martes, 2 de julio de 2024

La revista


Acabamos de sacar el número de julio-septiembre de “la revista”. En la redacción no la llamamos por su nombre. Decimos simplemente “la revista”. Nos estamos refiriendo a la revista mensual Vida Religiosa, de la que soy director desde hace casi un año. Cuando llega de la imprenta y comienza su distribución a los subscriptores... respiramos aliviados. Es el último eslabón de una cadena que empieza por la programación de cada número y sigue por el contacto con los articulistas, la revisión de los originales, la maquetación y la impresión. 

Cada mes asistimos a un rápido proceso de gestación y alumbramiento. Hay seis firmas que son fijas todo el año: tres hombres y tres mujeres. Otras van cambiando según las diferentes secciones. Combinamos los artículos de reflexión con la narración de experiencias, las entrevistas, los temas de actualidad y las sugerencias bibliográficas. Incluimos también una propuesta para el retiro mensual de las comunidades y para su formación permanente. Los meses de verano nos tomamos un respiro. En total, publicamos diez números mensuales al año más cinco monográficos que abordan temas de fondo de una manera más extensa.


Es probable que a muchos de los que os asomáis a este Rincón no os importen demasiado estos detalles. Sin embargo, es bueno saber cómo sobrevive una revista impresa dirigida a las personas consagradas en tiempos de eclosión digital. No es una coyuntura fácil. Cada vez que se cierra una casa religiosa (lo que sucede muy a menudo), perdemos una subscripción. Son más las bajas que las altas. En cualquier caso, todavía se cuentan por miles las comunidades religiosas de Europa y América que reciben mensualmente la revista. 

Para el equipo que la confeccionamos, constituye una gran responsabilidad acompañar de cerca esta desafiante etapa de la vida consagrada. Frente a la tentación de pesimismo, debemos ofrecer razones para la esperanza. Frente a la impresión de que todo se acaba, debemos narrar experiencias de vida. Es verdad que hoy cada vez se lee menos y que los medios impresos están perdiendo terreno con relación a los digitales, pero eso no significa que no puedan convivir ambos si saben responder a necesidades específicas.


Confieso que cerrar el número de julio produce alivio porque el siguiente será ya en otoño. La portada que hemos elegido para este número veraniego transmite belleza y sosiego, dos ingredientes que nos parecían imprescindibles para afrontar el periodo vacacional. No hace falta suscribir aquello de que “la belleza salvará el mundo” -como sostenía Dostoyevski- o reconocer que vivimos en la sociedad de la prisa para reivindicar el poder terapéutico de la belleza y el sosiego. Basta apelar a nuestra propia experiencia. La barquita varada en la arena sobre un fondo de cielo rojizo habla por sí misma. A veces, tenemos que echar el ancla y dejar de navegar para recomponernos un poco. Es el mensaje que hemos querido transmitir a los miles de lectores de “la revista”. 

Nosotros no ofrecemos reportajes sobre los famosos (celebrities dicen ahora) ni alimentamos el cotilleo. Nos limitamos abrir los ojos, ver lo que pasa, contarlo y sugerir algunas pistas para el futuro. Una de ellas nos la ofrece el padre Mathew Vattamattam, superior general de los claretianos, a quien hemos entrevistado en el número de julio coincidiendo con el 175 aniversario de la fundación de nuestra congregación. Tendré ocasión de escribir sobre esta efeméride en los próximos días. Sus palabras resultan proféticas en el contexto de polarización en el que vivimos: “Hoy estamos llamados a integrar, no a separar”. ¡Pues eso!



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