contengan elementos que nos ayuden a ser críticos, pero el sesgo ideológico y a veces incendiario les hace perder credibilidad.


Confieso que durante estos días –sobre todo, en la etapa de Madrid– he seguido con mucha atención la visita apostólica del Papa a España. De hecho, he participado en varios encuentros y celebraciones. Al llegar el último día, agradezco la tarea ingente de las muchas personas involucradas en su organización y desarrollo. Ha sido un verdadero éxito colectivo. 
Viendo a los miembros de las diferentes comisiones y a los voluntarios, daba la impresión de que, tras quince años sin la visita del sucesor de Pedro, había un deseo noble de hacer las cosas bien. 

Es muy probable que la partida de gastos se aproxime a los 30 millones de euros. Es una cifra abultada. La experiencia puede ayudarnos a organizar otras visitas de manera más sobria. Quizá no es necesario, por ejemplo, que acompañe al Papa en todos sus desplazamientos un séquito tan numeroso, empezando por el alto número de obispos y otros funcionarios. 

Me imagino que la comisión organizadora hará una evaluación del viaje (no solo un balance económico y logístico) y extraerá las lecciones pastorales que ayuden a organizar mejor otras posibles visitas. Esta, por ser la primera, ha tenido un carácter excepcional en cuanto a participación popular, apoyo institucional, cobertura mediática, etc. No es necesario hacer un despliegue tan grande de medios para alcanzar objetivos pastorales y evangelizadores significativos.


En medio de todo, la Iglesia de España y la sociedad en general han descubierto la figura un poco enigmática del papa León XIV. Casi todos ponderan su talante moderado, su hondura intelectual, su capacidad de escucha, su serenidad contagiosa, su empatía y su capacidad para proponer el Evangelio con claridad y humildad. Es muy probable que, creyentes y buscadores, viéndolo y escuchándolo, hayamos descubierto mejor a Cristo y nos hayamos sentido interpelados por su mensaje. 

Los más escépticos piensan que, tras esta breve tregua benéfica, volveremos a nuestros viejos hábitos cainitas. Es lo más probable. De hecho, ya está siendo así entre los partidos políticos. Y, sin embargo, cuando se siembran semillas de verdad, belleza y bondad, tarde o temprano, por caminos insospechados, acaban produciendo algún fruto. Lo importante es sembrar. 

El Papa ha sembrado la Palabra de Dios con generosidad. Nos toca a nosotros (personas, comunidades, parroquias, diócesis, instituciones) cultivar esas semillas. Aquí se podría aplicar punto por punto la parábola del sembrador que nos propone Jesús. Aunque la semilla del Evangelio es buena y abundante, su desarrollo depende en buena medida del terreno en el que cae. ¿A qué categoría pertenece nuestro terreno personal? ¿Somos camino, roca, abrojos o tierra fértil?

lunes, 8 de junio de 2026

Mensaje fuerte, estilo suave


La realidad es más rápida y rica que la palabra. Pensaba comenzar escribiendo algo sobre todo lo vivido ayer, pero la jornada de hoy está ya repleta de acontecimientos que demandan atención. Acabo de escuchar el discurso del papa León XIV en el Congreso de los Diputados y ahora estoy oyendo de fondo su discurso a la Conferencia Episcopal Española. Los mensajes son tantos y tan ricos que es precipitado señalar los puntos principales. Me gusta leer las reacciones de los medios porque expresan la pluralidad de opiniones que encontramos en la sociedad. Como era previsible, cada escuchante o lector destaca aquello que concuerda con sus convicciones y silencia lo que las desafía. 

Lo que me parece evidente es que el Papa ha preparado a conciencia este viaje, que se ha dejado aconsejar bien y que, sin perder nunca su tono moderado, está abordando asuntos de gran complejidad. Encuentro un parecido con Benedicto XVI en cuanto que ambos parecen ajustarse al axioma clásico “suaviter in modo, fortiter in re”. Dicen cosas profundas e interpelantes sin levantar la voz, sin teatralizaciones innecesarias y sin caer en el método de dar “una de cal y otra de arena”, aunque esta es la crítica más recurrenteLo que de verdad importa es la claridad y la coherencia, sin descuidar un ligero toque de emoción e imaginación. Lo pude comprobar ayer en la multitudinaria Eucaristía celebrada en la plaza de Cibeles, al aire libre, y en el encuentro “Tejer redes” que se tuvo en el Movistar Arena.


A propósito de este encuentro con el mundo de la empresa, la cultura, las artes y el deporte, se ha hecho viral en las redes el testimonio del actor Antonio Banderas. Los ecos han sido muy positivos, aunque en las redes no faltan alusiones directas o veladas a su “incoherencia” personal, como si quienes escriben fueran un dechado de virtudes. La parábola de Jesús sobre el fariseo y el publicano siempre nos alerta contra los juicios precipitados sobre otras personas. Siempre es preferible prestar más atención a la viga que llevamos en nuestros ojos que a las motas que vemos en los ojos de los demás. Confieso que el encuentro de ayer, una especie de “atrio de los gentiles”, marca un estilo pastoral para la Iglesia española, siempre tentada de rigorismo y autosuficiencia. 

La cultura del diálogo y el encuentro es imprescindible en el mundo de hoy. Algunos dicen que este método no produce conversiones, que lo que se necesita es una fuerte denuncia de los males de nuestro tiempo y una apremiante llamada a la fe. No encuentro oposición entre una evangelización kerigmática y audaz y un estilo pastoral de escucha y diálogo. Tenemos un tesoro inmenso que compartir, pero también mucho que aprender. Esta combinación de valentía y humildad la veo muy bien reflejada en el estilo pastoral de León XIV.


Entre los muchos asuntos que el Papa está abordando, algunas personas y medios exigen que se pronuncie sobre el asunto de los abusos del clero. No lo ha hecho en el Congreso, pero sí en el discurso a los obispos. Ha hablado de los abusos como de una “plaga”. La palabra no es baladí. Es probable que algunas víctimas (y algunas asociaciones) estén presionando para que se hagan las cosas como ellas desean, pero eso no quita que estemos ante una realidad sangrante que necesita una actitud contundente y compasiva. El papa León XIV les ha dicho a los obispos que la Iglesia española “está llamada a responder con la escucha, la verdad, la justicia, la reparación y un compromiso cada vez más decidido en la prevención y la cultura del cuidado”. 

Cada palabra es importante. Es verdad que la Iglesia de España hace ya años que ha tomado en serio este asunto, pero las respuestas son muy distintas. No todas las diócesis y congregaciones están respondiendo de igual manera. ¡Ojalá la visita del Papa sea el aldabonazo que se necesita para acabar cuanto antes con esta “plaga”! El Papa es llamado “pontífice” (hacedor de puentes). Parece que León XIV se lo ha tomado en serio. Esto exige conocer bien las dos orillas sobre las que el puente se asienta: la del Evangelio y la de las personas. A medida que pasan los días, se manifiesta con más fuerza el entusiasmo del pueblo sencillo, pero también las críticas, sobre todo en las redes sociales. Procuro tenerlas en cuenta porque siempre se aprende, aunque la mayoría tienen un tono demasiado demagógico como para ser tomadas en serio.



domingo, 7 de junio de 2026

Un concentrado de vida eterna


Aunque estoy algo cansado de la vigilia de ayer con el papa León XIV, hoy he madrugado para vivir con intensidad esta fiesta del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. Miles de personas afluyen hacia la plaza de Cibeles como ayer lo hicieron hacia la plaza de Lima. La diferencia es que, desde el punto de vista meteorológico, van del frescor de la mañana hacia el calor intenso del mediodía, mientras ayer íbamos del fuego vespertino a la brisa suave de la noche. 

Antes de centrarme en la fiesta de hoy, quiero decir algo sobre la jornada de ayer. La alternancia de encuentros humanos e institucionales marcó el programa. El saludo a familias con niños aquejados de algunas discapacidades (en el mismo aeropuerto), a enfermos de ELA (en la nunciatura) y a personas sin hogar (en el centro CEDIA de Cáritas) revela el verdadero rostro del ministerio de Pedro: escuchar y consolar. 

El encuentro con los reyes, el gobierno y el cuerpo diplomático sirvió para recordar los valores que pueden guiar la convivencia en las sociedades plurales. Me gustó el discurso del rey Felipe VI y mucho más el del papa León XIV. Está claro que no fueron hechos con IA, sino con una mente pensante y un corazón sensible. En general, los ecos han sido muy positivos, aunque –como suele ser habitual– no faltan las notas discordantes de distinto signo. Lo mejor es leer con serenidad las dos intervenciones y extraer las consecuencias.


La vigilia fue una ceremonia larga, aunque con buen ritmo. Llegué “encapsulado” en uno de los autobuses reservados a la prensa desde el CIP de Sol hasta la tribuna situada enfrente del escenario. Como nos escoltaban motoristas de la policía municipal, no había semáforo que se nos resistiera. Acomodado en mi silla, a dos metros de Alberto Herrera (periodista de COPE) y del equipo de Onda Cero, saqué mi cuaderno de notas para ir anotando lo que me llamara la atención. Todo era perfecto: visibilidad excelente, sombra, silla y agua. Solo el trasiego constante de los fotógrafos y la impertinencia de algunos cámaras perturbaba un poco la paz. Pensaba en los miles de jóvenes y familias que resistían al sol y de pie. 

Todo discurrió a buen ritmo. Paso a un segundo plano algunas observaciones críticas y me quedo con lo mejor: el esfuerzo ingente de los organizadores (en buena medida los propios jóvenes) para organizar una vigilia que nos ayudase a todos a refrescar la fe. Me gustaron el escenario, el coro, la orquesta, las pantallas, el sonido, los animadores, los cantantes, los elementos visuales, el diálogo de algunos jóvenes con el Papa y, sobre todo, la adoración eucarística en la arteria más importante de Madrid, en medio de rascacielos y estadios de fútbol. Algunos familiares y amigos que estaban siguiendo la vigilia por televisión concordaban conmigo. Fue algo hermoso, coral, energizante. Regresé a casa al filo de la medianoche, con el corazón agradecido. Ya sé que la fe no depende de manifestaciones multitudinarias ni de espectáculos vistosos, pero todo puede ayudar en el momento oportuno y dentro de un proceso de búsqueda o de crecimiento.


Esta solemnidad del Corpus Christi tiene mucha miga. Cuando se juntan el cuerpo comunitario y el cuerpo eucarístico, el fruto es un concentrado crístico que salva al mundo, que le inyecta vida eterna. Esto es lo que se quiere celebrar esta mañana en la plaza de Cibeles en compañía del sucesor de Pedro. Una comunidad eucarística es lo más parecido a un avance del cielo en la tierra. En ella se visibiliza la presencia del Cristo Resucitado. Se juntan la acogida, el perdón de los pecados, la escucha de la Palabra, el discernimiento, la comunión de mentes y corazones, la memoria de los pobres y el envío misionero al mundo. ¿Hay un arma más poderosa para la transformación de la sociedad y de la creación entera?

sábado, 6 de junio de 2026

Ya ha llegado


Acabo de celebrar la misa del peregrino con 250 adolescentes y jóvenes que han pernoctado en el colegio de las Concepcionistas de Princesa. Iban todos ataviados con su camiseta azul celeste. Tenían cara de haber dormido poco. A pesar del cansancio acumulado, han participado con entusiasmo en la celebración e la Eucaristía. Para casi todos ellos, es la primera vez –y quizás la única– que van a ver al sucesor de Pedro. No sé lo que pasa por la mente de un chico o una chica de 16 o 18 años. Todos están terminando el curso. Tienen exámenes pendientes. A pesar de todo, han reservado este fin de semana para algo que rompe la rutina. 

La vida es un rosario en el que se combinan muchas cuentas ordinarias y algunas extraordinarias. El viaje de un papa pertenece a esta última categoría. Voy a participar en la vigilia que tendrá lugar esta tarde en la plaza de Lima. Allí podré sintonizar con el espíritu de los jóvenes y tal vez hablar con algunos de ellos para conocer de cerca sus expectativas y dificultades.


El papa ya está en España. Ha llegado unos minutos antes del horario previsto. Los medios de comunicación se están volcando para cubrir la noticia. Hay información por todas partes. Hacia la una de la tarde, después de la recepción en el Palacio Real, la comitiva papal pasará por la calle Princesa, a pocos metros de donde vivo, así que me acercaré para compartir con la gente un saludo espontáneo y escuchar algunas reacciones. Me sorprende la curiosidad que ha despertado este viaje. Es como si esperásemos un signo que nos ayude a salir de nuestra rutina, a “alzar la mirada” hacia los demás, hacia el futuro, hacia Dios. Hay algo dentro de nosotros que no se resigna a la mediocridad y a la desesperanza. Si el viaje de un papa sirve para mirar hacia arriba, hacia los lados, hacia adelante, bienvenido sea. 

viernes, 5 de junio de 2026

Unidad, belleza y caridad


Acabo de ver un reportaje de una cadena de televisión estadounidense sobre el inminente viaje de León XIV a España. Me gusta saber cómo se ven las cosas desde la distancia. El periodista ha resumido la visita apostólica con tres palabras que constituyen todo un programa: unidad (Madrid), belleza (Barcelona) y caridad (Canarias). Es una tríada sugestiva. No contiene todo, pero ayuda a comprender los acentos principales. 

Dentro de una semana, cuando haya terminado el viaje, quizás comprendamos mejor estas tres palabras que, según el periodista estadounidense, pueden ayudar a los católicos y ciudadanos españoles en general a “alzar la mirada” y contemplar la realidad desde una perspectiva generosa.


La palabra clave en Madrid, capital del país, es unidad. El encuentro con el jefe del Estado, el presidente del gobierno, todos los parlamentarios y otras autoridades civiles y eclesiásticas es una oportunidad óptima para que el Papa acentúe la necesidad imperiosa de navegar entre polaridades sin caer en el peligro de la polarización. El clima político actual es efervescente. Es muy probable que el Papa no haga alusiones concretas a la situación de los partidos políticos, pero, sin duda, apelará a la necesidad de trabajar conjuntamente por el bien común desde una clara conciencia de unidad. 

Cuando el Papa utiliza esta palabra, tan explorada por san Agustín, no está pensando en ningún tipo de uniformismo rígido, sino en un proyecto colectivo de convivencia que sabe celebrar e integrar las diferencias. Si estas ya son notables por tradición histórica, se han incrementado con la llegada masiva de inmigrantes a nuestro país. Sí, unidad es un mensaje clave. El Papa lo lleva hasta en su escudo: “In Illo uno unum” (En el único Cristo somos uno).


La visita a Barcelona se puede resumir en la palabra belleza. Tanto el antiguo monasterio benedictino de Monserrat como la moderna basílica de la Sagrada Familia son símbolos hermosos que actúan como claraboyas hacia el misterio de Dios. Los millones de turistas y peregrinos que visitan el templo de Gaudí se quedan extasiados ante esa monumental Biblia pétrea. Es cierto que a los críticos les parece una horrenda “mona de Pascua”, una especie de parque temático en el corazón de la ciudad, pero la mayoría admira que las fachadas sean retablos en piedra y el interior sea como un bosque animado por luces cambiantes. 

Sin belleza, sin el asombro que produce la via pulchritudinis, todos nos volvemos romos, cerrados, ateos. Dios es la Belleza suprema que se refleja en su creación y, sobre todo, en Jesús, “el más bello de los hombres” sobre el que se derrama la gracia. Sin belleza, somos esclavos de la voracidad y el consumismo.


El salto atlántico a las Canarias era obligado. Lo soñó Francisco. En el escenario en el que muchos emigrantes africanos han encontrado la muerte, el armónico evangélico imprescindible es la caridad, en el más genuino sentido de esta virtud cristiana. La caridad es el antídoto contra la indiferencia. En pleno debate sobre la emigración, el Papa no entrará en la letra pequeña de este asunto controvertido, sino en el fondo de la cuestión. ¿Por qué tantos africanos sienten la necesidad de emigrar a Europa? ¿Por la llamada a “islamizar” el continente a base de demografía tras otros intentos fallidos a golpe de espada? ¿O por la pobreza y la corrupción endémicas de muchos países, resultado de la connivencia entre los intereses de algunos países y emporios extranjeros y las élites locales? 

Los problemas políticos y económicos requieren soluciones justas del mismo nivel, pero la dignidad de seres humanos con rostros y nombres concretos es innegociable. La Iglesia lo sabe por experiencia.

Creo que, cualquiera que sea nuestra situación personal, familiar o institucional, no nos viene mal un compuesto vitamínico de unidad, belleza y caridad. ¡A ver si de una vez alzamos un poco la mirada y no nos ahogamos en el pozo de la desunión, la fealdad y la indiferencia!




jueves, 4 de junio de 2026

Cuando se quiere, se puede


Ayer estuve en Cibeles. La rueda de prensa y la visita a los escenarios de la plaza fueron momentos algo atropellados, pero emocionantes. Mientras el cardenal Cobo y las arquitectas Concha Sánchez Maíllo y Cristina del Río Villegas hacían sus comentarios en el tercer nivel de la enorme tribuna de prensa, los operarios estaban descolgando la cruz que presidirá la celebración de la Eucaristía del domingo. Algunos cámaras de televisión increpaban a los periodistas que tapaban la cara del cardenal con sus enormes micrófonos. 

Yo me alejé de la escena. Me parecía más interesante observar las maniobras de los obreros que escuchar algunas explicaciones ya sabidas. Mi frustrada vocación de arquitecto prevaleció sobre la de periodista. Los coches y autobuses seguían rodeando la fuente de la plaza Cibeles y muchos turistas disparaban sus móviles. Al fin y al cabo, no se ve todos los días un montaje de esas características.


De vuelta a casa, navegué un poco por internet en busca de nuevas informaciones. YouTube está repleto de vídeos que hablan sobre el próximo viaje del Papa a España. Al final de la entrada os inserto uno que me pareció revelador. La conocida vaticanista mexicana Valentina Alazraki dialoga con tres periodistas españoles de distintos medios (RNE, EFE y ABC-La Sexta) sobre el viaje. Me gustó el contenido y el tono. Echo de menos este tipo de diálogos serenos en los que cada uno puede exponer su punto de vista con libertad, razones y respeto. Cuando se quiere, se puede. 

Este es el tono que habría que trasladar a otros muchos espacios de intercambio y debate. Pero se ve que algunas personas y medios están interesados en crispar todo lo que pueden. Siempre se las arreglan para encontrar agujeros polémicos, acentuar diferencias, ver enemigos por todos los lados y provocar el enfrentamiento. Tengo en mi cabeza los nombres de algunos sitios de internet y de algunos periodistas en particular. Por desgracia, varios de ellos se dedican a una (supuesta) información religiosa.


¡Ojalá el viaje del Papa, con su estilo sereno y profundo, nos ayude a “alzar la mirada” y ver las cosas con perspectiva! A León XIV le faltan los arranques apasionados del papa Francisco, pero eso mismo, en este contexto de polarización, es una gran virtud. Introduce el peso de la objetividad frente al subjetivismo imperante. No abusa de los “gestos” que tanto les gustan a los periodistas, sino que nos confronta con la verdad del Evangelio. Los primeros son muy llamativos, pero efímeros. La confrontación con la Palabra tiene efectos transformadores y duraderos. 

Muchas personas van a pagar un alto precio durante estos días: séquito papal, obreros, periodistas, policías, voluntarios, etc. Ayer le oí a un cámara de televisión un desahogo comprensible: “¡Ojalá termine esto cuanto antes!”. No es fácil moverse con una cámara al hombro a más de 30 grados. Estoy convencido de que el trabajo de muchos redundará en beneficio de todos. El viaje puede sacar lo mejor de cada uno de nosotros. 

Os dejo con la interesante conversación de estos cuatro periodistas.



miércoles, 3 de junio de 2026

Faltan tres días


Esta mañana he recibido mi acreditación para cubrir el viaje del papa León XIV a España en el Centro Internacional de Prensa (CIP) que se ha establecido en la sede de la presidencia de la Comunidad de Madrid, sita en la Puerta del Sol. Además de la tarjeta identificadora (con foto incluida), el pack incluye una botella de vidrio para mantenernos hidratados en estas jornadas veraniegas, una SIM gratuita, una tarjeta para moverse por la red pública de transportes de la comunidad y alguna otra cosilla de poca monta. Preveo que el CIP se quedará pequeño para tantos periodistas acreditados. 

En cuanto cuelgue esta breve entrada, correré a la plaza de Cibeles para una rueda de prensa con el arzobispo José Cobo y las dos arquitectas que han diseñado los escenarios de la vigilia con los jóvenes y la misa del domingo. Faltan solo tres días para que el papa León XIV aterrice en Madrid. Crece la expectación… y también las críticas y reivindicaciones. Nada nuevo. Unos quieren que vaya al Valle de los Caídos, otros que no visite la abadía de Montserrat y algunos (políticos y eclesiásticos) que utilice más el catalán en las ceremonias de Barcelona.


Hay grupos (muchos) que exigen ser recibidos por el Papa. En el caso de que no suceda, algunos amenazan con la apostasía. Ahí es nada. Abundan también los improvisados “redactores” de sus discursos. En vez de disponerse a escuchar al Papa con un mínimo de obsequiosa cortesía, le sugieren (y hasta le ordenan) lo que tiene que decir en cada caso, sobre todo en su discurso en el Congreso de los Diputados. Estos diktats provienen de la derecha y de la izquierda, de progres y fachas, de creyentes y ateos. El Papa no podrá quejarse de falta de sugerencias. 

Hay infinidad de personas (católicas y no) que se alegran de su visita y otras (masones y ateos) que se apuntan de manera llamativa al “Yo no te espero”. La mayoría de los políticos aplauden el viaje y seguramente lo utilizarán para sus fines, pero algunos partidos minoritarios aprovechan la coyuntura para hacerse un poco de publicidad diciendo que ellos no participarán en los actos. En fin, que el viaje sirve de catalizador de la enorme pluralidad de nuestra sociedad y de termómetro para medir la grandeza y mezquindad de los seres humanos.


A nadie se le exige que se entusiasme con el viaje del papa León XIV o que no exprese sus críticas razonables, pero sí es exigible que se le conceda un respeto parecido al que se suele dispensar a las decenas de personajes famosos que visitan cada año en nuestro país. Como siempre, las personas más sencillas serán las que salven el significado más hondo de este viaje apostólico. 
Los cabecillas políticos y mediáticos de turno lo instrumentalizarán, lo boicotearán o lo tergiversarán. Nada nuevo. 

Voy a ver cómo llevan los automovilistas los cortes de tráfico y qué preguntas ocurrentes hacen los periodistas de los grandes medios a los organizadores. Lo que ya se ha convertido en un dogma mediático es que el coste del viaje no bajará de los 25 o 26 millones de euros. La letra pequeña se conocerá dentro de unas semanas. ¿Algo más, señoría?