sábado, 3 de octubre de 2026

Retiro de fin de semana


Si miro el tiempo meteorológico, me sereno. Pero si miro el tiempo social, me sulfuro. Las lluvias de este fin de semana acercan el otoño. Lo he comprobado esta mañana paseando por el entorno de la plaza de España y viendo el color rojizo de las hojas de los liquidámbares. Todo me transmitía belleza y serenidad. A esa hora había poca gente. Solo los madrugadores que pasean a sus perros o trotan como desesperados. Estuve a punto de acercarme a la Puerta del Sol, como hice el pasado sábado, pero no quise. No sintonizo ni con el fondo ni con las formas de esa acampada que algunos han querido presentar nada menos que como símbolo del Reino de Dios, pero que a mí me parece en buena medida una performance distractiva. 

Admiro a las personas de buena voluntad que buscan soluciones justas al problema de la vivienda. Quizás hay algunas en el campamento de Sol. Merecen mi respeto y solidaridad. Pero recelo de quienes “secuestran y ensucian la calle” para exigir una vía comunista, éticamente injusta y técnicamente irrealizable. No sé si en alguna etapa de mi vida sentí simpatía por estos movimientos sociales capitaneados por burgueses harapientos que pueden vivir sin trabajar y que, megáfono en mano, dicen hablar en nombre de los obreros y los pobres, aunque se muevan en otros círculos. Pero, desde luego, ahora no. Me parecen una burda manipulación sostenida por algunos partidos de izquierda que necesitan siempre buscar o inventar confrontaciones (la lucha de clases es su dinámica social) y aireada por medios de comunicación que se mueven con lógica capitalista, pero a los que les gusta jugar con informaciones rompedoras para dar una imagen “progresista” y provocativa.


Sí, el tiempo social está que arde, a pesar de las lluvias otoñales. No sé qué decidirá el presidente del gobierno después de un nuevo retiro de fin de semana. Aunque la convocatoria de elecciones sería lo más higiénico desde el punto de vista democrático, me temo que encontrará argumentos (sería mejor decir triquiñuelas) para agotar la legislatura y, de paso, agotar la paciencia de muchos ciudadanos. No de todos, porque, por extraño que parezca, todavía hay una ancha base social que apoya esta deriva con argumentos tan especiosos como que el presidente representa un dique contra la ultraderecha y el fascismo y que, con su gallarda figura, nos sitúa en “el lado correcto de la historia” (expresión cursi que se ha puesto de moda en los últimos años entre políticos y comunicadores de izquierda). 

En un blog como este no debería exponerme tanto, pero las cosas han llegado a tal punto de degradación democrática que no me parece correcto parapetarme en una imposible neutralidad. Sé que la estrategia del gobierno pasa por utilizar el problema de la vivienda (no resuelto por él en ocho largos años de mandato) como un salvavidas de última hora antes del naufragio, lo cual demuestra -una vez más- hasta qué punto se pueden retorcer las cosas para mantenerse en el poder. El llamado “maricarmenismo” es la penúltima mutación de un gen que, en vez de resolver problemas, tiene una rara habilidad para crearlos, amplificarlos y luego vender soluciones falsas. El gobierno es pirómano y bombero al mismo tiempo, sin que muchos ciudadanos perciban la más mínima contradicción. Todo sea en aras del progresismo que nos coloca “en el lado correcto de la historia” (conviene repetir a menudo este estribillo para que cale hondo).


La estrategia para neutralizar las voces críticas es etiquetarlas como reaccionarias, “fascistas” (me sorprende la querencia por este viejo adjetivo) y, por supuesto, de “ultraderecha”. Si uno considera que el caso Maricarmen ha sido una manipulación de manual de primero de comunismo, entonces significa que no reconoce el derecho a la vivienda y que está haciendo el juego a los fondos buitre y a las empresas especuladoras. El diputado Rufián es un experto en teatralizar estas cuestiones reduciendo la complejidad a binarios impactantes. Mucha gente pica... y vota.

Lo que de verdad me extraña es que tanta gente competente y honrada como hay en España no levante su voz con energía y contribuya a buscar soluciones auténticas. ¿Por qué dejamos el debate público en manos de charlatanes manipuladores? Comprendo que cada vez haya más personas hartas y entristecidas. Este estado de ánimo pesimista es un peligroso caldo de cultivo de propuestas extravagantes. La historia nos demuestra que, cuando se acumula la frustración social (provocada por líderes incompetentes, irresponsables y mentirosos), la tentación de buscar soluciones “mágicas” en regímenes autoritarios gana adeptos. Sería pasar de Guatemala a Guatepeor. Antes de caer en esa fosa, se requiere una fuerte reacción ciudadana que reivindique los fundamentos de una verdadera democracia. Por eso, unas elecciones limpias (lo que ahora no es tan evidente como hace años) es el primer paso en la justa dirección. ¡Veremos en qué acaba el retiro de fin de semana! Mientras, disfrutemos del otoño que pone fin a un verano tórrido.