
San Isidro, patrono de Madrid, ha estado muy presente en este blog a lo largo de los años. Hoy, minutos antes de salir para la pradera del Santo para participar en la misa de campaña, vuelvo sobre la figura de este santo madrileño medieval que está de moda. Se habla incluso de un “activismo chulapo” ligado a su figura, como si esta ciudad cosmopolita, víctima del turismo masivo y de la gentrificación, necesitase volver a sus raíces espirituales para no perder su identidad. Como sucede casi siempre con los santos de un pasado remoto, la historia y la leyenda se entremezclan. No siempre es posible deslindarlas, pero eso interesa poco. El símbolo se come a la realidad. La fiesta la recrea.

La paciencia es la virtud típica de los agricultores. Las cosechas no dependen solo de su trabajo, sino de las condiciones del tiempo. Tienen que aprender a esperar que cada fruto madure en el momento oportuno. La impaciencia es el defecto típico de quienes vivimos en una cultura digital. Todo lo queremos al instante. No sabemos esperar. Nos ponemos nerviosos cuando los procesos se demoran. Hemos perdido capacidad de atención y de aguante. Nos parece que la velocidad es la característica de una sociedad evolucionada.

Fruto es un término que se opone a producto. Los frutos se dan en el ámbito de la naturaleza y, por extensión, en el del crecimiento humano. Los productos pertenecen al campo de lo artificial, de lo que los humanos elaboramos con nuestras capacidades e instrumentos. Es evidente que con las revoluciones industrial y digital hemos dado pasos de gigante en la fabricación de productos que mejoran nuestra vida en muchos aspectos. No es lo mismo viajar en una vieja tartana que en un moderno automóvil.

Permanecer es un verbo que se repite a menudo en el evangelio de Juan: “Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí”. Permanecer en Jesús implica vivir la fe como comunión con su persona, no solo como opción racional o sentimental. El verbo permanecer está ligado al sustantivo paciencia. Para permanecer hay que tener paciencia, no desesperar en los momentos de prueba, aceptar las crisis, confiar contra toda esperanza.

¿Se puede presentar a san Isidro como un modelo de paciencia y perseverancia en medio de las pruebas de la vida? Creo que sí. Por eso –como cantamos en el salmo responsorial de hoy– “será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas” (Sal 1). Los frutos son la expresión de la unión con Jesús: acequia de agua de vida.



















