Aprovecho para felicitar a todos mis amigos y lectores de este blog que llevan el nombre de Antonio (o Antonia) y cualquiera de sus muchas variantes. Os dejo con la canción popular “El milagro de san Antonio”, interpretada en vivo por el grupo segoviano Nuevo Mester de Juglaría.
martes, 13 de junio de 2017
Un santo popular
Aprovecho para felicitar a todos mis amigos y lectores de este blog que llevan el nombre de Antonio (o Antonia) y cualquiera de sus muchas variantes. Os dejo con la canción popular “El milagro de san Antonio”, interpretada en vivo por el grupo segoviano Nuevo Mester de Juglaría.
sábado, 13 de junio de 2020
Hoy va de Antonios
La vida está cambiando más de lo que a primera vista parece. Nosotros no somos los mismos si nos quitan todo aquello que nos configura. Los niños tienen una enorme capacidad de adaptación. Los adultos necesitaremos más tiempo. Mientras suceden estas cosas, nosotros hemos comenzado ya la novena al Corazón de María, cuya fiesta será el próximo día 20. Aquí en Roma la hemos comenzado en la inmensa basílica del Corazón de María con un puñado de fieles, todos ataviados con la imprescindible mascarilla. Yo mismo, desde el ambón, tuve que alternar momentos “enmascarillado” y momentos libres para poder dirigirme a los participantes. Si en algún sitio se puede mantener un razonable distanciamiento social es en esta basílica que tiene casi una hectárea de superficie. Se nota todavía miedo, pero hay que ir dando pasos. No hay peor virus que el miedo inoculado en el alma porque tiene un poder paralizante que afecta a todas las esferas de la vida. Prudencia, siempre; miedo, pocas veces.
Si en el siglo XIII (Antonio de Padua) y en el siglo XIX (Antonio Claret) fue posible, ¿por qué no ha de serlo en el siglo XXI? Cada época histórica tiene sus desafíos. Antonio de Padua fue un hombre medieval, con una visión teocéntrica del mundo. Antonio Claret fue un hombre moderno, marcado por el antropocentrismo emergente. Nosotros somos hombres y mujeres ultramodernos, hijos de la sociedad de la información, pioneros de una nueva era digital que no sabemos a dónde nos llevará. El contexto es importante, pero no determina nuestras opciones. Lo esencial en todo caso es saber a quién pertenecemos, cuál es el “centro” de nuestra vida, de manera que nuestro compás pueda trazar siempre un círculo perfecto por difíciles que sean las condiciones.
miércoles, 25 de julio de 2018
La atracción de los santos
Un santo simboliza todo aquello que los seres humanos querríamos ser y no logramos alcanzar. Nos gustaría ser valientes y audaces como Santiago, pobres y alegres como san Francisco, organizadores como san Ignacio, profundos y populares como santa Teresa de Ávila, divertidos como san Felipe Neri, inteligentes como san Agustín o santo Tomás de Aquino, coherentes como santo Tomás Moro, populares como san Antonio de Padua, misericordiosos como san Juan de Dios o san Camilo de Lelis, humildes como san Martín de Porres, creativos como san Benito o san Antonio María Claret, audaces como san Francisco Javier, arriesgados como santa Clara de Asís, caritativos como san Roque o santa Teresa de Calcuta… cada santo es un espejo en el que vemos reflejados los ideales que entendemos como nobles y humanos. Mirándolos a ellos, caemos en la cuenta de que estamos llamados a ir más lejos de la mediocridad con la que solemos vivir, que es posible desarrollar más nuestra humanidad, que la experiencia de Dios no es un obstáculo sino un motor. Por eso, leer vidas de santos ha sido siempre un acicate para avanzar en el camino de la propia santificación.
Los santos son también valorados como intercesores. Hay un debate clásico con los protestantes acerca de este significado, pero hoy se discute menos. Ningún católico sensato cree que los santos son diosecillos en el panteón celestial. Son “amigos fuertes” de Dios que se hacen eco de las necesidades de quienes todavía peregrinamos por este valle de lágrimas. Por eso, millones de personas se dirigen a ellos para impetrar favores. Basta acercarse a cualquier iglesia o santuario para comprobar cómo las personas encienden velas o hacen todo tipo de ofrendas delante de las estatuas o cuadros de sus santos favoritos. En otros tiempos estas prácticas podrían considerarse supersticiosas. Hay cristianos ilustrados que no se rebajan a estas devociones populares. Yo, sin ser aficionado a estas prácticas, me admiro de la fe de las personas sencillas que no tienen reparo en pedirle a san Blas que las proteja contra los males de garganta o a san Antonio que les consiga un buen novio. Pueden parecer reminiscencias de una fe infantil, poco depurada, pero a menudo expresan una confianza en la acción misteriosa de Dios que ha desaparecido de los cristianos racionales. La vida es más compleja de lo que las apariencias muestran. Mientras tanto, ¡viva Santiago!
miércoles, 13 de junio de 2018
Santos de ayer, ídolos de hoy
lunes, 29 de marzo de 2021
La fe se transmite en dialecto

El Lunes Santo se abre con un encuentro entre amigos. Me gusta cómo distribuye los roles el evangelio de Juan: “Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera”. Los tres hermanos de Betania (Marta, Lázaro y María) son amigos de Jesús. A Marta se la ve afanosa; a Lázaro, cercano y atento. María, la contemplativa, se encarga de la unción con la que anticipa la muerte y sepultura del Maestro. El resultado de las tres acciones conjuntas (servir, escuchar y ungir) es que “la casa se llenó de la fragancia del perfume”. En realidad, estos tres hermanos anticipan tres funciones de toda comunidad cristiana: la diakonía (servicio), la didascalía (formación) y la leitourgia (liturgia); las tres en el marco de la koinonía (comunión) simbolizada por la amistad que une a los tres hermanos con Jesús. Cuando las cuatro dimensiones se articulan bien, la casa de la Iglesia se llena del perfume de la fe, del amor y de la esperanza. Necesitamos comunidades que huelan bien para que puedan resultar acogedoras.
¿Es todo perfecto en la casa de Betania? No. Judas se encarga de poner una nota discordante para alterar la escena: “¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?”. El contenido va completamente en línea con la predicación de Jesús. Cualquiera de nosotros lo hubiera suscrito. Suena a Evangelio en estado puro. La motivación, sin embargo, tiene otra música. De hecho, el autor del cuarto evangelio se encarga de añadir: “Esto lo dijo, no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa, se llevaba de lo que iban echando”. No podemos usar a los pobres como arma arrojadiza. Es obsceno. Y mucho menos oponer el amor a los pobres y el amor a Jesús: “A los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis”.
La tensión que se crea en el marco de una cena de amistad es un ejemplo de las muchas tensiones y contradicciones con las que tenemos que vivir hoy la fe en nuestras familias, parroquias y comunidades. Judas pone palabras a las trampas que nos ponemos unos a otros para no entregarnos por completo a Jesús. Las más peligrosas no son las excusas burdas, sino las que se presentan con apariencia de bien (sub angelo lucis, como le gustaba decir a Ignacio de Loyola). Los cristianos somos expertos en buscarle siempre tres pies al gato con tal de no vivir a fondo las consecuencias de la fe.
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| Marco Pozza con el papa Francisco |
¿Cómo explicar quién es Jesús a quien sabe poco de él? ¿Cómo decir algo significativo a mis amigos que son cristianos ambientales, pero que no sienten que Jesús determine el curso de sus vidas porque reconocen no haber tenido ninguna experiencia de encuentro con él? ¿Cómo decir con palabras llanas que hay un Jesús de María de Betania y un Jesús de Judas Iscariote? Es probable que ambos lo admiren, pero es seguro que no lo quieren del mismo modo. Judas ve en él a un líder capaz de movilizar las masas contra el poder opresor romano. Se siente contento de ser de los suyos. María ve en Jesús a un amigo cuyas palabras le llegan al corazón. Yo me quedo con el Jesús de María. El de Judas me parece un personaje ideológico. No estoy ya para estos juegos.
Me gustaría contar estas cosas en el blog de manera directa y comprensible, pero enseguida me sale el profesor y el cura que llevo dentro. Cito textos, introduzco razonamientos y domestico las palabras. No lo puedo evitar. Admiro a quienes saben contar estas cosas “en dialecto”, es decir como habla la gente de la calle. Hay un cura italiano, don Marco Pozza, que posee esta cualidad en grado sobresaliente. Tiene poco más de 40 años. Trabaja como capellán en la cárcel de máxima seguridad Due Palazzi de Padua. Escribe libros, hace programas de televisión y tiene un gancho especial con los jóvenes. No lo conozco personalmente, pero en los vídeos que he visto aparece como un tipo delgado, nervioso, hiperactivo y parlanchín. El año 2020 (el año de la pandemia) hizo una serie de varios programas sobre el Credo para la TV2000 que pertenece a la Conferencia Episcopal Italiana. Parece que fue él quien le sugirió al papa Francisco la idea de hacer ese momento especial de oración que tuvo lugar en la tarde del 27 de marzo del año pasado en la plaza de san Pedro. ¿Qué significa creer hoy? ¿Cómo se puede explicar durante una hora en qué creemos los cristianos?
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| Marco Pozza en la cárcel "Due Palazzi" de Padua |
Vestido con pantalones vaqueros y zapatillas deportivas, a lomos de una bicicleta, se pone a dialogar con todo tipo de personajes: desde el papa Francisco (conviene prestar atención al encuentro entre ambos), hasta un filósofo no creyente, una ex Miss Italia, el cura que le entusiasmó de niño, su hermano Sergio y otros muchos. Quiere contar la fe (o la no fe) con el lenguaje de la gente, en dialecto. En uno de los programas cuenta una anécdota que revela la fuerza de este enfoque. Cuando el pequeño Marco tenía solo cinco años, echó una mano a su abuela para montar el nacimiento tres semanas antes de la Navidad. Al día siguiente por la mañana comprobó que el niño Jesús no estaba en su cuna tal como lo habían dejado la tarde anterior. Enfadado, decidió no ir a la escuela y pedir explicaciones a su abuela. Esta, serena, le dijo que había retirado la figurita de Jesús y que no volvería a colocarla hasta que no llegara el día de Navidad. Cuando el pequeño Marco le preguntó por qué, la abuela se limitó a responder en el dialecto local: “Porque a Dios le gusta hacerse desear”.
Marco confiesa que la sencilla explicación de su abuela se le clavó en el corazón más que todas las reflexiones que encontró sobre el “deseo de Dios” durante sus estudios filosóficos y teológicos. Desear a Dios es el comienzo de toda aventura de fe. ¿Cómo pudo una abuela de pueblo decir tanto con tan pocas y precisas palabras? Necesitamos este tipo de personas, catequistas de la vida cotidiana, expertos en unir la fe y las experiencias humanas más elementales. Estoy convencido de que muchos abuelos todavía siguen siéndolo, aunque tengo mis dudas respecto de los abuelos de mi edad, que son representantes de una generación muy secularizada que ya no sabe hablar este dialecto de la fe sencilla, profunda y personalizada.
Os dejo con el primer programa de la serie de don Marco. Dura en torno a una hora. Está en italiano, pero estoy seguro de que muchos lectores del Rincón pueden captar lo esencial; por lo menos, el entusiasmo de un cura que no se contenta con que las cosas sigan como están, sino que se echa a la calle con su bicicleta para llegar a la gente y escuchar sus relatos. Aspira a que no solo admiremos a Jesús (como lo hacía Judas), sino que lo queramos (como hacían, María, Marta y Lázaro de Betania).
Si alguien tiene interés en ver el resto de los vídeos, puede pinchar aquí. Quizá la Semana Santa es una buena oportunidad para profundizar en las razones y contenidos esenciales de nuestra fe. Mis amigos italianos disfrutarán con los paisajes y gentes de este hermoso país.
TE ESPERAMOS EN EL
ENCUENTRO
ZOOM DE SEMANA SANTA
DE LOS LECTORES DE EL RINCÓN DE GUNDISALVUS
Tema: SUS HERIDAS NOS HAN CURADO (Preparación para el Triduo Pascual).
Fecha: Miércoles,
31 de marzo a las 18:00 (hora de Roma y de Madrid).
Para unirte a la reunión Zoom basta que pinches aquí:
https://us02web.zoom.us/j/81059112438?pwd=bmc4MU83RG5xd0kvR1VkNkVMOU1HUT09
miércoles, 31 de julio de 2019
No me escondas tu rostro
domingo, 13 de junio de 2021
El Reino no deja de crecer

De no haber caído el 13 de junio en domingo, hoy estaríamos recordando al incombustible san Antonio de Padua y los 186 años de la ordenación sacerdotal de san Antonio María Claret en Solsona. Pero este año la fecha coincide con el XI Domingo del Tiempo Ordinario.
Ayer fue un día hermoso para la Familia claretiana de Roma. A las 18,30 nos reunimos en la basílica del Inmaculado Corazón de María para celebrar junto a la comunidad parroquial la fiesta de nuestra patrona. Por prudencia, decidimos suspender la cena al aire libre que solemos organizar todos los años, pero mantuvimos la celebración de la Eucaristía. El enorme templo acogió a un buen número de personas. Un año más, la Madre nos congregó en torno al altar. Nos dejamos guiar por su voz: “Ve donde te lleve el corazón”. Es una versión un poco poética de sus conocidas palabras: “Haced lo que él os diga”. La hermosa tarde de junio nos permitió intercambiar saludos en el jardín con personas que hacía tiempo que no veíamos y experimentar el calor de la fraternidad.

Pero volvamos al XI domingo. El Evangelio de hoy (cf. Mc 4,26-34) se centra en dos parábolas de Jesús extraídas del capítulo 4 de Marcos, que es un capítulo en el que el Maestro afronta algunas de las crisis de sus discípulos mediante el uso de parábolas: el sembrador, la semilla que crece sola y el grano de mostaza. Detrás de cada una de ellas hay una crisis que puede coincidir con algunas de las que hoy estamos viviendo en la Iglesia. La liturgia nos propone hoy las dos más breves.
¿Por qué Jesús habla de que “pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece”? Porque quiere responder a una crisis de los discípulos de todos los tiempos y que podríamos denominar “exceso de responsabilidad”. ¿Por qué el Evangelio no se abre camino en nuestras sociedades secularizadas? ¿Qué tendríamos que hacer para que llegase al corazón de las personas? ¿Qué tipo de cambios necesita la Iglesia? Nos pasamos “las noches y los días” imaginando estrategias y acciones para ser más eficaces. Aunque creemos en la gracia de Dios, no acabamos de fiarnos del todo. Nos parece que es mejor agarrarse al viejo dicho: “A Dios rogando y con el mazo dando”. Esto nos carga de ansiedad. Hay algunos cristianos (sobre todo, sacerdotes y líderes pastorales) que acaban quemados. La realidad nos desborda por los cuatro costados.
Lo que Jesús nos dice es que la eficacia de la Palabra de Dios no depende de nuestros esfuerzos, sino de su energía interna. Si nosotros la hemos esparcido con generosidad, no es necesario que nos obsesionemos con su proceso de desarrollo, igual que el buen agricultor no se pasa las 24 horas de la jornada examinando si las semillas que ha plantado crecen o no. Lo van a hacer “sin que él sepa cómo”. El hecho de no poder controlar toda la cadena productiva nos saca de quicio, pero así funciona la expansión del Evangelio. Unos siembran, otros riegan y otros cosechan. Tranquilidad.

La segunda crisis es la de “los cuatro gatos”. Si las cosas siguen a este ritmo, en pocas décadas los cristianos seremos cuatro gatos en muchos lugares del mundo, otrora florecientes en fieles y comunidades. ¿Quién no ha sentido algo parecido viendo el panorama de Europa y de algunos lugares de América? La respuesta de Jesús es radical. Para ser consecuente con la “pequeñez” del Reino, cuenta también una “pequeña” parábola. El Reino de Dios “es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra”. En el caso de la mostaza, la desproporción entre la semilla y el arbusto que sale de ella es evidente.
Con el Reino de Dios pasa lo mismo. En ninguna parte está dicho que el Reino será más eficaz cuantas más instituciones tengamos y cuantas más actividades realicemos. En el conjunto del mundo, la Palabra siempre será un grano de mostaza; es decir, una realidad casi invisible, pero con una eficacia interna descomunal. De vez en cuando, somos testigos de estas desproporciones, pero la mayor parte de las veces nos pasan también desapercibidas. A Jesús le encanta desmontar nuestros castillos de naipes para que aprendamos a vivir una fe desnuda, sencilla, que no encuentre su fundamento en hechos grandiosos y medibles, sino en una confianza ilimitada en Dios. Lo sabemos, pero tendemos a olvidarlo con mucha rapidez. Por eso, él sigue contándonos una y otra vez las mismas historias con la esperanza de que, poco a poco, vayamos comprendiendo su sabiduría. Feliz domingo.
domingo, 17 de noviembre de 2024
También en Londres se oscurece el sol


En cuanto acabe de teclear esta entrada, viajaré al centro de Londres para revivir la magia de una ciudad que, mucho antes de visitarla por primera vez en 1988, ya la conocía a través de la literatura, el cine y las clases de inglés en los años del bachillerato. Londres hay que patearla con un poco de niebla y un paraguas en la mano para que se parezca algo a la ciudad pintada por Charles Dickens, Oscar Wilde o sir Arthur Conan Doyle. Creo que hoy domingo se dan ambas condiciones.

Hoy no estamos en una situación muy distinta. El fin del mundo está ocurriendo continuamente. Siempre se producen acontecimientos que parecen indicar que el mundo -nuestro mundo- se desmorona, el mundo que nos daba seguridad. Por otra parte, siempre mueren personas que llegan al final de su paso por esta tierra. Para ellas, el final se anticipa en el momento de su muerte. Cada generación interpreta a su manera los “signos” que anuncian ese final. No conozco ningún período histórico que no haya sido difícil para quienes vivieron en él. Tampoco ha existido ninguno en el que no pudieran percibirse signos de renacimiento. La interpretación de lo que sucede no depende tanto de los hechos en sí mismos, cuanto de la manera de situarnos ante ellos.

Hoy celebramos la Jornada Mundial de los Pobres. El lema de este año es La oración del pobre sube hasta Dios. Al papa Francisco no le gusta hablar de pobreza, sino de pobres; es decir, de seres humanos con rostro y nombre. Cuando nos negamos a mirarlos, estamos volviendo la espalda a Dios.
martes, 1 de junio de 2021
Dar razón de la fe

Hoy no se estila mucho el estilo apologético. Solemos decir que la fe no necesita ser “defendida”, sino vivida. Es verdad. Pero la verdadera apología no es tanto una batalla sin cuartel contra quienes impugnan la fe, cuanto un esfuerzo por mostrar que la fe es una actitud coherente, racional, humana y liberadora. Hace bastante tiempo escribí una entrada sobre la obra Impenitente, escrita por el laico inglés Francis Spufford. Se trata – como indica el mismo subtítulo – de una defensa (apología) emocional de la fe. En realidad, el original inglés dice así: Why, despite everything, Christianity can still make surprising emotional sense. O sea: Por qué, a pesar de todo, el cristianismo puede seguir teniendo un sorprendente sentido emocional. Es una obra fresca, irreverente, irónica, en la que el autor “defiende” el sentido de la fe cristiana en este contexto posmoderno.
Más
allá de su acierto o fracaso, lo que importa es que algunos cristianos no
renuncian a lanzarse a la arena de la discusión pública. Los cristianos podemos
– y debemos en muchas ocasiones – dar razón de nuestra fe. Por arduo que
resulte, no podemos retirarnos a los cuarteles de invierno por temor al
ridículo o al rechazo. Si creemos que Jesús es la Verdad, tenemos que creer humildemente en la fuerza que la verdad tiene para abrirse paso. No somos sus lugartenientes,
pero sí sus testigos. San Justino, el mártir del siglo II, es un ejemplo
luminoso. Naturalmente, pagó su audacia con la vida. Es siempre el riesgo de
quienes se atreven a confesar su fe en contextos intolerantes.

Acabamos de empezar el mes de junio. Algunos lectores me han sugerido que podría ser el momento adecuado para convocar un nuevo Encuentro Zoom para todos aquellos que quieran unirse. Teniendo en cuenta la experiencia de los anteriores, me ha parecido oportuno colocarlo el viernes 4 (una vez concluida la semana laboral) y a una hora (las 9 de la tarde de Europa) que facilite la participación de algunos amigos americanos. Os dejo los datos esenciales en el siguiente recuadro. Si alguno queréis confirmar vuestra participación, podéis hacerlo escribiendo un correo a: gonfersa@hotmail.com.
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ENCUENTRO
ZOOM DE LOS AMIGOS DE “EL RINCÓN DE GUNDISALVUS” Tema: Las lecciones de la pandemia para la vida cotidiana. Fecha: Viernes
4 de junio a las 21:00 horas (9 de la tarde), hora de España e Italia. Unirse a la reunión Zoom: https://us02web.zoom.us/j/81276582482?pwd=dUI3bUhXVnRSK2dLRlFEVWZ4SkJmdz09 Código
de acceso: 067798 |
lunes, 31 de julio de 2017
¿De qué aprovecha?
Una de las frases de Jesús que más le impactaron y que luego él mismo transmitió a Francisco Javier en París fue ésta: “¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo, si pierde su vida?” (Mt 16,26). Es una frase que ha llegado al corazón de muchas personas, incluyendo san Antonio María Claret. Parece un dardo de esos que se te clavan y no hay forma de deshacerse de él. Me pregunto qué significa para nosotros hoy “ganar el mundo”. A veces, en el lenguaje coloquial, cuando alguien quiere hacerse famoso a toda costa, lograr su sueño, o cuando derrocha energía, solemos decir que “quiere comerse el mundo”. Hoy no es fácil tener grandes sueños. Estamos como de vuelta de todo. Hace tiempo que murieron las ideologías. Aparte del papa Francisco, ¿quién quiere cambiar hoy el mundo? A lo más que aspiramos es a encontrar un acomodo razonable en este planeta amenazado de muerte. Los adolescentes y jóvenes no quieren ser Francisco de Asís o Carlos Marx. Quieren parecerse a Amancio Ortega, ser empresarios o deportistas de éxito y ganar dinero como Bill Gates o Cristiano Ronaldo. De no llegar a esas cotas, se contentan con ser como sus padres, lo cual no está nada mal. Quizás “ganar el mundo” significa, más bien, dejarse guiar por esas tendencias tan humanas que parece que todos las llevamos puestas de fábrica: el ansia de dominar a otros, de tener más y de disfrutar a cualquier precio. Si dejándonos llevar por estas tendencias somos felices, ¡adelante! Pero Jesús, que ha explorado hasta el fondo la condición humana, sabe que esos caminos no conducen a la felicidad sino, más bien, a “perder la vida”. Por eso, como buen maestro sapiencial, nos invita a sopesar las cosas. La pregunta “¿De qué aprovecha?” pretende ayudarnos a caer en la cuenta de las consecuencias de un camino u otro.
lunes, 12 de septiembre de 2016
El asiático Jesús se vistió de Zara
Para que la evangelización en Asia pueda dar fruto se requiere lo que él denominó un “doble bautismo”: el bautismo del Jordán (es decir, el diálogo con las grandes tradiciones religiosas surgidas en el continente) y el bautismo del Calvario (es decir, el compromiso con los millones de pobres que viven en el continente más poblado de la tierra). Sin pasar por estos dos bautismos, todo intento de presentar a Jesús está llamado al fracaso, será considerado un producto de importación.





















