
¿Es fácil transformar el entusiasmo en virtud? El Mundial de Fútbol ha vuelto a poner en primera plana el deporte, aunque el fútbol en concreto lleva ya mucho tiempo ocupando un lugar destacado en el panteón de los dioses modernos. Me hablan algunos amigos mexicanos de los precios disparatados de las entradas para acceder a los estadios. Por si albergábamos alguna duda, este nuevo Mundial nos confirma la convicción de que estamos ante un pingüe negocio.
Y sí, también se hace deporte, pero sometido a las férreas leyes del mercado y del entretenimiento. Los deportistas que no han sucumbido a la presión de convertirse en máquinas competitivas representan todavía el ideal del esfuerzo convertido en hábito, del sueño devenido virtud. Y por eso pueden ser modelos de algo que necesitamos en cualquier proceso de crecimiento humano: hacer que la chispa del entusiasmo genere hábitos de transformación.

Mi padre solía repetir una frase que me acompaña desde hace años: “Temo el esfuerzo del vago”. Las personas perezosas se pasan la vida sin hacer nada, pero si alguna vez deciden trabajar, entonces parece que se van a comer el mundo. Dan de sí lo mejor que tienen y tachan a los demás de indolentes. Claro, ese esfuerzo sobrehumano dura un día o unas horas. Cumplido el objetivo efímero, enseguida vuelven a la noble actividad del dolce far niente.
Escribo esto a propósito de las expectativas generadas por la visita del papa León XIV a España. Millones de personas se han sentido atraídas por la persona y el mensaje del Papa. Se habla de despertar social, de búsqueda espiritual, etc. No dudo de que muchas personas habrán visto en León XIV un referente sólido en medio de un ambiente volátil, incierto, complejo y ambiguo. Este es un claro signo, pero no basta. ¿Cómo transformar esa expectativa en un itinerario sostenido en el tiempo? Aquí viene el ejemplo de los verdaderos deportistas. Ellos no viven del entusiasmo de las victorias ni se dejan hundir por la frustración de las derrotas. Dedican mucho más tiempo a entrenar que a competir. Saben que la obtención de triunfos depende en buena medida de una ascesis rigurosa, de una constancia a prueba de veleidades y de un acompañamiento fiable por parte de entrenadores expertos.

Me parece que en los procesos de crecimiento personal necesitamos experiencias luminosas, acontecimientos extraordinarios, encuentros que nos hagan vibrar. Pero necesitamos también ascesis, disciplina, moral de deportistas. ¿Estará la Iglesia española en condiciones de ofrecer itinerarios y entrenadores que acompañen a las personas que buscan? Me temo que, sin este ofrecimiento, la visita del Papa se convertirá a medio plazo en un espejismo. Ha llegado el momento de transformar la chispa en procesos, el entusiasmo en disciplina, la búsqueda en entrenamiento. Entonces, las semillas sembradas pueden acabar dando fruto. Del dicho al hecho... siempre hay un largo trecho. Paciencia.




















