martes, 12 de mayo de 2026

De día y de noche


Acabo de venir del centro CEDIA, de Cáritas, que es un espacio para acoger a personas sin hogar. El papa León XIV lo visitará el día de su llegada a Madrid el próximo 6 de junio por la tarde. Será como su puerta de entrada en nuestra ciudad. Hoy los organizadores de la visita papal habían convocado a la prensa para que pudiéramos conocer el centro de primera mano. Ahí estaban los periodistas de RTVE, la COPE y de muchos otros medios impresos y audiovisuales. Antes de recorrer las instalaciones que visitará el papa, Juanjo (el director del centro) y María (la psicóloga) nos han contado la historia de este proyecto y su realidad actual. 

Todo comenzó hace ya 49 años de manera muy sencilla. Entonces se trataba de un pequeño equipo que iba con una furgoneta repartiendo café caliente por las noches a algunas personas que dormían en la calle. Después abrieron un centro cerca del Senado en el que acogían a personas sin hogar. En 2008 se inauguró el centro actual en el barrio de Lucero. Acoge a personas –entre los 18 y los 65 años– las 24 horas del día y de la noche. En 2019 hicieron una gran reforma. Ahora disponen de 92 plazas: 47 nocturnas (solo para hombres), 20 (para mujeres) y 25 (solo para el centro de día). El año 2025 pasaron por CEDIA 2.534 personas, de las que pudieron acoger a 880. La permanencia máxima, salvo excepciones, es de un mes. En ese tiempo algunas personas encuentran otro alojamiento o son derivadas a centros de larga estancia.


Como los responsables nos han dicho, CEDIA no es un centro de entretenimiento, sino de entrenamiento para la vida. Uno puede irse y regresar si es necesario. En torno a un 20% de los que salen logra encontrar un trabajo. Muchos de los residentes son personas que han llevado una vida “normal” y que, por circunstancias (despidos laborales, divorcios traumáticos, etc.) se encuentran en situación de calle. El 75% son varones y el 25% mujeres. La media de edad está bajando. Ahora se sitúa en torno a 30 años. La precariedad laboral y el alto precio de la vivienda arrojan a muchos jóvenes a la calle. 

La mayoría son españoles, latinoamericanos, magrebíes y subsaharianos, pero los hay también de otras partes del mundo. En cualquier caso, todos son tratados con la dignidad que merecen por parte de los más de 40 trabajadores y voluntarios. Para significar esto, nos han entregado a cada uno un frasquito con tierra del lugar para recordarnos que CEDIA en un “terreno sagrado” en el que hay que descalzarse. Aunque disponen de instalaciones funcionales y realizan diversas intervenciones de ayuda, la herramienta principal es el afecto. Solo cuando las personas se saben aceptadas y queridas pueden rehacer sus vidas.


La visita del papa León –que se asomará a la vida cotidiana de estas personas y conocerá de cerca su situación– dará visibilidad a un problema que a menudo no queremos afrontar. Solemos mirar para otro lado. La gente sin techo está ahí, en la Gran Vía y en otras muchas calles, viaductos y puentes de Madrid, pero pasa desapercibida. Estropea la belleza de la ciudad. Aparte de factores personales y familiares, una de las causas principales del sinhogarismo es el precio prohibitivo de los alquileres y de las compras de vivienda. Hay personas que apenas ganan el salario mínimo (1.221 euros brutos al mes) y pagan 700 euros por una habitación dentro de un piso compartido. Esto es a todas luces abusivo. 

Suele decirse que lo normal sería destinar en torno al 30% del salario a gastos de vivienda si de verdad tomáramos en serio que se trata de un derecho ciudadano reconocido por la Constitución. En el momento actual estamos muy por encima de ese porcentaje. ¿Por qué no se logra un gran pacto social para afrontar en su raíz este problema? Si algo sobra en España es suelo. Cuando no se aborda, como sí se hizo en otros momentos de nuestra historia, uno sospecha que hay oscuros intereses que lo impiden. Deseo de corazón que la visita del papa sirva para abrirnos los ojos a una realidad que está afectando no solo a quienes viven en la calle, sino a los muchos miles de personas que sobreviven en situaciones precarias y son víctimas de abusos, a menudo por parte de sus mismos colegas.



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