sábado, 16 de mayo de 2026

Volvemos a alzar la mirada


He comenzado el día leyendo el artículo que el profesor Mariano Delgado ha publicado en Religión Digital. Se titula: “La Iglesia española a la espera del Papa: Buscando un regreso”. Aunque es español, el profesor Delgado lleva años viviendo y enseñando en Austria y Alemania. León XIV es estadounidense, pero conoce muy bien el contexto español e hispanoamericano. Necesitamos voces que, conociendo y amando nuestro contexto, nos ayuden a “alzar la mirada”. De otro modo, naufragamos en las tensiones provocadas por las elecciones andaluzas, el viaje de Isabel Díaz Ayuso a México, la esperpéntica conferencia de prensa de Florentino Pérez o la estrategia laicista del actual gobierno, que entiende la aconfesionalidad del estado como la vía más expedita hacia un laicismo confesante. 

El texto bíblico elegido como lema de la visita apostólica del Papa está tomado del capítulo 4 del evangelio de Juan, el que narra el encuentro de Jesús con la mujer samaritana junto al pozo de Jacob. En la traducción de la CEE, el texto suena así: “¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador. Con todo, tiene razón el proverbio: uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis trabajado. Otros trabajaron y vosotros entrasteis en el fruto de sus trabajos” (Jn 4,35-38).


Jesús nos invita a alzar la mirada (o a “levantar los ojos”) para ver los campos que ya están dorados para la siega. No suele ser este el punto de vista de muchos cristianos. A menudo, cuando miramos nuestra sociedad, lo que solemos destacar es la falta de frutos maduros. Nos quejamos –yo mismo lo he hecho muchas veces en este Rincón– de los bautizados que viven “como si Dios no existiera”, del laicismo cultural impulsado por el gobierno y ciertas élites intelectuales, de la deshumanización creada por la revolución digital y de los peligros que nos vienen con la irrupción de la IA, del problema de la vivienda y de la enorme fractura entre los muy ricos y una masa cada vez más numerosa de personas con sueldos precarios, del sinhogarismo, de la corrupción política, del clericalismo eclesial, de las manipulaciones de los medios de comunicación, del mercado de algoritmos, de la fragilidad del sistema educativo… 

Para destacar todas estas cosas y otras semejantes no es necesario ningún esfuerzo. El “enfoque clínico” (el que suele ver lo que no funciona en un grupo o sociedad, sus enfermedades y desajustes) se activa por defecto. Basta oír las conversaciones entre amigos, las tertulias radiofónicas y televisivas o el bosque de comentarios en las redes sociales. Todos somos expertos en denunciar los males de nuestra sociedad exhibiendo una panoplia de argumentos que no son sino repetición de los que escuchamos a otros. Cuando este “enfoque clínico” es el dominante, las personas y los grupos se deprimen. En vez de esforzarnos por buscar soluciones eficaces a los problemas identificados, encontramos un cierto placer en repetirlos, acentuarlos y amplificarlos.


La visita del papa León XIV es una clara invitación a “alzar la mirada” para ver que, mientras muchas personas se esfuerzan por hacer este mundo irrespirable, otras muchas (científicos, profesores, médicos, artistas, técnicos, padres y madres de familia, educadores, misioneros… incluso políticos), movidas por el Espíritu de Dios, están sembrando de verdad, bondad y belleza nuestros campos. Es hora de abrir los ojos y percibir todos estos signos. Es hora de agradecerlos. Es hora de multiplicarlos. Es hora de cambiar de actitud. Una persona, un grupo o una comunidad que se dedican solo a quejarse, nunca salen de su hoyo. Repetir ad nauseam que “esto va mal” solo sirve para multiplicar la negatividad. 

Lo que necesitamos es “alzar la mirada” para ver la realidad con más perspectiva, para no reducirnos solo a nuestro pequeño ángulo de visión. Es hora de valorar, apreciar, dar gracias, impulsar, soñar un futuro diferente. Disponemos de los recursos humanos y materiales necesarios. Lo que hace falta es tejer redes, superar las actitudes cainitas y excluyentes, potenciar lo que porta vida, colaborar con otros, poner el acento en el bien común, no en los intereses particulares. Si algo aporta la fe cristiana a la existencia humana es una mirada alta, de largo alcance, que nos permite ver las cosas como Dios las ve (desde el amor) para no quedar atrapados por nuestra mirada miope (que acentúa siempre lo que no funciona).

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