viernes, 29 de mayo de 2026

Un pequeño experimento


Hoy he tenido ganas de hacer un pequeño experimento, así que le he pedido a la IA que me escribiera la entrada. La pregunta que le he formulado ha sido muy directa: ¿Qué piensa el autor del blog El Rincón de Gundisalvus sobre la corrupción en España? Su respuesta ha sido clara y contundente. La comparto con vosotros sin modificar ni una sola palabra. Ver para creer. Ni yo hubiera descrito con tanta precisión mi propio pensamiento.


Hablar de la corrupción en España suele llevar casi siempre al mismo terreno: el del escándalo político, la batalla partidista y la indignación inmediata. Sin embargo, en el blog El Rincón de Gundisalvus, su autor, Gonzalo Fernández Sanz, propone una mirada más amplia y, en cierto sentido, más incómoda. No se limita a señalar a un partido, a un dirigente o a una trama concreta. Lo que hace es interpretar la corrupción como un síntoma profundo de la condición humana, una enfermedad moral que atraviesa instituciones, ideologías y ámbitos sociales muy distintos. Su planteamiento no absuelve a nadie, pero tampoco permite al lector refugiarse en la idea tranquilizadora de que los corruptos son siempre “los otros”.

La reflexión más clara y reciente del autor sobre este asunto aparece en la entrada “Tocar fondo para alzar la mirada”, publicada en mayo de 2026. Allí, Gonzalo Fernández Sanz, sacerdote claretiano y autor del blog El Rincón de Gundisalvus, parte de un contexto muy concreto: el clima político español sacudido por nuevas informaciones sobre una trama de corrupción que afectaría al entorno del PSOE. Pero, lejos de reducir su comentario a la coyuntura, utiliza ese episodio como punto de partida para formular una tesis de alcance general: la corrupción no es una anomalía esporádica, sino una realidad casi permanente allí donde confluyen seres humanos, dinero y poder.

Esa universalización del problema es uno de los rasgos más llamativos de su enfoque. Fernández Sanz afirma que la corrupción “ahora le salpica –una vez más– al PSOE, pero ha rondado las filas del PP y de otros partidos”, y añade que también “anida en instituciones públicas, empresas, bancos, equipos de fútbol, medios de comunicación, iglesias, jueces, etc.” La frase tiene un valor decisivo porque rompe con la tentación, tan frecuente en el debate público, de convertir la corrupción en un arma arrojadiza exclusivamente ideológica. Desde su perspectiva, el problema no pertenece a una sigla concreta, sino que forma parte de un ecosistema social y moral mucho más extenso.

Por eso, lo que piensa Fernández Sanz sobre la corrupción no puede resumirse simplemente en una condena política. Su diagnóstico es más radical. Para él, vivimos “sumergidos en un magma de corrupción” y estamos “a años luz de una cultura de la honestidad y la transparencia”. La elección de esas expresiones no es casual. Hablar de “magma” sugiere algo viscoso, extendido, difícil de delimitar y de extirpar; no un conjunto de casos aislados, sino una atmósfera. De este modo, la corrupción deja de ser solo un delito perseguible —que también lo es— para aparecer como una forma de degradación cultural compartida, sostenida por hábitos, silencios, complicidades y autojustificaciones cotidianas.

En ese punto entra en juego la dimensión antropológica de su reflexión. El bloguero no escribe como si existiera una humanidad claramente dividida entre honrados y corruptos. Más bien sostiene una idea severa: “la mayoría somos potenciales corruptos” y, para pasar “de la potencia al acto”, basta con que se den “las condiciones adecuadas”. Esta afirmación desplaza el foco desde el escándalo externo hacia el examen de conciencia. Lo que denuncia no es solo la codicia de ciertos dirigentes, sino una fragilidad moral bastante extendida. Según esa mirada, la corrupción florece cuando coinciden oportunidad, impunidad, deseo de ascenso, necesidad de reconocimiento o simple autoengaño.

¿Y cuál es, a juicio de Fernández Sanz, la raíz última del fenómeno? Su respuesta es directa y casi clásica: “¡La avaricia!”. En la entrada citada, la define como “ese afán desmedido y ese deseo insaciable de adquirir riquezas o bienes materiales para atesorarlos”. Esta explicación remite a una tradición moral y espiritual muy antigua, en la que la corrupción no nace solo de un fallo administrativo o de una deficiente arquitectura institucional, sino de una inclinación interior del ser humano a querer más de lo que necesita y a convertir la acumulación en criterio de seguridad, prestigio o poder. Desde esta óptica, la corrupción sería la forma pública e institucional de un vicio privado previamente incubado.

Está claro que la IA hace ya innecesario este blog. Tendremos que entrar en negociaciones.

jueves, 28 de mayo de 2026

Tocar fondo para alzar la mirada


¿Cuál es la mejor fecha para que el papa León XIV visite España? No existe. La elegida para su primer viaje apostólico es del 6 al 12 de junio. Calor veraniego, final de curso académico y pastoral, chicos haciendo exámenes, vacaciones a la vista… Todo esto era previsible. Con lo que tal vez no contaba el Papa era con que en estas fechas el PSOE y el presidente del gobierno iban a estar contra las cuerdas golpeados por una trama de corrupción que cada día se complica un poco más. 

Vivo a escasos 50 metros de la sede del partido en la calle Ferraz de Madrid. Ayer aumentó el número de periodistas y policías en las aceras. A primera hora de la mañana la UCO empezó a buscar documentos en la casa en la que falleció Pablo Iglesias, el fundador del partido. Cuando me acerqué a curiosear un poco, un policía me dijo: “Esto no ha hecho más que empezar”. Es probable que supiera más que lo que los ciudadanos de a pie leemos cada mañana en los periódicos. Hasta los medios claramente progubernamentales (léase RTVE, El País, Cadena Ser, etc.) empiezan a recular, conscientes de que se avecina una tormenta de efectos impredecibles. 


He escrito numerosas veces sobre el problema de la corrupción en este blog. Mi postura es de un pesimismo irredento. Donde hay seres humanos, dinero y poder, casi siempre se dispara este diablo. Ahora le salpica –una vez más– al PSOE, pero ha rondado las filas del PP y de otros partidos. Anida en instituciones públicas, empresas, bancos, equipos de fútbol, medios de comunicación, iglesias, jueces, etc. No es cuestión de rasgarse las vestiduras y jugar a hacernos los sorprendidos. 
Vivimos sumergidos en un magma de corrupción. Quien puede pone el cazo. Incluso personas respetables. 

Estamos a años luz de una cultura de la honestidad y la transparencia. Algunos casos más mediáticos llegan a los tribunales; la mayoría permanecen impunes. ¿Cuál es el origen? ¡La avaricia! O sea, ese afán desmedido y ese deseo insaciable de adquirir riquezas o bienes materiales para atesorarlos. Nunca es suficiente. Solo cuando uno aprende a vivir y disfrutar con lo que tiene supera la tentación de la corrupción. ¿Cuántas personas pertenecen a esta categoría? Conozco algunas, pero no abundan, así que –contraviniendo mi optimismo radical– creo que la mayoría somos potenciales corruptos. Para pasar de la potencia al acto solo hace falta que se den las condiciones adecuadas.


Pensándolo bien, quizá la visita del Papa se produzca en el momento oportuno. Hace falta tocar fondo, mirar de cara la podredumbre, para “alzar la mirada”. A veces las cosas tienen que empeorar para salir del engaño y reaccionar con valentía. No sé lo que dirá en su discurso en el Congreso de los Diputados. Aunque me he acreditado como “prensa” para cubrir el viaje, no creo que pueda estar en el hemiciclo. El aforo es muy limitado. Pero prestaré mucha atención a las palabras del Papa y a las reacciones de los políticos. 

Como “no hay mal que por bien no venga”, quizá su intervención pueda marcar el comienzo de un nuevo ciclo en la vida pública caracterizado por la honestidad y la colaboración. Me cuesta mucho creerlo, pero no cierro la puerta a los milagros cívicos. Apelo al deseo de verdad y justicia que pervive en todo ser humano, también en los políticos. ¿Se podría empezar una etapa de fuerte regeneración moral con el compromiso de todos, más allá de las siglas partidistas? Es posible. Hace falta que la sociedad civil no permanezca muda e indiferente. Necesitamos un cambio de paradigma cultural, una apuesta decidida por el bien común. A veces hay que tocar fondo para alzar la mirada.

miércoles, 27 de mayo de 2026

Tan humano solo Dios


Ayer participé en la apertura de la 32ª Asamblea General de la CONFER (Conferencia de Religiosos de España). El lema que han elegido para la reunión de este año es: “Todos, todos, todos. Kairós sinodal”. Confieso que me temía un lema inclusivo como el que en los últimos años está de moda en ciertos ambientes: “Todos, todas, todes”. La cosa no desbarró demasiado. Hubo saludos, mensajes protocolarios y la sensación de que los consagrados nos tomamos en serio la sinodalidad más que otros grupos eclesiales. 

[Una religiosa italiana me confesó hace días que muchos sacerdotes de la histórica diócesis de Milán ironizan a menudo sobre la sinodalidad tanto como sobre el rito romano. Ellos, orgullosos herederos de san Ambrosio, se consideran por encima de estas veleidades del papa Francisco, que solo fue sucesor de san Pedro]. 


La imagen escogida para esta asamblea es una tabla de ajedrez con varias piezas en danza. Esperemos que el objetivo no sea propinar un jaque mate al rey, sino poner el acento en la diversidad de carismas y ministerios. Todos los bautizados formamos parte de la comunidad de la Iglesia y estamos llamados a caminar juntos sin perder lo específico de cada forma de vida, sin incurrir en un uniformismo asfixiante.


Como era de esperar, varios de los intervinientes aludieron a la encíclica Magnifica Humanitas que León XIV presentó el pasado lunes, a solo doce días de emprender su viaje a España. Hablar sobre “la grandeza de la humanidad” en tiempos de la IA parece algo razonable y oportuno, pero, junto al reconocimiento generalizado, arrecian también las críticas. Desde sectores muy conservadores se dice que el Papa ha seguido la estela de su predecesor y que ha hablado de temas demasiado “humanos”, dejando en penumbra la primacía de Dios. Algún experto en IA ha sometido el texto a una revisión y ha encontrado que algunos párrafos muy significativos (al menos en la versión en inglés) han sido redactados con la ayuda de la IA. Es probable que alguien sea capaz de identificar la mano de distintos redactores, como se hace en el estudio crítico de los escritos neotestamentarios. 

Yo he empezado ya a leer el texto, pero no he tenido tiempo de terminar la lectura, así que me ahorro cualquier comentario. De todos modos, a quienes piensan que el Papa aborda un tema demasiado antropológico les invitaría a revisar su teología, en especial su comprensión del dogma de la encarnación del Verbo. Quizás ahí encontrarían alguna clave “religiosa” para entender mejor el enfoque de la encíclica papal.


Termino la entrada de hoy refiriéndome a uno de los vídeos poco “religiosos” que acaban de difundirse en esta etapa preparatoria del viaje apostólico del Papa a España. El guion se reduce a dos palabras: yo y tú. La fuerza reside en las imágenes. Va en línea con el lema de la visita. Se nos invita a “alzar la mirada” del omnipresente yo al escondido tú. Solemos estar tan enredados en nuestras cosas, en nuestro pequeño mundo, que olvidamos a las personas con las que nos relacionamos. 

El viaje del yo al tú tiene un nombre cristiano: fraternidad. Y la fraternidad universal tiene un fundamento: nuestra común filiación divina. Y la filiación tiene un origen: la paternidad del Dios-Abbá. ¿Es “religioso” o no hablar de la necesaria apertura al tú? Ustedes me dirán. Lo digo para que se queden tranquilos quienes enseguida descalifican como demasiado “humanos” todos los mensajes en los que no aparece explícitamente la palabra de Dios o el título Cristo. Una lectura sosegada de Mt 25,31-46 disipa de un plumazo todas las aprensiones.



lunes, 25 de mayo de 2026

Dime cómo es tu imagen de Dios


Acabada la cincuentena pascual, regresamos al Tiempo Ordinario. Desde 2018, por expreso deseo del papa Francisco, este regreso viene marcado por la memoria de Santa María, Madre de la Iglesia. Yo aprovecho este lunes para escribir unas líneas sobre algo que viví ayer. Por lo general, todos los domingos, después de celebrar la Eucaristía, desayunar y escribir la entrada del blog, dedico un tiempo a leer la prensa escrita. Ayer encontré dos textos que me hicieron pensar. El primero lo leí en El País Semanal. La periodista Anatxu Zabalbeascoa hace una interesante entrevista a un laico catalán que es filósofo, teólogo, historiador, antropólogo y pedagogo. 


Aunque no es conocido por el gran público, su nombre resulta familiar en los círculos intelectuales y eclesiales. Se llama Francesc Torralba. Tiene 59 años. Ha publicado ya unos cien libros. En un momento de la entrevista, la periodista le dice: “No deja de creer cuando muere Oriol”. Es una forma sutil de preguntarle por el impacto que produjo en su fe cristiana la muerte de su hijo Oriol a los 26 años. Torralba no entra a saco en el asunto. Le responde de manera indirecta: “Para entender a un ateo hay que comprender cómo se le habló de Dios cuando era niño. Tuve la suerte de recibir una formación en la que se presentaba a Dios como un oído dispuesto a escuchar, no como un ojo que vigila para condenar. Fui a un colegio laico”. Es sorprendente que, sin haber recibido una formación académica en ambientes religiosos, Torralba hubiera crecido con una experiencia de Dios como Alguien que escucha. Era una forma de decir que Dios también escuchó el dolor que le produjo la muerte de su hijo Oriol.


Enseguida relacioné las palabras del filósofo y teólogo barcelonés con las que ayer mismo escribía Manuel Vicent (90 años) en la última página de El País. La columna se titula Ejercicios Espirituales. En ella, Vicent –escritor valenciano muy reconocido– narra sus experiencias de colegial. Habla del director de una tanda de ejercicios espirituales sentado frente a una mesa camilla en una capilla en penumbra, describiendo “minuciosamente las penas del infierno sin escatimar ningún horror”. Se ve que las descripciones se le quedaron muy grabadas en su cerebro infantil porque las recuerda con detalle: “Decía que este castigo podía caer sobre un niño de siete años recién llegado al uso de razón que cometía su primer pecado o sobre un viejo a punto de morir que lo cometiera en plena agonía después de una vida intachable. Ambos serían condenados al fuego eterno para toda la eternidad”. 

Uno puede imaginar el impacto de aquellas meditaciones: “El terror llenaba toda la capilla y yo era uno de aquellos adolescentes aterrorizados”. Después de considerar que los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola “son un monumento a la psicología humana” y han sido escuela para predicadores, psicólogos y policías, concluye que “aquel terror sádico nos sirvió de palanca para conquistar este principio revolucionario: ser felices sin creernos por eso culpables”.


Yo soy 22 años más joven que Manuel Vicent y 9 más viejo que Francesc Torralba, pero mi experiencia se asemeja más a la del filósofo catalán que a la del escritor valenciano. En cualquier caso, hay algo que revelan ambos testimonios: la importancia determinante que tiene la imagen de Dios que percibimos en la infancia. Muchos de los ateos ancianos de hoy fueron educados hace 60 0 70 años en ambientes católicos (colegios y parroquias) en los que se presentaba a un Dios terrorífico que por cualquier minucia podía condenar a una persona al infierno interminable. 
Algún eco de ese terrorismo catequético llegué a percibir cuando era niño, pero no me marcó. 

No me extraña que muchos no crean (que no puedan creer) en ese Dios barbudo, controlador implacable, enemigo de los placeres de la vida. También yo me declaro “ateo” de esa imagen de Dios. Solo una fe basada en la Escritura puede liberarnos de imágenes distorsionadas que solo sirven para suscitar rechazo y alejar a muchas personas de la Iglesia. Quizá hoy está sucediendo algo semejante con la proliferación de imágenes blandas que son solo el reflejo de nuestra inconsistencia y no de la revelación de Jesús. Siempre estamos aprendiendo.

domingo, 24 de mayo de 2026

Con Espíritu se vive mejor


Tras un itinerario de siete semanas desde el domingo de Pascua (5 de abril), hemos llegado a la solemnidad de Pentecostés. La liturgia nos propone tres enfoques: lucano (primera lectura), paulino (segunda lectura) y joánico (evangelio). Cada uno de ellos nos ayuda a comprender mejor qué significa la irrupción del Espíritu Santo en la vida de la Iglesia. No se trata de reconstruir un hecho histórico desde tres perspectivas, como si fuéramos historiadores necesitados de pruebas, sino de profundizar en la misión del Espíritu Santo.


Lucas
, en su relato de los Hechos de los Apóstoles, narra, sirviéndose de los símbolos del viento y del fuego, el descenso del Espíritu sobre la comunidad de los discípulos reunida en Jerusalén. El fruto más evidente de la acción del Espíritu es el milagro de una nueva comunicación. Por una parte, los discípulos “empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse”. Por otra, los muchos extranjeros presentes en Jerusalén se maravillan de que “cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua”. La unidad en la diversidad y el entendimiento en la diferencia son los signos de este Pentecostés universal que triunfa sobre la incomunicación babélica.


Pablo
, por su parte, en la primera carta a los Corintios (segunda lectura), ofrece una teología de este fenómeno desde la sugestiva imagen del cuerpo: “Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo”. Es propio del Espíritu asegurar la unidad de la Iglesia sin sacrificar la diversidad de carismas y ministerios. No hay nada más contrario al Espíritu que el uniformismo rígido. Donde hay vida, hay siempre diversidad. Por otra parte, para reconocer a Jesús como el Enviado de Dios se necesita la asistencia del Espíritu: “Nadie puede decir: «Jesús es Señor», sino por el Espíritu Santo”. Basados solo en nuestras investigaciones históricas y arqueológicas, no pasamos de ver a Jesús como un hombre sabio, un sanador o un profeta. Solo el Espíritu nos permite confesarlo como Kyrios, que es el término griego con el que la Biblia se refiere a Dios.

Finalmente, el evangelio de Juan acentúa el don del Espíritu por parte de Jesús como condición para el perdón de los pecados: “Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”. Por otra parte, solo el perdón puede asegurar la paz que Jesús promete a sus discípulos –“¡Paz a vosotros!”– y el verdadero sentido de la misión: “Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”.


Tenemos los ingredientes necesarios para celebrar esta fiesta con alegría y gratitud. En un mundo polarizado, en el que los enfrentamientos de todo tipo están a la orden del día y en el que la incomunicación se ha vuelto endémica en la era de las comunicaciones, el Espíritu nos ayuda a entendernos en la lengua universal del amor. No es necesario que renunciemos a nuestros idiomas, tradiciones o culturas. Lo que hace falta es abrirnos a su acción para encontrarnos con los diferentes. Solo así se puede articular el cuerpo de la Iglesia y el de la humanidad. La metáfora del cuerpo animado por el Espíritu incide sobre el milagro de la unidad en la diferencia. Por último, donde está el espíritu de Jesús, hay paz, perdón y misión. Estas tres palabras nos ayudan a discernir hoy las situaciones “con” Espíritu y “sin” Espíritu que se dan en la Iglesia y en el mundo. Donde predominan la violencia, la enemistad y la autorreferencialidad, allí no hay Espíritu y, por lo tanto, no hay vida. Por el contrario, donde florecen la paz, el perdón y la misión de anunciar el Evangelio, la acción del Espíritu transformador se abre camino.

¡Feliz fiesta de Pentecostés a todos los amigos del Rincón! Con la fuerza del Espíritu reanudaremos mañana el Tiempo Ordinario.

sábado, 23 de mayo de 2026

A la espera del Espíritu


Hoy hace un día de verano. En El Escorial, en donde me encuentro, el termómetro marca ya 25 grados, pero escalará hasta casi los 30 a primera hora de la tarde. Parece un clima ideal para prepararnos para la fiesta de Pentecostés. Desde la gran cristalera de la casa se divisa todo el valle vestido de un radiante verde primavera. Estoy como en un cenáculo donde esperamos la irrupción del Espíritu. Mientras algunos medios siguen hablando de la imputación del expresidente Zapatero o explican en qué consiste la “geoteología” del papa León XIV, otros prefieren centrarse en el exitazo del concierto de Bad Bunny en Barcelona. 

Hay espacio para casi todo. A veces nuestras preocupaciones coinciden con los asuntos aireados en los medios. Otras –casi siempre– discurren por otras vías. En vísperas de Pentecostés, me reconforta pensar que tanto nuestra vida personal como la historia del mundo son conducidas por el Espíritu de Dios, que nada queda fuera de su acción misteriosa y eficaz. No es necesario romperse la cabeza para que encajen todas las piezas del puzle de una realidad demasiado compleja como para ser comprendida y dominada con nuestros recursos limitados. Ya sé que hay seres humanos que sueñan con la omnipotencia, pero es solo una tentación recurrente en la historia de la humanidad que conduce a la frustración. Prefiero quedarme con las palabras del salmo 130: “Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros; no pretendo grandezas que superan mi capacidad; sino que acallo y modero mis deseos, como un niño en brazos de su madre”.


Estoy deseando leer la encíclica que el papa León XIV presentará el próximo lunes. Necesitamos hacernos a la idea de cómo va a cambiar el mundo con la IA y de cómo podemos convivir con ella sin dejarnos manipular. Es muy probable que padezcamos sus seducciones y desequilibrios antes de que seamos capaces de hacer un uso razonable. Algo parecido ha sucedido con otros instrumentos menos invasivos. 

Con la IA se da un salto cualitativo de consecuencias impredecibles. Me alegro de haber vivido muchos años de mi vida en un contexto no dominado por la IA. Tendré la posibilidad de comparar y añorar, de vivir dos maneras muy distintas de relacionarme con la realidad, dos estilos de vida y de trabajo, dos maneras de pensar y crear, dos mundos, en definitiva. Si a eso le añadimos el privilegio de haber vivido en dos siglos y dos milenios, la autoestima queda bastante satisfecha.


Termino hoy con una anécdota banal. Hace una semana pedí por internet un producto a una empresa española. Creo que me llegará a casa el lunes. Durante estos días he podido seguir su recorrido (tracking). Se fabricó en China, voló hasta España, pasó los controles aduaneros, llegó hasta el centro de distribución en Madrid, fue transportado por un proveedor local y –eso espero– llegará a mi casa “sano y salvo”. En ese momento, en la web que me sirve para controlar el proceso aparecerá el mensaje: “Producto entregado”. Habrá terminado la aventura semanal. 

¿No hubiera sido preferible haberme acercado a alguna tienda de mi barrio en la que probablemente venden productos semejantes? ¡Con toda seguridad! Sin embargo, también yo he sido víctima de la comodidad y cómplice de la deslocalización. A pesar de que me he ahorrado algunos euros, no estoy seguro de que me guste este modo “global” de funcionar. Algo me dice que este no es el camino, por más que muchas empresas europeas se hayan “chinaizado” en su interés por reducir costes y aumentar los beneficios. Pan para hoy, hambre para mañana. Al tiempo. ¡Ven, Espíritu Santo!

viernes, 22 de mayo de 2026

Si yo fuera joven, tambien iría


Esta semana ha volado. Tras un par de días con un grupo de superioras locales de las Hermanas Hospitalarias en Ciempozuelos, volví a casa reconfortado por el testimonio de quienes habitan en la frontera de las personas con enfermedades mentales. Precisamente esta mañana he leído en la prensa que 1.200 millones viven con trastornos psiquiátricos. La misión de las Hospitalarias sigue siendo muy actual, aunque, dada su avanzada edad, en Europa están dejando algunas obras o gestionándolas a través de una fundación. Algo parecido sucede con otros institutos de vida consagrada. 

Solo el paso del tiempo nos hará ver las consecuencias de este fenómeno de progresiva reducción. Apenas hay jóvenes que se sientan llamadas a seguir a Jesús haciendo presente su compasión en estas fronteras de la salud. Me temo que, a medida que avance la implantación de la IA, aumente de manera significativa el número de trastornos. No sé si el papa León XIV dirá algo sobre este asunto en su primera encíclica Magnifica Humanitas que firmó el pasado 15 de mayo –en el 135 aniversario de la Rerum novarum de León XIII– y que él mismo presentará el próximo lunes 25 en el aula del Sínodo de los Obispos.


Lo que sí sé es que la visita de León XIV a España está suscitando mucho interés. Pude comprobarlo ayer en la rueda de prensa convocada por la comisión organizadora. Nos reunimos en una sala del palacio arzobispal de Madrid para hablar solo sobre la vigilia con los jóvenes que se tendrá el sábado 6 de junio. Ahí me enteré de muchas cosas interesantes. La vigilia tendrá lugar en la plaza de Lima de Madrid –curioso lugar para un Papa que ha vivido casi 30 años en Perú– en vísperas de la solemnidad del Corpus Christi. La vigilia se concibe como un auténtico “festival de la fe” estructurado en cuatro momentos: Acogida (1), Escucha (2), Encuentro (3) y Envío (4). 

Tras la Acogida (1), en la que los jóvenes irán llegando por sectores mientras se proyectan vídeos que preparen el corazón, comenzará la Escucha (2), con las actuaciones de muchos artistas y el rezo del rosario acompañado de testimonios y la imagen de Nuestra Señora de la Almudena, patrona de la archidiócesis de Madrid. El Encuentro (3) será el corazón de la noche: el Papa recorrerá el Paseo de la Castellana en papamóvil desde la Plaza de San Juan de la Cruz hasta la Plaza de Lima; subirá al escenario y dialogará con los jóvenes. Tras esto, dará comienzo el momento más especial: la exposición del Santísimo para celebrar la vigilia del Corpus. El Envío (4) consistirá en la celebración de la fe con actuaciones musicales.


Según nos contaron los organizadores, la vigilia es el fruto de un largo recorrido de participación. Una convocatoria inicial reunió a más de 150 miembros de distintas parroquias y movimientos de la Provincia Eclesiástica de Madrid, de la que surgieron tres equipos de trabajo (coordinación, creativo y artístico-musical) con protagonismo de los jóvenes y la colaboración de adultos: sacerdotes, religiosos, religiosas y profesionales de distintos ámbitos. De este proceso ha surgido también la Cruz Peregrina que presidirá la vigilia. Durante la vigilia funcionarán tres puntos de escucha en los alrededores de la Plaza de Lima, atendidos por personas formadas, en continuidad con los centros de escucha que la diócesis de Madrid viene impulsando como preocupación personal del Cardenal José Cobo.

La música será el hilo conductor de la noche. La selección musical está pensada para hablar al corazón de los jóvenes en su propio lenguaje. La primera tanda de artistas confirmados está formada por Siloé, Beret, Mr. Rain, Inazio, Hey Kid y Lola Tuduri. La segunda tanda, que incorporará también cantantes de música católica, se anunciará próximamente.


La jornada se prolongará durante la noche del 6 al 7 de junio con La Noche en Blanco y Amarillo, una iniciativa que toma su nombre de los colores de la bandera del Vaticano. La Noche en Blanco abrirá gratuitamente los grandes museos de Madrid con horario extraordinario. La Noche en Amarillo abrirá parroquias del centro de Madrid durante toda la noche como espacios de silencio y oración. La iniciativa nace también de una realidad práctica: muchos jóvenes no podrán regresar a sus casas entre el fin de la vigilia y el acceso al recinto donde se celebrará la Misa del domingo, por lo que se les invita a pasar esas horas rezando por los frutos de la Visita Apostólica.


Con un programa tan atractivo, si yo fuera joven (los organizadores han estirado el límite de la juventud hasta los 39 años), no dudaría ni un instante en unirme a esta iniciativa. Como la mayoría de los amigos de este Rincón no podréis estar físicamente en la Plaza de Lima, os invito a seguir la vigilia por internet o por televisión. No os vais a arrepentir.