domingo, 14 de junio de 2026

Líderes compasivos

 

Padecemos una gran crisis de liderazgo. En el comienzo de la revolución digital, tenemos la impresión de que nuestras sociedades se encuentran “extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor”. Eso es lo que sucedía también con las gentes del tiempo de Jesús. Lo leemos al comienzo del evangelio de este XI Domingo el Tiempo Ordinario. Cansancio y sensación de abandono, de orfandad, son dos notas que caracterizan nuestro tiempo. De hecho, uno de los libros de más éxito del filósofo surcoreano Byung-Chul Han se titula La sociedad del cansancio. 

Pero no solo estamos extenuados por el tipo de vida que llevamos, sino que tenemos también la impresión de que nadie nos guía. La falta de líderes creíbles y compasivos redobla nuestro sentimiento de abandono. Quizá esta es una de las razones que explica el gran éxito de la visita del papa León XIV a España. Millones de personas -creyentes y no creyentes- han visto en él a un líder sólido, compasivo, creíble, un referente ético en tiempos de confusión e incertidumbre. Incluso quienes no comparten su cosmovisión cristiana, de la que dimana su liderazgo, aceptan de buen grado su magisterio.


La reacción de Jesús ante las personas “extenuadas y abandonadas” es la compasión. Esta debería ser la primera actitud de todo buen líder. Y esta es quizá la actitud que menos vemos en los líderes políticos, económicos, mediáticos… y hasta religiosos, demasiado preocupados por defender sus intereses y arañar votos que los avalen.

Como las necesidades son muchas y la mies del mundo es abundante, Jesús pide al Padre que “mande trabajadores a su mies”. Aquí no se habla de vocaciones al sacerdocio o a la vida consagrada, sino de “trabajadores” que recolecten los frutos que el Espíritu suscita en el mundo. 

¿No pertenecen a este grupo inmenso los miles de voluntarios que han colaborado durante la visita del Papa, los policías, sanitarios, periodistas, etc.? Y, yendo más allá de un acontecimiento extraordinario, ¿no son “trabajadores” de la mies del Señor los millones de padres y madres de familia que transparentan el amor de Dios en el cuidado de los hijos, los profesores que educan y enseñan, los científicos que investigan, los panaderos que fabrican a diario el alimento cotidiano, los agricultores y transportistas, los médicos y enfermeros, los artistas y misioneros, los funcionarios y albañiles…? El mundo está lleno de “trabajadores” que se dejan guiar por el Espíritu y sin los cuales no podríamos existir ni un segundo más.


De este inmenso colectivo, el Señor llama a algunos a ser sucesores de los primeros doce apóstoles. Uno de ellos -a quien hoy llamamos el Papa- es el sucesor de Pedro, el primero de los apóstoles. Mediante el sacramento del orden, estos sucesores de los apóstoles han recibido la autoridad de Jesús “para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia”. Su misión es un envío, no una responsabilidad que ellos mismos se arrogan. Comienza por las “ovejas descarriadas”, pero llega a todo el mundo. El mismo evangelio en el que Jesús les pide que no vayan a tierra de gentiles, ni entren en las ciudades de Samaría, sino que vayan a las ovejas descarriadas de Israel (cf. Mt 10,5-6), acaba pidiéndoles que vayan a hacer discípulos de todos los pueblos bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (cf. Mt 28,19). 

Durante el viaje de León XIV a España hemos podido comprobar cómo el ejercicio de esta misión, con la autoridad de Jesús, llega al corazón de las personas y produce frutos. No se trata del encanto personal del ciudadano estadounidense-peruano Robert F. Prevost, sino del ministerio de León XIV, 267º sucesor de Pedro. Cuando se anuncia de palabra y de obra que el reino de los cielos está cerca, entonces aparecen los signos que acompañan a este anuncio: se curan enfermedades y se expulsan demonios. Las enfermedades y demonios de nuestro tiempo tienen nombres conocidos: enfrentamiento, polarización, indiferencia, secularismo, etc. Está claro que el Evangelio nunca pasa de moda. Estamos llamados a seguir dando gratis lo que hemos recibido gratis.

sábado, 13 de junio de 2026

El corazón es un cofre hermoso


El Papa ya está en Roma. Llegó al aeropuerto de Ciampino pasadas las 11 de la noche de ayer, con más de dos horas de retraso sobre el horario previsto. No lo hizo en el Airbus 320 de Iberia que estaba preparado en el aeropuerto Tenerife-Norte, sino en el Falcon del Ejército del Aire y del Espacio que había utilizado el rey de España para volar desde Madrid a Tenerife. Esta anécdota –junto con la del rosario que el Papa arrebató a un joven en Montserrat y que luego le devolvió arrojándolo desde el coche– ponen un poco de sal y pimienta en un viaje de siete días que ha sido como una especie de ejercicios espirituales. 

Ahora nos toca “conservar todo esto en el corazón”, rumiarlo con calma para hacerlo nuestro. Y esta es precisamente la actitud de María que recordamos hoy, en la solemnidad del Inmaculado Corazón de María, la fiesta grande de los claretianos. La verdad es que su encaje litúrgico -entre la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús y el domingo– hace que pase casi desapercibida para muchos cristianos. De hecho, algunas congregaciones –como, por ejemplo, las Misioneras de la Caridad de santa Teresa de Calcuta– la celebran en una fecha fija (el 22 de agosto), como hacíamos hace décadas los claretianos. Sin entrar ahora en las razones “litúrgicas” que aconsejaron su ubicación actual, quizá esa discreción sea un rasgo típicamente cordimariano. María pasa casi como de puntillas por el Nuevo Testamento y, sin embargo, su influjo en la comunidad cristiana es determinante.


¿Qué puede significar hoy “guardar todo en el corazón”?
Teniendo como trasfondo el viaje apostólico del papa León XIV a España y algunos de los acentos de sus mensajes, me atrevería a hablar de tres viajes espirituales.


El primero tiene que ver con la verdad.
Es el viaje de la superficialidad a la profundidad. O de la exterioridad a la interioridad. El corazón es símbolo del centro personal, del santuario de la conciencia, del lugar donde se revela la verdad. Troquelados por una cultura que nos invita a mirar fuera, a confundir lo superficial con lo real, María nos enseña el arte de dejarnos alcanzar por la verdad de Dios en lo profundo del corazón. “Lo esencial es invisible a los ojos”, decía el Principito. Hoy necesitamos esa esencialidad para vivir en verdad.


El segundo se refiere a la belleza.
Es el viaje de la mera apariencia a la belleza interior. Prisioneros de la imagen, moldeados por el esteticismo de las redes sociales, necesitamos dejarnos seducir por la belleza de Dios que atrae sin forzar, que habita en nuestro corazón como el sumamente Hermoso: “Tarde te amé, hermosura tan nueva y tan antigua” (san Agustín). La etapa de la Sagrada Familia en Barcelona fue una emocionante expresión de este segundo viaje. 


El tercero alude a la bondad.
Es el viaje de la indiferencia a la cordialidad. La frialdad de relaciones cada vez más distantes solo se cura con el amor que pone corazón (cor) cuando nos acercamos a los demás: “Quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne” (Ez 36,28). El encuentro cordial de León XIV con personas sin hogar, presos, desempleados, víctimas de abusos, inmigrantes e infinidad de bebés ha sido una clara expresión de este tercer viaje. 


Es hermoso contemplar a María, en su advocación de Corazón inmaculado, como la peregrina que ha hecho estos tres viajes esenciales. Por eso, es maestra de verdad, belleza y bondad. Repasando los mensajes del papa León, descubrimos que estos tres armónicos han estado muy presentes a lo largo de su viaje a España. ¡Hermosa coincidencia!

Feliz fiesta del Inmaculado Corazón de María a todos



viernes, 12 de junio de 2026

La "otra" semana santa


Después de siete días en España (Madrid, Barcelona y Canarias), el papa León XIV regresa esta tarde a Roma. Lo hará cansado y contento, emocionado y agradecido, solo y acompañado. Y nosotros nos quedaremos rumiando la experiencia vivida en una semana que, más allá del calendario, ha sido “santa” por muchas razones. Podemos aprovechar el fin de semana para releer con calma, como auténticas meditaciones, sus discursos y homilías. Es bueno que no pase demasiado tiempo. Necesitamos cuanto antes dejarnos iluminar, interpelar, consolar, corregir y animar. 

Es mejor hacerlo en soledad o acaso en pequeños grupos (familias, comunidades, etc.). El ruido mediático ha ido ganando decibelios a medida que pasaban los días. Tras una actitud obsequiosa inicial, a partir de su discurso en el Congreso de los Diputados el pasado lunes, han ido arreciando las críticas y descalificaciones, más entre los adultos de una cierta tendencia que entre los jóvenes, que se han mostrado muy abiertos a la bocanada de aire fresco que León XIV ha traído a una atmósfera demasiado cargada. De hecho, las redes sociales arden con vídeos y mensajes de personas mayores (en el sentido etario e ideológico) que repiten de manera cansina los argumentos de siempre. Es probable que en algunos casos contengan elementos que nos ayuden a ser críticos, pero el sesgo ideológico y a veces incendiario les hace perder credibilidad.


Confieso que durante estos días –sobre todo, en la etapa de Madrid– he seguido con mucha atención la visita apostólica del Papa a España. De hecho, he participado en varios encuentros y celebraciones. Al llegar el último día, agradezco la tarea ingente de las muchas personas involucradas en su organización y desarrollo. Ha sido un verdadero éxito colectivo. 
Viendo a los miembros de las diferentes comisiones y a los voluntarios, daba la impresión de que, tras quince años sin la visita del sucesor de Pedro, había un deseo noble de hacer las cosas bien. 

Es muy probable que la partida de gastos se aproxime a los 30 millones de euros. Es una cifra abultada. La experiencia puede ayudarnos a organizar otras visitas de manera más sobria. Quizá no es necesario, por ejemplo, que acompañe al Papa en todos sus desplazamientos un séquito tan numeroso, empezando por el alto número de obispos y otros funcionarios. 

Me imagino que la comisión organizadora hará una evaluación del viaje (no solo un balance económico y logístico) y extraerá las lecciones pastorales que ayuden a organizar mejor otras posibles visitas. Esta, por ser la primera, ha tenido un carácter excepcional en cuanto a participación popular, apoyo institucional, cobertura mediática, etc. No es necesario hacer un despliegue tan grande de medios para alcanzar objetivos pastorales y evangelizadores significativos.


En medio de todo, la Iglesia de España y la sociedad en general han descubierto la figura un poco enigmática del papa León XIV. Casi todos ponderan su talante moderado, su hondura intelectual, su capacidad de escucha, su serenidad contagiosa, su empatía y su capacidad para proponer el Evangelio con claridad y humildad. Es muy probable que, creyentes y buscadores, viéndolo y escuchándolo, hayamos descubierto mejor a Cristo y nos hayamos sentido interpelados por su mensaje. 

Los más escépticos piensan que, tras esta breve tregua benéfica, volveremos a nuestros viejos hábitos cainitas. Es lo más probable. De hecho, ya está siendo así entre los partidos políticos. Y, sin embargo, cuando se siembran semillas de verdad, belleza y bondad, tarde o temprano, por caminos insospechados, acaban produciendo algún fruto. Lo importante es sembrar. 

El Papa ha sembrado la Palabra de Dios con generosidad. Nos toca a nosotros (personas, comunidades, parroquias, diócesis, instituciones) cultivar esas semillas. Aquí se podría aplicar punto por punto la parábola del sembrador que nos propone Jesús. Aunque la semilla del Evangelio es buena y abundante, su desarrollo depende en buena medida del terreno en el que cae. ¿A qué categoría pertenece nuestro terreno personal? ¿Somos camino, roca, abrojos o tierra fértil?

lunes, 8 de junio de 2026

Mensaje fuerte, estilo suave


La realidad es más rápida y rica que la palabra. Pensaba comenzar escribiendo algo sobre todo lo vivido ayer, pero la jornada de hoy está ya repleta de acontecimientos que demandan atención. Acabo de escuchar el discurso del papa León XIV en el Congreso de los Diputados y ahora estoy oyendo de fondo su discurso a la Conferencia Episcopal Española. Los mensajes son tantos y tan ricos que es precipitado señalar los puntos principales. Me gusta leer las reacciones de los medios porque expresan la pluralidad de opiniones que encontramos en la sociedad. Como era previsible, cada escuchante o lector destaca aquello que concuerda con sus convicciones y silencia lo que las desafía. 

Lo que me parece evidente es que el Papa ha preparado a conciencia este viaje, que se ha dejado aconsejar bien y que, sin perder nunca su tono moderado, está abordando asuntos de gran complejidad. Encuentro un parecido con Benedicto XVI en cuanto que ambos parecen ajustarse al axioma clásico “suaviter in modo, fortiter in re”. Dicen cosas profundas e interpelantes sin levantar la voz, sin teatralizaciones innecesarias y sin caer en el método de dar “una de cal y otra de arena”, aunque esta es la crítica más recurrenteLo que de verdad importa es la claridad y la coherencia, sin descuidar un ligero toque de emoción e imaginación. Lo pude comprobar ayer en la multitudinaria Eucaristía celebrada en la plaza de Cibeles, al aire libre, y en el encuentro “Tejer redes” que se tuvo en el Movistar Arena.


A propósito de este encuentro con el mundo de la empresa, la cultura, las artes y el deporte, se ha hecho viral en las redes el testimonio del actor Antonio Banderas. Los ecos han sido muy positivos, aunque en las redes no faltan alusiones directas o veladas a su “incoherencia” personal, como si quienes escriben fueran un dechado de virtudes. La parábola de Jesús sobre el fariseo y el publicano siempre nos alerta contra los juicios precipitados sobre otras personas. Siempre es preferible prestar más atención a la viga que llevamos en nuestros ojos que a las motas que vemos en los ojos de los demás. Confieso que el encuentro de ayer, una especie de “atrio de los gentiles”, marca un estilo pastoral para la Iglesia española, siempre tentada de rigorismo y autosuficiencia. 

La cultura del diálogo y el encuentro es imprescindible en el mundo de hoy. Algunos dicen que este método no produce conversiones, que lo que se necesita es una fuerte denuncia de los males de nuestro tiempo y una apremiante llamada a la fe. No encuentro oposición entre una evangelización kerigmática y audaz y un estilo pastoral de escucha y diálogo. Tenemos un tesoro inmenso que compartir, pero también mucho que aprender. Esta combinación de valentía y humildad la veo muy bien reflejada en el estilo pastoral de León XIV.


Entre los muchos asuntos que el Papa está abordando, algunas personas y medios exigen que se pronuncie sobre el asunto de los abusos del clero. No lo ha hecho en el Congreso, pero sí en el discurso a los obispos. Ha hablado de los abusos como de una “plaga”. La palabra no es baladí. Es probable que algunas víctimas (y algunas asociaciones) estén presionando para que se hagan las cosas como ellas desean, pero eso no quita que estemos ante una realidad sangrante que necesita una actitud contundente y compasiva. El papa León XIV les ha dicho a los obispos que la Iglesia española “está llamada a responder con la escucha, la verdad, la justicia, la reparación y un compromiso cada vez más decidido en la prevención y la cultura del cuidado”. 

Cada palabra es importante. Es verdad que la Iglesia de España hace ya años que ha tomado en serio este asunto, pero las respuestas son muy distintas. No todas las diócesis y congregaciones están respondiendo de igual manera. ¡Ojalá la visita del Papa sea el aldabonazo que se necesita para acabar cuanto antes con esta “plaga”! El Papa es llamado “pontífice” (hacedor de puentes). Parece que León XIV se lo ha tomado en serio. Esto exige conocer bien las dos orillas sobre las que el puente se asienta: la del Evangelio y la de las personas. A medida que pasan los días, se manifiesta con más fuerza el entusiasmo del pueblo sencillo, pero también las críticas, sobre todo en las redes sociales. Procuro tenerlas en cuenta porque siempre se aprende, aunque la mayoría tienen un tono demasiado demagógico como para ser tomadas en serio.



domingo, 7 de junio de 2026

Un concentrado de vida eterna


Aunque estoy algo cansado de la vigilia de ayer con el papa León XIV, hoy he madrugado para vivir con intensidad esta fiesta del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. Miles de personas afluyen hacia la plaza de Cibeles como ayer lo hicieron hacia la plaza de Lima. La diferencia es que, desde el punto de vista meteorológico, van del frescor de la mañana hacia el calor intenso del mediodía, mientras ayer íbamos del fuego vespertino a la brisa suave de la noche. 

Antes de centrarme en la fiesta de hoy, quiero decir algo sobre la jornada de ayer. La alternancia de encuentros humanos e institucionales marcó el programa. El saludo a familias con niños aquejados de algunas discapacidades (en el mismo aeropuerto), a enfermos de ELA (en la nunciatura) y a personas sin hogar (en el centro CEDIA de Cáritas) revela el verdadero rostro del ministerio de Pedro: escuchar y consolar. 

El encuentro con los reyes, el gobierno y el cuerpo diplomático sirvió para recordar los valores que pueden guiar la convivencia en las sociedades plurales. Me gustó el discurso del rey Felipe VI y mucho más el del papa León XIV. Está claro que no fueron hechos con IA, sino con una mente pensante y un corazón sensible. En general, los ecos han sido muy positivos, aunque –como suele ser habitual– no faltan las notas discordantes de distinto signo. Lo mejor es leer con serenidad las dos intervenciones y extraer las consecuencias.


La vigilia fue una ceremonia larga, aunque con buen ritmo. Llegué “encapsulado” en uno de los autobuses reservados a la prensa desde el CIP de Sol hasta la tribuna situada enfrente del escenario. Como nos escoltaban motoristas de la policía municipal, no había semáforo que se nos resistiera. Acomodado en mi silla, a dos metros de Alberto Herrera (periodista de COPE) y del equipo de Onda Cero, saqué mi cuaderno de notas para ir anotando lo que me llamara la atención. Todo era perfecto: visibilidad excelente, sombra, silla y agua. Solo el trasiego constante de los fotógrafos y la impertinencia de algunos cámaras perturbaba un poco la paz. Pensaba en los miles de jóvenes y familias que resistían al sol y de pie. 

Todo discurrió a buen ritmo. Paso a un segundo plano algunas observaciones críticas y me quedo con lo mejor: el esfuerzo ingente de los organizadores (en buena medida los propios jóvenes) para organizar una vigilia que nos ayudase a todos a refrescar la fe. Me gustaron el escenario, el coro, la orquesta, las pantallas, el sonido, los animadores, los cantantes, los elementos visuales, el diálogo de algunos jóvenes con el Papa y, sobre todo, la adoración eucarística en la arteria más importante de Madrid, en medio de rascacielos y estadios de fútbol. Algunos familiares y amigos que estaban siguiendo la vigilia por televisión concordaban conmigo. Fue algo hermoso, coral, energizante. Regresé a casa al filo de la medianoche, con el corazón agradecido. Ya sé que la fe no depende de manifestaciones multitudinarias ni de espectáculos vistosos, pero todo puede ayudar en el momento oportuno y dentro de un proceso de búsqueda o de crecimiento.


Esta solemnidad del Corpus Christi tiene mucha miga. Cuando se juntan el cuerpo comunitario y el cuerpo eucarístico, el fruto es un concentrado crístico que salva al mundo, que le inyecta vida eterna. Esto es lo que se quiere celebrar esta mañana en la plaza de Cibeles en compañía del sucesor de Pedro. Una comunidad eucarística es lo más parecido a un avance del cielo en la tierra. En ella se visibiliza la presencia del Cristo Resucitado. Se juntan la acogida, el perdón de los pecados, la escucha de la Palabra, el discernimiento, la comunión de mentes y corazones, la memoria de los pobres y el envío misionero al mundo. ¿Hay un arma más poderosa para la transformación de la sociedad y de la creación entera?

sábado, 6 de junio de 2026

Ya ha llegado


Acabo de celebrar la misa del peregrino con 250 adolescentes y jóvenes que han pernoctado en el colegio de las Concepcionistas de Princesa. Iban todos ataviados con su camiseta azul celeste. Tenían cara de haber dormido poco. A pesar del cansancio acumulado, han participado con entusiasmo en la celebración e la Eucaristía. Para casi todos ellos, es la primera vez –y quizás la única– que van a ver al sucesor de Pedro. No sé lo que pasa por la mente de un chico o una chica de 16 o 18 años. Todos están terminando el curso. Tienen exámenes pendientes. A pesar de todo, han reservado este fin de semana para algo que rompe la rutina. 

La vida es un rosario en el que se combinan muchas cuentas ordinarias y algunas extraordinarias. El viaje de un papa pertenece a esta última categoría. Voy a participar en la vigilia que tendrá lugar esta tarde en la plaza de Lima. Allí podré sintonizar con el espíritu de los jóvenes y tal vez hablar con algunos de ellos para conocer de cerca sus expectativas y dificultades.


El papa ya está en España. Ha llegado unos minutos antes del horario previsto. Los medios de comunicación se están volcando para cubrir la noticia. Hay información por todas partes. Hacia la una de la tarde, después de la recepción en el Palacio Real, la comitiva papal pasará por la calle Princesa, a pocos metros de donde vivo, así que me acercaré para compartir con la gente un saludo espontáneo y escuchar algunas reacciones. Me sorprende la curiosidad que ha despertado este viaje. Es como si esperásemos un signo que nos ayude a salir de nuestra rutina, a “alzar la mirada” hacia los demás, hacia el futuro, hacia Dios. Hay algo dentro de nosotros que no se resigna a la mediocridad y a la desesperanza. Si el viaje de un papa sirve para mirar hacia arriba, hacia los lados, hacia adelante, bienvenido sea. 

viernes, 5 de junio de 2026

Unidad, belleza y caridad


Acabo de ver un reportaje de una cadena de televisión estadounidense sobre el inminente viaje de León XIV a España. Me gusta saber cómo se ven las cosas desde la distancia. El periodista ha resumido la visita apostólica con tres palabras que constituyen todo un programa: unidad (Madrid), belleza (Barcelona) y caridad (Canarias). Es una tríada sugestiva. No contiene todo, pero ayuda a comprender los acentos principales. 

Dentro de una semana, cuando haya terminado el viaje, quizás comprendamos mejor estas tres palabras que, según el periodista estadounidense, pueden ayudar a los católicos y ciudadanos españoles en general a “alzar la mirada” y contemplar la realidad desde una perspectiva generosa.


La palabra clave en Madrid, capital del país, es unidad. El encuentro con el jefe del Estado, el presidente del gobierno, todos los parlamentarios y otras autoridades civiles y eclesiásticas es una oportunidad óptima para que el Papa acentúe la necesidad imperiosa de navegar entre polaridades sin caer en el peligro de la polarización. El clima político actual es efervescente. Es muy probable que el Papa no haga alusiones concretas a la situación de los partidos políticos, pero, sin duda, apelará a la necesidad de trabajar conjuntamente por el bien común desde una clara conciencia de unidad. 

Cuando el Papa utiliza esta palabra, tan explorada por san Agustín, no está pensando en ningún tipo de uniformismo rígido, sino en un proyecto colectivo de convivencia que sabe celebrar e integrar las diferencias. Si estas ya son notables por tradición histórica, se han incrementado con la llegada masiva de inmigrantes a nuestro país. Sí, unidad es un mensaje clave. El Papa lo lleva hasta en su escudo: “In Illo uno unum” (En el único Cristo somos uno).


La visita a Barcelona se puede resumir en la palabra belleza. Tanto el antiguo monasterio benedictino de Monserrat como la moderna basílica de la Sagrada Familia son símbolos hermosos que actúan como claraboyas hacia el misterio de Dios. Los millones de turistas y peregrinos que visitan el templo de Gaudí se quedan extasiados ante esa monumental Biblia pétrea. Es cierto que a los críticos les parece una horrenda “mona de Pascua”, una especie de parque temático en el corazón de la ciudad, pero la mayoría admira que las fachadas sean retablos en piedra y el interior sea como un bosque animado por luces cambiantes. 

Sin belleza, sin el asombro que produce la via pulchritudinis, todos nos volvemos romos, cerrados, ateos. Dios es la Belleza suprema que se refleja en su creación y, sobre todo, en Jesús, “el más bello de los hombres” sobre el que se derrama la gracia. Sin belleza, somos esclavos de la voracidad y el consumismo.


El salto atlántico a las Canarias era obligado. Lo soñó Francisco. En el escenario en el que muchos emigrantes africanos han encontrado la muerte, el armónico evangélico imprescindible es la caridad, en el más genuino sentido de esta virtud cristiana. La caridad es el antídoto contra la indiferencia. En pleno debate sobre la emigración, el Papa no entrará en la letra pequeña de este asunto controvertido, sino en el fondo de la cuestión. ¿Por qué tantos africanos sienten la necesidad de emigrar a Europa? ¿Por la llamada a “islamizar” el continente a base de demografía tras otros intentos fallidos a golpe de espada? ¿O por la pobreza y la corrupción endémicas de muchos países, resultado de la connivencia entre los intereses de algunos países y emporios extranjeros y las élites locales? 

Los problemas políticos y económicos requieren soluciones justas del mismo nivel, pero la dignidad de seres humanos con rostros y nombres concretos es innegociable. La Iglesia lo sabe por experiencia.

Creo que, cualquiera que sea nuestra situación personal, familiar o institucional, no nos viene mal un compuesto vitamínico de unidad, belleza y caridad. ¡A ver si de una vez alzamos un poco la mirada y no nos ahogamos en el pozo de la desunión, la fealdad y la indiferencia!