viernes, 6 de marzo de 2026

Las locas del obelisco


Hoy se llama Paseo del General Martínez Campos, pero a finales del siglo XIX se lo conocía como Paseo del Obelisco porque partía de la glorieta del Obelisco (actual plaza de Emilio Castelar) en la que se había erigido un obelisco con motivo del nacimiento de la futura reina Isabell II. Pues en ese paseo, abierto en 1889, estaba la casa en la que Mariana Allsopp -joven aristócrata mexicana (hija de padre inglés y madre española), afincada en Madrid- y sus compañeras empezaron a acoger a algunas mujeres víctimas de la prostitución. A la gente del lugar no le gustaba nada esta perturbadora actividad. Por eso, para desacreditar a las jóvenes intrépidas, pronto empezaron a llamarlas “las locas del Obelisco”, que es cabalmente el título elegido para la película que recrea esta historia y que se estrenará en varios cines españoles el próximo viernes 13 de marzo. 

Tuve oportunidad de ver un pase anticipado el pasado miércoles en el cine Embajadores Río. Me invitaron las Hermanas Trinitarias, que tienen su casa madre a pocos metros de donde vivo. Conozco personalmente al director -Pablo Moreno- y a la productora porque son los mismos que se encargaron de las películas Un Dios prohibido (sobre los beatos mártires claretianos de Barbastro) y Claret (sobre san Antonio María Claret, fundador de mi congregación misionera).


Fui al cine con gusto, pero no me esperaba lo que me encontré. Confieso que, desde el comienzo hasta el final, la película me atrapó y me conmovió. A pesar de mi relación cercana con las Hermanas Trinitarias, de cuya curia general somos capellanes los claretianos, apenas conocía la vida de sus fundadores: el sacerdote madrileño Francisco de Asís Méndez Casariego y la joven mexicana Mariana Allsopp, ambos con procesos de beatificación abiertos. Sus tumbas se encuentran en la iglesia de la casa madre de las Trinitarias en la calle Marqués de Urquijo. 

La película explora el submundo de la prostitución femenina en el Madrid de finales del siglo XIX, una ciudad marcada por la desigualdad, la hipocresía y la miseria moral. Para ello se sirve de la historia de Teresa y Candela, dos chicas de pueblo que vienen a Madrid para buscar trabajo, pero que pronto caen en las redes de los proxenetas. Al mismo tiempo, la joven aristócrata Mariana Allsopp experimenta un proceso interior de conversión cuando entra en contacto con la realidad de estas mujeres explotadas. Inspirada y alentada por el sacerdote Francisco de Asís Méndez, Mariana decide abandonar su vida cómoda y, junto con otras compañeras, unir su suerte a la de estas chicas y mujeres que son obligadas a ejercer “el oficio más antiguo del mundo”.


La película te remueve en la butaca porque, aunque habla del siglo XIX, el espectador enseguida cae en la cuenta de que algo parecido sigue existiendo hoy. Bajo la apariencia de una ciudad moderna y acogedora, Madrid -como cualquier otra ciudad del mundo- esconde una realidad sórdida que a menudo no queremos ver para que no perturbe nuestra tranquilidad. 

Lo más esperanzador es que lo que hacen Francisco de Asís y Mariana lo siguen haciendo hoy algunos hombres y mujeres anónimos que nos redimen de nuestra mediocridad. También ellos y ellas descienden a estos submundos -invisibles para la mayoría- para comprobar que, detrás de etiquetas como prostituta, chapero o yonqui hay seres humanos con historias violadas, heridas sin curar y sueños incumplidos. 

Las locas del obelisco es una película que no te deja matar el tiempo a base de palomitas y Coca-Cola, que te mantiene en vilo, que te cuestiona el estilo de vida y te obliga a preguntarte si todavía hay causas por las cuales merece la pena arriesgar la vida. Al salir del cine, las luces de los bares y tiendas se imponen a la sordidez de las historias de explotación, pero la inquietud abierta en canal no desaparece fácilmente. Necesitamos películas que nos “amarguen” un poco el fin de semana. Ya hay demasiadas cuyo único objetivo es entretenernos o incluso anestesiarnos.



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