
Pasamos del pozo de Jacob (tercer domingo de Cuaresma) a la piscina de Siloé. El escenario de este IV Domingo de Cuaresma es también un lugar con agua. Allí se dirige el ciego de nacimiento cumpliendo el mandato de Jesús: “Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)” (Jn 9,7). Y, sin embargo, el símbolo central de este domingo es la luz: “Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo” (Jn 9,5). El ciego, en su contacto con Jesús, pasa de la oscuridad a la luz.
Experimenta una curación física que lo saca de la marginación social. Pero experimenta también una transformación espiritual que le hace pasar de reconocer a Jesús como un profeta poderoso a rendirse a su condición mesiánica con palabras que denotan un verdadero acto de fe: “Él dijo: «Creo, Señor». Y se postró ante él” (Jn 9,38). Aunque la acción curativa de Jesús es eficaz en sí misma, el ciego es invitado a lavarse en la piscina de Siloé.

Esta historia (en su versión completa) ocupa los 41 versículos del capítulo 9 del evangelio de Juan. Muchos sacerdotes leen la versión breve… “por razones pastorales”, hurtando a los fieles un ejemplo extraordinario de orfebrería teológica. Son tantos los elementos contenidos en esta historia que resulta imposible sintetizarlos en el reducido espacio de una entrada de blog. Quiero acentuar solo uno, que puede parecer secundario: la invitación que Jesús le hace al hombre ciego para que vaya a lavarse en la piscina de Siloé.
Este elemento tiene mucho que ver con la situación que hoy vivimos. La falta de fe en la vida eterna nos ha condenado a un presentismo hedonista que nos empuja a querer todo al instante, a viajar huyendo de la gris cotidianidad, a desplegar en la pantalla de nuestro móvil infinitas historias que nos mantengan entretenidos y enganchados, a volvernos ciegos a las realidades más profundas de la vida. O -lo que es peor- a creer que vemos -como los fariseos- cuando, en realidad, ya no vemos. El resultado es una ansiedad crónica que nos mantiene en una permanente insatisfacción. ¡Ni siquiera las relaciones interpersonales nos salvan porque a menudo están sometidas también a la lógica del “usar y tirar” impuesta por el consumismo!

¿Qué significa, en este contexto, la fe, el encuentro con Jesús? Significa el paso de la oscuridad a la luz. Nuestra verdadera vocación es ser “iluminados”, en el más noble sentido de la palabra. Pablo lo resume bien en su carta a los Efesios: “En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor” (Ef 5,8). Si ahora somos seres de luz, lo lógico es que vivamos de acuerdo a nuestra nueva condición: “Vivid como hijos de la luz, pues toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz. Buscad lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denunciándolas” (Ef 5,9-11).
Para vivir como “hijos de la luz” necesitamos lavarnos en la piscina, que es un símbolo de la Iglesia, la comunidad de los discípulos de Jesús. Y aquí viene uno de los escollos principales en la pastoral de hoy. Quisiéramos que Jesús nos curara la ceguera, pero somos reticentes a lavarnos en la piscina. Quisiéramos una fe que se redujese a una relación íntima con Jesús sin el “estorbo” de la Iglesia. ¿No es suficiente con que él escupa en la tierra, haga barro con la saliva, y nos la unte en los ojos? ¿Por qué debemos ir a lavarnos en la piscina de la Iglesia? La razón es sencilla: porque la fe no es solo adhesión personal a la Cabeza (Jesús), sino pertenencia al Cuerpo (Iglesia). Cuando se rompe esta unión, la fe se reduce a mero sentimiento (tentación contemporánea) o a mera rutina cultural (tentación tradicional). Vivir como hijos de la luz requiere no separar el Cuerpo de la Cabeza ni la Cabeza del Cuerpo. Sigue siendo un desafío en nuestra evangelización.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
En este espacio puedes compartir tus opiniones, críticas o sugerencias con toda libertad. No olvides que no estamos en un aula o en un plató de televisión. Este espacio es una tertulia de amigos. Si no tienes ID propio, entra como usuario Anónimo, aunque siempre se agradece saber quién es quién. Si lo deseas, puedes escribir tu nombre al final. Muchas gracias.