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lunes, 28 de marzo de 2016

Ahora toca cantar Aleluya

Estamos ya en el Tiempo pascual, un período de cincuenta días para celebrar la resurrección de Jesús. Aquí en Italia celebramos hoy el Lunedì dell'Angelo o la Pasquetta. Es un día para estar en familia y salir al campo. Me temo que este año no va a ser fácil practicar la segunda posibilidad porque ha amanecido un día gris y amenaza lluvia. En otros muchos países del mundo, también hoy es un día festivo. Se ve que las tres Pascuas (Navidad, Resurrección y Pentecostés) necesitan prolongarse un poco más para que podamos hacernos cargo de su importancia. Yo tengo tarea, así que me quedaré en casita preparando los próximos compromisos en Portugal e Inglaterra. Me había levantado con muy buen humor, pero la noticia de la nueva masacre de cristianos en Pakistán me ha dejado temblando. 

Si hay algún canto que se repite incesantemente durante estas siete semanas es el Aleluya, una expresión hebrea que significa “Alabad a Dios”. En la carta de ayer puse un vídeo con una de las innumerables versiones del Aleluya de Haendel. ¡Menos mal que a nadie se le ocurrió tirarme de las orejas por haber insinuado con ironía que el tema fue compuesto como un jingle para el anuncio de Conguitos! ¿Quién no ha compuesto su propio Aleluya alguna vez, incluso bajo la ducha? 

Como durante los días del triduo pascual escribí mucho, no quiero pasarme ahora, así que el post de hoy va a estar cargado de vídeos. La música nos pone a tono. 

Uno de los Aleluyas que recuerdo cuando era joven era éste con el que Israel ganó el festival de Eurovisión en 1979. ¿Os suena?


Pero si ha habido un Aleluya que ha sido versionado muchas veces en las tres últimas décadas es el que compuso Leonard Cohen en 1984 y que incluyó en su disco Various Positions. Os ahorro explicaciones sobre su génesis y su sentido ambiguo. Echad un vistazo a la letra y juzgad vosotros mismos.

HALLELUJAH
(Leonard Cohen)

ALELUYA
(Leonard Cohen)
Now I've heard there was a secret chord
That David played, and it pleased the Lord
But you don't really care
for music, do you?
It goes like this
The fourth, the fifth
The minor fall, the major lift
The baffled king composing Hallelujah.

Hallelujah…

Your faith was strong but you needed proof
You saw her bathing on the roof
Her beauty and the moonlight overthrew her
She tied you
To a kitchen chair
She broke your throne,
and she cut your hair
And from your lips she drew the Hallelujah.

Hallelujah…

You say I took the name in vain
I don't even know the name
But if I did, well really, what's it to you?
There's a blaze of light
In every word
It doesn't matter which you heard
The holy or the broken Hallelujah.

Hallelujah…

I did my best, it wasn't much
I couldn't feel, so I tried to touch
I've told the truth, I didn't come to fool you
And even though It all went wrong
I'll stand before the Lord of Song
With nothing on my tongue but Hallelujah.

Hallelujah…

He oído que existe un acorde secreto
que David solía tocar, y que agradaba al Señor.
Pero tú no le das mucha importancia a la música, ¿verdad?
Era algo así como
la cuarta, la quinta
cae la menor y sube la mayor.
El rey, confundido, componiendo un aleluya.

Aleluya…

Tu fe era fuerte, pero necesitabas una prueba.
La viste bañarse en el tejado.
Su belleza, y el brillo de la luna, te superaron.
Te ató a la silla
de su cocina.
Rompió tu trono,
y cortó tu pelo.
Y de tus labios arrancó un aleluya.

Aleluya…

Dices que tomé su nombre en vano.
No conozco siquiera su nombre.
Pero si lo hice, bueno, ¿qué significa para ti?
Hay un resplandor de luz
en cada palabra.
No importa la que hayas oído.
La sagrada o la rota. Aleluya.

Aleluya…

Hice lo mejor posible, no fue mucho.
No podía sentir, así que intenté tocar.
Dije la verdad, no te tomé el pelo.
Y aun así, todo salió mal.
Permaneceré ante el Señor de la Canción,
sin nada en mi lengua más que el aleluya.

Aleluya…

Aquí tenéis una interpretación lúgubre del propio Leonard Cohen:


Y aquí una versión más movida de Bon Jovi:


Creo que os va a gustar ésta realizada por tres niños:


Hay también versiones en español como ésta de Il Divo:


Ya me diréis cuál de todas os gusta más. No pongo otras algo extravagantes, como la de un cura irlandés al final de una boda y que se hizo viral hace unos meses.

Bueno, no digáis que no hemos empezado el tiempo pascual con ritmo. No puedo terminar el post de hoy sin poneros el Aleluya de la tierra de mis amigos de Brotes de Olivo. Hasta mañana. Buen comienzo de semana.


FELIZ PASCUA 
a los más rezagados.


domingo, 27 de marzo de 2016

El alba es más fuerte que la noche - Carta de Pascua

Queridos amigos y amigas: Empecé este blog el pasado 20 de febrero. Hoy, Domingo de Pascua, escribo el post número 40. Hemos cubierto juntos una cuaresma comunicativa. Muchas gracias por vuestra compañía, apoyo y estímulo. A lo largo de estas cinco semanas, cientos de personas os habéis acercado a “El Rincón de Gundisalvus”. La mayoría lo hacéis (por este orden) desde España, Italia, Estados Unidos, Colombia, Puerto Rico, Alemania, Irlanda, Argentina, México, Polonia… Pero hay también visitas de Portugal, Taiwán, Bolivia, Venezuela, etc. Algunos sois lectores habituales; otros habéis llegado hasta aquí por casualidad. Por lo general, casi todos enlazáis con este blog desde vuestra cuenta de Facebook. Sois pocos los que entráis directamente. Estos datos y otros muchos me los proporciona la función Estadísticas del propio blog. Pero no dejan de ser referencias anónimas. Les faltan rostros y nombres. Hoy, día de Pascua, quisiera enviaros un saludo cordial a todos y cada uno de los que visitáis el blog. Por eso, he querido dar a este post la forma de carta, que siempre es más directa y personal.

Mientras escribo, reina un silencio completo en mi casa. En Roma ha amanecido un día soleado. Es como si la naturaleza se sumara a la fiesta de la Resurrección de Jesús. Dentro de un par de horas celebraré la Eucaristía en la residencia de ancianas a la que he estado yendo estos días de la Semana Santa. El Viernes Santo, después de la celebración de la Pasión del Señor, una de ellas me confesó: “Me encanta que seamos pocos, así me siento como en familia”. La ancianidad es una de esas periferias existenciales a las que a menudo se refiere el papa Francisco. Por eso,  me alegro de poder celebrar el misterio del Cristo muerto y resucitado con estas señoras ancianas, algunas sin más familia que las hermanas que las cuidan y sus compañeras de residencia.


El pasado Viernes Santo me impresionó mucho la oración a la Cruz del Señor que el papa Francisco hizo al final del Via Crucis del Coliseo. Fue una lista de los 14 dolores de nuestro tiempo. El último sonaba así: “Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en nuestro Mediterráneo y en el Mar Egeo convertidos en un insaciable cementerio, imagen de nuestra conciencia insensible y anestesiada”. Aludía al drama de los refugiados que tanto dolor nos está produciendo en los últimos meses.

Pero oraba, a continuación, con otras realidades de nuestro tiempo que son signo del triunfo de Cristo sobre la muerte. Aunque esta carta se alargue un poco, quisiera incluirlas aquí. Representan la letanía de los testigos actuales –a menudo, inconscientes de su hermosa tarea– de la Resurrección de Jesús:

Las personas buenas y justas que hacen el bien sin buscar el aplauso o la admiración de los demás.

Los ministros fieles y humildes que alumbran la oscuridad de nuestra vida, como candelas que se consumen gratuitamente para iluminar la vida de los últimos.

El rostro de las religiosas y consagrados –los buenos samaritanos– que lo dejan todo para vendar, en el silencio evangélico, las llagas de la pobreza y de la injusticia.

Los misericordiosos que encuentran en la misericordia la expresión más alta de la justicia y de la fe.

Las personas sencillas que viven con gozo su fe en las cosas ordinarias y en el fiel cumplimiento de los mandamientos.

Los arrepentidos que, desde la profundidad de la miseria de sus pecados, saben gritar: Señor acuérdate de mí cuando estés en tu reino.

Los beatos y en los santos que saben atravesar la oscuridad de la noche de la fe sin perder la confianza en ti y sin pretender entender tu silencio misterioso.

Las familias que viven con fidelidad y fecundidad su vocación matrimonial.

Los voluntarios que socorren generosamente a los necesitados y maltratados.

Los perseguidos por su fe que con su sufrimiento siguen dando testimonio auténtico de Jesús y del Evangelio.

Los soñadores que viven con un corazón de niños y trabajan cada día para hacer que el mundo sea un lugar mejor, más humano y más justo.

Estoy seguro de que os reconocéis en alguna de estas categorías. También vosotros sois testigos y mensajeros. Esto significa que, por mucho mal que haya en nuestro mundo, la fuerza de Cristo resucitado sigue produciendo vida, alegría y esperanza. Hace años, leí en una columna de un periódico algo parecido a esto: "Mientras cada noche nos acostamos derrotados por las malas noticias de la televisión, a la mañana siguiente encontramos el periódico, una botella de leche y una barra de pan en el rellano de la escalera. Mientras unos pocos miles de hombres buscan destruir el mundo, millones de seres humanos hacen todo lo posible por construirlo. La vanguardia de la historia pertenece a los panaderos". Esta es la fuerza escondida de la Resurrección de Jesús que actúa como levadura en la masa del mundo.

El Papa terminaba su oración así: “Oh, Cruz de Cristo, enséñanos que el alba del sol es más fuerte que la oscuridad de la noche. Oh Cruz de Cristo, enséñanos que la aparente victoria del mal se desvanece ante la tumba vacía y frente a la certeza de la Resurrección y del amor de Dios, que nada lo podrá derrotar u oscurecer o debilitar. Amén”.


Amigas y amigos, sin Resurrección no tendríamos ningún motivo serio para seguir viviendo. Pablo lo expresó con palabras insuperables: “Seríamos los más desgraciados de los hombres” (1 Cor 15,19). Nos quedaríamos sumergidos en un interminable Sábado Santo, en la noche de la ausencia. A lo más, nos atreveríamos a confesar nuestro desconcierto como María de Magdala: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto” (Jn 20,2). ¿Dónde está Jesús en un mundo que vive etsi Deus non daretur (como si Dios no existiera)? ¿Dónde está Jesús en un mundo tan inhumano e injusto, que ridiculiza sus bienaventuranzas?

No sabemos dónde lo han puesto porque el Resucitado es un insumiso: no se ata ya a ningún espacio o tiempo concretos, los traspasa todos. Por la fuerza del Espíritu, se ha convertido en el contemporáneo de todo ser humano. Está en ti y en mí, a la vuelta de la esquina. Hay que abrir los ojos del corazón.

Desde esta fe regalada, os deseo una FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN. Dondequiera que estéis, cualquiera que sea vuestra situación personal, incluso en medio de la duda, creed que el Resucitado os sale al encuentro para transformar vuestra noche en un alba sin tramonto. Sentiréis una bocanada de alegría fresca.

Recibid un fuerte abrazo de vuestro amigo Gonzalo (o Gundisalvus).

Hoy os dejo con una famosa pieza musical compuesta para promocionar una conocida marca de Conguitos. Bueno, quizá Händel la compuso un poco antes con otro propósito. Vosotros podréis juzgar.


Si os va la marcha, quizá prefiráis este otro vídeo de Nidia Quintanilla:


jueves, 24 de marzo de 2016

¡Qué noche la de aquel día!

Este blog no es un espacio de comentarios litúrgicos. En la red abundan las páginas de recursos para vivir la liturgia cristiana. Pero voy a hacer una excepción durante los próximos días porque cualquier otro tema que no tenga que ver con el misterio que los cristianos recordamos me parece casi fuera de lugar. Uso el verbo recordar con un sentido único: hacer actual lo que sucedió en el pasado, no simplemente rememorar o conmemorar unos hechos, como podemos conmemorar este año el cuarto centenario de la muerte de Cervantes o Shakespeare.

En los días que siguen a la primera luna llena después del equinoccio de primavera la liturgia nos propone celebrar que Jesucristo murió (Viernes Santo), fue sepultado (Sábado Santo) y resucitó (Domingo de Pascua). Estos son los tres días que constituyen el único día del Triduo Pascual. La tarde del Jueves Santo es como una gran obertura que nos presenta en síntesis los temas principales de esta ópera magna que es la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo.

Este año voy a vivir el Triduo Pascual en Roma. Dentro de poco iré a la Basílica de san Pedro para participar en la Misa Crismal con el papa Francisco y centenares de obispos y sacerdotes. Por la tarde celebraré la misa in coena Domini en una pequeña residencia de ancianas. Seremos pocos: las ancianas, las cuatro religiosas que las cuidan y algunos vecinos del barrio. Nada comparable –en cuando al número de personas y la solemnidad– a la liturgia que se celebrará en muchas catedrales e iglesias de todo el mundo. Y, sin embargo, el misterio es el mismo. Quiero compartir con los lectores de este blog tres flashes que iluminan sin deslumbrar. Cada uno está tomado de una de las tres lecturas que se proclaman en la misa del Jueves Santo.

El primer flash viene del libro del Éxodo: Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, comeréis panes sin fermentar y verduras amargas… Es la Pascua, el paso del Señor…” . Para el pueblo judío, incluso hoy, no hay noche comparable a esta. Aunque la fiesta tiene connotaciones cósmicas y agrícolas, su significado más profundo es histórico: el “paso” (pascua) de la esclavitud a la libertad. Solo quien siente en carne propia el peso de las cadenas, comprende lo que significa el éxodo. Pienso en los esclavos negros de las plantaciones de Estados Unidos y sus potentes cantos inspirados  en la liberación de Israel. O en el recurso al Éxodo que en su momento hizo la teología de la liberación. Hoy, un poco narcotizados por la sociedad del entretenimiento, tenemos poca conciencia de nuestras esclavitudes: más bien, nadamos en ellas. No aspiramos a ninguna liberación sino solo a gestionar el presente de la manera más satisfactoria posible. El sueño de la liberación nace de la esperanza en otro mundo posible. Cuándo ésta mengua, no se anhela ningún “paso”, ninguna pascua. Y, mucho menos, el “paso” de un Señor que parece haberse olvidado de sus hijos e hijas, dejándolos a su arbitrio en este inmenso parque de atracciones –pero también campamento de refugiados– que es el mundo.

El segundo flash es de la primera carta a los corintios: “En la noche en que iban a entregarlo… tomó pan, lo bendijo, lo partió y dijo”. Pablo, en su carta a la comunidad de Corinto, escrita probablemente en Éfeso hacia el año 55, se hace eco de una tradición que le precede. También aquí hace referencia a una noche especial. Para mí, la palabra clave de esta noche no es paso sino entrega. Antes de que Jesús sea entregado a las autoridades judías y romanas, él mismo se entrega en los símbolos del pan y del vino. La secuencia eucarística “tomar-bendecir-partir-repartir” indica bien en qué consiste su entrega. Por eso me resulta tan difícil separar la entrega de la propia vida a través del servicio de la celebración de la Eucaristía.  Cada vez entiendo menos –lo confieso con pena– a los que, con buena voluntad, repiten la cantinela: “Lo que importa es ser buenos; eso de ir a misa no tiene importancia”. ¿Por qué hemos llegado a este divorcio? ¿Por qué lo que Jesús ha unido lo hemos separado los hombres, incluso los que nos consideramos creyentes? Drama sobre drama. Fracaso de una evangelización a medias, amputada.

El tercer flash es del evangelio de Juan: “Los amó hasta el extremo… se pone a lavarles los pies a los discípulos”. Salvo en algunas culturas orientales, hoy solo se lava los pies a los niños y a los enfermos y ancianos impedidos. En el mundo occidental, ésta no es ya una práctica de hospitalidad. Pocos la entienden. Me pregunto si sigue teniendo sentido conservarla en la liturgia del Jueves Santo. Y, sin embargo, en su aparente anacronismo, está desnudando nuestros conceptos románticos del amor. El Jesús que se ciñe la toalla inaugura la “teología del delantal”, por usar la sugerente expresión del obispo italiano don Tonino Bello. El amor se muestra en la capacidad de hacernos esclavos de los demás. Creo que no he podido usar una expresión más desafortunada en tiempos en los que reivindicamos hasta la exasperación nuestra sacrosanta libertad individual, nuestro derecho a la privacy y la dignidad entendida como la actitud de quien no se doblega nunca. Jesús, el Hijo, que no se arrodilla ni ante Herodes ni ante Pilatos, no tiene inconveniente en reclinarse para lavar los pies de sus discípulos. Quizá esta noche, en el silencio de la Hora Santa, lejos de los discursos, se nos conceda la gracia de entender qué significa esto, por qué Jesús “siendo de condición divina… se despojó de su grandeza, tomó la condición de esclavo” (Flp 2,6-7).

Uno de los cantos típicos del Jueves Santo, legado por la tradición, es el Pange lingua. Os dejo con esta nostálgica versión del Pange lingua, interpretada por el grupo Mocedades. Para poder seguirla mejor, aquí tenéis la letra (en latín y en español).

(latín)

PANGE LINGUA
(español)
Pange, lingua, gloriosi
Córporis mystérium
Sanguinísque pretiósi,
Quem in mundi prétium
Fructus ventris generósi
Rex effúdit géntium.

Nobis datus, nobis natus
Ex intácta Vírgine,
Et in mundo conversátus,
Sparso verbi sémine,
Sui moras incolátus
Miro clausit órdine.

In supremæ nocte coenæ
Recumbens cum frátribus,
Observata lege plene
Cibis in legálibus,
Cibum turbæ duodenæ
Se dat súis mánibus.

Verbum caro, panem verum
Verbo carnem éfficit,
Fitque Sanguis Christi merum,
Et, si sensus déficit,
Ad firmandum cor sincerum
Sola fides súfficit.

Tantum ergo Sacraméntum,
Venerémur cérnui:
Et antíquum documentum
Novo cedat rítui;
Præstet fides suppleméntum
Sénsuum deféctui.

Genitori Genitóque,
Laus et iubilátio;
Salus, honor, virtus quoque,
Sit et benedíctio;
Procedénti ab utróque
Compar sit laudátio.
Amen.
Canta, oh lengua,
el misterio del glorioso Cuerpo
y de la Sangre preciosa
que el Rey de las naciones,
fruto de un vientre generoso,
derramó en rescate del mundo.

Nos fue dado,
nos nació de una Virgen sin mancha;
y después de pasar su vida en el mundo,
una vez propagada la semilla de su palabra,
terminó el tiempo de su destierro
dando una admirable disposición.

En la noche de la Última Cena,
sentado a la mesa con sus hermanos,
después de observar plenamente
la ley sobre la comida legal,
se da con sus propias manos
como alimento para los doce.

El Verbo encarnado, pan verdadero,
lo convierte con su palabra en su carne,
y el vino se convierte en la sangre de Cristo.
Y aunque fallan los sentidos,
solo la fe es suficiente
para fortalecer el corazón en la verdad.

Veneremos, pues,
postrados tan grande Sacramento;
y la antigua imagen ceda el lugar
al nuevo rito;
la fe reemplace
la incapacidad de los sentidos.

Al Padre y al Hijo
sean dadas alabanza y gloria,
fortaleza, honor,
poder y bendición;
una gloria igual sea dada a
aquel que de uno y de otro procede.
Amén.


La versión litúrgica que os propongo a continuación mantiene el sentido del original, pero elabora el texto de manera poética. Es la recomendable para la oración personal.

Que la lengua humana
cante este misterio:
la preciosa sangre
y el precioso cuerpo.
Quien nació de Virgen
Rey del universo,
por salvar al mundo,
dio su sangre en precio.

Se entregó a nosotros,
se nos dio naciendo
de una casta Virgen;
y, acabado el tiempo,
tras haber sembrado
la palabra al pueblo,
coronó su obra
con prodigio excelso.

Fue en la última cena
-ágape fraterno-,
tras comer la Pascua
según mandamiento,
con sus propias manos
repartió su cuerpo,
lo entregó a los Doce
para su alimento.

La palabra es carne
y hace carne y cuerpo
con palabra suya
lo que fue pan nuestro.
Hace sangre el vino,
y, aunque no entendemos,
basta fe, si existe
corazón sincero.

Adorad postrados
este Sacramento.
Cesa el viejo rito;
se establece el nuevo.
Dudan los sentidos
y el entendimiento:
que la fe lo supla
con asentimiento.

Himnos de alabanza,
bendición y obsequio;
por igual la gloria
y el poder y el reino
al eterno Padre
con el Hijo eterno,
y al divino Espíritu
que procede de ellos. Amén.