sábado, 1 de agosto de 2026

La vida sigue


Los aeropuertos son mi segunda oficina. Faltan dos horas para que despegue mi avión de CDMX a Madrid. Dispongo de tiempo para escribir la entrada de hoy después de haber tenido abandonado este blog durante más de una semana. Termina mi estancia de dos semanas en México. Ayer concluimos el IV Curso de Vida Consagrada organizado por la arquidiócesis de México con el título: “La vida consagrada: entre crisis e incertidumbre”. 

No es fácil volver sobre este tema cuando la mayor parte desea “salir” de la crisis antes que “aprovechar” la crisis para purificar motivaciones, podar ramas secas, sanar las raíces y abrir caminos nuevos. Junto a los 110 participantes presenciales, hubo más de 200 en línea. La verdad es que acabé cansado. Además de las clases matutinas, durante la tarde tenía que recibir a las personas que querían hablar conmigo sobre asuntos de sus asociaciones y congregaciones. Me sorprendió el número de nuevas iniciativas que están surgiendo en este país. La mayoría son muy frágiles. Necesitan discernimiento y acompañamiento.


El aeropuerto está tranquilo, aunque en los mostradores de Iberia se acumulaba mucha gente. Hoy comienza el mes de las vacaciones por excelencia. Para ponerme al día, aprovecho la espera para visitar algunos periódicos digitales. Se sigue hablando mucho de los incendios veraniegos y de la “invasión” de Ceuta por miles de ciudadanos marroquíes. Parece obvio que no se trata de algo improvisado, sino de una estrategia bien orquestada que responde a los intereses de Marruecos, apoyados por Estados Unidos e Israel. 

No es fácil manejar crisis de este tipo cuando se dan objetivos geoestratégicos y económicos confesables junto a posibles chantajes inconfesables. No creo que en este caso la debilidad sea la mejor estrategia. A veces, solo la firmeza contundente y una política informativa clara desactivan estas bombas humanas. Pero es imposible encontrar salidas dignas a este problema cuando no se ponen todas las cartas sobre la mesa. Las que de verdad cuentan son las que se esconden en la bocamanga. Los ciudadanos asistimos confundidos a un juego con trampas.


Salgo de México con 15 grados de temperatura. Es probable que cuando llegue a Madrid reciba una bofetada de más de 30 grados. No es agradable pasar de un clima primaveral como el que he disfrutado estas semanas a los rigores del estío madrileño, pero no queda otro remedio. Además del desajuste horario, tendré que padecer el climático. La vida es un continuo esfuerzo de adaptación al medio, solo que lo que apenas me costaba hace veinte o treinta años cada vez se me hace más cuesta arriba. Necesito descubrir nuevas mañas para minimizar los riesgos. 

En fin, hay tiempo para todo. Quizá la sabiduría consista en saber aprovechar cada momento sin abandonarnos a la nostalgia del pasado o vendernos a la ansiedad del futuro. A cada día le basta su afán. Es mi dosis de reflexión en este “no lugar” que es el aeropuerto Benito Juárez. Atrás quedan los días pasados en los Altos de Jalisco, Guadalajara y CDMX. Agradezco todo lo vivido. Quiero transformarlo en energía para afrontar lo que me espera. Life goes on.