lunes, 15 de abril de 2019

Entre dos orillas

Ayer fue un día hermoso. Lo pasé en Progreso. Presidí la eucaristía matutina de la parroquia san Antonio María Claret, compartí un asado con mis compañeros claretianos y, a media tarde, tuve una reunión con ellos como cierre de mi visita a esta comunidad uruguaya. Disfruté de la suave temperatura otoñal, del vino mendocino y, sobre todo, del diálogo franco. De regreso a Montevideo, me embarqué en el buquebus Francisco –en honor del papa argentino– a las ocho y cuarto de la noche. Se trata de un enorme ferry que hace el trayecto entre Montevideo y Buenos Aires en poco más de dos horas y media. Aproveché para escribir la entrada de hoy. Necesitaba disponer de un tiempo tranquilo después de una jornada repleta de encuentros. Como era de noche, no pude disfrutar de la vista del Río de la Plata. Me contenté con recordar mi paseo por la Rambla de Montevideo el sábado por la tarde, antes de celebrar la misa en la iglesia de Fátima. 

En ausencia de un entretenimiento mejor, comencé a leer un interesante libro de Stephen Hawking: Brief Answers to the Big Questions (Breves respuestas a las grandes preguntas). Andaba tras él desde hacía tiempo. Al fin, me lo proporcionó en PDF un compañero malabar. Las 10 preguntas que Hawking se formula son las siguientes:

1: Is There a God?
2: How Did It All Begin?
3: Is There Other Intelligent Life in the Universe?
4: Can We Predict the Future?
5: What Is Inside a Black Hole?
6: Is Time Travel Possible?
7: Will We Survive on Earth?
8: Should We Colonise Space?
9: Will Artificial Intelligence Outsmart Us?
10: How Do We Shape the Future?

No deja de ser un poco extraño formularse estas preguntas –sobre todo la primera– en la tarde del Domingo de Ramos. Por la mañana he proclamado la pasión según san Lucas, acompañado por un lector y una lectora que han leído sus papeles con mucha convicción. Durante la lectura no se oía ni una mosca. La megafonía y la acústica de la iglesia eran óptimas. Me vienen ahora a la memoria las palabras finales de Jesús: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. A diferencia de Marcos, Lucas no pone en labios de Jesús las palabras del salmo 22: “¡Oh, Dios, ¿por qué me has abandonado?”. El Jesús de Lucas muere como ha vivido: orando y perdonando. Expresa una fe infinita en su Padre y una actitud misericordiosa hacia quienes han provocado su muerte. Ese “no saben lo que hacen” se refiere, ciertamente, a los verdugos, pero también a las autoridades judías y romanas. Se refiere, en último término, a cada uno de nosotros. Cada vez que “matamos” a Dios no sabemos lo que hacemos.

Con este telón de fondo, leo el primer capítulo del libro de Hawking, escrito en un estilo sencillo y comprensible. Extraigo tres párrafos que me impactan:
  • “I do not want to give the impression that my work is about proving or disproving the existence of God. My work is about finding a rational framework to understand the universe around us”.  (No quiero dar la impresión de que mi trabajo consiste en probar o negar la existencia de Dios. Mi trabajo consiste en encontrar un marco de referencia para comprender el universo que nos rodea).
  • “I think the universe was spontaneously created out of nothing, according to the laws of science. The basic assumption of science is scientific determinism” (Creo que el universo fue creado espontáneamente de la nada, según las leyes de la ciencia. La afirmación básica de la ciencia es el determinismo científico).
  • “Do I have faith? We are each free to believe what we want, and it’s my view that the simplest explanation is that there is no God. No one created the universe and no one directs our fate. This leads me to a profound realisation: there is probably no heaven and afterlife either. I think belief in an afterlife is just wishful thinking” (¿Tengo fe? Cada uno de nosotros somos libres para creer lo que queramos. Mi opinión es que la explicación más sencilla es que no existe Dios. Nadie creó el universo y nadie dirige nuestro destino. Esto me lleva a una profunda convicción: probablemente no existe el cielo ni tampoco vida después de la muerte. Creo que la creencia en la otra vida es solo una ilusión).

Como buen británico, Hawking no es, al menos en apariencia, un tipo dogmático. Acompaña sus afirmaciones con adverbios del tipo probablemente. Reconoce que los seres humanos somos libres para creer lo que queramos y que no es un ateo agresivo que sienta la necesidad de combatir la ignorancia de los creyentes. Se limita a compartir sus conclusiones científicas. Mientras leo sus páginas, tengo la impresión de sintonizar con lo que dice y, al mismo tiempo, de pensar que estamos en dos planos distintos. Hawking habla de Dios como de un ser impersonal que puso en marcha la compleja maquinaria del universo al comienzo del tiempo. Jesús, desde la cruz, se dirige a su Padre impetrándole el perdón para sus verdugos. ¿Estamos hablando del mismo Dios? ¿Estamos refiriéndonos a la misma realidad? Cuando Jesús habla de su Padre, ¿nos está hablando del “ingeniero” que diseñó la creación o nos está introduciendo en “otro” mundo que va más allá del formado por espacio y energía, los ingredientes básicos con los que se “cocina” (uso una metáfora empleada por Hawking) el universo? La ciencia y la fe, ¿hablan el mismo lenguaje?

No sé si este es el mejor modo de comenzar la Semana Santa. Me temo que no. Resulta un poco raro. Basta mirar a mi alrededor. Mientras tecleo estos pensamientos, los pasajeros de la cabina C –la amarilla–  dormitan, compran bocadillos y bebidas en la cafetería del buque o juegan con el móvil. Quizás hay dos actitudes básicas en la vida: la de quienes calculan y la de que quienes aman. El patrono de los primeros es, sin duda, Judas Iscariote. La patrona de los segundos es María de Betania. Ambos se acercan a Jesús de maneras diferentes. Basta leer con calma el Evangelio de este Lunes Santo. ¡Que Hawking nos pille confesados!

1 comentario:

  1. Hola Gonzalo, lo iré leyendo despacio, intentando asimilar todo el contenido que es muecho... Con una sola lectura no tengo suficiente... Gracias... Un abrazo

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