
Ayer participé en la apertura de la 32ª Asamblea General de la CONFER (Conferencia de Religiosos de España). El lema que han elegido para la reunión de este año es: “Todos, todos, todos. Kairós sinodal”. Confieso que me temía un lema inclusivo como el que en los últimos años está de moda en ciertos ambientes: “Todos, todas, todes”. La cosa no desbarró demasiado. Hubo saludos, mensajes protocolarios y la sensación de que los consagrados nos tomamos en serio la sinodalidad más que otros grupos eclesiales.
[Una religiosa italiana me confesó hace días que muchos sacerdotes de la histórica diócesis de Milán ironizan a menudo sobre la sinodalidad tanto como sobre el rito romano. Ellos, orgullosos herederos de san Ambrosio, se consideran por encima de estas veleidades del papa Francisco, que solo fue sucesor de san Pedro].

La imagen escogida para esta asamblea es una tabla de ajedrez con varias piezas en danza. Esperemos que el objetivo no sea propinar un jaque mate al rey, sino poner el acento en la diversidad de carismas y ministerios. Todos los bautizados formamos parte de la comunidad de la Iglesia y estamos llamados a caminar juntos sin perder lo específico de cada forma de vida, sin incurrir en un uniformismo asfixiante.

Como era de esperar, varios de los intervinientes aludieron a la encíclica Magnifica Humanitas que León XIV presentó el pasado lunes, a solo doce días de emprender su viaje a España. Hablar sobre “la grandeza de la humanidad” en tiempos de la IA parece algo razonable y oportuno, pero, junto al reconocimiento generalizado, arrecian también las críticas. Desde sectores muy conservadores se dice que el Papa ha seguido la estela de su predecesor y que ha hablado de temas demasiado “humanos”, dejando en penumbra la primacía de Dios. Algún experto en IA ha sometido el texto a una revisión y ha encontrado que algunos párrafos muy significativos (al menos en la versión en inglés) han sido redactados con la ayuda de la IA. Es probable que alguien sea capaz de identificar la mano de distintos redactores, como se hace en el estudio crítico de los escritos neotestamentarios.
Yo he empezado ya a leer el texto, pero no he tenido tiempo de terminar la lectura, así que me ahorro cualquier comentario. De todos modos, a quienes piensan que el Papa aborda un tema demasiado antropológico les invitaría a revisar su teología, en especial su comprensión del dogma de la encarnación del Verbo. Quizás ahí encontrarían alguna clave “religiosa” para entender mejor el enfoque de la encíclica papal.

Termino la entrada de hoy refiriéndome a uno de los vídeos poco “religiosos” que acaban de difundirse en esta etapa preparatoria del viaje apostólico del Papa a España. El guion se reduce a dos palabras: yo y tú. La fuerza reside en las imágenes. Va en línea con el lema de la visita. Se nos invita a “alzar la mirada” del omnipresente yo al escondido tú. Solemos estar tan enredados en nuestras cosas, en nuestro pequeño mundo, que olvidamos a las personas con las que nos relacionamos.
El viaje del yo al tú tiene un nombre cristiano: fraternidad. Y la fraternidad universal tiene un fundamento: nuestra común filiación divina. Y la filiación tiene un origen: la paternidad del Dios-Abbá. ¿Es “religioso” o no hablar de la necesaria apertura al tú? Ustedes me dirán. Lo digo para que se queden tranquilos quienes enseguida descalifican como demasiado “humanos” todos los mensajes en los que no aparece explícitamente la palabra de Dios o el título Cristo. Una lectura sosegada de Mt 25,31-46 disipa de un plumazo todas las aprensiones.






















