jueves, 15 de diciembre de 2016

Lo esencial es invisible a los ojos

La frase “lo esencial es invisible a los ojos” se encuentra en el capítulo 21 de El principito, la conocidísima obra de Antoine de Saint-Exupéry que todo estudiante de francés tenía que leer, traducir y comentar en mis años de bachillerato. En este capítulo, el principito, que está explorando la Tierra, se encuentra con un zorro. Empiezan a conversar. Acaban haciéndose amigos. Al cabo de un tiempo, el zorro le revela al principito su secreto: “Solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos”. La última frase se ha convertido en un eslogan. Uno la encuentra tatuada en el cuerpo de algunas personas, expuesta en paredes como pintada contracultural y citada por literatos, artistas y filósofos que quieren invitarnos a ir más allá de las apariencias en esta sociedad de la imagen. También se ha usado, por supuesto, para hablar de Dios: la realidad más esencial de la vida y, al mismo tiempo, la más invisible. Yo me voy a limitar a un breve comentario prenavideño.

En estos días que preceden a la Navidad muchas familias montan en casa sus nacimientos y árboles. Lo mismo hacen las comunidades religiosas y otras instituciones. Es una forma de anunciar que “las fiestas” (como muchos dicen ahora) están próximas. Luego llegarán los “belenes vivientes”, las cabalgatas de los Reyes Magos, etc. Como vivimos en una cultura audiovisual, queremos que todo se pueda ver, oír y tocar. Nos parece más auténtico, menos increíble. No basta con decirles a los pequeños de la casa que los Reyes Magos los visitarán en la madrugada del 6 de enero sino que hacemos lo posible para que puedan ver y tocar a los Reyes que presentan El Corte Inglés o el ayuntamiento de turno. Esto, en realidad, acaba matando la magia de la fiesta. Como dice el periodista argentino Alejandro Dolina, “no comprenden estas personas que es cien veces más verosímil un personaje que no se ve jamás y tiene la apariencia de nuestros sueños que un cualquiera pintado de negro, que se ha puesto el batón de nuestra abuela, se parece al tío Raúl y huele a cerveza”. Un niño puede creer sin problemas en una figura que no ve. Es más, eso es lo que dispara sus sueños. Los niños saben muy bien que “lo esencial es invisible a los ojos”. Nadie como los niños tiene la capacidad de abrirse al misterio. Cuando queremos hacerlo demasiado visible, lo banalizamos. El misterio queda reducido a mero acertijo. Hay Reyes Magos que son un verdadero esperpento, el método más rápido de arruinar la belleza de la infancia. Y quizá de vacunarnos de por vida contra la belleza de lo invisible. 

Claudio Baglioni interpreta una versión del Cántico de las criaturas de Francisco de Asís, el iniciador de la tradición de escenificar el nacimiento de Jesús. 


1 comentario:

  1. He liedo este blog, condetenimiento y gozo,me encanta saber que hay otros seres que plasman cosas tan una sutileza tan elevada. galvida75@gmail.com, ojala un dia nos visites en Seattle.

    ResponderEliminar

En este espacio puedes compartir tus opiniones, críticas o sugerencias con toda libertad. No olvides que no estamos en un aula o en un plató de televisión. Este espacio es una tertulia de amigos. Si no tienes ID propio, entra como usuario Anónimo, aunque siempre se agradece saber quién es quién. Si lo deseas, puedes escribir tu nombre al final. Muchas gracias.