jueves, 24 de marzo de 2016

¡Qué noche la de aquel día!

Este blog no es un espacio de comentarios litúrgicos. En la red abundan las páginas de recursos para vivir la liturgia cristiana. Pero voy a hacer una excepción durante los próximos días porque cualquier otro tema que no tenga que ver con el misterio que los cristianos recordamos me parece casi fuera de lugar. Uso el verbo recordar con un sentido único: hacer actual lo que sucedió en el pasado, no simplemente rememorar o conmemorar unos hechos, como podemos conmemorar este año el cuarto centenario de la muerte de Cervantes o Shakespeare.

En los días que siguen a la primera luna llena después del equinoccio de primavera,  la liturgia nos propone celebrar que Jesucristo murió (Viernes Santo), fue sepultado (Sábado Santo) y resucitó (Domingo de Pascua). Estos son los tres días que constituyen el único día del Triduo Pascual. La tarde del Jueves Santo es como una gran obertura que nos presenta en síntesis los temas principales de esta ópera magna que es la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo.

Este año voy a vivir el Triduo Pascual en Roma. Dentro de poco iré a la Basílica de san Pedro para participar en la Misa Crismal con el papa Francisco y centenares de obispos y sacerdotes. Por la tarde celebraré la misa in coena Domini en una pequeña residencia de ancianas. Seremos pocos: las ancianas, las cuatro religiosas que las cuidan y algunos vecinos del barrio. Nada comparable –en cuando al número de personas y la solemnidad– a la liturgia que se celebrará en muchas catedrales e iglesias de todo el mundo. Y, sin embargo, el misterio es el mismo. Quiero compartir con los lectores de este blog tres flashes que iluminan sin deslumbrar. Cada uno está tomado de una de las tres lecturas que se proclaman en la misa del Jueves Santo.

El primer flash viene del libro del Éxodo: “Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, comeréis panes sin fermentar y verduras amargas… Es la Pascua, el paso del Señor…” . Para el pueblo judío, incluso hoy, no hay noche comparable a esta. Aunque la fiesta tiene connotaciones cósmicas y agrícolas, su significado más profundo es histórico: el “paso” (pascua) de la esclavitud a la libertad. Solo quien siente en carne propia el peso de las cadenas, comprende lo que significa el éxodo. Pienso en los esclavos negros de las plantaciones de Estados Unidos y sus potentes cantos inspirados  en la liberación de Israel. O en el recurso al Éxodo que en su momento hizo la teología de la liberación. Hoy, un poco narcotizados por la sociedad del entretenimiento, tenemos poca conciencia de nuestras esclavitudes: más bien, nadamos en ellas. No aspiramos a ninguna liberación sino solo a gestionar el presente de la manera más satisfactoria posible. El sueño de la liberación nace de la esperanza en otro mundo posible. Cuándo ésta mengua, no se anhela ningún “paso”, ninguna pascua. Y, mucho menos, el “paso” de un Señor que parece haberse olvidado de sus hijos e hijas, dejándolos a su arbitrio en este inmenso parque de atracciones –pero también campamento de refugiados– que es el mundo.

El segundo flash es de la primera carta a los corintios: “En la noche en que iban a entregarlo… tomó pan, lo bendijo, lo partió y dijo”. Pablo, en su carta a la comunidad de Corinto, escrita probablemente en Éfeso hacia el año 55, se hace eco de una tradición que le precede. También aquí hace referencia a una noche especial. Para mí, la palabra clave de esta noche no es paso sino entrega. Antes de que Jesús sea entregado a las autoridades judías y romanas, él mismo se entrega en los símbolos del pan y del vino. La secuencia eucarística “tomar-bendecir-partir-repartir” indica bien en qué consiste su entrega. Por eso me resulta tan difícil separar la entrega de la propia vida a través del servicio de la celebración de la Eucaristía.  Cada vez entiendo menos –lo confieso con pena– a los que, con buena voluntad, repiten la cantinela: “Lo que importa es ser buenos; eso de ir a misa no tiene importancia”. ¿Por qué hemos llegado a este divorcio? ¿Por qué lo que Jesús ha unido lo hemos separado los hombres, incluso los que nos consideramos creyentes? Drama sobre drama. Fracaso de una evangelización a medias, amputada.

El tercer flash es del evangelio de Juan: “Los amó hasta el extremo… se pone a lavarles los pies a los discípulos”. Salvo en algunas culturas orientales, hoy solo se lava los pies a los niños y a los enfermos y ancianos impedidos. En el mundo occidental, ésta no es ya una práctica de hospitalidad. Pocos la entienden. Me pregunto si sigue teniendo sentido conservarla en la liturgia del Jueves Santo. Y, sin embargo, en su aparente anacronismo, está desnudando nuestros conceptos románticos del amor. El Jesús que se ciñe la toalla inaugura la “teología del delantal”, por usar la sugerente expresión del obispo italiano don Tonino Bello. El amor se muestra en la capacidad de hacernos esclavos de los demás. Creo que no he podido usar una expresión más desafortunada en tiempos en los que reivindicamos hasta la exasperación nuestra sacrosanta libertad individual, nuestro derecho a la privacy y la dignidad entendida como la actitud de quien no se doblega nunca. Jesús, el Hijo, que no se arrodilla ni ante Herodes ni ante Pilatos, no tiene inconveniente en reclinarse para lavar los pies de sus discípulos. Quizá esta noche, en el silencio de la Hora Santa, lejos de los discursos, se nos conceda la gracia de entender qué significa esto, por qué Jesús “siendo de condición divina… se despojó de su grandeza, tomó la condición de esclavo” (Flp 2,6-7).

Uno de los cantos típicos del Jueves Santo, legado por la tradición, es el Pange lingua. Os dejo con esta nostálgica versión del Pange lingua, interpretada por el grupo Mocedades. Para poder seguirla mejor, aquí tenéis la letra (en latín y en español).

(latín)

PANGE LINGUA
(español)
Pange, lingua, gloriosi
Córporis mystérium
Sanguinísque pretiósi,
Quem in mundi prétium
Fructus ventris generósi
Rex effúdit géntium.

Nobis datus, nobis natus
Ex intácta Vírgine,
Et in mundo conversátus,
Sparso verbi sémine,
Sui moras incolátus
Miro clausit órdine.

In supremæ nocte coenæ
Recumbens cum frátribus,
Observata lege plene
Cibis in legálibus,
Cibum turbæ duodenæ
Se dat súis mánibus.

Verbum caro, panem verum
Verbo carnem éfficit,
Fitque Sanguis Christi merum,
Et, si sensus déficit,
Ad firmandum cor sincerum
Sola fides súfficit.

Tantum ergo Sacraméntum,
Venerémur cérnui:
Et antíquum documentum
Novo cedat rítui;
Præstet fides suppleméntum
Sénsuum deféctui.

Genitori Genitóque,
Laus et iubilátio;
Salus, honor, virtus quoque,
Sit et benedíctio;
Procedénti ab utróque
Compar sit laudátio.
Amen.
Canta, oh lengua,
el misterio del glorioso Cuerpo
y de la Sangre preciosa
que el Rey de las naciones,
fruto de un vientre generoso,
derramó en rescate del mundo.

Nos fue dado,
nos nació de una Virgen sin mancha;
y después de pasar su vida en el mundo,
una vez propagada la semilla de su palabra,
terminó el tiempo de su destierro
dando una admirable disposición.

En la noche de la Última Cena,
sentado a la mesa con sus hermanos,
después de observar plenamente
la ley sobre la comida legal,
se da con sus propias manos
como alimento para los doce.

El Verbo encarnado, pan verdadero,
lo convierte con su palabra en su carne,
y el vino se convierte en la sangre de Cristo.
Y aunque fallan los sentidos,
solo la fe es suficiente
para fortalecer el corazón en la verdad.

Veneremos, pues,
postrados tan grande Sacramento;
y la antigua imagen ceda el lugar
al nuevo rito;
la fe reemplace
la incapacidad de los sentidos.

Al Padre y al Hijo
sean dadas alabanza y gloria,
fortaleza, honor,
poder y bendición;
una gloria igual sea dada a
aquel que de uno y de otro procede.
Amén.


La versión litúrgica que os propongo a continuación mantiene el sentido del original, pero elabora el texto de manera poética. Es la recomendable para la oración personal.

Que la lengua humana
cante este misterio:
la preciosa sangre
y el precioso cuerpo.
Quien nació de Virgen
Rey del universo,
por salvar al mundo,
dio su sangre en precio.

Se entregó a nosotros,
se nos dio naciendo
de una casta Virgen;
y, acabado el tiempo,
tras haber sembrado
la palabra al pueblo,
coronó su obra
con prodigio excelso.

Fue en la última cena
-ágape fraterno-,
tras comer la Pascua
según mandamiento,
con sus propias manos
repartió su cuerpo,
lo entregó a los Doce
para su alimento.

La palabra es carne
y hace carne y cuerpo
con palabra suya
lo que fue pan nuestro.
Hace sangre el vino,
y, aunque no entendemos,
basta fe, si existe
corazón sincero.

Adorad postrados
este Sacramento.
Cesa el viejo rito;
se establece el nuevo.
Dudan los sentidos
y el entendimiento:
que la fe lo supla
con asentimiento.

Himnos de alabanza,
bendición y obsequio;
por igual la gloria
y el poder y el reino
al eterno Padre
con el Hijo eterno,
y al divino Espíritu
que procede de ellos. Amén.




miércoles, 23 de marzo de 2016

Europa se hace desde abajo

Erasmo de Rotterdam
Los atentados de ayer en Bruselas copan la información. Hay una cascada de imágenes y opiniones. Esto hace que aquí en Italia haya pasado a segundo plano una noticia que conmovió al país el pasado domingo: la muerte de siete muchachas italianas en el fatídico accidente de autocar que tuvo lugar en Tarragona, España. Todo el país se volcó con las familias. El primer ministro, Matteo Renzi, voló al lugar de la tragedia para expresarles el pésame. Accidentes de este tipo reabren el debate sobre la seguridad de los transportes públicos, la atención a las víctimas, etc. 

En este caso, hay un dato curioso: todos los pasajeros eran jóvenes de diversos países europeos que participaban en el programa Erasmus. Es probable que muchos de los lectores de este blog que no son europeos no sepan de qué se trata. En síntesis, es un programa patrocinado por la Unión Europea que apoya y facilita la movilidad académica de los estudiantes y profesores universitarios dentro de los Estados miembros. Esto permite que miles de jóvenes aprendan una nueva lengua, prosigan sus estudios en otros centros académicos, establezcan nuevas relaciones con jóvenes de diferentes países y conozcan la gran diversidad del continente. Recibe el nombre del famoso humanista del Renacimiento Erasmo de Rotterdam. 

El periodista italiano Beppe Severgnini ha escrito que este programa ha hecho por la integración europea más que todas las instituciones de la Unión juntas. Porque el programa no se limita a promover una política europea, o un currículo académico europeo, etc. El programa hace europeos; es decir, ayuda a los jóvenes a tomar conciencia de su identidad continental viviendo en primera persona sus inmensas posibilidades. El programa aplica al pie de la letra el principio pedagógico learning by doing, se aprende haciendo. No se trata, pues, de estudiar lo que significa Europa o de conocer con detalle las instituciones de la Unión Europea. Se trata de vivir Europa, de crear una nueva generación que sienta que Europa es su casa y que, por tanto, no se vea sometida a la tentación de luchar contra sus vecinos. La historia de desencuentros solo se puede superar con una historia de encuentros. El accidente de Tarragona puede disuadir a algunos padres de enviar a sus hijos a otros países, pero sería un error. Un accidente no puede alterar un programa que, a pesar de sus limitaciones, está facilitando la construcción de Europa "desde abajo" y que sirve de contrapeso a los excesos burocráticos que vienen "desde arriba" y que tanto desaniman a los ciudadanos.

Uno de los pilares del programa Erasmus –que algunos maliciosamente han calificado de programa Orgasmus por su fama de promotor de fiestas– es el aprendizaje de lenguas, factor clave para la integración europea. Lo ideal sería que todos fuéramos, al menos, trilingües. Aparte de ampliar nuestro círculo de relaciones, ensancharía nuestro horizonte mental y nos ayudaría a valorar la enorme diversidad de un continente que, tras siglos de dominio en todo el mundo, se pregunta cuál es su lugar en el siglo XXI. 

Para algunos, Europa ocupará un puesto marginal. Será un mero apéndice del imperio chino o un espacio islamizado. Pagará las culpas de sus muchos "pecados históricos". Su arrogancia la condenará al olvido. Pero, para otros, como el joven pensador británico Mark Leonard, Europa liderará el siglo XXI. Así lo expuso en un famoso libro escrito en 2005. 

Sea como fuere, necesitamos jóvenes que tengan una idea clara de sus raíces, se sientan habitantes de un espacio común y el entrenamiento en diversos países les ayude a abrir Europa al mundo entero, a superar la idea de una Europa-fortaleza para sustituirla por la idea de una Europa en red con otros pueblos de los cinco continentes. 

Para no hacer muy indigerible este post os dejo con un vídeo que recoge todas las canciones ganadoras del famoso festival de Eurovisión. No es necesario que expreséis vuestras protestas.


Yo me quedo –quizá por eso de la nostalgia– con el tema "Eres tú" de Mocedades. No ganó, pero logró el segundo puesto en 1973 y, desde luego, una enorme popularidad en todo el mundo.

martes, 22 de marzo de 2016

Menos Naciones Unidas, más naciones "eficaces"

Hoy quiero escribir sobre las Naciones Unidas, pero no puedo menos de empezar recordando a las víctimas de los atentados que han tenido lugar esta misma mañana en Bruselas y orar por ellas, sus familiares y amigos y también por los victimarios. Esta guerra no acabará pronto porque el objetivo a largo plazo es islamizar Europa. Sé que es una opinión muy discutible, pero yo, desde hace años, veo clara la estrategia. Hay un triple frente: los musulmanes ricos compran todas las propiedades que pueden (frente económico); los pobres tienen muchos hijos (frente demográfico); los radicales atemorizan con amenazas y atentados (frente paramilitar). La combinación de los tres, unida a nuestra incorregible tendencia a la fragmentación y a la amnesia, producirá un cambio de gran magnitud. Cuando queramos reaccionar, será tarde. Al tiempo.

El domingo, regresando de Wroclaw a Roma, hice una escala de hora y media en el moderno aeropuerto de Munich. Aproveché para tomarme un chocolate caliente y leer el International New York Times del fin de semana. Me detuve en el artículo de Anthony Banbury titulado The Unided Nations is failing (que podríamos traducir un poco libremente como “El fracaso de las Naciones Unidas”). Anthony Banbury era un alto funcionario de las Naciones Unidas que acaba de dimitir por su desacuerdo con la gestión de este monstruo burocrático.

Banbury reconoce que el mundo está viviendo una situación crítica, que va desde la amenaza del cambio climático hasta las explosiones terroristas en lugares como Siria, Iraq y Somalia. Ante esta crisis –admite Banbury– “las Naciones Unidas tienen una posición singular para afrontar estos desafíos. De hecho, están haciendo un trabajo valioso en la protección de civiles y en el reparto de ayuda humanitaria en Sudán del Sur y otras partes. Pero, mirando su misión en conjunto, las Naciones Unidas están fracasando debido a su malísima gestión”. Luego, con bastante ironía, añade: “Si uno encierra con llave a un grupo de genios malignos en un laboratorio, no se les ocurriría diseñar una burocracia tan absurdamente complicada, que requiere enormes esfuerzos, pero que, a fin de cuentas, no consigue los resultados programados”.

Después, va desgranando los problemas que él considera más graves. El primero es el esclerotizado sistema de selección y formación del personal. A menudo, la única manera de que las cosas funcionen es saltarse las reglas; si no, la burocracia acaba con los mejores intentos. El segundo es –como muchos sospechamos–  que la mayoría de las decisiones no se toman teniendo en cuenta los valores de las Naciones Unidas o los hechos sobre el terreno sino las presiones políticas de los más fuertes. Parece que la gota que ha colmado el vaso ha sido lo sucedido en la República Centroafricana. A pesar de la oposición de algunos expertos, las fuerzas encargadas de asegurar la paz estaban formadas por soldados de la República Democrática del Congo (capital Kinshasa) y de la República del Congo (capital Brazzaville) que, desde el comienzo de su misión, se han visto involucrados en numerosos casos de violación y de abusos de personas –generalmente chicas jóvenes– a las que tenían que proteger. Esta es la mayor perversión que uno puede imaginar: ¡los protectores se convierten en abusadores!

Banbury no cree que las Naciones Unidas tengan que desaparecer, pero requieren una profunda reforma. La organización actual se parece a una vieja máquina de escribir Remignton en un mundo dominado por los teléfonos inteligentes. Si quieren contribuir de verdad a las causas de la paz, de los derechos humanos, del desarrollo sostenible y del clima, precisan un líder que se empeñe en una reforma a fondo. Y termina: “Necesitamos unas Naciones Unidas dirigidas por personas para las que hacer lo correcto sea lo normal y lo esperado”.

El artículo pone sobre la mesa un problema que afecta a todas las grandes organizaciones, incluyendo la Unión Europea y, en algunos casos, la propia Iglesia católica. La gigantesca burocracia malgasta una cantidad ingente de recursos y ralentiza cualquier proceso de cambio real. (Por cierto, os confieso que los Misioneros Claretianos estamos a punto de entrar en el ECOSOC de las Naciones Unidas). Tenemos que aprender a hacer más con menos. 

Os dejo con el discurso que el papa Francisco pronunció en la sede de las Naciones Unidas de Nueva York el 25 de septiembre de 2015. Os advierto que dura casi 50 minutos.



lunes, 21 de marzo de 2016

¿Adiós al bolígrafo?

Los posts de este Rincón de Gundisalvus los escribo siempre con mi ordenador: a veces, el fijo de mi despacho; otras, cuando viajo, el portátil. Esto acelera el proceso de elaboración y difusión. Casi todos los textos que tengo que escribir (informes, artículos, cartas, libros, etc.) los compongo con el ordenador. Pero hay uno que siempre lo escribo a mano: mi diario personal. Me resulta imposible teclearlo. Necesito acariciar el cuaderno, abrirlo, coger mi pluma o un bolígrafo azul y empezar lentamente a escribir a mano. Los textos que surgen tienen un sabor distinto a los que escribo con ordenador. Desde hace muchos años percibo la diferencia. Ayer, estando todavía en Wroclaw, leí un interesante artículo periodístico que aborda este tema. Me alegré mucho de que expertos en la materia confirmen mi sencilla experiencia cotidiana. En un reciente congreso, “neuropsicólogos, grafólogos y pedagogos consideran de suma importancia que no se abandone el hábito de escribir a mano porque con él se activan multitud de procesos cognitivos que ayudan a la organización de ideas, a la construcción de estructuras gramaticales y a la activación de los procesos motores encargados de producir los correspondientes signos gráficos, una función que no se activa al escribir con herramientas digitales”.

Tal vez se podría establecer una correlación entre los conceptos de complejidad-complicación, a los que me referí en un reciente post, y las diferencias entre la escritura a mano y la digital. La primera es compleja porque es una prolongación –incluso física– de los complejos procesos del pensamiento. La segunda es, más bien, complicada. Expresa el pensamiento, pero a través de mediaciones complicadas como son todas las digitales. Abandonar la escritura a mano puede significar, a medio y largo plazo, ir transformándonos en realidades simplemente complicadas y, por tanto, programables y manipulables. La escritura a mano es un acto de rebeldía, una reivindicación de nuestra humanidad compleja, un canto a la creatividad primordial.

Imagino que los defensores a ultranza del mundo digital podrían objetarme muchas cosas: mi ignorancia casi enciclopédica respecto de los intríngulis de este mundo, mis juicios superficiales y mi nostalgia de procedimientos que tienen milenios de historia, pero que pueden desaparecer. Aun así, siempre encontrarán en mí un aliado leal en los avances que agilizan los procesos técnicos y un oponente crítico que se rebela frente a la mecanización del conocimiento humano. Dejar de escribir a mano es una derrota. Por eso, os invito a escribir de vez en cuando alguna carta con vuestra vieja pluma o con bolígrafo, a tomar notas a mano; incluso, si no suena demasiado cursi, a practicar un poco de caligrafía. No os va a producir ninguna enfermedad degenerativa. A cambio, puede proporcionaros el plus de humanidad, rebeldía y creatividad que necesitamos para no sucumbir al imperio de los dispositivos electrónicos.

No me olvido de que hoy es Lunes Santo. El fragmento del Evangelio de Juan que nos propone la liturgia de hoy es de una belleza inmarcesible. Me referí a él hace unos días al hablar de María de Betania. Con permiso del autor del Evangelio, a María de Betania la nombraría patrona de los escribientes a mano (por su sensibilidad al amor y la belleza) y a Judas Iscariote, patrono de los que solo ejercitan la escritura digital (con perdón de sus adeptos). ¿Cómo no se le ha ocurrido esto a Bill Gates antes?

Os dejo con este maravilloso y conocido coral de "La Pasión según San Mateo" de Johann Sebastian Bach.


domingo, 20 de marzo de 2016

Hosanna ahora; luego, ya veremos

Catedral de Wroclaw
Ayer fue un magnífico día. A las 10 de la mañana estaba ya en la catedral de San Juan Bautista de Wroclaw. A esa hora se te congelaban hasta los pensamientos. ¡Y eso que estamos a punto de empezar la primavera! Un poco antes de las 11, comenzó la procesión desde el seminario hasta la catedral: 16 obispos, 250 sacerdotes y una legión de diáconos, acólitos y otros ayudantes. La catedral no es enorme, pero estaba abarrotada. De las columnas que flanquean la nave central colgaban pendones multicolores, como en las películas de la Edad Media. El coro –soberbio, por cierto– entonaba la versión polaca del conocido canto de L. Deiss Pueblo de reyes. Los obispos y presbíteros ocupamos el coro y el presbiterio. A mí me tocó al lado del obispo greco-católico, que probablemente pensaría que mi polaco dejaba bastante que desear. 

El obispo Jacek Kicinski, camino de la catedral
La ceremonia, organizada con gran precisión y boato litúrgico, duró tres horas. Solo las alocuciones que siguieron a la comunión –entre ellas, la mía– se comieron 45 minutos. Pero claro, aquello parecía un desfile de modelos: hubo mensajes del presidente de la República, del secretario de la Conferencia Episcopal, del alcalde la ciudad … Y, por supuesto, de los Misioneros Claretianos y del propio obispo recién ordenado, Jacek Kicinski, que agradeció emocionado la confianza depositada en él y glosó el lema de su escudo episcopal: Ut unum sint ("que todos sean uno"). Me gustó que participaran representantes de varias confesiones cristianas, así como muchísimos religiosos y religiosas, incluyendo algunas hermanas de la Familia Claretiana.

Mientras me perdía en el mar de parlamentos incomprensibles, pensaba que una catedral y una ceremonia como esa simbolizaban la idea de una liturgia solemne, redonda; de una Iglesia luz de las gentes, reconocida –quizá también un poco temida– por la mayoría. Era como un viaje en el túnel del tiempo que produjo en mí dos sentimientos encontrados: por una parte, gratitud y admiración (no se llega a esto sin un largo viaje multisecular); por otra, preocupación e incertidumbre (¿y si todo esto representara los últimos coletazos de un modelo de Iglesia que ya no existe?).

(Por cierto, ayer también se ordenó presbítero en la catedral de Osaka, en Japón, el joven claretiano Ken Masuda).

Hoy es Domingo de Ramos. Comienza la Semana Santa. O las vacaciones de primavera, como les gusta decir a quienes les produce urticaria cualquier vestigio cristiano en las sociedades pluralistas. Lo que Jesús vivió en los últimos días de su vida fue una tesis (aclamación como Mesías por las calles de Jerusalén), una antítesis (despedida, juicio y condena a muerte) y una síntesis (resurrección y vida nueva). Pero no se trata de un ejemplo de dialéctica hegeliana, sino del núcleo del misterio pascual. En el Hosanna del Domingo de Ramos están ya implícitas la muerte y la victoria. Los mismos que gritan hoy Hosanna gritarán más adelante Crucifícalo. No lo buscan a él: persiguen sus sueños. Primero lo necesitan como rey liberador; luego lo prefieren colgado del madero. No lo buscan a él: se preocupan de su seguridad.

El arzobispo emérito de Wroclaw, cardenal Gulboniwicz, 
bendice al obispo auxiliar Jacek Kicinski
en presencia del arzobispo titular Józef  Kupny
Lo mismo sucede con la Iglesia. Tras los tiempos de triunfales hosannas, siempre pasa por el desierto de la persecución y la muerte. Y siempre renace, no porque sea un ave fénix, sino porque es la comunidad del Resucitado. Lleva dentro las semillas de la vida plena. Contemplando el misterio de Jesús, uno comprende mejor lo que le aguarda a la Iglesia en todos los tiempos y lugares. Por eso, la magnificencia de la celebración de ayer, aquí en Wroclaw, me pareció solo un momento –bellísimo, eso sí– de las distintas formas de ser Iglesia. Mientras contemplaba el desfile interminable de obispos, presbíteros y fieles, pensaba en las comunidades pobres, sin apenas creyentes, que a duras penas pueden celebrar la Eucaristía. ¡Qué contraste! Y, sin embargo, en ambas situaciones lo que importa de veras es la presencia de Jesús en medio de los que se reúnen en su nombre. 

Os dejo con una versión increíble del célebre tema You Raise Me Up, que comentaremos con calma algún día de Pascua. Es también una bonita forma de empezar la primavera, aunque aquí, en Wroclaw, hace un frío invernal.


sábado, 19 de marzo de 2016

José de Nazaret hablaba con los hechos

Me encuentro en Wroclaw (Breslavia), capital de la Baja Silesia, la cuarta ciudad de Polonia, con cerca de 700.000 habitantes. Apenas dispongo de tiempo para escribir este post. Hoy me aguarda un programa intenso. Por otra parte, los motivos se agolpan: fiesta de San José, día del padre en algunos países como España, víspera de la Semana Santa, día del seminario… Y, para remate de fiesta, la ordenación episcopal de un compañero mío, Jacek Kicinski, pero de eso hablaré mañana. Así que el post de hoy será una especie de ensalada mixta. El ingrediente principal es, sin duda, la figura de San José de Nazaret. Siempre me ha caído simpático. El Nuevo Testamento no ha conservado ni una sola palabra de él. De Pablo de Tarso, por ejemplo, sabemos mucho más, pero José le gana por goleada en popularidad. Sabemos incluso algo de lo que dijeron tipos aviesos como Herodes o Pilato. Conservamos palabras de personajes secundarios, como un centurión romano, una mujer sirofenicia, etc. Pero de él, del “esposo de María” (Mt 1,16), ni siquiera una exclamación. Nada de nada. ¡Silencio, se rueda!

El evangelio de Mateo se recrea en hablarnos de los “sueños” de José, como si el de Nazaret tuviera algo que ver con aquel otro José, el hijo de Jacob, llamado “el soñador” (cf. Gn 37,5-10). En torno a José de Nazaret se dan dos grandes tendencias: los que dicen que es mejor no hablar mucho de quien no dijo ni esta boca es mía y los que rellenan los silencios con infinidad de reflexiones, hasta el punto de construir una verdadera “josefología”. Yo prefiero atenerme a los datos evangélicos. Por alguna razón los evangelios no fueron más exuberantes.

Hoy quisiera destacar lo que para mí resulta más significativo: de José no conservamos ninguna palabra porque todo él fue un hecho, una aceptación responsable de la voluntad de Dios. ¿Hay alguna palabra más elocuente que ésta? Jesús debió de aprender muchas cosas de José de Nazaret. Viendo a Jesús podemos intuir cómo era su padre. Hay cosas que se pegan por contagio. Muchos cuadros clásicos presentan a José en solitario, como un hombre maduro, casi un anciano. Hoy se tiende a representarlo, más bien, como un varón joven y siempre junto a Jesús y María, formando el “triángulo de Nazaret”. No se entiende a ninguno de los tres separado de los otros dos. ¿Quién es José al margen de Jesús y de María? El himno de la liturgia de hoy hace un retrato hermoso de este "varón justo". ¡Ojo a la última estrofa: no tiene desperdicio!
Porque fue varón justo, le amó el Señor,
y dio el ciento por uno
su labor.

El alba mensajera
del sol de alegre brillo
conoce ese martillo
que suena en la madera.
La mano carpintera
madruga a su quehacer,
y hay gracia antes que sol en el taller.
Cabeza de tu casa
del que el Señor se fía,
por la carpintería
la gloria entera pasa.
Tu mano se acompasa
con Dios en la labor,
y alargas tú la mano del Señor.
Y, pues que el mundo entero
te mira y se pregunta,
di tú cómo se junta
ser santo y carpintero,
la gloria y el madero,
la gracia y el afán,
tener propicio a Dios y escaso el pan.
En mi país se celebra hoy el “Día del Padre”. Me gusta esta coincidencia. ¿Es José de Nazaret un modelo para los padres actuales? ¿Qué tienen en común un artesano galileo de principios del siglo I y un trabajador de principios del siglo XXI? No me gusta forzar las cosas. Los contextos son muy diferentes. Se parecen poco las familias patriarcales de la época de Jesús y las familias nucleares modernas. Pero hay algo que quiero destacar y que es aprovechable siempre: José predicó con el ejemplo y, sobre todo, fue un "hombre de Dios". El Nuevo Testamento, como dije antes, no conservó ninguna palabra de José, pero sí hechos muy elocuentes: desde la aceptación de su joven esposa María (a pesar de que estaba embarazada) hasta el cuidado amoroso del niño. De nada sirve sermonear a los hijos, como hacen algunos padres, si luego la conducta personal va en otra dirección. ¿Se les puede pedir, por ejemplo, que sean honrados cuando ellos perciben en casa pequeñas prácticas de corrupción? ¿Se les puede pedir que participen en la catequesis –en el caso de los creyentes– si luego los padres no pisan la iglesia? ¡La fuerza transformadora de los hechos!

Bueno, antes de que se me olvide, MUCHAS FELICIDADES a los padres y a todos los que lleváis el nombre de José (o de Josefa) en cualquiera de sus múltiples variantes y combinaciones.

Como no tengo tiempo para hablar sobre el Día del Seminario –otro de los ingredientes de la ensalada de hoy– os dejo este vídeo que han preparado algunos seminaristas de Toledo. Creo que nos hace bien escuchar sus testimonios:



viernes, 18 de marzo de 2016

Un “smartphone” no es una rosa


No tengo más remedio que escribir este post en la sala C-15 del aeropuerto de Fiumicino mientras espero mi vuelo para Munich. Con un poco de suerte podré colgarlo antes de que despegue mi avión. Ayer estrené un nuevo smartphone que me será útil en mis desplazamientos. ¿Cómo se puede calificar un teléfono de inteligente (que esa es, a fin de cuentas, una de las acepciones de smart)? Me doy cuenta de que estos teléfonos tienen muchas funciones: lo mismo sirven para navegar por internet que para escuchar música, calcular un presupuesto, hacer fotografías, rezar la Liturgia de las Horas y… sí, también sirven para “hablar por teléfono”. Pero de aquí a llamarlos inteligentes va un abismo. Inteligente (del latín intus-legere) es el que sabe “leer dentro”; es decir, el que puede discernir entre varias opciones, interpretar los hechos, etc. Me rebelo contra el abuso del término inteligente aplicado a los dispositivos electrónicos porque, en el fondo, esconde una sutil reducción antropológica. A base de hablar de inteligencia artificial y de ser modelados por su lógica, acabaremos llegando al homo ciberneticus, que parece ser el ideal de los listillos de Silicon Valley.
Hace años, Edgar Morin y otros filosófos ecológicos nos ayudaron a precisar la distinción entre complicado y complejo. Nosotros solemos utilizar ambos términos como sinónimos de algo difícil, arduo. Pero, en realidad, significan cosas distintas. Complicada es toda realidad que, aunque conste de muchos elementos, es susceptible de conocimiento y de control. Compleja, por el contrario, es toda realidad que, por su misma estructura, no acaba nunca de ser conocida y, por lo tanto, resulta incontrolable. Un teléfono inteligente (¡hay que ver con la palabrita!) es un realidad complicada: pertenece al reino de los mecanismos. Consta de muchos elementos –es verdad– , pero todos ellos son el resultado de una programación. Con un poco de pericia, todos pueden ser controlados según los propios intereses. Una rosa (¡qué breve y hermosa palabra!) es una realidad compleja: pertenece al reino de los organismos. A primera vista, no consta de muchos elementos, pero no puede ser controlada del todo. Una rosa es una de las expresiones de la vida.
En el terreno de los mecanismos suceden hechos (es decir, acontecimientos programables y evaluables). En el terreno de los organismos acontecen eventos (es decir, acontecimientos sorprendentes que escapan a toda previsión). Como es obvio, estas distinciones teóricas no se aplican con rigidez. La vida es muy... compleja.
¿A quién nos parecemos más los seres humanos: a un teléfono inteligente o a una rosa? Quienes tienen una idea –a mi modo de ver reduccionista del misterio humano– responderán sin  dudar que a un teléfono. En el fondo, nuestro cerebro no sería más que un superordenador que, más pronto que tarde, acabará siendo descifrado y reprogramado a voluntad. Quienes –como yo– siguen creyendo que lo que define al ser humano es su carácter irreductible a la materia, dirán que se parece más a una rosa. Parece un juego de palabras. Pero detrás de estas polaridades subyacen dos maneras muy diferentes de entender al ser humano y, en consecuencia, todo lo que tiene que ver con él: la moral, las relaciones, la política, etc.
¡Menos mal que me habéis pillado en un aeropuerto; si no, os amargo este Viernes de Dolores con reflexiones impropias de un fin de semana primaveral!