
Tras doce días por cuatro países africanos, hoy regresa el papa León XIV a Roma. Los mensajes dirigidos a las Iglesias de Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial han puesto el acento en algunas claves que se han repetido con matices distintos en los cuatro países. Yo he seguido muy de cerca el desarrollo del viaje porque todos los lugares visitados, excepto Argelia, me resultan muy familiares. Los he visitado en varias ocasiones.
Comprendo que para muchos lectores de este Rincón este viaje no tenga mayor relevancia. Todos estamos preocupados por los asuntos personales de cada día. Podemos ver algunas imágenes en televisión o Internet, pero poco más. Y, sin embargo, el futuro de la Iglesia (y de la humanidad) pasa por África. De ahí que el Papa haya querido dar mucha importancia a esta visita apostólica. No es suficiente el crecimiento numérico sostenido. Se necesita una fe bien fundamentada, inculturada y aplicada a las condiciones de vida de cada pueblo. Este es un desafío que no tiene fecha de caducidad.

Los europeos debemos tomar conciencia de que África no es un continente alejado de nosotros geográfica y culturalmente. África está en Europa. Cada vez es más frecuente ver a numerosos africanos en España y otros países de nuestro entorno. Muchos son musulmanes, pero abundan también los africanos católicos (laicos, sacerdotes, religiosas y religiosos) que vienen por motivos laborales, formativos o de ayuda a la pastoral de las diócesis y congregaciones que necesitan su colaboración.
La Iglesia con la que se encuentran suele ser acogedora, se pone de su parte, pero no siempre comprende sus necesidades y sus claves. Sin un diálogo permanente, podemos vivir en mundos paralelos, aunque habitemos las mismas ciudades y caminemos por las mismas calles. La retórica de la inclusión no es suficiente. Solo la vida compartida engendra formas nuevas de convivencia intercultural. En eso estamos. Se requerirá mucho tiempo y un esfuerzo por todas las partes.

Cuando estaba a punto de terminar la entrada de hoy, he escuchado la alocución de monseñor Juan Nsue Edjang Mayé, arzobispo de Malabo. En sus palabras de despedida a León XIV al final de la misa celebrada en el estadio de Malabo, ha mencionado expresamente la labor evangelizadora de los Misioneros Claretianos a lo largo de la historia de la Iglesia ecuatoguineana. Nuestros primeros misioneros llegaron a Guinea Ecuatorial el 13 de noviembre de 1883. Esta primera expedición, compuesta por seis sacerdotes y seis hermanos (conocidos como los “doce de la fama”), fue enviada desde España por el superior general de entonces, el padre Josep Xifré, para establecer la misión evangelizadora en la entonces colonia de Fernando Poo.
Desembarcaron en la isla que hoy se llama Bioko. Tuvieron que afrontar altos índices de mortalidad por enfermedades. Tras el éxito inicial, se extendieron a Annobón, Corisco, Elobey Chico y, finalmente, a la zona continental en 1905 y 1924. Su labor fue clave no solo en la evangelización, sino también en la educación y la enseñanza de oficios a través de misiones y colegios. Hoy es un día muy adecuado para rendir un homenaje muy sentido a los cientos de misioneros (extranjeros y autóctonos) que entregaron su vida para que hoy la Iglesia ecuatoguineana sea floreciente y entusiasta. Solo los granos de trigo que caen en tierra y mueren pueden dar fruto.

















