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martes, 20 de febrero de 2018

De Seúl a Morelia

El año pasado celebré el primer cumpleaños de este blog en Seúl, Corea del Sur. Este año me toca celebrar el segundo en Morelia, México. El salto de Asia a América es un símbolo de mi vida itinerante y, sobre todo, de la universalidad de la Iglesia. La comunidad de Jesús, nacida en la pequeña franja mediterránea de Palestina, está presente hoy en todo el mundo. Los Misioneros Claretianos proseguimos la misión evangelizadora en 67 países. Es probable que hoy, coincidiendo con su segundo aniversario, el Rincón de Gundisalvus alcance las 200.000 visitas. Esto supone una media de unas 274 visitas al día. Para un periódico digital o una página web generalista, esta cifra es irrisoria. Para un blog personal de enfoque cristiano, escrito en español, no está nada mal. Más allá de los números, sé que hay un grupo de lectores que con bastante asiduidad os acercáis a este Rincón. Muchas gracias por vuestra compañía digital. Si las visitas os ayudan a agradecer, pensar, ensanchar el horizonte y descubrir a Dios en la trama de la vida cotidiana, entonces vale la pena el pequeño esfuerzo de escribir una entrada casi cada día en contextos muy diversos: desde la tranquilidad de mi despacho de Roma hasta el ruido ambiental de un aeropuerto africano, asiático, americano o europeo.

Más de una vez me he preguntado si merece la pena incrementar la oferta digital en un mercado que está ya saturado. ¿Quién dispone de tiempo para seguir tantos sitios interesantes en Internet o las publicaciones de nuestros amigos en las redes sociales? Dedicar tiempo a esto, ¿no nos está impidiendo pensar por nosotros mismos con tranquilidad y sosiego? ¿Necesitamos tanta proliferación de imágenes y estímulos visuales? Desde hace muchos años solía acompañar mis charlas y conferencias con presentaciones multimediales. De un tiempo a esta parte, he vuelto a la palabra desnuda. No desprecio el lenguaje visual, pero cada vez creo más en la fuerza de la palabra como vehículo de encuentro y comunicación. Más aún, en contra de lo que suele decirse (incluso con estudios que lo avalan), creo que nada llega, concentra y emociona más que una palabra que sale del corazón. No sé si esto supone confesar mi derrota ante la imposibilidad de seguir el ritmo vertiginoso de las tecnologías de la comunicación o, más bien, desmitificar el entusiasmo con el que hoy nos entregamos a ellas, quizás inconscientes del alto precio que estamos pagando. En cualquier caso, en este segundo aniversario del blog, reafirmo mi fe en la palabra dicha y escrita, aun cuando a muchas personas (sobre todo, jóvenes) todo lo que pase de tres o cuatro líneas les resulte sencillamente inaguantable.

















Esta tarde tengo que hablar sobre lo que significa hoy ser una Iglesia “en salida”. La expresión la ha popularizado el papa Francisco. En su exhortación Evangelii gaudium dedica varios números (20-24) a desentrañar su significado. No se trata solo de seguir siendo misioneros o evangelizadores, sino de entender la Iglesia de otra manera. Leonardo Boff, con su tendencia a las polarizaciones, trata de explicar de dónde y hacia dónde tiene que salir la Iglesia según el Papa. No me gusta mucho abusar del lenguaje bipolar porque la realidad casi nunca se ajusta a este esquematismo, pero reconozco que nos obliga a salir de la rutina, pensar, matizar y escoger. Más allá de las polaridades señaladas por Boff, la expresión “Iglesia en salida” nos habla de una Iglesia extrovertida, dispuesta a “salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio” (EG 20), asumiendo “la dinámica del éxodo y del don, del salir de sí, del caminar y sembrar siempre de nuevo, siempre más allá” (EG 21). Por eso, el papa Francisco afirma, con audacia inusitada, que prefiere “una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades” (EG 49). Salir a la calle es un imperativo de una evangelización que no se queda recluida en las sacristías. Quizá la expresión tendría que completarse con otra: entrar en las casas. El cristianismo primitivo se abrió paso en las calles, pero también en las casas, que constituían verdaderas iglesias domésticas. 




Reconozco que este humilde blog nació hace dos años también con el deseo de “salir a la calle” y de  “entrar en las casas”. Un blog permite salir a esa inmensa calle que es Internet. Se trata de una calle en la que cualquiera puede pasear y detenerse ante un escaparate que tal vez le muestre algo que no espera. Este blog no va dirigido a mis compañeros claretianos sino, inicialmente, a mis amigos de infancia y juventud con los cuales me encuentro de vez en cuando en torno a un café o una cerveza. Ante la imposibilidad de abordar muchas cuestiones en nuestros diálogos fugaces, pensé que un blog permitiría dilatar nuestros encuentros e ir reflexionando juntos sobre muchos temas que nos preocupan. Luego, con el correr del tiempo, se han ido incorporando a esta conversación otras muchas personas que ni siquiera conozco, pero con las cuales comparto inquietudes, preguntas y búsquedas. No sé hasta cuándo mantendré este callejeo digital, pero hoy, en el segundo aniversario del blog, confieso que me está obligando a salir de mis rutinas, a escuchar mucho y, en definitiva, a tomar el pulso a esta cambiante sociedad en la que vivimos. No me arrepiento del esfuerzo. Yo soy el primer beneficiado.

viernes, 15 de abril de 2016

Aviso a nativos e inmmigrantes digitales

Yo soy un inmigrante digital. Cuando nací, no existían ni los ordenadores, ni internet, ni los teléfonos inteligentes. Imagino que la mayoría de los que visitáis este blog también habéis emigrado de la “galaxia Guttemberg” al nuevo “continente digital”. O, por lo menos, os movéis por los dos espacios con más o menos fortuna. 

Creo que a este rincón se asoman muy pocos nativos digitales; es decir, personas que parecen haber nacido ya con genes informáticos y con internet pegado a los dedos. ¡A los muy jóvenes no suelen interesarles blogs como éstos en los que todavía se usa la insoportable cantidad de 400 o 500 palabras y algunos vídeos de los años 70 del siglo pasado! Las imágenes y los sonidos han desplazado al verbo. Veremos en qué para todo esto. Pero yo casi nunca soy partidario de las disyuntivas ("esto o lo otro") sino de la integración ("esto y lo otro"). Necesitamos el poder evocador de las imágenes y los sonidos, pero también la fuerza de las palabras y el rigor de los conceptos.

Los inmigrantes siempre estamos aprendiendo. No tenemos más remedio. Y a veces no sabemos sacar partido de estos medios. Varios de vosotros me habéis dicho que teníais dificultades para colgar algún comentario o incluso para acceder al blog, así que hoy voy a escribir una especie de Manual de Instrucciones para Inmigrantes Digitales con Prisas (MIIDP). Espero que sea útil para hacer de este “Rincón de Gundisalvus” un verdadero lugar de encuentro digital.

1. Lo primero es acceder de forma rápida al blog. La gran mayoría lo hacéis desde el enlace que suelo colgar en Facebook; otros desde +Google o desde Twitter. Este sistema es cómodo, pero no muy recomendable porque no siempre tendré posibilidades de colgar los enlaces respectivos; sobre todo cuando esté en lugares en los que la conexión a internet sea débil.  Mi consejo es que en tu navegador habitual (Internet Explorer, Google Chrome, Mozilla Forefox, Microsoft Edge, etc.) agregues la siguiente dirección a “Favoritos”: www.elrincondegundisalvus.blogspot.com. De esta manera el acceso es rápido. No tienes que teclear una dirección tan larga como ésta cada vez que quieras acceder. El ordenador la tiene archivada.

2. Si sigues usando el correo electrónico, puedes suscribirte al envío diario. En la columna derecha del blog verás una sección llamada “Recibe los posts por email”. Basta con que escribas tu dirección electrónica en la casilla y que pulses luego el botón “Submit”. De esta manera, recibirás cada día en tu bandeja de entrada el post correspondiente: “Danos hoy nuestro post de cada día”.

3. Vamos ahora con las reacciones. Al final de cada post hay cuatro palabras precedidas por una casilla: Interesante, Divertido, Interpelador, Aburrido. Puedes marcar la que mejor exprese tu reacción ante el post. Automáticamente se contará tu voto. ¿Para qué sirve esto? Para tener una cierta idea –muy relativa, por supuesto– de tus intereses. Siempre ayuda.

4. Lo más importante para hacer del blog un “punto de encuentro” es usar el espacio para los comentarios.  Algunos me habéis dicho que encontráis dificultades y que por eso preferís dejarlos en Facebook. A mí me da pena porque hay comentarios muy jugosos que no pueden ver los que visitan el blog pero no tienen cuenta en  o no son amigos de los que los dejan, así que os animo a escribirlos aquí, en el lugar corespondiente. El procedimiento es muy sencillo. Primero escribe lo que quieras en la casilla donde dice “Introduce tus comentarios”. Luego vas a la sección que dice “Comentar como” y eliges el tipo de usuario que eres. Si tienes una cuenta Google, no hay ningún problema (aparecerá automáticamente); si no tienes ID propio, entra como usuario Anónimo, aunque siempre se agradece saber quién es quién. Si lo deseas, puedes escribir tu nombre al final. Por último, no te olvides de pulsar el botón “Publicar”. Esto es todo.


Espero que este sencillo Manual de Instrucciones ayude a hacer de este rincón lo que quiere ser: un espacio de diálogo sobre diversos temas que puedan interesar a la mayoría. Siempre tengo presente el agudo criterio de Charles Péguy, que me atrevo a parafrasear: “Un blog solo es interesante si siempre deja insatisfecho a un 25% de sus lectores, con tal de que ese 25% cambie continuamente”. Por eso, procuro que los temas varíen, aunque siempre intento enfocarlos desde una perspectiva constructiva.

Por cierto, he sido aficionado al baloncesto. Así que hoy tengo que rendir mi pequeño homenaje al gran Kobe Bryant -amigo de Pau Gasol- que, después de 20 años en activose ha retirado del baloncesto mundial con un partidazo en el que ha conseguido 60 puntos. Siempre lo he admirado. Os dejo con un original vídeo en el que aparece caracterizado como director de orquesta:




jueves, 16 de febrero de 2017

No sé qué hacer

Dentro de cinco días este blog cumplirá un año. Lo comencé el sábado 20 de febrero de 2016 con una entrada titulada Gundisalvus no es un perro. Con la de hoy, habré escrito 366, que encontráis guardadas en el Archivo del Blog que figura en la columna de la izquierda. Empecé con tres de golpe para coger carrerilla. Durante todo este año he sido fiel a esta cita diaria, aunque a veces me ha costado Dios y ayuda. No siempre es fácil disponer de tiempo en medio de ocupaciones absorbentes ni contar con una buena conexión a internet en determinados lugares. He escrito desde la comodidad de mi casa de Roma, pero también desde otros puntos de Italia y desde España, Polonia, Portugal, Inglaterra, Alemania, Francia, Gabón, Congo, Kenia, Filipinas, Sri Lanka, Emiratos Árabes Unidos, Israel, Perú y Bolivia. El Rincón de Gundisalvus no tiene sede fija. Confieso que ha sido una experiencia exigente y sugestiva. Me ha obligado a practicar la atención plena. He procurado meterme en la piel de los lectores. A veces los temas saltaban solos. Otras he tenido que atraparlos con una red de mariposas porque eran volátiles y huidizos. Sentarse cada día ante el ordenador y escribir unas 650 palabras es un ejercicio saludable. Pero todo tiene un límite. Así que, mirando al futuro inmediato, estoy barajando tres posibilidades: 1) cerrar el blog cuando cumpla un año (es decir, el próximo 20 de febrero); 2) reducir las entradas a una semanal; o 3) continuar como hasta ahora. Espero ver con claridad cuál es la mejor. Mientras tanto… no sé qué hacer.

En la entradilla de presentación que figura en la columna derecha dejé esta nota: “Escribo este blog porque quiero compartir con mis amigos y quienes visiten El rincón de Gundisalvus algunas reflexiones sobre asuntos de la vida cotidiana: desde la emoción de un paisaje hasta un asunto cultural, político o religioso. Quisiera hacerlo desde mi fe en Jesús de Nazaret a quien he consagrado mi vida”. Al cabo de un año puedo hacer una rápida evaluación de los destinatarios y objetivos. El blog estaba pensado para mis amigos. Y a ellos –a vosotros– me he dirigido siempre. En ningún momento se me pasó por la cabeza la idea de darle una gran difusión o de alojarlo en una página web conocida. Mis interlocutores erais todos aquellos con los cuales me he cruzado en algunas etapas de mi vida, no el público anónimo en general. En el fondo, el blog ha querido ser una prolongación digital de las conversaciones que hemos ido teniendo por el camino de la vida sobre los temas más dispares. Algunos me habéis confesado que os gusta comenzar la jornada echando un vistazo a este rincón digital. Unos pocos os habéis atrevido a dejar algún comentario, que siempre refuerza la idea del rincón como espacio de diálogo. La verdad es que no han sido muchos, pero ahí están y son siempre bienvenidos: 386 a lo largo de todo el año.



En cuanto a los temas, hace un año escribía que mi intención era no ceñirme a un área específica sino tratar un poco de todo: desde “la emoción de un paisaje hasta un asunto cultural, político o religioso”. Ahora, con 366 entradas en la mochila, caigo en la cuenta de que el objetivo se ha cumplido. El Rincón de Gundisalvus parece un pequeño mercado persa. He hablado con el cuadro de Inocencio X, he comentado el impacto de canciones queridas, me he dejado seducir por algunas ciudades, he glosado paisajes de mi pueblo natal estimulado por las fotos de mis amigos, me he acercado al problema de los refugiados y he osado hablar en politiqués. Los temas han sido variados porque cada día viene con su propia banda sonora y hasta con un titular debajo del brazo. Basta abrir cualquier periódico digital para darse cuenta. Confieso que yo soy casi adicto a la prensa digital. Dar un repaso rápido por las principales cabeceras es una de las primeras cosas que hago cada día. 

Ya desde el principio señalé también con claridad mi perspectiva: “Quisiera hacerlo desde mi fe en Jesús de Nazaret a quien he consagrado mi vida”. Creo que siempre la he tenido en cuenta. A veces, de manera muy explícita; otras, como un suave murmullo o un paisaje de fondo. Le he preguntado a Jesús quién era, he escuchado su llamada a venir e ir. ¡Hasta me he atrevido a llamarlo aguafiestas! He querido mostrar que lo que llamamos experiencia de Dios no es algo que sucede fuera de la vida cotidiana, una especie de artículo de lujo del que uno puede prescindir para moverse con comodidad. Es algo que sucede dentro de la propia vida, de la vida de los demás, de la vida del mundo. Si hay alguna frase de Jesús que me gusta es ésta: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10). Estoy tan convencido de que Jesús da pleno sentido a la vida que a menudo me pregunto por qué tantas personas no lo perciben, qué hemos hecho para volver opaco su evangelio, qué podríamos hacer para compartir la alegría de la fe con todos los que buscan. Un blog es solo un grano de arena en la inmensa playa del mundo. Durante un año he querido compartir este granito con todos vosotros. Gracias de corazón. Os dejo con mi admirado Andrea Boccelli. 


martes, 31 de diciembre de 2019

Dejo el 2019 en sus manos

Cuando tecleo esta entrada, en Australia ya han comenzado el 2020. Como todos los años, las televisiones y los periódicos digitales se encargan de pasarnos las imágenes de las sucesivas celebraciones del nuevo año. Aquí en Fátima todavía estamos en 2019. No sé si estamos acabando una década y empezando otra o tenemos que esperar al 2021. La polémica se reabre periódicamente. Es ocasión de interminables –y quizás estériles– discusiones. Nosotros hemos llegado ya al ecuador del Capítulo de Fátima. Esta tarde se ha completado la elección del nuevo gobierno provincial, así que, con el nuevo año, podemos entrar en la etapa de la programación del sexenio. A año nuevo, programa nuevo. Aunque apenas dispongo de tiempo para otras actividades, no quisiera terminar el año 2019, con sus 290 entradas en el blog, sin agradeceros de corazón a todos los lectores vuestra constancia y vuestro apoyo. Saber que hay muchos lectores en casi todos los países del mundo (sobre todo, en España y América) constituye una responsabilidad, pero no me produce ninguna ansiedad, porque este blog no es una cátedra, sino, más bien, una tertulia digital entre amigos. Nació así, de manera informal, nada académica, y creo que así continúa. El hecho de que, fruto del blog, tuviéramos el pasado mes de febrero un retiro con algunos de los lectores y hayamos programados dos más para febrero de 2020, es un indicador positivo del interés que muchas personas tienen por compartir caminos de espiritualidad que respondan a sus búsquedas y les permitan situarse en esta sociedad compleja.

2019 ha sido un año de protestas en muchos lugares del mundo. Han crecido los movimientos xenófobos y racistas y los bloques políticos, pero, en realidad, cada uno de nosotros podemos elegir nuestra lectura del año que termina. Para mí, más allá de los muchos acontecimientos vividos, de los países visitados (España, Italia, Portugal, Argentina, Chile, Paraguay, Uruguay, Perú, Bolivia, India y Colombia) y de las personas encontradas, lo importante es dar gracias a Dios por el año que termina y, sobre todo, por los muchos signos visibles de su amor. ¿Cómo se pueden olvidar algunas conversaciones entrañables, cientos de eucaristías en compañía de gentes diversas, horas dedicadas a la contemplación, a la escucha y al trabajo? Es verdad que algunos momentos, considerados aisladamente, pueden resultar anodinos, pesados y hasta dolorosos, pero, contemplados en el conjunto de un año, forman parte de ese misterioso itinerario que todos vamos siguiendo hacia el encuentro definitivo con Dios. 2019 ha sido una etapa de ese camino. He aprendido más de lo que hubiera imaginado, he visto que las cosas se pueden hacer de otra manera y, sobre todo, he redescubierto la importancia de valorar a cada persona por lo que es, más allá de su estimación moral o de su reputación social. No hay ser humano indigno porque todos hemos sido queridos por Dios.

Siempre que escribo pienso, sobre todo, en los jóvenes en búsqueda. He conocido a gente extraordinaria, chicos y chicas con ganas de vivir de otra manera que no acaban de encontrar en la Iglesia una comunidad que los escuche, acoja y camine con ellos, que no los atosigue con respuestas inmediatas, que no les exija una rectitud moral para la que no han sido entrenados, que no se escandalice de sus preguntas y de su estilo de vida, que se deje cuestionar por sus críticas, que no se ponga nerviosa por sus maneras diferentes de enfocar los asuntos más controvertidos como la sexualidad, las nuevas formas familiares, la vida social y política y el futuro del planeta. Si el blog se mantiene vivo es porque mis principales interlocutores son siempre ellos, aunque intuyo que la mayoría de los lectores se sitúan en la franja entre los 40 y los 80 años; es decir, gente adulta que ha hecho ya su propio camino y que se acerca al blog buscando la confirmación de lo que ya piensan o quizá una pequeña inspiración que les permita seguir creciendo. A unos y a otros, una vez más, gracias por la aventura que hemos compartido en este año 2019. Que Dios nos siga iluminado a lo largo del año que está a punto de comenzar.


sábado, 14 de mayo de 2022

Hasta la vista


Esta es la entrada número 2.000. Hace tiempo que decidí cerrar el blog -o, por lo menos, ponerlo en pausa- cuando llegara a esta cifra. Han pasado casi seis años y tres meses desde que lo abrí una tarde de invierno, el ya lejano 20 de febrero de 2016. Durante este tiempo he procurado escribir con regularidad, aunque no siempre me ha sido posible hacerlo todos los días. Muchas veces he escrito la entrada diaria desde la tranquilidad de mi habitación romana o madrileña, pero en numerosas ocasiones he tenido que hacerlo desde otros lugares del mundo, incluyendo un buen número de aeropuertos. 

Mi deseo era compartir con los lectores diversas experiencias de vida al hilo de mis andanzas misioneras. El objetivo inicial de dialogar con mis amigos de infancia se ha ido extendiendo de manera natural. A medida que pasaba el tiempo, se iban añadiendo otros lectores desde muchos rincones del mundo. Google me proporciona estadísticas precisas sobre su procedencia, número de visitas y plataformas usadas. En ningún momento se me ocurrió hacer la más mínima publicidad o alojar el blog en alguna página web famosa. Desde el principio hasta el final, se ha mantenido como un “rincón” discreto, abierto a quienes libremente quisieran acercarse.


He disfrutado mucho escribiendo dos mil entradas sobre temas variados. Estoy convencido de que la espiritualidad tiene que ver con la capacidad de interpretar las señales del Espíritu de Dios en las personas y los acontecimientos. La historia es el terreno fundamental de la revelación de Dios. No es necesario ser un experto en exégesis bíblica o en teología para rastrear estos signos. En general, las lecciones más significativas me han venido de personas alejadas de estos campos. Me alegra que la mayor parte de los lectores de este blog sean laicos (creyentes y buscadores), aunque también hay obispos, sacerdotes y personas consagradas. Si bien no tengo datos fehacientes, sospecho que no abundan los jóvenes, por la sencilla razón de que el blog no está pensado para ellos, pero me imagino que también algunos se dan un paseo por aquí de vez en cuando. 

Los temas han ido surgiendo al hilo de lo que iba viviendo, sin ningún tipo de programación. De vez en cuando, me han venido sugeridos por los lectores. Algunos me han enviado libros, artículos o vídeos que consideraban sugestivos. He procurado hacerme eco de ellos. Detrás de todo lo escrito, hay una convicción que es, al mismo tiempo, una pasión: no hay ninguna experiencia humana comparable al encuentro con Jesucristo. Quienes la viven pueden afrontar la vida con sentido y alegría en medio de todas las pruebas y contradicciones.


Me parece que ha llegado el tiempo de poner punto final (o seguido) a una aventura. El silencio y el diálogo con personas amigas me ayudará a ver qué rumbo seguir. Sé que hoy las formas de comunicación pasan por breves formatos audiovisuales. Quizá explore ese camino, aunque yo me siento mucho más cómodo en la comunicación escrita. No quiero ser esclavo de ninguna moda, sino fiel a lo que siento por dentro. Más de una vez he pensado que hemos llegado a tal saturación digital que lo más útil es un prolongado ayuno. Lo expresé el otro día cuando hablaba de que hay un tiempo de hablar y un tiempo de callar. 

Aprovecho esta entrada bimilenaria para agradecer de corazón el apoyo de quienes a lo largo de estos seis años os habéis asomado a este Rincón. A muchos de vosotros os conozco personalmente, incluso hemos tenido la oportunidad de organizar algunos encuentros presenciales y virtuales. Cuando cada día me sentaba ante el ordenador os tenía presentes. En el fondo, cada entrada era como el comienzo de un diálogo. ¿Qué sentido tiene escribir algo si nadie lo va a leer? En ese diálogo imaginario han ido madurando convicciones y puntos de vista. Muchas gracias por vuestra presencia escondida. Sin darnos cuenta, hemos ido creando una comunidad de buscadores.

Creo que durante un tiempo (quizás hasta el mes de septiembre) dejaré abierto el blog por si alguien quiere seguir explorando algunas entradas antiguas. Después, Dios dirá.

¡Hasta la vista!


jueves, 26 de mayo de 2016

La cosa no ha hecho más que empezar

Este es el post número 100. Han pasado tres meses desde que empecé este Rincón de Gundisalvus el pasado 20 de febrero. En este tiempo he recibido 15.500 visitas. No está mal para un blog dirigido a una “inmensa minoría” (sobre todo a mis amigos) y que no está alojado en ninguna página web famosa. Bromas aparte, no estaba seguro de poder ser fiel a esta cita diaria. No tanto por la falta de temas cuanto por la continua movilidad. No es lo mismo escribir desde la propia casa que en lugares en los cuales uno no puede organizar su tiempo con libertad. Pero aquí estamos. Muchas gracias a todos los que os tomáis la molestia de daros una vuelta por este rincón y, de modo especial, a quienes dejáis vuestros comentarios. Este blog nació con el objetivo de ser un lugar de encuentro y diálogo. Todavía nos queda bastante para conseguirlo. Comprendo que es más sencillo leer que escribir, pero iremos dando pasos. Internet no muerde.

Algunos sois visitantes asiduos. Como ya os he informado en otra ocasión, la mayoría procedéis de España (más del 50%), Italia, Estados Unidos, Colombia, Alemania, Puerto Rico, Argentina, Irlanda, Portugal y Reino Unido. Casi todo se reparte entre Europa y América. La lengua influye. No hay muchos conocidos míos que lean español  en África o Asia. 

¿Queréis saber cuáles han sido los posts más leídos durante este tiempo? He aquí el podio de honor:




¿Moraleja? Si quiero que un post se lea mucho, tengo que comenzar el título por la palabra como (con tilde o sin ella). No sé la razón oculta de este atractivo, pero esta es la conclusión a la que ha llegado una prestigiosa universidad norteamericana después de haber analizado a conciencia los gustos de los visitantes del blog con los métodos más sofisticados. Se me ocurren algunos temas: Cómo escribir un blog y no aburrir a los lectores; Como, un lago de ensueño; Como, luego existo; Como quieras, cuando quieras; Como agua para chocolate; Cómo dices que te llamas… Y en este plan.

El furgón de cola está formado por estos tres posts:




¿Puedo confesar algo? Me produce un poco de tristeza que los artículos dedicados a san José y a María ocupen los últimos puestos. Se ve que no acerté con el enfoque o el tono. O que los días que fueron publicados se produjo un colapso de internet. O que un maléfico virus antijosefino y antimariano hizo de las suyas. También a ellos les llegará su momento de gloria. Son los que más la merecen.

No están los tiempos para metafísicas, pero, al cabo de 100 posts, me pregunto para qué sirve un blog. La verdad es que no lo tengo claro. No quisiera convertirlo en un rincón didáctico, aunque a veces me sale mi antigua condición de profesor. Tampoco en una especie de periódico digital de poca monta. Lo entiendo como una tertulia en la que un grupo de amigos –distantes físicamente, pero con algunas cosas en común– se reúnen a conversar sobre algo. A veces, el tema es lo de menos. Puede dar tanto juego el drama de los refugiados como una puesta de sol, una película o un encuentro fortuito. Huyo de los temas solemnes como del demonio. La vida se teje en las experiencias cotidianas leídas con ojos de niño y, si es posible, con ojos de fe. Si Jesús hubiera hablado como un filósofo pocos lo habrían entendido y seguido. Esta perspectiva se la dejamos a los expertos. Aquí seguiremos contando historias sin renunciar nunca a un suave toque de humor. Si Dios quiere, la cosa no ha hecho más que empezar. Que siga depende, en buena parte, de todos vosotros y de las personas a las que podáis comunicar la existencia de este rincón en la red. Muchas gracias. 

viernes, 27 de noviembre de 2020

Hasta la cocina

De vez en cuando me preguntan cómo hago para escribir las entradas diarias de este blog. Suelo responder que no tengo ningún plan sistemático. Me dejo llevar por los reclamos de cada día y por las musas de la inspiración. Puedo pasar de un comentario sobre un texto bíblico a una reflexión sobre el huracán ETA o la muerte de Maradona. En el mundo académico es necesario proceder con orden. Pero este no es un blog académico, sino un diario de navegación. Cansado de redactar informes de todo tipo para mi trabajo, de responder a prioridades que otros fijaban, me decidí a abrir un espacio de comunicación en el que no hubiera más limitaciones que las impuestas por la imaginación y el respeto a los demás. Durante los años pasados no siempre me fue fácil mantener el hábito de escribir una entrada diaria. A menudo, el hecho de tener que viajar mucho por todo el mundo producía un doble efecto: por una parte, me brindaba nuevos y sugestivos estímulos para escribir; pero, por otra, no siempre resultaba fácil encontrar el tiempo y el lugar adecuados para hacerlo. Por eso, los aeropuertos fueron con mucha frecuencia los mejores lugares para teclear algunas reflexiones rápidas. 

Este año 2020, dominado casi desde el principio por la pandemia de Covid-19, me ha obligado a permanecer casi todo el tiempo en Roma. Esto ha hecho que escribir en el blog se haya convertido en una rutina doméstica. Quizá así gano en serenidad, pero pierdo la chispa que proporciona el conocimiento directo de nuevos lugares y personas. Hoy quiero contar a grandes rasgos cómo procedo. Os invito a entrar en la cocina donde se prepara el desayuno digital diario. 

Normalmente, me siento ante el ordenador de mi oficina a eso de las 8 de la mañana, después de haber orado solo y en comunidad, celebrado la Eucaristía, desayunado y echado un vistazo a algunos periódicos digitales.  Suelo dedicar entre 40 minutos y una hora (dependiendo del tema) a escribir el texto, buscar algunos enlaces a páginas aclaratorias e ilustrarlo con tres o cuatro imágenes y, en ocasiones, algún vídeo. En torno a las nueve suele estar ya publicado. Luego, tengo que añadir las conexiones a mis cuentas de Twitter y Facebook. Si no lo hiciera, muchos lectores no accederían a él. De hecho, un gran porcentaje lo hace desde Facebook. La entrada de los domingos suelo colgarla el sábado por la tarde, de modo que se active automáticamente a medianoche. 

Si tengo claro lo que quiero decir, no tardo mucho en dar forma a las entradas diarias. Si estoy un poco confuso, entonces me peleo con las ideas y las palabras. Hay temas que me rondan por la cabeza durante varios días hasta que les doy salida. Son fruto de un proceso lento de elaboración. A veces me vienen sugeridos por los comentarios de algunos lectores o amigos. Otros nacen después de leer los periódicos del día. Siempre hay alguna noticia que me llama la atención y provoca un comentario. Procuro encontrar el ángulo que permita la conexión con la fe cristiana. Lo más importante no es el tema, sino la perspectiva. Da igual que se trate de hablar de un cuadro, un personaje famoso, un acontecimiento reciente o un documento del Papa. 

Procuro meterme en la piel de quien lo va a leer. Hago un esfuerzo por ser claro y no multiplicar inútilmente las palabras. Y no olvido el consejo del escritor Charles Péguy cuando hablaba de una revista que él dirigía. Desde su experiencia, para tener un mínimo de aceptación, toda publicación periódica (y este blog lo es) debe dejar siempre insatisfecho al 25% de sus potenciales lectores… con tal de que ese 25% no sea siempre el mismo. Soy consciente de que no todos los temas y puntos de vista suscitan el mismo interés y obtienen la misma aceptación. Los lectores son muy diversos y viven en contextos diferentes. Mi perspectiva suele ser siempre europea porque vivo en Europa, pero procuro abrirme a todos los continentes, sobre todo a América, donde sé que hay un alto porcentaje de amigos y lectores. Por otra parte, no pretendo en absoluto que los amigos de este Rincón sintonicen con lo que escribo. Me conformo con que las entradas de cada día los estimulen a elaborar su propio pensamiento.

Podría adoptar un estilo más académico o literario, pero sé que a muchos les resultaría indigesto. He optado por la ligereza. Espero que esta ligereza no sea sinónimo de superficialidad, sino de agilidad. Como indico en la presentación que aparece en la columna de la derecha de la portada del blog, lo que escribo cada día procuro “hacerlo desde mi fe en Jesús de Nazaret a quien he consagrado mi vida”. No lo oculto. Soy un misionero que ha hecho del Evangelio su referencia vital. Como he encontrado en él un camino que me da sentido, quiero compartirlo con quienes libremente se sientan atraídos. No pretendo imponer nada a nadie. Quiero dialogar con quienes siguen buscando. Soy consciente de que la mayoría de los lectores del Rincón son también cristianos, pero no excluyo que haya lectores de otras religiones o incluso agnósticos y ateos. 

Por diferentes que sean nuestras posturas ante el Misterio, hay algo que nos acomuna: nuestra condición de seres humanos. Todos, de maneras muy diversas, nos sentimos atraídos por la verdad, la bondad y la belleza. Cualquier camino que nos abra a estas grandes dimensiones nos va uniendo en niveles muy profundos, aunque no nos demos cuenta. Frente al exceso de datos y de propaganda que hoy vivimos en esta sociedad de la información, sigo creyendo en la capacidad de los seres humanos para pensar con libertad y responsabilidad. Por eso, me siento al ordenador cada mañana y me atrevo a suscitar un diálogo abierto. Gracias a todos por estar ahí. ¡Uy! No he dicho nada ni del Thanskgiving Day (ayer) ni del Black Friday (hoy). Está claro que no vivo en este mundo. 

jueves, 22 de noviembre de 2018

Un retiro, ¿por qué no?

Desde hace meses vengo dando vueltas a una idea que me sugirieron algunos lectores de El Rincón de Gundisalvus. Se trata de la posibilidad de organizar un retiro de fin de semana para dialogar sobre lo que la lectura del blog ha supuesto para ellos a lo largo de más de dos años y, sobre todo, sobre lo que significa ser cristiano hoy. He dejado que la idea fuera madurando lentamente. La entrada de hoy hace el número 935 desde que empecé el blog en febrero de 2016. Eso significa que, hacia finales de enero, Dios mediante, el blog alcanzará las 1.000 entradas. Quizás sea el momento justo para poner punto final a una aventura de casi tres años y empezar algo diferente, más en sintonía con lo que hoy se necesita.

Me parece que se puede hacer coincidir el retiro con ese momento simbólico. Al fin y al cabo, el número 1.000 tiene algo de seductor. Sugiero, por tanto, encontrarnos en el Centro Fragua de Los Negrales, a 42 kilómetros de Madrid, el primer fin de semana de febrero de 2019. Se podría comenzar con la cena del viernes 1 (hacia las 9 de la noche) y terminar con la comida del domingo 3 (hacia las 3 de la tarde). La capacidad máxima de la casa es de 20 personas (en habitaciones individuales). Si alguien estuviera interesado en participar en este retiro, puede ponerse en contacto conmigo a través de la dirección: gonfersa@hotmail.com. A partir de ahora, cualquier información que uno desee sobre el retiro se enviará directamente a las direcciones electrónicas de los interesados, no a través del blog. Podemos fijar el 31 de diciembre de este año como fecha límite para hacer la inscripción.

Cada fin de semana se organizan retiros de muy diverso tipo. Algunos se desarrollan en monasterios y suelen ser en completo silencio; otros se realizan en las muchas casas de espiritualidad que rodean las grandes ciudades y combinan tiempos de silencio con meditaciones, diálogos y otras prácticas. Hay congregaciones religiosas, parroquias y movimientos laicales que han desarrollado su propio método. Gracias a Dios, hay una enorme variedad, de modo que cada uno puede escoger aquel tipo de retiro que más se ajusta a sus necesidades. El que propongo desde El Rincón de Gundisalvus es un retiro muy abierto en el que haya mucho tiempo para el encuentro y el diálogo, pero también momentos de oración y celebración. Dependerá de los participantes la posibilidad de seguir organizando periódicamente otros retiros. Lo que importa es comenzar. También aquí se puede aplicar el verso machadiano: “Se hace camino al andar”.

Marcados por un ritmo muy acelerado, necesitamos de vez en cuando detenernos, respirar hondo, preguntarnos en qué dirección estamos caminando, qué valores sustentan nuestra vida, a quién seguimos, por qué lo hacemos, cómo podríamos mejorar nuestro camino. Necesitamos escuchar la invitación de Jesús que nos dice: “Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco” (Mc 6,31). Ese venid a un sitio apartado no significa alejarnos de la vida, sino contemplarla desde su centro. Un buen retiro no es el que nos empuja a escapar de nuestras obligaciones, sino el que nos da nueva energía para asumirlas con sentido. Hay un himno litúrgico que describe muy bien esta dinámica del alejamiento-presencia, soledad-compañía. Os dejo con él y os animo a pensar en la posibilidad de encontrarnos en febrero.

No vengo a la soledad
cuando vengo a la oración,
pues sé que, estando contigo,
con mis hermanos estoy;
y sé que, estando con ellos,
tú estás en medio, Señor.

No he venido a refugiarme
dentro de tu torreón,
como quien huye a un exilio
de aristocracia interior.
Pues vine huyendo del ruido,
pero de los hombres no.

Allí donde va un cristiano
no hay soledad, sino amor,
pues lleva toda la Iglesia
dentro de su corazón.
y dice siempre «nosotros»,
incluso si dice «yo». Amén.

martes, 22 de enero de 2019

Hablar es un acto creativo

Estoy escribiendo el texto de una conferencia que tengo que pronunciar en Ávila la próxima semana. Es una tortura. Me gusta escribir y me gusta hablar. Lo que no me gusta es tener que hablar (es decir, leer) un texto escrito previamente. Casi nunca lo hago. Esta vez haré una excepción a requerimiento de los traductores. Escribo el texto en italiano porque, dado que se trata de un encuentro europeo, parece que para los traductores es más fácil hacer su tarea a partir de la lengua de Dante. No es lo mismo escribir un texto para ser leído en privado (como sucede con una novela, por ejemplo) que para ser leído en público (una conferencia o una homilía). En el primer caso, el autor utiliza un registro en cierto sentido intemporal; en el segundo, es determinante el contexto en el que se lee.

Hablar es siempre un acto creativo que no puede atenerse a un texto cerrado. Cuando hablamos nos estamos dirigiendo a una persona o a un público al que vemos. Mientras hablamos, están sucediendo cosas a nuestro alrededor. Hablar no es un hecho inmóvil sino un evento en ebullición. ¿Quién no ha tenido la experiencia de comenzar a hablar y, a medida que el discurso avanzaba, ir descubriendo elementos que no figuraban en la intención inicial?

Creo que entre leer un texto previamente escrito y hablar con espontaneidad hay la misma diferencia que entre comer un menú precocinado y degustar una comida preparada para la ocasión. Es muy probable que el texto escrito sea formalmente más ordenado, preciso y hasta bello, pero no se hace cargo de las vibraciones que transmiten las personas que lo escuchan. El buen orador no presta atención solo a las ideas que quiere transmitir sino, sobre todo, a las personas a quienes se dirige. En realidad, todo buen discurso es un acto comunicativo y, por lo tanto, bidireccional. No basta con decir. Hay que escuchar, aunque a menudo este escuchar sea más implícito (mediante el lenguaje no verbal) que explícito (a través de palabras). 

Una de las críticas frecuentes que los fieles hacen a las homilías de los sacerdotes es que se trata de comunicaciones “en el aire”, que lo mismo podrían decirse a una comunidad que a otra, que no tienen en cuenta la situación concreta de las personas que escuchan. La capacidad de sintonizar e interactuar con un grupo de personas en un espacio y tiempo determinados es algo reservado al lenguaje oral. Por eso, resulta tan difícil escribir un texto sin saber quién lo va a leer o escuchar. Ya sé que hay escritores –los clásicos– que escriben para la posteridad y que, por tanto, están más allá de las coordenadas espacio-temporales. No es mi caso. Yo necesito pensar siempre en un interlocutor. Yo necesito hablar, no simplemente leer. A veces, es posible compaginar ambas operaciones con un poco de garbo.

Incluso las entradas diarias en este blog, aparentemente neutras, se dirigen siempre a alguien. Cada vez que escribo sobre un tema concreto me imagino dialogando con algunos de mis amigos a quienes, por alguna razón, les puede interesar lo que escribo. Sin este ejercicio mental, la escritura me resultaría completamente abstracta e insustancial. De hecho, comencé el blog con la intención expresa de mantener un diálogo en línea con los amigos con quienes me gusta hablar de lo divino y de lo humano cara a cara. Algunos de ellos reaccionan de vez en cuando mediante comentarios escritos en el mismo blog o en Facebook. La mayoría no expresan su opinión, con lo que el diálogo se queda a medias, pero no abortado porque a veces la intuyo. 

Escribo estas cosas cuando faltan solo cinco días para llegar a las 1.000 entradas, momento en el que El Rincón de Gundisalvus se cerrará, pero de esto hablaremos más adelante. Ahora lo que me urge es rematar el texto de Ávila y ultimar la preparación de las actividades que tendré fuera de Roma durante las dos próximas semanas. Una de ellas tiene que ver con algunos lectores del blog. Me refiero al retiro programado para el primer fin de semana de febrero. Pero de esto hablaremos también en el momento oportuno. Mientras tanto, disfrutemos del mal tiempo que se anuncia para los próximos días. Es una preparación para afrontar con gallardía otros malos tiempos sociales y eclesiales.