
Las fiestas de mi pueblo en honor de Nuestra Señora del Pino y San Roque me han tenido absorbido durante varios días. La sucesión de celebraciones (entrega de velas, canto de la Salve, misas solemnes, procesiones, encuentros con las cofradías, rosarios cantados por las calles, etc.) no me ha dejado tiempo para acercarme a este Rincón. Una vez al año, merece la pena esta zambullida profunda en la tradición. A veces resulta un poco agobiante, como un amigo pesado empapado en alcohol, pero es más fuerte la belleza de un legado que se mantiene incólume a lo largo de generaciones.
Vengo participando en estos actos desde que era niño. Los cambios han sido mínimos. El rito es en esencia repetición. También aquí se dan polaridades. Algunos no quieren cambiar ni una coma. Otros abogan por pequeñas actualizaciones. Yo me apunto a la segunda opción. Un rito que no se actualiza acaba siendo un fósil. Todo lo que porta vida cambia con el paso del tiempo. Más allá de la legítima discusión sobre estos asuntos, sigue existiendo un abismo casi infranqueable entre devoción popular, liturgia y vida cotidiana. No sabemos matrimoniar estos tres ámbitos. Y, claro, todo se resiente. Habrá que seguir intentándolo.

Por lo demás, agosto ha entrado en su segunda mitad. Al verano le queda poco más de un mes. La vista empieza a dirigirse a lo que está por venir. Sigo viendo a muchos turistas que van y vienen. Un amigo mío hostelero me dice que cada vez gastan menos. A la gente le gusta moverse, pero las economías familiares no están para tirar cohetes. Muchos se conforman con lo mínimo. No es tiempo de dispendios que luego pasan factura.
Mientras en muchos pueblos la gente baila y se divierte, la crisis de Ceuta lleva ya tres semanas abierta como una herida que se resiste a cicatrizar. Hay tensión entre las distintas administraciones, pero lo esencial es discernir cómo se afronta una crisis de esta magnitud. Ni el gobierno ni la oposición tienen una receta mágica. Hay muchos factores que entran en juego. El más perentorio es la atención a los seres humanos que deambulan por calles y playas, pero el más radical es comprender la dinámica que ha disparado esta crisis. Se trata de un verdadero laberinto en el que los agentes principales pueden enredarse. Me temo que la tensión sobre Ceuta y Melilla irá creciendo en los próximos años. Marruecos aspira a integrarlas en su territorio. España no puede estar siempre a la defensiva sin acusar un gran desgaste.

Resulta difícil combinar el descanso de las vacaciones con las noticias que nos llegan cada día. En Colombia siguen sufriendo las consecuencias del terremoto. Desde la isla indonesia de Flores me llegan noticias de otro terremoto que ha afectado a varias comunidades claretianas de la región. Por más que intento mantenerme alejado de los medios digitales durante estos días, es inevitable no enterarse de estas cosas. Siempre procuro meterme en la piel de quienes las padecen. ¿Qué se siente cuando uno pierde de repente su casa o algunos seres queridos?
Desde la tranquilidad de un sofá, estas noticias duelen poco. Solo la cercanía nos hace vulnerables. Recuerdo muy bien el impacto que me produjo el terremoto que afectó a algunas zonas de El Salvador en enero de 2001. La percepción física del temblor y el contacto con los damnificados me hizo comprender un poco la magnitud de la tragedia. De hecho, han pasado 25 años y sigo manteniendo vivo el recuerdo. Necesitamos acercarnos a las personas y lugares para compartir de verdad su sufrimiento. Gracias a Dios, la Iglesia es una red tan grande de comunidades que siempre hay alguna cerca de las tragedias. Donde un cristiano le presta a Dios su corazón y sus manos para ayudar a la gente, allí está toda la Iglesia representada.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
En este espacio puedes compartir tus opiniones, críticas o sugerencias con toda libertad. No olvides que no estamos en un aula o en un plató de televisión. Este espacio es una tertulia de amigos. Si no tienes ID propio, entra como usuario Anónimo, aunque siempre se agradece saber quién es quién. Si lo deseas, puedes escribir tu nombre al final. Muchas gracias.