viernes, 27 de marzo de 2026

Viernes de Dolores


Hoy es Viernes de Dolores. Los dolores de Jesús y de su Madre que hoy serán recordados en muchos lugares con viacrucis y procesiones se replican en los muchos sufrientes que pueblan nuestro mundo. En realidad, todos sufrimos el peso de una existencia que cada día se hace más gravosa. Ayer asistimos impotentes y desconcertados al “suicidio asistido” de Noelia Castillo. Para algunos, fue un ejemplo de “muerte digna”. Para otros –entre los que me cuento– una “derrota de la civilización”. 

Resulta imposible meterse en la cabeza de una persona que ya no quiere vivir porque la existencia se le ha hecho insoportable. O en la de una mujer embarazada que quiere deshacerse del hijo que lleva en el vientre. Jamás me atreveré a juzgar las motivaciones de una persona que vive situaciones límite. Creo que la única respuesta correcta es la compasión. Esa era la actitud de Jesús hacia los hombres y mujeres que se cruzaban en su camino. Pero una cosa es hacerse cargo del sufrimiento ajeno y otra muy distinta aprobar leyes que pretendan combatirlo provocando deliberadamente la muerte. Me parece que las leyes que autorizan el aborto o la eutanasia (principio y final de la vida) no son expresión de humanidad y dignidad –como a menudo se presentan– sino fracasos de una sociedad que no sabe –o no quiere– acompañar esas situaciones y volcarse con las personas necesitadas. Cuesta menos tiempo y dinero matar a las personas que cuidarlas con amor


Hoy es Viernes de Dolores. Sobre los hombros de Jesús caen todos los sufrimientos de la humanidad, los provocados por la naturaleza y, sobre todo, los infligidos por los seres humanos. Sus hombros aguantan cánceres incurables, adulterios, feminicidios, abortos, asesinatos, robos, vejaciones de la dignidad humana, corrupciones de todo tipo, abusos sexuales y espirituales, blasfemias, violaciones, guerras, traiciones… El peso es tan intenso que lo conduce a la muerte. No es una metáfora decir que todos hemos matado a Jesús con nuestros pecados. 

Los historiadores investigan la responsabilidad de las autoridades judías y romanas, pero, en realidad, todos los seres humanos hemos contribuido a asesinar al Hijo de Dios. La afirmación es tan grave que tendríamos que sentirnos avergonzados, sin ganas de levantar la mirada. No podemos frivolizar con el pecado hasta convertirlo en cultura. No podemos provocar más sufrimiento a los demás por llevar un estilo de vida egocéntrico, hedonista e irresponsable. Vistas las cosas con ojos humanos, la humanidad está preparando su autodestrucción. Cada día que pasa aumenta la carga de negatividad, por más que a veces, actuando sub angelo lucis, presentemos algunas decisiones como “progresistas” cuando, en realidad, nos retrotraen a etapas históricas superadas.


Hoy es Viernes de Dolores. Contemplamos a Jesús y a su Madre como víctimas del “exceso de mal” que hemos producido los seres humanos a lo largo de la historia. Miles de personas se emocionarán contemplando imágenes que transmiten el sufrimiento de Jesús y su madre con la belleza del arte. Esa conmoción sirve para despertarnos del letargo, pero no es suficiente para llegar a la fe. Si algo tiene de transgresora y contracultural la fe cristiana es que, reconociendo sin maquillajes la realidad del pecado y de la muerte, no queda atrapada en ella. No se vende a lo “políticamente correcto” en cada tiempo. Proclama con fuerza indestructible que Jesús “padeció, murió y resucitó”. Los tres verbos son inseparables. Constituyen un verdadero triduo pascual. 

Contemplándolo a él, entendemos mejor la realidad inexplicable de nuestros padecimientos (a veces insufribles) y de nuestra muerte (inevitable), pero mantenemos incólume la esperanza en la vida eterna. No hay nada más revolucionario que la verdad de la resurrección. Eso es lo que anticipa este Viernes de Dolores. Disponemos de una semana entera para dejarnos iluminar y curar por la fuerza de la liturgia cristiana.

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