miércoles, 6 de noviembre de 2019

La apuesta católica

El título de la entrada de hoy es una traducción literal del libro La scommessa cattolica, escrito por un matrimonio formado por dos profesores de la Universidad Católica de Milán: Chiara Giaccardi y Mauro Magatti. Se trata de un libro muy reciente, publicado hace tres meses. Explica el “sentido de precariedad” con el que muchos católicos –sobre todo europeos y americanos– viven hoy su fe. Se trata de un sentimiento difuso que no siempre se puede expresar con palabras. Surge como reacción emocional ante la profunda erosión de los tres pilares que –a juicio de los autores– han sostenido durante siglos el edificio de la cristiandad. El primer pilar era la omnipotencia divina, que garantizaba un orden religioso y político. Todo el mundo sabía lo que había que creer y hacer, por más que hubiera infidelidades personales y colectivas. El “orden divino” era el fundamento del “orden humano”. El segundo pilar era la preocupación por la salvación personal, siempre amenazada por el pecado. El tercer pilar era la necesidad de predicar el Evangelio al mundo entero para que todos pudieran salvarse.

Hoy vivimos en una época en la que estos tres pilares se han desmoronado, total o parcialmente. Vivimos un profundo cambio de paradigma cultural que ha afectado a la comprensión y vivencia de la fe. La omnipotencia de Dios ha sido sustituida por la omnipotencia de la ciencia y de la técnica. Sobre ellas se basa el nuevo orden social. La salvación personal no se entiende ya como liberación del pecado y esperanza en la vida eterna, sino como preocupación por el bienestar personal (salud física y psíquica, trabajo bien remunerado, relaciones satisfactorias, jubilación digna, etc.). La universalidad del cristianismo se declina ahora como globalización económica y cultural y ecologismo difuso. El individuo se siente cada vez más solo frente  a un proceso mastodóntico de institucionalización de la vida humana y de deterioro del planeta. Faltan estructuras intermedias. Algo parecido sucede en la Iglesia. Muchos católicos sienten que pertenecen a una gran institución llamada Iglesia católica (más o menos admirada o criticada, según los contextos), pero luego tienen que vivir la fe en solitario, por su cuenta, porque faltan comunidades “a medida humana” en las cuales puedan crecer como creyentes.

En este nuevo contexto, ¿en qué consiste la “apuesta católica”? La respuesta parece obvia, pero tiene una enorme carga revolucionario: en ser fieles a Evangelio. No podemos abandonarnos a la nostalgia de una Iglesia que fue pero ya no es ni tampoco someternos acríticamente al imperio de la tecnociencia actual. La novedad católica, que nace de la fe en un Dios hecho hombre, es abrazar la tierra (todas las realidades humanas) desde el cielo (con una mirada trascendente). O, dicho de otra manera, hacer ver que todas las realidades humanas están transidas de la presencia de Dios, aprender a descifrar el misterio humano desde la clave que Jesús nos ofrece con su vida y su palabra. Pero para esto es preciso superar el cristianismo individualista que hoy vivimos en Europa. Entre los individuos y la gran institución es preciso crear una red de pequeñas comunidades donde sea posible vivir de manera concreta las dimensiones de la iglesia: relaciones fraternas (koinonía), formación permanente (didaskalía), oración y y celebración (leitourgía) y compromiso misionero (diakonía y martyría). En el ambiente rural del pasado las parroquias cubrían esta necesidad. Hoy, en un contexto mayoritariamente urbano, es necesario imaginar otras formas de agrupación que, sin desdeñar las demarcaciones parroquiales, respondan a las necesidades y posibilidades de los católicos que viven dispersos en las ciudades, como “minorías cognitivas”, por decirlo de una manera técnica. Por eso tienen futuro todos los grupos y movimientos que ofrezcan una propuesta comunitaria atractiva y muy vinculada a la escucha y práctica del Evangelio.

4 comentarios:

  1. Ha sido mi preocupación como misionero de los ultimos 4 años como párroco. Los Claretianos de Puerto Rico, luego de un discernimiento, hemos echado a andar un Proyecto de Parroquias Claretianas Solidarias, donde tres comunidades religiosas CMFF (7 cmff en total) decidimos vivir juntos en una misma casa para evangelizar 3 parroquias colindantes. Nuestro objetivo: animar una nueva evangelizacion que acentúe ese nuevo modelo eclesiologico de "Pequeñas Comunidades de Vida", que surjan a su vez de nuevas estruturas que ofrezcan a los alejados afectivos y geograficos, un encuentro con Jesús y un camino de discipulado en una Comunidad referencial. Creo que debemos compartir estos procesos que veo que se siguen multiplicando poco a poco y cada vez más en America y Europa.

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    1. Gracias, Héctor, por contar una experiencia concreta. Es encesario que los párrocos se aimen a imaginar otras formas de organizar la vida cristiana de las parroquias. Me parece que lo esencial es involucrar desde el principio mismo a los laicos que forman parte de esas comunidades: pensar, soñar y comprometernos juntos.¡Ojalá eso ayude a revitalizar la vida cristiana en Puerto Rico!

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  2. El Espíritu Santo confirma su inspiración através de otros hermanos!! Iglesia Santa de Dios. Gracias Señor Jesús!!! Saludos desde Puerto Rico

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    1. Saludos tambien para usted, "unknown" lector (o lectora) de Puerto Rico.

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