
El próximo 24 de septiembre el obispo estadounidense Fulton John Sheen (1895-1979) será declarado Beato por la Iglesia Católica. Es muy probable que los lectores más jóvenes de este Rincón no sepan quién fue este simpático y mediático obispo. Por su porte y naturalidad ante las cámaras, podría haber sido un actor de Hollywood, al estilo de Gregory Peck, con el que tenía cierto parecido. Su biografía es apasionante. Dejo fuera su rica preparación académica y sus cargos pastorales para centrarme en un par de detalles. Fulton Sheen era un hombre eucarístico y misionero. Dedicaba cada día una hora a la adoración del Santísimo.
Durante 20 años (1930-1950) tuvo un programa nocturno en la cadena de radio NBC titulado La hora católica. Después se hizo famosísimo en la televisión con el programa semanal Life Is Worth Living – La vida merece la pena (1952-1957). Llegó a tener más de treinta millones de espectadores. De 1961 a 1968 tuvo otro programa –The Fulton Sheen– con un formato muy similar al anterior. En un país en el que los católicos eran minoría, el obispo Fulton Sheen –siempre vestido de obispo, con un pectoral reluciente– logró conectar con un público variopinto que vio en él a un profeta de la alegría y la esperanza. Quizás fue el primer obispo influencer de los tiempos modernos.

¡Cómo echamos de menos hoy a figuras con esta capacidad de sazonar con la alegría del Evangelio los difíciles momentos que vivimos! Entre las innumerables anécdotas e historietas de Fulton Sheen, espigo dos que nos dan la medida del personaje. Él mismo cuenta que, predicando en una iglesia, vio cómo una joven madre, cuando su bebé comenzó a llorar, hizo ademán de salir. Entonces el obispo le dijo que no era necesario que saliese porque a él no lo molestaba el llanto del bebé. La madre replicó que al bebé sí le molestaba la predicación del obispo.
En otra ocasión, Fulton Sheen iba a dar una charla en el ayuntamiento de Philadelphia, pero no sabía bien la dirección, así que le preguntó a un chico que encontró por la calle. El chico quiso saber antes de qué iba a hablar un obispo en el ayuntamiento. Fulton Sheen, con su característico sentido del humor, respondió algo parecido a esto [reinterpreto y adapto el original]: “Voy a hablar de cómo el ser humano es capaz de autotrascenderse para, superando su condición terrenal, abrirse a una dimensión escatológica de plenitud”. Riéndose de sí mismo, añadió: “Vamos, que voy a hablar de cómo el hombre puede llegar al cielo”. Al oír esto, el chico exclamó: “Pero, ¿cómo puede uno hablar de llegar al cielo si ni quisiera sabe llegar al ayuntamiento?”. No comment.

Hoy tenemos obispos y sacerdotes demasiado serios. El contexto polarizado, el estrés pastoral y quizás un insuficiente cultivo de la espiritualidad nos convierten en seres acelerados, propensos al enfado y carentes de esa alegría que contagia Evangelio por sí sola. De Fulton Sheen admiro muchas cosas, pero, sobre todo, su forma cercana y jovial de hablar de Dios y de dar sentido a la vida humana. No en vano su programa más famoso en televisión se llamaba La vida merece la pena.
Cuando hoy muchos adolescentes y jóvenes no encuentran motivos para mirar el futuro con esperanza, evangelizadores como el obispo Sheen nos enseñan a descubrir que el Evangelio es, ante todo, una “buena noticia”, el anuncio de que el Reino de Dios (el sueño de Dios para la humanidad) ya está presente entre nosotros, que hay infinidad de signos que nos muestran su escondida eficacia. Hacen falta los ojos de la fe para verlos y un corazón dilatado para compartirlos.
[Para aquellos que sabéis inglés, os dejo con un par de vídeoclips en los que Fulton Sheen cuenta las historias a las que me he referido antes].
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