
La realidad es más rápida y rica que la palabra. Pensaba comenzar escribiendo algo sobre todo lo vivido ayer, pero la jornada de hoy está ya repleta de acontecimientos que demandan atención. Acabo de escuchar el discurso del papa León XIV en el Congreso de los Diputados y ahora estoy oyendo de fondo su discurso a la Conferencia Episcopal Española. Los mensajes son tantos y tan ricos que es precipitado señalar los puntos principales. Me gusta leer las reacciones de los medios porque expresan la pluralidad de opiniones que encontramos en la sociedad. Como era previsible, cada escuchante o lector destaca aquello que concuerda con sus convicciones y silencia lo que las desafía.
Lo que me parece evidente es que el Papa ha preparado a conciencia este viaje, que se ha dejado aconsejar bien y que, sin perder nunca su tono moderado, está abordando asuntos de gran complejidad. Encuentro un parecido con Benedicto XVI en cuanto que ambos parecen ajustarse al axioma clásico “suaviter in modo, fortiter in re”. Dicen cosas profundas e interpelantes sin levantar la voz, sin teatralizaciones innecesarias y sin caer en el método de dar “una de cal y otra de arena”, aunque esta es la crítica más recurrente. Lo que de verdad importa es la claridad y la coherencia, sin descuidar un ligero toque de emoción e imaginación. Lo pude comprobar ayer en la multitudinaria Eucaristía celebrada en la plaza de Cibeles, al aire libre, y en el encuentro “Tejer redes” que se tuvo en el Movistar Arena.

A propósito de este encuentro con el mundo de la empresa, la cultura, las artes y el deporte, se ha hecho viral en las redes el testimonio del actor Antonio Banderas. Los ecos han sido muy positivos, aunque en las redes no faltan alusiones directas o veladas a su “incoherencia” personal, como si quienes escriben fueran un dechado de virtudes. La parábola de Jesús sobre el fariseo y el publicano siempre nos alerta contra los juicios precipitados sobre otras personas. Siempre es preferible prestar más atención a la viga que llevamos en nuestros ojos que a las motas que vemos en los ojos de los demás. Confieso que el encuentro de ayer, una especie de “atrio de los gentiles”, marca un estilo pastoral para la Iglesia española, siempre tentada de rigorismo y autosuficiencia.
La cultura del diálogo y el encuentro es imprescindible en el mundo de hoy. Algunos dicen que este método no produce conversiones, que lo que se necesita es una fuerte denuncia de los males de nuestro tiempo y una apremiante llamada a la fe. No encuentro oposición entre una evangelización kerigmática y audaz y un estilo pastoral de escucha y diálogo. Tenemos un tesoro inmenso que compartir, pero también mucho que aprender. Esta combinación de valentía y humildad la veo muy bien reflejada en el estilo pastoral de León XIV.

Entre los muchos asuntos que el Papa está abordando, algunas personas y medios exigen que se pronuncie sobre el asunto de los abusos del clero. No lo ha hecho en el Congreso, pero sí en el discurso a los obispos. Ha hablado de los abusos como de una “plaga”. La palabra no es baladí. Es probable que algunas víctimas (y algunas asociaciones) estén presionando para que se hagan las cosas como ellas desean, pero eso no quita que estemos ante una realidad sangrante que necesita una actitud contundente y compasiva. El papa León XIV les ha dicho a los obispos que la Iglesia española “está llamada a responder con la escucha, la verdad, la justicia, la reparación y un compromiso cada vez más decidido en la prevención y la cultura del cuidado”.
Cada palabra es importante. Es verdad que la Iglesia de España hace ya años que ha tomado en serio este asunto, pero las respuestas son muy distintas. No todas las diócesis y congregaciones están respondiendo de igual manera. ¡Ojalá la visita del Papa sea el aldabonazo que se necesita para acabar cuanto antes con esta “plaga”! El Papa es llamado “pontífice” (hacedor de puentes). Parece que León XIV se lo ha tomado en serio. Esto exige conocer bien las dos orillas sobre las que el puente se asienta: la del Evangelio y la de las personas. A medida que pasan los días, se manifiesta con más fuerza el entusiasmo del pueblo sencillo, pero también las críticas, sobre todo en las redes sociales. Procuro tenerlas en cuenta porque siempre se aprende, aunque la mayoría tienen un tono demasiado demagógico como para ser tomadas en serio.
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