jueves, 8 de marzo de 2018

Sin las mujeres se para el mundo

Este año el Día Internacional de la Mujer se presenta con una fuerza inusitada. Hoy en todo el mundo se producirán movilizaciones por la igualdad real de la mujer. Ya no se habla tanto de las reivindicaciones de la mujer trabajadora, como hace años, sino simplemente de los derechos de las mujeres. Ha habido una ampliación de perspectiva. Algunos lectores de este blog me han preguntado qué pienso de la huelga general que se ha convocado para hoy en muchos países de todo el mundo. Incluso me han animado a dedicar una entrada a este tema. Siento no disponer del tiempo necesario para escribir con calma sobre este asunto. Esta semana ando muy liado de la mañana a la noche, pero eso no me dispensa de saltar al ruedo, aunque me lleve alguna cornada que otra. Estamos ante una cuestión de gran envergadura sobre la que no se puede pasar de puntillas. Lo esencial lo tengo muy claro. Otros aspectos son siempre discutibles.

Reconozco que no he seguido con mucha atención la génesis de esta huelga general. No sé bien cómo se ha organizado ni quiénes la apoyan, aunque algo he leído en los medios digitales. Parece que habrá manifestaciones en más de 170 países. Si no estoy mal informado, el lema escogido en España es: “Si nosotras paramos, se para el mundo”. Me parece impactante y, sobre todo, real. Sin las mujeres, el mundo (empezando por las familias) no funciona. La Iglesia tampoco. Es posible que, junto a la reivindicación de la igualdad fundamental de mujeres y hombres, se cuelen otras reivindicaciones que algunos considerarán esenciales (por ejemplo, el derecho al aborto) y otros (entre los que me encuentro) jamás incluirían en la tabla de derechos humanos. Comprendo, pues, que muchas personas, incluyendo bastantes mujeres luchadoras, sean muy críticas con el planteamiento y se nieguen a apoyar una movilización que encierra intereses diversos y no siempre compatibles. Algún obispo de España se ha expresado en este sentido. Está en su perfecto derecho. Cada ciudadano, incluidos los obispos, es dueño de administrar en conciencia sus adhesiones y rupturas. Detesto cualquier imposición en este sentido y más las que vienen marcadas por lo políticamente correcto.  Pero esto no debería desenfocar el asunto principal. Lo que se busca, aun en medio de contradicciones, es dar un paso significativo en la lucha por la igualdad real de hombres y mujeres. Concuerdo al cien por cien con este objetivo. Me parece de lesa humanidad. Creo además que responde, según la fe cristiana, al plan de Dios sobre los seres humanos. Si una huelga general contribuye eficazmente a avanzar en esta justa dirección, bienvenida sea. Es muy probable que el mundo tome más conciencia de algo que nos avergüenza. Cuando llega al extremo del maltrato (tan presente en muchas sociedades) y el feminicidio, simplemente nos indigna.

Es evidente que, aunque se ha avanzado mucho, queda muchísimo por hacer. El machismo es la segunda piel de infinidad de varones e incluso de algunas mujeres. Al haberse convertido en cultura no siempre resulta fácil desenmascararlo. Lo veo en mí mismo. Parece casi connatural a nuestra forma de conducirnos en la vida. Desde niños somos educados así. Nos cuesta percibir dónde está la discriminación de la mujer. Incluso podemos argumentar de forma un poco esperpéntica para defendernos de algo que, en el fondo, desnuda nuestra inseguridad. También en la Iglesia se da el machismo. A mi juicio, la mayor manifestación no es la exclusión de las mujeres del ministerio ordenado (asunto que no se puede despachar a base de tópicos) sino esa sutil superioridad y desconfianza que impregna muchas manifestaciones eclesiales. En los últimos días, hasta L’Osservatore Romano, el órgano oficioso de la Santa Sede, ha hablado de la explotación de mujeres consagradas como empleadas domésticas. Me parece saludable que se hable de estas cosas y que se revisen muchos usos y costumbres. Para ello, no es necesario que abusemos del lenguaje y que hablemos de hombres y hombras.

En este asunto, como en todos los que tienen que ver con los fundamentos de la vida humana, siempre miro a Jesús. ¿Cómo se comportó Jesús en relación con las mujeres? ¿Qué consecuencias se derivan de su conducta y de sus palabras? ¿Cómo podemos hacer crecer las semillas de Jesús con la ayuda del Espíritu Santo? Es evidente que, sin dejar de ser un judío de su tiempo −y, por tanto, deudor de muchas actitudes misóginas− Jesús trató a las mujeres como seres humanos en igualdad de condiciones que los varones. Llegó a rodearse de discípulas y fue más allá de las fronteras raciales y nacionales. Baste recordar su encuentro con la mujer sirofenicia (cf. Mc 7,24-30) o con la samaritana (cf. Jn 4). Impulsados por este mismo espíritu, sus seguidores debemos seguir caminando en esta misma dirección hasta erradicar cualquier discriminación (no cualquier diferencia) basada en el sexo. Quizás uno de los errores de cierto feminismo intransigente es considerar que toda diferencia es siempre una fuente de discriminación. No solo no comparto este punto de vista, sino que creo que el gran misterio del ser humano es precisamente la reciprocidad de hombre y mujer, pero este es otro asunto que requiere una reflexión serena. Igualdad, diferencia y reciprocidad van de la mano.  Si uno de los tres ángulos desaparece, el triángulo de la armonía se pervierte.

1 comentario:

  1. Comparto la reflexión final que es lo realmente importante. Pero me parece que en esta huelga se juega mucho de los "principios y axiomas" de la ideología más perversa que nos acecha; me refiero, claro, a la ideología de género. Por eso es difcil entender las manifestaciones de los obispos e incluso cardenales que, como dices, pueden expresarse pero no despachar, como también afirmas. Y si son para condenar lo que se esconde detrás, como el aborto y otras cuestiones de la LHGTV, bueno pero manifestarse como el Cardenal Osoro que se "atreve" a afirmar que la Virgen haría lo mismo y que por eso apoya la huelga, va un gran trecho.
    ¡¡Ojalá la huelga o las maifestaciones sirvan para ocuparse de las mujeres realmente maltratadas y olvidadas que no son precisamente las del primer mundo!!
    Gracias por tus reflexiones.

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