
Desde el lunes por la mañana ya sabemos que tendremos elecciones generales el domingo 29 de noviembre. Lo que el presidente Sánchez no dijo es que ese día será el primer domingo de Adviento. Y ya se sabe que el Adviento es un tiempo litúrgico marcado por la esperanza de que algo nuevo va a suceder. ¿Tendrá esta esperanza una versión política y no solo litúrgica? Faltan varias semanas para saberlo, pero debemos armarnos de sagacidad y paciencia para no sucumbir bajo el peso de una campaña electoral que se prevé agónica.
Los ciudadanos desearíamos propuestas concretas dirigidas a nuestra inteligencia y buen sentido, pero lo más probable es que nos encontremos con maniobras distractivas dirigidas a nuestras vísceras. Nuestra única arma eficaz es una humilde papeleta depositada en un sobre color sepia, pero vamos a utilizarla con toda la determinación posible. Hay veces que el voto es más que el apoyo a un partido. Es un ejercicio de higiene democrática. Se va a hacer muy larga la espera. Abundarán los conejos sacados de la chistera y las zancadillas de todo signo, pero la paciencia todo lo alcanza. Santa Teresa dixit.

Escribo estas líneas en la memoria litúrgica de la Virgen del Rosario. No me gusta mucho el origen bélico de la fiesta, pero sí su contenido. Es hermoso contemplar a María como Madre que nos acompaña a lo largo de los misterios gozosos, dolorosos y gloriosos de nuestra vida porque, adiestrada en el acompañamiento de los misterios de su Hijo, entiende a cabalidad los nuestros. El Rosario es una práctica devocional que solemos valorar más cuando nos hacemos mayores y aprendemos a convivir pacíficamente con la repetición. Pero es también una metáfora de la vida. La sucesión de misterios gozosos, (luminosos) y dolorosos es nuestro pan de cada día. El gozo, la luz y el dolor se van alternando como las cuentas de nuestros viejos rosarios.
Lo que da sentido a cada ingrediente es la esperanza de que el rosario de la vida termina con los misterios de gloria. Por gozoso que sea el nacimiento o por dolorosa que sea la cuesta del Calvario, la palabra última tiene sabor de resurrección. Los que caminamos por este “valle de lágrimas” (la Salve utiliza una expresión muy acertada) estamos llamados a compartir el triunfo de Jesús. Lo dice de manera muy hermosa la oración colecta de hoy: “Señor, derrama tu gracia en nuestros corazones, y ya que hemos conocido por el anuncio del Ángel la encarnación de tu Hijo Jesucristo, condúcenos por su Pasión y su Cruz, con la intercesión de la Virgen María, a la gloria de la resurrección”. Preciosa síntesis del Rosario existencial y también del devocional.

Ayer hubiera querido escribir algo sobre san Bruno de Colonia, fundador de los Cartujos, pero no tuve tiempo. Últimamente me siento muy atraído por el lema de esta Orden religiosa. He escrito algo sobre él en mi carta de octubre de la revista Vida Religiosa. Aunque ya no estamos para muchos latines, debo citarlo en su tenor original: Stat Crux dum volvitur orbis. Son cinco palabras escuetas que se pueden traducir así: “La Cruz permanece mientras el mundo gira”. ¿No os parece un lema muy actual? Hoy tenemos la impresión de que todo va muy deprisa, de que “il mondo gira”, como cantaba en los años 60 Jimmy Fontana y luego otros muchos, incluidos mis amigos de Il Volo, han repetido con entusiasmo.
Si todo da vueltas, si nada parece estable, ¿cómo no sentirnos perdidos? ¿Cómo encontrar un ancla en este agitado mar de la historia? Para los cristianos, el ancla es la Cruz de Jesús. El sufrimiento nunca pasa de moda. Pero no se trata solo de ser contemporáneos del dolor. La novedad cristiana consiste en descubrir que la Cruz es un sufrimiento vencido, un amor derramado. Si permanecemos junto a ella, como María (stabat Mater iuxta Crucem), no habrá huracán que pueda doblegarnos. Los misterios dolorosos del Rosario de la vida estarán siempre abiertos al misterio glorioso de la resurrección.
Sí todo da vueltas y girando va aumentando la velocidad... Gracias por ofrecernos ser conscientes de que podemos anclarnos en la Cruz de Jesús... (me gusta esta idea y da seguridad).
ResponderEliminarMe quedo también con la idea de que: “la Cruz es un sufrimiento vencido, un amor derramado.”
Y gracias por aportarnos la idea esperanzada de que: Los misterios dolorosos del Rosario de la vida estarán siempre abiertos al misterio glorioso de la resurrección.