lunes, 8 de junio de 2026

Mensaje fuerte, estilo suave


La realidad es más rápida y rica que la palabra. Pensaba comenzar escribiendo algo sobre todo lo vivido ayer, pero la jornada de hoy está ya repleta de acontecimientos que demandan atención. Acabo de escuchar el discurso del papa León XIV en el Congreso de los Diputados y ahora estoy oyendo de fondo su discurso a la Conferencia Episcopal Española. Los mensajes son tantos y tan ricos que es precipitado señalar los puntos principales. Me gusta leer las reacciones de los medios porque expresan la pluralidad de opiniones que encontramos en la sociedad. Como era previsible, cada escuchante o lector destaca aquello que concuerda con sus convicciones y silencia lo que las desafía. 

Lo que me parece evidente es que el Papa ha preparado a conciencia este viaje, que se ha dejado aconsejar bien y que, sin perder nunca su tono moderado, está abordando asuntos de gran complejidad. Encuentro un parecido con Benedicto XVI en cuanto que ambos parecen ajustarse al axioma clásico “suaviter in modo, fortiter in re”. Dicen cosas profundas e interpelantes sin levantar la voz, sin teatralizaciones innecesarias y sin caer en el método de dar “una de cal y otra de arena”, aunque esta es la crítica más recurrenteLo que de verdad importa es la claridad y la coherencia, sin descuidar un ligero toque de emoción e imaginación. Lo pude comprobar ayer en la multitudinaria Eucaristía celebrada en la plaza de Cibeles, al aire libre, y en el encuentro “Tejer redes” que se tuvo en el Movistar Arena.


A propósito de este encuentro con el mundo de la empresa, la cultura, las artes y el deporte, se ha hecho viral en las redes el testimonio del actor Antonio Banderas. Los ecos han sido muy positivos, aunque en las redes no faltan alusiones directas o veladas a su “incoherencia” personal, como si quienes escriben fueran un dechado de virtudes. La parábola de Jesús sobre el fariseo y el publicano siempre nos alerta contra los juicios precipitados sobre otras personas. Siempre es preferible prestar más atención a la viga que llevamos en nuestros ojos que a las motas que vemos en los ojos de los demás. Confieso que el encuentro de ayer, una especie de “atrio de los gentiles”, marca un estilo pastoral para la Iglesia española, siempre tentada de rigorismo y autosuficiencia. 

La cultura del diálogo y el encuentro es imprescindible en el mundo de hoy. Algunos dicen que este método no produce conversiones, que lo que se necesita es una fuerte denuncia de los males de nuestro tiempo y una apremiante llamada a la fe. No encuentro oposición entre una evangelización kerigmática y audaz y un estilo pastoral de escucha y diálogo. Tenemos un tesoro inmenso que compartir, pero también mucho que aprender. Esta combinación de valentía y humildad la veo muy bien reflejada en el estilo pastoral de León XIV.


Entre los muchos asuntos que el Papa está abordando, algunas personas y medios exigen que se pronuncie sobre el asunto de los abusos del clero. No lo ha hecho en el Congreso, pero sí en el discurso a los obispos. Ha hablado de los abusos como de una “plaga”. La palabra no es baladí. Es probable que algunas víctimas (y algunas asociaciones) estén presionando para que se hagan las cosas como ellas desean, pero eso no quita que estemos ante una realidad sangrante que necesita una actitud contundente y compasiva. El papa León XIV les ha dicho a los obispos que la Iglesia española “está llamada a responder con la escucha, la verdad, la justicia, la reparación y un compromiso cada vez más decidido en la prevención y la cultura del cuidado”. 

Cada palabra es importante. Es verdad que la Iglesia de España hace ya años que ha tomado en serio este asunto, pero las respuestas son muy distintas. No todas las diócesis y congregaciones están respondiendo de igual manera. ¡Ojalá la visita del Papa sea el aldabonazo que se necesita para acabar cuanto antes con esta “plaga”! El Papa es llamado “pontífice” (hacedor de puentes). Parece que León XIV se lo ha tomado en serio. Esto exige conocer bien las dos orillas sobre las que el puente se asienta: la del Evangelio y la de las personas. A medida que pasan los días, se manifiesta con más fuerza el entusiasmo del pueblo sencillo, pero también las críticas, sobre todo en las redes sociales. Procuro tenerlas en cuenta porque siempre se aprende, aunque la mayoría tienen un tono demasiado demagógico como para ser tomadas en serio.



domingo, 7 de junio de 2026

Un concentrado de vida eterna


Aunque estoy algo cansado de la vigilia de ayer con el papa León XIV, hoy he madrugado para vivir con intensidad esta fiesta del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. Miles de personas afluyen hacia la plaza de Cibeles como ayer lo hicieron hacia la plaza de Lima. La diferencia es que, desde el punto de vista meteorológico, van del frescor de la mañana hacia el calor intenso del mediodía, mientras ayer íbamos del fuego vespertino a la brisa suave de la noche. 

Antes de centrarme en la fiesta de hoy, quiero decir algo sobre la jornada de ayer. La alternancia de encuentros humanos e institucionales marcó el programa. El saludo a familias con niños aquejados de algunas discapacidades (en el mismo aeropuerto), a enfermos de ELA (en la nunciatura) y a personas sin hogar (en el centro CEDIA de Cáritas) revela el verdadero rostro del ministerio de Pedro: escuchar y consolar. 

El encuentro con los reyes, el gobierno y el cuerpo diplomático sirvió para recordar los valores que pueden guiar la convivencia en las sociedades plurales. Me gustó el discurso del rey Felipe VI y mucho más el del papa León XIV. Está claro que no fueron hechos con IA, sino con una mente pensante y un corazón sensible. En general, los ecos han sido muy positivos, aunque –como suele ser habitual– no faltan las notas discordantes de distinto signo. Lo mejor es leer con serenidad las dos intervenciones y extraer las consecuencias.


La vigilia fue una ceremonia larga, aunque con buen ritmo. Llegué “encapsulado” en uno de los autobuses reservados a la prensa desde el CIP de Sol hasta la tribuna situada enfrente del escenario. Como nos escoltaban motoristas de la policía municipal, no había semáforo que se nos resistiera. Acomodado en mi silla, a dos metros de Alberto Herrera (periodista de COPE) y del equipo de Onda Cero, saqué mi cuaderno de notas para ir anotando lo que me llamara la atención. Todo era perfecto: visibilidad excelente, sombra, silla y agua. Solo el trasiego constante de los fotógrafos y la impertinencia de algunos cámaras perturbaba un poco la paz. Pensaba en los miles de jóvenes y familias que resistían al sol y de pie. 

Todo discurrió a buen ritmo. Paso a un segundo plano algunas observaciones críticas y me quedo con lo mejor: el esfuerzo ingente de los organizadores (en buena medida los propios jóvenes) para organizar una vigilia que nos ayudase a todos a refrescar la fe. Me gustaron el escenario, el coro, la orquesta, las pantallas, el sonido, los animadores, los cantantes, los elementos visuales, el diálogo de algunos jóvenes con el Papa y, sobre todo, la adoración eucarística en la arteria más importante de Madrid, en medio de rascacielos y estadios de fútbol. Algunos familiares y amigos que estaban siguiendo la vigilia por televisión concordaban conmigo. Fue algo hermoso, coral, energizante. Regresé a casa al filo de la medianoche, con el corazón agradecido. Ya sé que la fe no depende de manifestaciones multitudinarias ni de espectáculos vistosos, pero todo puede ayudar en el momento oportuno y dentro de un proceso de búsqueda o de crecimiento.


Esta solemnidad del Corpus Christi tiene mucha miga. Cuando se juntan el cuerpo comunitario y el cuerpo eucarístico, el fruto es un concentrado crístico que salva al mundo, que le inyecta vida eterna. Esto es lo que se quiere celebrar esta mañana en la plaza de Cibeles en compañía del sucesor de Pedro. Una comunidad eucarística es lo más parecido a un avance del cielo en la tierra. En ella se visibiliza la presencia del Cristo Resucitado. Se juntan la acogida, el perdón de los pecados, la escucha de la Palabra, el discernimiento, la comunión de mentes y corazones, la memoria de los pobres y el envío misionero al mundo. ¿Hay un arma más poderosa para la transformación de la sociedad y de la creación entera?

sábado, 6 de junio de 2026

Ya ha llegado


Acabo de celebrar la misa del peregrino con 250 adolescentes y jóvenes que han pernoctado en el colegio de las Concepcionistas de Princesa. Iban todos ataviados con su camiseta azul celeste. Tenían cara de haber dormido poco. A pesar del cansancio acumulado, han participado con entusiasmo en la celebración e la Eucaristía. Para casi todos ellos, es la primera vez –y quizás la única– que van a ver al sucesor de Pedro. No sé lo que pasa por la mente de un chico o una chica de 16 o 18 años. Todos están terminando el curso. Tienen exámenes pendientes. A pesar de todo, han reservado este fin de semana para algo que rompe la rutina. 

La vida es un rosario en el que se combinan muchas cuentas ordinarias y algunas extraordinarias. El viaje de un papa pertenece a esta última categoría. Voy a participar en la vigilia que tendrá lugar esta tarde en la plaza de Lima. Allí podré sintonizar con el espíritu de los jóvenes y tal vez hablar con algunos de ellos para conocer de cerca sus expectativas y dificultades.


El papa ya está en España. Ha llegado unos minutos antes del horario previsto. Los medios de comunicación se están volcando para cubrir la noticia. Hay información por todas partes. Hacia la una de la tarde, después de la recepción en el Palacio Real, la comitiva papal pasará por la calle Princesa, a pocos metros de donde vivo, así que me acercaré para compartir con la gente un saludo espontáneo y escuchar algunas reacciones. Me sorprende la curiosidad que ha despertado este viaje. Es como si esperásemos un signo que nos ayude a salir de nuestra rutina, a “alzar la mirada” hacia los demás, hacia el futuro, hacia Dios. Hay algo dentro de nosotros que no se resigna a la mediocridad y a la desesperanza. Si el viaje de un papa sirve para mirar hacia arriba, hacia los lados, hacia adelante, bienvenido sea. 

viernes, 5 de junio de 2026

Unidad, belleza y caridad


Acabo de ver un reportaje de una cadena de televisión estadounidense sobre el inminente viaje de León XIV a España. Me gusta saber cómo se ven las cosas desde la distancia. El periodista ha resumido la visita apostólica con tres palabras que constituyen todo un programa: unidad (Madrid), belleza (Barcelona) y caridad (Canarias). Es una tríada sugestiva. No contiene todo, pero ayuda a comprender los acentos principales. 

Dentro de una semana, cuando haya terminado el viaje, quizás comprendamos mejor estas tres palabras que, según el periodista estadounidense, pueden ayudar a los católicos y ciudadanos españoles en general a “alzar la mirada” y contemplar la realidad desde una perspectiva generosa.


La palabra clave en Madrid, capital del país, es unidad. El encuentro con el jefe del Estado, el presidente del gobierno, todos los parlamentarios y otras autoridades civiles y eclesiásticas es una oportunidad óptima para que el Papa acentúe la necesidad imperiosa de navegar entre polaridades sin caer en el peligro de la polarización. El clima político actual es efervescente. Es muy probable que el Papa no haga alusiones concretas a la situación de los partidos políticos, pero, sin duda, apelará a la necesidad de trabajar conjuntamente por el bien común desde una clara conciencia de unidad. 

Cuando el Papa utiliza esta palabra, tan explorada por san Agustín, no está pensando en ningún tipo de uniformismo rígido, sino en un proyecto colectivo de convivencia que sabe celebrar e integrar las diferencias. Si estas ya son notables por tradición histórica, se han incrementado con la llegada masiva de inmigrantes a nuestro país. Sí, unidad es un mensaje clave. El Papa lo lleva hasta en su escudo: “In Illo uno unum” (En el único Cristo somos uno).


La visita a Barcelona se puede resumir en la palabra belleza. Tanto el antiguo monasterio benedictino de Monserrat como la moderna basílica de la Sagrada Familia son símbolos hermosos que actúan como claraboyas hacia el misterio de Dios. Los millones de turistas y peregrinos que visitan el templo de Gaudí se quedan extasiados ante esa monumental Biblia pétrea. Es cierto que a los críticos les parece una horrenda “mona de Pascua”, una especie de parque temático en el corazón de la ciudad, pero la mayoría admira que las fachadas sean retablos en piedra y el interior sea como un bosque animado por luces cambiantes. 

Sin belleza, sin el asombro que produce la via pulchritudinis, todos nos volvemos romos, cerrados, ateos. Dios es la Belleza suprema que se refleja en su creación y, sobre todo, en Jesús, “el más bello de los hombres” sobre el que se derrama la gracia. Sin belleza, somos esclavos de la voracidad y el consumismo.


El salto atlántico a las Canarias era obligado. Lo soñó Francisco. En el escenario en el que muchos emigrantes africanos han encontrado la muerte, el armónico evangélico imprescindible es la caridad, en el más genuino sentido de esta virtud cristiana. La caridad es el antídoto contra la indiferencia. En pleno debate sobre la emigración, el Papa no entrará en la letra pequeña de este asunto controvertido, sino en el fondo de la cuestión. ¿Por qué tantos africanos sienten la necesidad de emigrar a Europa? ¿Por la llamada a “islamizar” el continente a base de demografía tras otros intentos fallidos a golpe de espada? ¿O por la pobreza y la corrupción endémicas de muchos países, resultado de la connivencia entre los intereses de algunos países y emporios extranjeros y las élites locales? 

Los problemas políticos y económicos requieren soluciones justas del mismo nivel, pero la dignidad de seres humanos con rostros y nombres concretos es innegociable. La Iglesia lo sabe por experiencia.

Creo que, cualquiera que sea nuestra situación personal, familiar o institucional, no nos viene mal un compuesto vitamínico de unidad, belleza y caridad. ¡A ver si de una vez alzamos un poco la mirada y no nos ahogamos en el pozo de la desunión, la fealdad y la indiferencia!




jueves, 4 de junio de 2026

Cuando se quiere, se puede


Ayer estuve en Cibeles. La rueda de prensa y la visita a los escenarios de la plaza fueron momentos algo atropellados, pero emocionantes. Mientras el cardenal Cobo y las arquitectas Concha Sánchez Maíllo y Cristina del Río Villegas hacían sus comentarios en el tercer nivel de la enorme tribuna de prensa, los operarios estaban descolgando la cruz que presidirá la celebración de la Eucaristía del domingo. Algunos cámaras de televisión increpaban a los periodistas que tapaban la cara del cardenal con sus enormes micrófonos. 

Yo me alejé de la escena. Me parecía más interesante observar las maniobras de los obreros que escuchar algunas explicaciones ya sabidas. Mi frustrada vocación de arquitecto prevaleció sobre la de periodista. Los coches y autobuses seguían rodeando la fuente de la plaza Cibeles y muchos turistas disparaban sus móviles. Al fin y al cabo, no se ve todos los días un montaje de esas características.


De vuelta a casa, navegué un poco por internet en busca de nuevas informaciones. YouTube está repleto de vídeos que hablan sobre el próximo viaje del Papa a España. Al final de la entrada os inserto uno que me pareció revelador. La conocida vaticanista mexicana Valentina Alazraki dialoga con tres periodistas españoles de distintos medios (RNE, EFE y ABC-La Sexta) sobre el viaje. Me gustó el contenido y el tono. Echo de menos este tipo de diálogos serenos en los que cada uno puede exponer su punto de vista con libertad, razones y respeto. Cuando se quiere, se puede. 

Este es el tono que habría que trasladar a otros muchos espacios de intercambio y debate. Pero se ve que algunas personas y medios están interesados en crispar todo lo que pueden. Siempre se las arreglan para encontrar agujeros polémicos, acentuar diferencias, ver enemigos por todos los lados y provocar el enfrentamiento. Tengo en mi cabeza los nombres de algunos sitios de internet y de algunos periodistas en particular. Por desgracia, varios de ellos se dedican a una (supuesta) información religiosa.


¡Ojalá el viaje del Papa, con su estilo sereno y profundo, nos ayude a “alzar la mirada” y ver las cosas con perspectiva! A León XIV le faltan los arranques apasionados del papa Francisco, pero eso mismo, en este contexto de polarización, es una gran virtud. Introduce el peso de la objetividad frente al subjetivismo imperante. No abusa de los “gestos” que tanto les gustan a los periodistas, sino que nos confronta con la verdad del Evangelio. Los primeros son muy llamativos, pero efímeros. La confrontación con la Palabra tiene efectos transformadores y duraderos. 

Muchas personas van a pagar un alto precio durante estos días: séquito papal, obreros, periodistas, policías, voluntarios, etc. Ayer le oí a un cámara de televisión un desahogo comprensible: “¡Ojalá termine esto cuanto antes!”. No es fácil moverse con una cámara al hombro a más de 30 grados. Estoy convencido de que el trabajo de muchos redundará en beneficio de todos. El viaje puede sacar lo mejor de cada uno de nosotros. 

Os dejo con la interesante conversación de estos cuatro periodistas.



miércoles, 3 de junio de 2026

Faltan tres días


Esta mañana he recibido mi acreditación para cubrir el viaje del papa León XIV a España en el Centro Internacional de Prensa (CIP) que se ha establecido en la sede de la presidencia de la Comunidad de Madrid, sita en la Puerta del Sol. Además de la tarjeta identificadora (con foto incluida), el pack incluye una botella de vidrio para mantenernos hidratados en estas jornadas veraniegas, una SIM gratuita, una tarjeta para moverse por la red pública de transportes de la comunidad y alguna otra cosilla de poca monta. Preveo que el CIP se quedará pequeño para tantos periodistas acreditados. 

En cuanto cuelgue esta breve entrada, correré a la plaza de Cibeles para una rueda de prensa con el arzobispo José Cobo y las dos arquitectas que han diseñado los escenarios de la vigilia con los jóvenes y la misa del domingo. Faltan solo tres días para que el papa León XIV aterrice en Madrid. Crece la expectación… y también las críticas y reivindicaciones. Nada nuevo. Unos quieren que vaya al Valle de los Caídos, otros que no visite la abadía de Montserrat y algunos (políticos y eclesiásticos) que utilice más el catalán en las ceremonias de Barcelona.


Hay grupos (muchos) que exigen ser recibidos por el Papa. En el caso de que no suceda, algunos amenazan con la apostasía. Ahí es nada. Abundan también los improvisados “redactores” de sus discursos. En vez de disponerse a escuchar al Papa con un mínimo de obsequiosa cortesía, le sugieren (y hasta le ordenan) lo que tiene que decir en cada caso, sobre todo en su discurso en el Congreso de los Diputados. Estos diktats provienen de la derecha y de la izquierda, de progres y fachas, de creyentes y ateos. El Papa no podrá quejarse de falta de sugerencias. 

Hay infinidad de personas (católicas y no) que se alegran de su visita y otras (masones y ateos) que se apuntan de manera llamativa al “Yo no te espero”. La mayoría de los políticos aplauden el viaje y seguramente lo utilizarán para sus fines, pero algunos partidos minoritarios aprovechan la coyuntura para hacerse un poco de publicidad diciendo que ellos no participarán en los actos. En fin, que el viaje sirve de catalizador de la enorme pluralidad de nuestra sociedad y de termómetro para medir la grandeza y mezquindad de los seres humanos.


A nadie se le exige que se entusiasme con el viaje del papa León XIV o que no exprese sus críticas razonables, pero sí es exigible que se le conceda un respeto parecido al que se suele dispensar a las decenas de personajes famosos que visitan cada año en nuestro país. Como siempre, las personas más sencillas serán las que salven el significado más hondo de este viaje apostólico. 
Los cabecillas políticos y mediáticos de turno lo instrumentalizarán, lo boicotearán o lo tergiversarán. Nada nuevo. 

Voy a ver cómo llevan los automovilistas los cortes de tráfico y qué preguntas ocurrentes hacen los periodistas de los grandes medios a los organizadores. Lo que ya se ha convertido en un dogma mediático es que el coste del viaje no bajará de los 25 o 26 millones de euros. La letra pequeña se conocerá dentro de unas semanas. ¿Algo más, señoría?

domingo, 31 de mayo de 2026

Dios habla griego


Todos los días, al comienzo de la Eucaristía, saludo a la asamblea con estas palabras: “La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con vosotros”. Están tomadas casi literalmente de un fragmento de la segunda carta de Pablo a los corintios (13,13) que leemos en la segunda lectura de esta solemnidad de la Santísima Trinidad. Pareciera que Dios habla griego. El texto relaciona la cháris (gracia) con el Señor Jesucristo, la agápe (amor) con Dios (Padre) y la koinonía (comunión) con el Santo Espíritu. 

Estos rasgos atribuidos al Misterio de los Misterios no son fruto de la especulación humana, sino de la revelación de la Palabra de Dios. Cuando uno piensa que el universo se originó hace aproximadamente 13.800 millones de años y que hoy es una realidad inabarcable, en constante expansión, no puede por menos que preguntarse, una y otra vez, cómo se originó todo, si hay una inteligencia enérgica que hizo el “ajuste fino” para que, en el inmenso parque galáctico, surgiera la vida y, más específicamente, la especie humana. Los científicos se debaten entre atribuirlo todo al azar o postular la existencia de una suprema Inteligencia creadora y ordenadora.


Los cristianos no dejamos de ser personas buscadoras. También nosotros nos dejamos cuestionar e iluminar por la ciencia y la filosofía, recogemos el legado de las grandes religiones de la humanidad, oscilamos entre el craso escepticismo y la credulidad piadosa, pero, el final, lo que determina nuestra fe no es el resultado de ninguna investigación, sino el asentimiento a una revelación que ha alcanzado su plenitud en Jesucristo. Fiados de su palabra, sabemos que el universo entero es fruto del amor de un Dios que no es una realidad solitaria, sino un Misterio de amor en el que –dicho con categorías demasiado humanas– hay tres Personas (el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo) que comparten una sola naturaleza divina. 

La Escritura habla de cháris, agápe y koinonía. Son vocablos torpes que nos sirven para intuir cómo es ese Dios revelado por Jesús. Es gracia, amor, comunión. Cada uno de estos conceptos nos lleva a un pozo sin fondo. Todos están alejados de otras imágenes de Dios que han contaminado nuestra fe en Él. Aquí no se habla de control, juicio o tiranía. Solo el amor es digno de fe. 

Y lo mejor de todo es que nosotros, creados a imagen y semejanza de Dios, somos una Trinidad diminutiva. Nuestra constitución es trinitaria. Hablemos en términos de inteligencia, sentimiento y voluntad (o con otras categorías más modernas), estamos diciendo que somos una unidad en la pluralidad, un reflejo de Dios. Y lo mismo confesamos de la Iglesia y de la humanidad. Abiertos al Misterio de Dios, la unidad nunca es uniformidad, sino rica diversidad. Y la diversidad nunca es babélica, sino expresión de unidad profunda. ¡Cómo cambiaría todo si viviéramos a fondo la fe en el Dios Padre, Hijo y Espíritu, en el Dios amor, gracia y comunión! Este es el secreto de la existencia. 


Dentro de la variedad de formas de vida cristiana, el Espíritu ha suscitado algunas que englobamos en la categoría de “vida contemplativa”. Ellas exageran proféticamente la vocación a la que todos estamos llamados: ser adoradores del Dios Uno y Trino. Su vida dedicada a la alabanza del Misterio y al silencio contemplativo es un recordatorio permanente de lo esencial de la existencia, del verdadero Dios en el que creemos, de lo único necesario. Por eso, en esta solemnidad de la Santísima Trinidad, la Iglesia celebra la Jornada Pro Orantibus. El lema de este año en España es: Vida contemplativa, ¿por quién eres?”. 

Tendríamos que estar muy agradecidos a los hombres y mujeres que, sin dejar de estar con los pies en este mundo, nos recuerdan que no somos del mundo, que nuestra verdadera patria está junto al Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Los monasterios contemplativos siguen siendo en esta sociedad secularizada un poderoso imán que nos atrae. Aunque nos parezca que no somos creyentes, no podemos eliminar nuestra marca de fábrica. Nos lo recuerda una persona que se debatió entre la fe y la duda, que atravesó muchas etapas en su itinerario de búsqueda y que, al final, fue “derrotado” por la fuerza de la Palabra de Dios: “Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón siempre estará inquieto hasta que no descanse en Ti” (San Agustín). Pues eso.