
He seguido por Internet la misa presidida por el papa León XIV en la catedral de la Inmaculada Concepción de Mongomo, en Guinea Ecuatorial. El obispo titular es el claretiano ecuatoguineano Juan Domingo Beka Esono, en cuya ordenación episcopal participé hace nueve años en ese mismo lugar. Contemplando las imágenes de la hermosa catedral –que podría encontrarse en cualquier lugar de España o Italia– y el entusiasmo del pueblo, experimentaba una mezcla de sentimientos. Por una parte, se me hacía injustificable el hecho de que todo ese complejo estuviera pagado por un presidente que desde hace casi cinco décadas gobierna a su pueblo con puño de hierro. Por otra, sentía que no podemos aplicar tal cual nuestros criterios occidentales de ordenamiento social a otros contextos geográficos y culturales.
Me imagino que también el Papa habrá experimentado esta división. En su discernimiento final, ha pesado más el posible fruto de su visita pastoral que el riesgo de que el régimen autoritario la instrumentalice para un lavado nacional e internacional de su imagen. Con todo, me resultaba difícil olvidar historias de represión que conozco de primera mano. Solo la alegría del pueblo, su fe probada y su resistencia mitigaban mi rabia.

Vistas las cosas con ojos de turista, Guinea Ecuatorial es un pequeño país (con una población aproximada de 1.200.000 habitantes) que, gracias a los ingresos por la explotación del petróleo, está experimentando una enorme transformación en sus infraestructuras y en su tejido económico. Desde el 2 de enero de este año tiene una nueva capital administrativa. Ya no es Malabo (en la isla de Bioko), sino la Ciudad de la Paz, en el centro de la región continental. Ese lugar fue elegido por sus fáciles conexiones con el resto del territorio y los países vecinos de Camerún y Gabón, por su clima benigno, por no estar ligado al pasado colonial y quizás porque está en territorio de la etnia fang, que es la del presidente.
Es una ciudad todavía en construcción diseñada por el Estudio Portugués de Arquitectura y Urbanismo FAT (Future Architecture Thinking). Combina criterios de racionalidad, sostenibilidad y eficiencia. Se pretende que en pocos años acoja a unas 200.000 personas en un área de 81,5 kilómetros cuadrados. No he tenido oportunidad de conocer este lugar, pero, viendo algunos vídeos, se puede adivinar cómo será. El temor es que, como ha sucedido con otras capitales construidas de nueva planta (Brasilia en Brasil, Abudja en Nigeria, etc.) resulte demasiado racional, pero sin alma. Las ciudades vivas necesitan historia para que resulten habitables.

Volviendo al comienzo de la entrada de hoy, me gustaría que la visita del papa León XIV a Guinea Ecuatorial significara un fuerte impulso hacia un camino de verdadera democracia, de prosperidad para todos (no solo para las élites y los afectos al régimen) y de una Iglesia profética, menos dependiente de las autoridades civiles y más libre de privilegios para alzar su voz desde el Evangelio. Sé que las cosas no se ven de igual modo dentro que fuera, con responsabilidades que sin ellas, pero eso no significa que se pierda el horizonte y que las cosas no puedan cambiar.
Las intervenciones del papa León XIV han sido muy claras. Lo difícil y arriesgado es sacar las consecuencias prácticas de sus palabras, sobre todo para aquellos que están expuestos a represalias de diverso tipo. No es lo mismo ser audaz desde el teclado de un ordenador que desde el púlpito de una iglesia de Malabo, de Bata o de Ebebiyín. La prudencia es también una virtud cristiana.







































