
En España celebramos hoy la fiesta de la Virgen del Pilar. En Zaragoza esta fiesta es un estallido de fe, devoción y color. También se celebra el Día de la Hispanidad, que en España coincide con la Fiesta Nacional. Demasiados motivos concentrados en un solo día. En Madrid la fiesta de la Hispanidad comenzó el pasado día 2 y terminará hoy. Estuve el pasado sábado en el concierto que el cantante colombiano Sebastián Yarta dio en la Plaza de España. En un momento dado, lanzó una pregunta retórica: “¿Hay aquí algún colombiano?”. Rugió una marea de gente que se sabía de memoria las letras de sus canciones. Solo en la comunidad de Madrid hay más de un millón de hispanoamericanos, de los que los colombianos representan un quinto aproximadamente.
Basta viajar en metro para caer en la cuenta de esta masiva presencia de hispanoamericanos. El crecimiento ha sido espectacular. Al comienzo del siglo XXI había poco más de 80.000. En un cuarto de siglo se han multiplicado por más de diez. Es lógico, por tanto, que la fiesta de la Hispanidad vaya cobrando fuerza de año en año. A ello se une el esfuerzo revisionista de la Leyenda Negra que están llevando a cabo historiadores, investigadores y divulgadores como Juan Miguel Zunzunegui (México), César Pérez Guevara (Venezuela), Fernando Cervantes (México), Marcelo Gullo (Argentina), Patricio Lons (Argentina), Francisco Núñez del Arco (Ecuador)… y otros muchos que, apartándose del relato oficial impuesto en la mayoría de países hispanoamericanos en el siglo XX, se esfuerzan por hacer una lectura más objetiva de la historia, sin los prejuicios ideológicos que la han contaminado durante décadas. Naturalmente, muchos de ellos están recibiendo críticas furibundas por parte de algunos gobiernos y sus corifeos, que siguen utilizando la historia para justificar sus propios intereses.

Son tantos los vínculos familiares, lingüísticos, culturales, religiosos y económicos que unen a los pueblos hispanoamericanos que bien merece la pena celebrarlos y proyectarlos hacia el futuro. No sabemos cómo evolucionará este sentimiento identitario a lo largo del siglo XXI, pero es probable que, tras dos siglos de distanciamiento y recelos, se abra una nueva etapa de respeto y colaboración. Lo que los políticos no son capaces de lograr lo harán los millones de ciudadanos de todos los países hispanoamericanos que conviven a ambos lados del Atlántico.
Son también muchos los artistas que cantan en la misma lengua y comparten un mismo espacio cultural. Los prejuicios siguen siendo muy fuertes, se difunden a menudo en algunos planes de educación y son alimentados por políticos de inspiración marxista, pero me parece que los vientos de la historia soplan ahora en la dirección de un proyecto cultural y económico compartido, compatible con la diversidad política.

¿Cuál es el significado de la Virgen María en este proceso? La pregunta puede parecer molesta, casi impertinente porque parece mezclar otra vez la fe y la política. Sin embargo, la presencia de la Virgen, venerada en multitud de advocaciones, es evidente: Pilar (España), Guadalupe (México), Luján (Argentina), Caridad del Cobre (Cuba), Chiquinquirá (Colombia), Coromoto (Venezuela), Copacabana (Bolivia), Virgen del Carmen (Chile), Nuestra Señora de los Ángeles (Costa Rica), Nuestra Señora de Suyapa (Honduras), Nuestra Señora de la Providencia (Puerto Rico), Nuestra Señora de Altagracia (República Dominicana), Virgen del Quinche (Ecuador), Nuestra Señora de las Mercedes (Perú) y otras muchas.
Reconocer a la misma Madre y denominarla de formas diferentes es una hermosa expresión del sentido de unidad y diversidad que caracteriza a la gran comunidad hispanoamericana. La fe cristiana, junto la con lengua común y sus innumerables acentos, es seguramente el vínculo más profundo que hermana a todos los pueblos que celebran el Día de la Hispanidad. Quizás hoy sea Madrid la ciudad que mejor expresa esta hermandad. Aquí se encuentran muchos hombres y mujeres provenientes de todos los países de Hispanoamérica, en un crisol que, poco a poco, irá creando una nueva identidad. Merece la pena celebrar este proceso histórico. Ya no miramos tanto al pasado (siempre expuesto a deformaciones de todo tipo), sino a un presente muy visible y a un futuro que podemos construir juntos. ¡Viva la Hispanidad!


















