jueves, 21 de abril de 2016

Murió bajo los escombros

Estuve en Ecuador en agosto de 2012. Me subyugó la belleza del país andino. Visité, sobre todo, Quito, Guayaquil y la islita de Limones. No he vuelto desde entonces. Ahora he desempolvado mis recuerdos a propósito del terremoto que asoló el país el pasado 16 de abril y que ha causado ya más de 500 muertos y miles de heridos. Procuro meterme en la piel de quienes están padeciendo esta desgracia en primera persona. No es lo mismo ver las imágenes por televisión que estar allí, en medio de los escombros, palpando la desolación de las personas afectadas.

Viví muy de cerca otro terremoto: el de El Salvador el 13 de enero de 2001. Fue mi primera experiencia cercana de un seísmo. No sabría decir qué mi impresionó más: si la devastación producida por el fenómeno natural o la solidaridad humana que se puso en marcha. Al poco tiempo escribí mi experiencia en un artículo titulado La sacudida de los cimientos. Me atreví a interpretar aquel desastre desde la fe gracias a los testimonios admirables que recibí de los más directamente afectados. Ellos captaron lo que a mí me resultaba incomprensible.

Ahora, a propósito de lo que está sucediendo en Ecuador, uno de los lectores del blog me invita a reflexionar sobre las desgracias naturales desde el punto de vista de la fe. ¿Cómo seguir creyendo que Dios es bueno cuando la naturaleza se ceba con los más vulnerables? Esta pregunta acompaña a todo creyente como un sabueso inseparable. Hasta Jesús mismo la hizo suya en la cruz, según nos cuentan los evangelios de Mateo y Marcos: “Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. ¿Se puede expresar con más desgarro la experiencia de sentir que todo es absurdo, injusto e inhumano, que Dios parece haberse retirado en el momento en el que más lo necesitamos? El salmo 22 que los evangelistas ponen en labios de Jesús es el salmo de todos los seres humanos que experimentan que una desgracia (un terremoto, un volcán, un cáncer, un infarto, un acto terrorista, un accidente de tráfico) interrumpe brusca e injustamente el curso de su vida. No se trata de una experiencia solo nuestra: ¡Jesús mismo la padeció en grado supremo! En la cruz de Jesús se concentraron todos los muertos de la historia, todos los dolores, todas las preguntas sin aparente respuesta: Auswitchz y Rwanda, Camboya y Biafra...

Si tanto sufrimiento puede ser contemplado con esperanza, con un mínimo de sentido, tiene que ser a partir de la misma experiencia que lo concentra: la cruz de Jesús. Lo paradójico de la fe cristiana es que revela el amor de Dios en el no-Dios del sufrimiento y de la muerte. La cruz de Jesús (cadalso de un condenado) es, al mismo tiempo, su trono de gloria. ¡El Crucificado es el Resucitado! La vida tiene la palabra definitiva sobre la muerte. ¡Esta es la gran novedad de la Pascua de Jesús que nunca acabaremos de entender porque es demasiado nueva, demasiado escandalosa, para quienes nos debatimos en la duda y naufragamos en mil contradicciones! Solo quienes han vivido en carne propia este "paso" merecen credibilidad. Su discurso tiene la fuerza del testimonio. Por eso, son las víctimas las que nos evangelizan a quienes, en nuestro desconcierto, no sabemos cómo orientarnos en el mar proceloso del dolor injusto y absurdo. ¡Cuántos cuidadores de enfermos terminales, deprimidos por un desenlace que no pueden evitar, se han sentido fortalecidos por la energía de quienes aceptan con serenidad y esperanza su final!

Ahora no sabría decir nada diferente a lo que escribí en el artículo citado. Recogí los testimonios de la "niña Lidia" (la anciana de 86 años que, sentada en un colchón raído en medio de la calle, me desarmó con su esperanza) y de Jeremías (el joven que me alentó con su solidaridad tranquila y constante). Solo que ahora, en abril de 2016, tendría que llamar en causa a otros testigos. 

Uno de ellos es la Hermana Clare Crockett, irlandesa, nacida en 1982, el mismo año en que yo me ordené sacerdote. Esta joven religiosa de 33 años murió bajo los escombros de su casa junto a cinco postulantes de su Congregación -las Siervas del Hogar de la Madre- el pasado 16 de abril. Tenía simbólicamente la edad de Cristo. El certificado de defunción dirá que murió a consecuencia de los traumatismos causados por el hundimiento de la casa en que se encontraba. Pero mucho antes, ella ya había entregado su vida por causa del Evangelio. El terremoto no se la quitó porque ella la había entregado. Su profesión religiosa fue una muerte anticipada. Lo único que ha hecho el terremoto es ayudarnos a reconocerla y agradecerla. 

Os dejo con un vídeo en el que la hermana Clare, que quería ser actriz y acabó siendo misionera, relata la historia de su vocación. Descansa en paz, hermana y amiga.


miércoles, 20 de abril de 2016

Leer para vivir

“De los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo… Solo el libro es una extensión 
de la imaginación y la memoria”

Me gusta esta frase de Jorge Luis Borges. La lectura es una ventana abierta al conocimiento, una herramienta de libertad, ensancha el mundo, crea vínculos solidarios, nos despierta, suscita interrogaciones, estimula la creatividad. En general, leemos poco y -lo que es peor- no comprendemos bien lo que leemos, con lo cual malgastamos nuestro tiempo. Hoy quiero escribir sobre un asunto que me ha atraído desde que era niño. ¿Por qué unos leen y otros no? ¿Por qué no siempre comprendemos lo que leemos? Y lo quiero hacer con la ayuda de un experto, a quien aprecio de verdad. Y no solo por razones profesionales. 

Conocí a Xavier Melgarejo hace algunos años, cuando era director del Colegio Claret de Barcelona. Enseguida me llamó la atención su bonhomía, su sentido del humor... y su pasión educativa. Por entonces estaba realizando su tesis doctoral sobre el sistema educativo de Finlandia. Hoy su nombre está unido a la divulgación de este sistema en España. Le llaman para pronunciar conferencias, dar cursos, asesorar a profesores, etc. En la foto de al lado os pongo la portada de su libro Gracias Finlandia. Qué podemos aprender del sistema educativo de más éxito, publicado en 2013. 

Este blog no es el lugar para presentarlo con detalle, pero quiero detenerme en algunas de las razones por las cuales Finlandia siempre ocupa el lugar de cabeza en comprensión lectora en todas las investigaciones que se hacen. Del estudio del profesor Melgarejo se desprenden algunas cosas que os pueden sorprender:

Los niños se ven inmersos en un sistema (familia, escuela, sociedad) que valora y practica la lectura. Desde pequeños observan que sus padres leen regularmente, visitan las bibliotecas como nosotros visitamos los bares y se llevan a casa una buena cantidad de libros. Quizá el largo invierno finlandés favorece esta práctica, más difícil en los países de clima cálido. Es una costumbre que los padres lean cuentos a los más pequeños. Las películas (incluyendo los dibujos animados) son siempre en lengua original con subtítulos en finlandés, con lo cual el niño, estimulado por el atractivo de las imágenes, aprende a leer rápidamente lo que los personajes dicen para entender bien la historia. 

La iglesia luterana finlandesa da una importancia extraordianria a leer la Escritura. No es suficiente con que el pastor la explique. Cada fiel es invitado a leerla personalmente. Ahí  se juega su salvación. Aunque hoy vivan en una sociedad muy secularizada, esta convicción se ha hecho cultura, impregna los hábitos mentales de los finlandeses: "La fe y la salvación vienen por la lectura". Es decir, el niño no asocia la lectura solo a la escuela y a las asignaturas que debe estudiar sino al conjunto de la vida. Podríamos decir que para él leer es como respirar, caminar, jugar, comer, etc. Todo el mundo lo hace, comenzando por sus padres y las personas de su entorno. ¿Se comprende por qué en otros contextos es inútil pedirle a un niño que lea cuando ve que la gente que lo rodea se dedica a ver la tele, ir al bar o tumbarse en un sofá? La escuela -como ahora diré- tiene un papel importantísimo, pero siempre en sintonía con la familia y las instituciones sociales. Sin esta interrelación, su influencia es mínima.

Los niños aprenden a leer en la escuela a los 7 años. Antes, dan más importancia al juego y a otras habilidades imprescindibles para la vida. No hay prisa por aprender a leer. Quienes les enseñan no son los padres sino los mejores profesores del colegio, cuidadosamente seleccionados y remunerados. La profesión de maestro es de las más valoradas en la sociedad. Solo acceden a ella los mejores. ¿Por qué en otros muchos países sucede lo contrario? ¿No estamos pagando las consecuencias de tener profesores desmotivados y, a veces, incompetentes? Cuando la sociedad aúpa a los primeros puestos otras profesiones (también respetables) y no aprecia la que se ocupa directamente de la educación de los niños y jóvenes, está poniendo las bases de su propia descomposición. No hay que extrañarse luego de las consecuencias. 

Bueno, todas estas cosas y otras más interesantes las explica con detalle y competencia Xavier Melgarejo en el siguiente vídeo. Es un poco largo (28 minutos), pero estimula la reflexión.


martes, 19 de abril de 2016

Confirmado: se acabó el asunto

Estoy de nuevo en Roma. La semana en Inglaterra ha estado llena de estímulos. Aquí me aguardan otras ocupaciones urgentes. Una de las muchas cosas que me traigo en la mochila es el modo como algunos jóvenes de Inglaterra viven el sacramento de la Confirmación. Habituados a pulsar la tecla “confirmed” después de haber hecho una operación en internet (por ejemplo, sacar un billete de avión o de tren) para “confirmar” que todo está correcto, muchos interpretan que el sacramento de la la Confirmación significa, más o menos, lo mismo; es decir, que se concluye un proceso de preparación y que ya no hay nada más que hacer hasta el sacramento del Matrimonio… suponiendo que llegue algún día. No juzgo. Me sorprendió esta interpretación tan informática que me comunicaron algunos de los que trabajan en este campo.

El confirmando, que hoy tiene por lo general entre catorce y veinte años, antes de convertirse en «ungido» ha seguido un camino catecumenal. A veces lo ha hecho porque sus padres se han empeñado en que remate como Dios manda la obra empezada en el bautismo. Otras, porque sus amigos han tirado de él o de ella. En algunos casos, es el fruto de una decisión, o, por lo menos, de una luminosa intuición. Si hubiera nacido en Grecia habría recibido el sacramento de niño juntamente con el Bautismo y la Eucaristía. Aquí, en Europa, hace cincuenta años, el obispo lo habría confirmado con mucha probabilidad y sin especiales prepara­ciones antes de la primera comunión. 

Pero hoy las cosas han cambiado. Su catequis­ta le ha dicho que es el sacramen­to que sirve para «confirmar», con la libertad propia del joven, el bautismo recibido de pequeño. Y que por eso requiere tomárselo en serio y estar un par de años repasando la fe y, por supuesto, asistir todos los viernes a las reuniones. A él le parece que en el fondo se trata de una estrate­gia de la Iglesia para repescarlo en la difícil travesía de la adolescen­cia.

Llega el día. El catecúmeno, en una ceremonia larga y llena de cantos pentecostales, es sellado con el crisma que el obispo consagró el día de jueves santo. El gesto, unido a la imposición de manos, se acompaña con estas misteriosas palabras: «Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo». Ungido para siempre. 

Cuando llega a casa, después de haber recibido un centenar de abrazos, se lleva las manos a la frente para comprobar si la unción ha alterado la tersura de su piel. En los días previos le han dicho hasta la saciedad que a ver qué pasa después, que «son muchos los confirma­dos y pocos los decididos», que se van a convocar unas reuniones y que habrá grupos de... Se agobia un poco. Sin saber por qué se acuerda de Jesús. Se lo imagina de pie en la sinagoga de su pueblo. Y escucha las palabras de Isaías que está leyendo en voz alta: «El Espíritu del Señor está sobre mí; me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva». Otra vez la palabrita.

El lunes, cuando llega al instituto, vuelve a llevarse la mano a la frente. La ducha de la mañana ha liquidado los últimos restos del crisma. Comienza la guerra. Por fuera todo sigue como siempre. En alguna parte debe de esconderse el Espíritu recibido. Cada uno va a lo suyo. ¿Por dónde intercalar una buena nueva? Dedica la mañana a repasar los rostros de la gente. En las comisuras de algunos labios nota un rictus de tristeza. Y en las córneas de muchos ojos farolas apagadas por la desilusión. No recuerda muy bien el texto, pero en la ceremonia de ayer una compañera leyó algo, no sé, creo que de una carta de San Pablo, que decía más o menos que donde hay Espíritu hay amor, alegría, paz, paciencia y un montón de cosas por el estilo. Empieza por poco. Se limita a preguntar a uno de los más solitarios qué tal le ha ido el fin de semana. Deja que le cuente.

Por la noche, en casa, coge el Nuevo Testamento que le regalaron cuando empezó el catecumenado. Busca en el índice temático. Sí, el texto era del capítulo quinto de la carta a los Gálatas. ¿O sea que ungido quiere decir también vivir según el Espíritu? Repasa los versículos anteriores y cae en la cuenta de que casi todos, empezando por él, viven según la carne. Esto de la carne debe de significar «a su bola» poco más o menos. Suerte que San Ambrosio viene en su ayuda: «Recuerda que Dios Padre te ha marcado con su signo, Cristo Señor te ha confirmado y ha puesto en tu corazón la prenda del Espíritu». No entiende del todo, pero se siente confortado. Un misterio está en marcha.

lunes, 18 de abril de 2016

Goodbye England

Dentro de unas horas regreso a Roma después de una semana en Inglaterra en la que he tenido oportunidad de conocer lugares y personas que me han enriquecido. Viniendo de un contexto latino, el encuentro con la cultura anglosajona siempre me estimula. Me ayuda a ver el otro lado de la realidad, a atenerme a los hechos más que a las teorías, aunque sin llegar al extremo de aquel profesor de Oxford al que un alumno le preguntó de qué color era el autobús que estaba pasando en ese momento por la calle, a lo que el profesor respondió con circunspección: "Al menos por este lado, es rojo". De lo que no se sabe -como decía el neopositivista Wittgenstein- es mejor no hablar.

Ayer pasé la tarde en Cambridge. Lucía un precioso sol de primavera. Las calles estaban llenas de estudiantes en manga corta y multitud de turistas de muchos países. Visitando algunos colleges e iglesias, me encontré con estampas que parecen de otros tiempos. ¿En cuántos lugares se puede anunciar una conferencia sobre “Dios y el ADN”? Es curioso que muchos de los mejores científicos que han salido de los colleges de Cambridge han sido hombres y mujeres de fe; es decir, personas que, en su investigación profunda sobre la realidad, no se han detenido en los simples fenómenos: se han abierto al misterio que los sostiene. Un poco de ciencia nos hace, por lo general, agnósticos. Nos sitúa en el campo de los enigmas. Ahí Dios no aparece por ninguna parte porque no es un enigma que se pueda despejar en un laboratorio. Mucha y buena ciencia nos coloca en el umbral del misterio.

¿Quién ha visto a media docena de jóvenes tocar en grupo las campanas dentro de una iglesia, a media tarde, como si estuvieran dando un concierto? La mayoría de sus coetáneos están pendientes de otras cosas. (Para que no haya duda sobre estas extrañas costumbres inglesas, adjunto las fotos correspondientes). 

Cambridge representa el encuentro entre lo más tradicional de Inglaterra y la investigación puntera, entre el King’s College y los laboratorios Cavendish. Uno puede ver a un grupo de estudiantes ensayando un concierto y, a renglón seguido, remando en las aguas mansas del río Cam. Esto es algo que me gusta. 

He nacido en un país (España) que admiro y quiero, pero que tiene una tendencia incurable a los extremismos. Casi siempre se plantean las cosas de manera dilemática: o música o deporte; o ciencia o fe; o derechas o izquierdas; o capitalista o socialista; o creyente o ateo. Da la impresión de que estamos genéticamente castigados a elegir entre una cosa (tesis) u otra (antítesis), cuando la mayor parte de las veces los extremos se podrían integrar en una vigorosa y original síntesis. 

Las personas y países que tienen esta capacidad integradora aprenden a sacar partido de todo, no desprecian nada que sea valioso aunque no coincida con las propias tesis. Esto significa una visión sinfónica de la vida en la que cada instrumento (cada persona o grupo) puede aportar algo a la armonía del conjunto. Si planteáramos así los problemas nos libraríamos de muchas batallas inútiles y enriqueceríamos mucho el patrimonio común.




Mientras escribo estas notas, antes de salir para el aeropuerto de London-Stansted, leo que un terremoto de magnitud 7,8 en la escala Richter ha causado ya cerca de 300 muertos en Ecuador, un país que he visitado en alguna ocasión y al que guardo cariño. Estas noticias rompen la serenidad de una preciosa mañana de primavera en la campiña del Cambrigdshire, pero son las que nos ponen siempre alerta: la vida cotidiana es un milagro permanente. He recibido noticias de nuestros misioneros en Ecuador. Ninguno ha sido directamente afectado por el terremoto, pero todos están viviendo en carne propia el dolor de la gente. Oremos por las víctimas y colaboremos en la medida de lo posible en la ayuda a los damnificados.

domingo, 17 de abril de 2016

En Lesbos el sábado fue domingo

Ayer pasé todo el día en Londres. Fue una jornada típicamente británcia, con ratos de sol, de lluvia fina y de cielo cubierto. El centro de la ciudad estaba invadido por hordas de turistas. Abundaban los españoles e italianos. Al acercarme a la sede central de la BBC, comprobé en las grandes pantallas del hall de entrada que la primera noticia del día era el viaje relámpago del papa Francisco a la isla griega de Lesbos. La BBC tiene tradicionalmente una tendencia un poco anticatólica, pero la noticia era la noticia. Hoy todos los periódicos se hacen eco, aunque sin captar bien el alcance del gesto. No conviene acentuar mucho algo que puede resultar incómodo y exigente para todos, no solo para los políticos europeos. Lo que ayer hizo el Papa (visitar el campo de refugiados de Moria, firmar una declaración conjunta con Su Santidad Bartolomé, patriarca ecuménico de Constantinopla, y Su Beatitud Jerónimo, arzobispo de Atenas, orar con ellos y llevarse a Roma doce refugiados) fue anticipar el domingo al sábado. Ayer, en Lesbos, se vivió un auténtico domingo: el día del Señor. El viaje relámpago del Papa fue su mejor comentario al Evangelio de este cuarto domingo de Pascua, conocido como el Domingo del Buen Pastor. El buen pastor, a diferencia del simple asalariado, conoce a sus ovejas y da su vida por ellas. 

No olvidemos que hoy es también la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Se necesitan pastores con un corazón compasivo, atentos a las verdaderas necesidades de las personas. Este año 2016, el Papa nos ha dirigido un mensaje sobre "La Iglesia, madre las vocaciones".

Creo que hoy las imágenes son más elocuentes que las palabras. Os dejo con una meditación visual que nos ayude a profundizar en el significado de lo que ayer sucedió en la isla de Lesbos.


EN LESBOS EL SÁBADO FUE DOMINGO


No hay distancia de seguridad. El papa Francisco se acerca y acaricia a un niño en brazos de su padre. Una caricia no cambia el mundo, pero hace más humana una situación que puede volverse crónica por culpa de la indiferencia, la burocracia y la comodidad.



Existe un ecumenismo del dolor que es más eficaz que todas las declaraciones escritas. Católicos y ortodoxos estamos juntos en actitud samaritana. Lo que se hace difícil por la vía de la razón se resuelve por la vía de la justicia y la compasión.



Los niños son los más vulnerables. Cientos de ellos han muerto a lo largo de este éxodo que parece eterno. Para ellos no habido oportunidad. Por eso tener en brazos a un recién nacido significa apostar por la esperanza. Juntos podemos. No hay ningún destino maldito que nos impida superar esta situación.



Este joven es más atrevido que todos los cardenales juntos. No me imagino a ninguno de ellos haciéndose un selfie con el Papa. Mientras la mano derecha sostiene y enfoca el teléfono, la izquierda se posa suavemente sobre el hombro del Papa. Tranquilo, Santidad, cuente con nosotros. Algún día les mostaré a mis hijos que usted se acercó a nosotros. No quiero olvidarlo. No es un refugiado de Lesbos, pero está aquí como ejemplo de una actitud de confianza y sano atrevimiento. A decir verdad, el Papa parece más asustado que él.



Los jóvenes buscan un futuro mejor. Buscan libertad. Su pancarta expresa bien sus aspiraciones. En medio de las pruebas, no renuncian a la sonrisa. Si lo hicieran, el mundo habría acabado para ellos. El apretón de manos rubrica una especie de contrato: Yo vengo aquí, vosotros tenéis que seguir viviendo.



El mar Mediterráneo -más Mare Nostrum que nunca- se ha convertido en un inmenso cementerio. Nosotros no olvidamos a todos los emigrantes engullidos por sus aguas. Las flores testimonian nuestro recuerdo y, sobre todo, nuestro compromiso. Señor, concédeles el descanso eterno y a nosotros danos el valor de luchar contra estas muertes injustas.

sábado, 16 de abril de 2016

Ni contigo ni sin ti

Acaba de empezar la campaña para el referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea. La pregunta a la que tendrán que responder los votantes británicos el próximo 23 de junio será esta: Should the United Kingdom remain a member of the European Union or leave the European Union? (¿Debe el Reino Unido continuar siendo miembro de la Unión Europea o debe dejar la Unión Europea?). Por ahora, los partidarios de la permanencia y los de la salida están muy igualados. Las personas con las que he hablado en los últimos días creen que a última hora vencerán los partidarios de seguir en la Unión Europea, pero las cosas no están tan claras. En principio, los únicos partidos que hasta ahora se han posicionado claramente en contra son el Partido Unionista Democrático, el Partido Unionista Tradicional y el Partido de la Independencia del Reino Unido. El Partido Conservador está dividido. Su líder, David Cameron, apuesta por la permanencia (la de UK en la UE y la suya como primer ministro).

Es claro que muchos ciudadanos británicos no acaban de sentirse europeos. Cuando hablan de Europa se refieren al “continente”. Su carácter insular los aísla geográfica y culturalmente. No se trata solo del hecho de conducir por la izquierda, medir las distancias en millas, tener una versión propia del cristianismo (el anglicanismo) o de no adherirse al espacio Schengen. La diversidad ha configurado una extraña manera de ser. Por una parte, la mayoría de la población quiere a toda costa preservar el carácter British (We are different), seguir siendo súbditos de Su Graciosa Majestad, con todo lo que esto implica. Pero, por otra, saben que en un mundo globalizado son necesarias las alianzas para poder subsistir. Por eso, quieren ser miembros de la UE como Frank Sinatra: “a su manera”. Esto, como es natural, irrita a otros socios, especialmente a Alemania y Francia. Muchos británicos se sienten afectivamente más cerca de América (es decir, de los Estados Unidos) que del continente. Quisieran establecer con la “hija independiente” (que ha llegado a ser mucho más poderosa que la madre) una alianza de especial fraternidad.

Sigamos juntos
Sea cual fuere el resultado del referéndum, no es concebible una Unión Europea completa sin su alma anglosajona, por más que ésta resulte un poco insumisa e incómoda. Es verdad que los males de la UE se han agudizado en los últimos años. Es verdad que hay dos posturas enfrentadas: la de quienes aspiran a una Unión minimalista (liderados por el Reino Unido) y la de quienes desearían caminar hacia los Estados Unidos de Europa. Pero la verdad más evidente es que nunca ha habido en el espacio europeo un tiempo tan prolongado de paz, derechos civiles y prosperidad económica. Este solo hecho justifica con creces la existencia de la Unión. Quizá el referéndum británico ayude a corregir algunos errores y a enderezar el rumbo. No hay mal que por bien no venga.




viernes, 15 de abril de 2016

Aviso a nativos e inmmigrantes digitales

Yo soy un inmigrante digital. Cuando nací, no existían ni los ordenadores, ni internet, ni los teléfonos inteligentes. Imagino que la mayoría de los que visitáis este blog también habéis emigrado de la “galaxia Guttemberg” al nuevo “continente digital”. O, por lo menos, os movéis por los dos espacios con más o menos fortuna. 

Creo que a este rincón se asoman muy pocos nativos digitales; es decir, personas que parecen haber nacido ya con genes informáticos y con internet pegado a los dedos. ¡A los muy jóvenes no suelen interesarles blogs como éstos en los que todavía se usa la insoportable cantidad de 400 o 500 palabras y algunos vídeos de los años 70 del siglo pasado! Las imágenes y los sonidos han desplazado al verbo. Veremos en qué para todo esto. Pero yo casi nunca soy partidario de las disyuntivas ("esto o lo otro") sino de la integración ("esto y lo otro"). Necesitamos el poder evocador de las imágenes y los sonidos, pero también la fuerza de las palabras y el rigor de los conceptos.

Los inmigrantes siempre estamos aprendiendo. No tenemos más remedio. Y a veces no sabemos sacar partido de estos medios. Varios de vosotros me habéis dicho que teníais dificultades para colgar algún comentario o incluso para acceder al blog, así que hoy voy a escribir una especie de Manual de Instrucciones para Inmigrantes Digitales con Prisas (MIIDP). Espero que sea útil para hacer de este “Rincón de Gundisalvus” un verdadero lugar de encuentro digital.

1. Lo primero es acceder de forma rápida al blog. La gran mayoría lo hacéis desde el enlace que suelo colgar en Facebook; otros desde +Google o desde Twitter. Este sistema es cómodo, pero no muy recomendable porque no siempre tendré posibilidades de colgar los enlaces respectivos; sobre todo cuando esté en lugares en los que la conexión a internet sea débil.  Mi consejo es que en tu navegador habitual (Internet Explorer, Google Chrome, Mozilla Forefox, Microsoft Edge, etc.) agregues la siguiente dirección a “Favoritos”: www.elrincondegundisalvus.blogspot.com. De esta manera el acceso es rápido. No tienes que teclear una dirección tan larga como ésta cada vez que quieras acceder. El ordenador la tiene archivada.

2. Si sigues usando el correo electrónico, puedes suscribirte al envío diario. En la columna derecha del blog verás una sección llamada “Recibe los posts por email”. Basta con que escribas tu dirección electrónica en la casilla y que pulses luego el botón “Submit”. De esta manera, recibirás cada día en tu bandeja de entrada el post correspondiente: “Danos hoy nuestro post de cada día”.

3. Vamos ahora con las reacciones. Al final de cada post hay cuatro palabras precedidas por una casilla: Interesante, Divertido, Interpelador, Aburrido. Puedes marcar la que mejor exprese tu reacción ante el post. Automáticamente se contará tu voto. ¿Para qué sirve esto? Para tener una cierta idea –muy relativa, por supuesto– de tus intereses. Siempre ayuda.

4. Lo más importante para hacer del blog un “punto de encuentro” es usar el espacio para los comentarios.  Algunos me habéis dicho que encontráis dificultades y que por eso preferís dejarlos en Facebook. A mí me da pena porque hay comentarios muy jugosos que no pueden ver los que visitan el blog pero no tienen cuenta en  o no son amigos de los que los dejan, así que os animo a escribirlos aquí, en el lugar corespondiente. El procedimiento es muy sencillo. Primero escribe lo que quieras en la casilla donde dice “Introduce tus comentarios”. Luego vas a la sección que dice “Comentar como” y eliges el tipo de usuario que eres. Si tienes una cuenta Google, no hay ningún problema (aparecerá automáticamente); si no tienes ID propio, entra como usuario Anónimo, aunque siempre se agradece saber quién es quién. Si lo deseas, puedes escribir tu nombre al final. Por último, no te olvides de pulsar el botón “Publicar”. Esto es todo.


Espero que este sencillo Manual de Instrucciones ayude a hacer de este rincón lo que quiere ser: un espacio de diálogo sobre diversos temas que puedan interesar a la mayoría. Siempre tengo presente el agudo criterio de Charles Péguy, que me atrevo a parafrasear: “Un blog solo es interesante si siempre deja insatisfecho a un 25% de sus lectores, con tal de que ese 25% cambie continuamente”. Por eso, procuro que los temas varíen, aunque siempre intento enfocarlos desde una perspectiva constructiva.

Por cierto, he sido aficionado al baloncesto. Así que hoy tengo que rendir mi pequeño homenaje al gran Kobe Bryant -amigo de Pau Gasol- que, después de 20 años en activo, se ha retirado del baloncesto mundial con un partidazo en el que ha conseguido 60 puntos. Siempre lo he admirado. Os dejo con un original vídeo en el que aparece caracterizado como director de orquesta: