
Hoy se cumple un año de la elección del cardenal Robert Francis Prevost como el 267 sucesor del apóstol Pedro. Los periódicos ofrecen algunas claves de su pontificado. Incluso llegan a presentarlo como líder global haciendo algunas interpretaciones que me parecen muy superficiales y hasta interesadas. Lo importante es que León XIV ha asumido con humildad y firmeza el encargo recibido. Tendremos ocasión de comprobarlo de cerca cuando, dentro de cuatro semanas, venga a Madrid.
Precisamente ayer por la tarde participé en la rueda de prensa organizada en las oficinas del arzobispado para presentar los detalles del viaje. Me gustaron las palabras introductorias del cardenal Cobo (“Hay mucha gente que está haciendo todo lo que puede para que este evento tenga alma”), así como las intervenciones posteriores del obispo auxiliar Vicente Martín (que acentuó mucho el carácter social del viaje), de Laura Moreno, directora pastoral del viaje (que explicó con detalle el programa) y de Yago de la Cierva, director técnico (que habló sobre la logística).
Nos enteramos de detalles curiosos, como, por ejemplo, que Niña Pastori cerrará el acto en el centro CEDIA para personas sin hogar, o de que Siloé actuará en la vigilia de los jóvenes (junto a Hakuna y otros muchos grupos y solistas). Me gustó mucho la iniciativa Tejer redes, el encuentro que el papa León tendrá en el Movistar Arena con gentes del mundo universitario, empresarial y artístico. Si algo necesitamos en una sociedad polarizada es precisamente “tejer redes” entre los que piensan de diferente manera, pero buscan sinceramente el bien común.

Además de con una batería para cargar dispositivos electrónicos (regalo de la archidiócesis a los que participamos en la rueda de prensa), salí de las oficinas de Bailén 8 con la impresión de que un viaje papal es mucho más que un evento que dura tres o cuatro días. Es una oportunidad única para que los católicos salgamos de nuestro letargo y los no creyentes se pregunten si lo que representa el papa tiene alguna plausibilidad, conecta con sus búsquedas y preguntas.
Vi al cardenal Cobo contento por el modo como se estaba desarrollando la preparación en las parroquias y comunidades, por la generosidad de los casi 18.000 voluntarios (cuando se habían pedido solo 10.000), por el compromiso solidario de empresas, instituciones y particulares, por la actitud colaborativa de las autoridades municipales, autonómicas y estatales, por la disposición abierta de muchos artistas e intelectuales, por la implicación de los medios de comunicación social… y hasta por el decoro de los políticos que lo han invitado a intervenir en el Congreso de los Diputados.
Es como si un viaje de este tipo desencadenara una ola de civismo y sacara lo mejor de cada uno de nosotros. Quizá lo más valioso del viaje sea su preparación coordinada y su implementación posterior. Con su presencia y su palabra, León XIV, tan amante de la unidad en la diversidad, puede ayudarnos a curar heridas y a descubrir la belleza de ser un pueblo con una rica tradición y un mejor porvenir.

No creo que estas palabras sean retóricas. Traducen el sentimiento que tuve ayer mientras conocía algunos intríngulis de este viaje “casi” improvisado. A veces necesitamos eventos extraordinarios que nos ayuden a sanar la cotidianidad herida o estancada, que –como reza el lema del viaje– nos impulsen a “alzar la mirada” y comprobar que la mies está ya granada, que hay muchas más cosas buenas en nuestra vida personal y social que las que percibimos con una mirada a ras de suelo. Merece la pena hacer un esfuerzo para caminar con otros.
El papa León XIV no viene con una varita mágica para resolver nuestros problemas, ni tampoco con un látigo para fustigarnos por nuestros pecados y errores. Viene con una invitación a poner en común esos “dos peces y cinco panes” que cada uno tenemos, de modo que, juntando todo, podamos dar de comer a toda la gente; es decir, a sacar partido de los muchos talentos y dones que Dios nos ha dado para ser co-creadores con Él.
No me siento capacitado para decirle al papa lo que tiene que decirnos o los lugares que tiene que visitar. Quiero dejarme sorprender y sacudir. No quiero que se limite a confirmar lo que yo pienso, sino que me cuestione y me anime, que me desafíe y me invite a ir más allá, a no conformarme con el límite al que he llegado.
La Iglesia española es rica de tradición y de carismas, pero necesita que alguien la zarandee un poco, la saque de su ensimismamiento o –por usar la palabra tan repetida por Francisco– de su autorreferencialidad y se ponga en “modo misión”, que es lo mismo que decir en “modo escucha” y en “modo diálogo”. El Espíritu no solo actúa dentro de la comunidad, sino en toda la realidad. Creo que la visita del papa León nos va a servir para todo esto y más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
En este espacio puedes compartir tus opiniones, críticas o sugerencias con toda libertad. No olvides que no estamos en un aula o en un plató de televisión. Este espacio es una tertulia de amigos. Si no tienes ID propio, entra como usuario Anónimo, aunque siempre se agradece saber quién es quién. Si lo deseas, puedes escribir tu nombre al final. Muchas gracias.