domingo, 19 de febrero de 2023

Dios es exagerado


¿Hay algo en el campo moral que nos distinga a los cristianos de otros seres humanos? Es difícil responder a esta pregunta. Sin embargo, algunos no cristianos (como, por ejemplo, Gandhi) se han sentido muy atraídos por unas palabras de Jesús que leemos en el evangelio de este VII Domingo del Tiempo Ordinario. A pesar de que a nosotros nos resultan muy conocidas, siguen conservando su fuerza profética: “Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos”. No es fácil comprender el alcance de estas palabras de Jesús. 

En general, a lo más a lo que llegamos es a amar a los que nos aman y a devolver los favores que recibimos. Pero eso no tiene gracia. Lo hacen casi todas las personas de buena voluntad. Jesús lo había observado mirando cómo reaccionaba la gente de su tiempo: “Si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles?”. Lo que Jesús propone es excesivo. Un verdadero cristiano es siempre una persona excesiva, alguien que va más alá de lo que se espera de ella.


No tengo la impresión de que la gente nos reconozca por esto. A menudo somos tan vengativos y mezquinos como la mayoría. Cuando el resentimiento o el odio se apoderan de nuestro corazón, somos incapaces de ir más allá. De poco sirve que nos consideremos cristianos. Buscamos por todos los medios hacer un ajuste de cuentas, cuando no una venganza pura y dura. Nos parece que hasta que no restablezcamos el orden, las cosas no van a ir bien. Lo he observado en conflictos familiares, en disputas entre amigos o cónyuges, e incluso en relaciones institucionales. 

No es frecuente encontrar a cristianos que sepan perdonar las ofensas e ir más allá. Jesús pone ejemplos que podían entender muy bien las personas a las que se dirigía: “Si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también el manto; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas”. Son formas hiperbólicas de decir: “No te conformes con lo mínimo. No reduzcas el amor a un simple do ut des (te doy para que me des). Sé descaradamente exagerado”.


¿Por qué los seguidores de Jesús estamos llamados a ser “exagerados”? No porque tengamos poderes especiales o porque queramos presumir de nuestras fuerzas. Se nos invita a ser perfectos/misericordiosos “porque vuestro Padre celestial es perfecto”. La razón última de esta exageración ética tiene que ve con nuestra imagen y experiencia de Dios. Si Él, que tendría incontables motivos para desechar a los seres humanos que no responden a su amor, que “hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos”, que nos acepta a cada uno con todas nuestras limitaciones, ¿quiénes somos nosotros para andar por la vida con tacañería, midiendo cada pequeño favor que hacemos? 

Porque Dios es exagerado en su amor, sus hijos e hijas estamos también llamados a ser exagerados. Todo lo que viene de Dios es exagerado: el universo gigantesco, la naturaleza exuberante, la entrega de su Hijo. Somos los hijos exagerados de un Padre exagerado. Es difícil hacer compatible esta exageración con el principio capitalista del “máximo beneficio con el mínimo coste”, pero en ninguna parte se dice que Dios sea capitalista. Se dice, más bien, que es un Padre derrochador. 

sábado, 18 de febrero de 2023

Algunos hombres buenos


Estoy ya en Madrid después de una escala de tres horas en Abu Dhabi. Estaba deseando pasar del calor al frío, pero me he encontrado con un día casi aceptable. Antes de embarcar en Bangalore, curioseé en una de las librerías del aeropuerto. Encontré los típicos libros de usar y tirar. Anoté algunos títulos: “Cómo perder peso en vez de perder la mente”, “¿Por qué soy hindú?”, “Aprende a meditar”, 
“Caminos inteligentes para lidiar con gente difícil”, “Todo está jodido. Libro sobre la esperanza”, “El más grande libro de autoayuda es el escrito por ti”, “De Hollywood al Himalaya. Un viaje de curación y transformación”, etc. 

Me sorprendió un libro pequeño escrito por una persona a la que admiro, el científico y político Abdul Kalam (1931-2015), una de esas personas que soñó con la transformación de la India en un país desarrollado sin perder su alma. El libro se titula “My Journey. Transforming Dreams into Action” (o sea, “Mi viaje. Transformar los sueños en acción”). Era una especie de autobiografía escrita al llegar a la altura de los 80 años. No lo compré, pero estuve ojeándolo un buen rato. Necesitamos contar historias de personas prominentes que son también sensatas y buenas. Estamos tan saturados de noticias que hablan de políticos corruptos, curas abusadores, artistas escandalosos y deportistas violadores, que cuando conocemos la historia de un hombre o una mujer que se han esforzado por buscar la verdad y han sido fieles a ella, respiramos hondo.


En la clase política india abunda la corrupción. La BBC acaba de producir un reportaje en el que documenta casos llamativos en los que está implicado el primer ministro. Los medios de comunicación social de la India apenas se han hecho eco porque están controlados por los tentáculos económicos del BJP, el partido nacionalista hindú que está en el poder liderado por Narendra Modi. ¿En qué país no hay alianzas entre la política, la economía y la prensa? Como nos hemos acostumbrado a que esto sea así y nos cuesta imaginar que deje de serlo, llama más la atención el caso de un político competente, popular y honrado. 

Algunos de sus discursos podrían pasar a la historia como pasaron los de Gandhi, Martin Luther King o Nelson Mandela. Por otra parte, mostraba un respeto enorme a las demás religiones porque consideraba que constituían un tesoro de humanidad que había que preservar y promover. Rara era la vez en que, en sus discursos, él que era musulmán, no hiciera referencia a algún pasaje del Nuevo Testamento o a enseñanzas de la tradición hindú o budista. ¡Parecido a lo que hacen nuestros políticos actuales, que a menudo serpean por el suelo de la vulgaridad y los extremismos!


¿Por qué hay personas como Abdul Kalam? Porque poseen una interioridad tan rica que no necesitan refugiarse en el poder o el dinero. Es más. Esas pasiones humanas les parecen casi de mal gusto. Son personas a las que ningún cheque puede comprar, personas libres que, una vez cumplida su misión, se retiran con la misma sencillez con que la empezaron. No necesitan que les rindan pleitesía. No acuden a restaurantes caros, ni viajan en coches de lujo, ni vacacionan en paraísos reservados a los privilegiados. Su riqueza personal no se puede comprar con dólares. ¿Hay algún lugar donde se venda la sabiduría, la integridad o la sencillez? Estas son las personas por las que yo siento admiración. 

No tengo, en principio, nada contra los artistas y deportistas de moda, ni contra los empresarios que facturan millonadas, ni contra las personas que viven de llenar las páginas del papel cuché, pero casi nunca me dicen nada. Son estrellas fugaces. Brillan un momento y desaparecen. Admiro más bien a gente como Abdul Kaman que, sin buscar la fama, se convierten en verdadera “luz del mundo”. Estoy seguro de que si los niños y jóvenes conocieran más vidas como estas (lo que antaño se llamaba “vidas ejemplares”) no se sentirían tan seducidos por los youtubers que tienen cuentas millonarias o por muchos personajes famosos que basan todo en una inteligente explotación comercial de su cuerpo o de sus habilidades.

Frases de Abdul Kalam

1. "Todas las aves se refugian cuando llueve. Pero el águila evita la lluvia volando por encima de las nubes".

2. "No descanses después de tu primera victoria porque si fracasas en la segunda, más labios te esperan para decir que tu primera victoria fue sólo suerte".

3. "No todos tenemos el mismo talento. Pero todos tenemos las mismas oportunidades de desarrollar nuestros talentos".

4. "Tienes que soñar antes de que tus sueños se hagan realidad".

5. "El fracaso nunca me alcanzará si mi definición de éxito es lo suficientemente fuerte".

6. "No soy guapo, pero puedo dar la mano a alguien que necesita ayuda. La belleza está en el corazón, no en la cara".

7. "Los mejores cerebros de las naciones pueden encontrarse en los últimos bancos de las aulas".

8. "No puedes cambiar tu futuro, pero, puedes cambiar tus hábitos, y seguramente tus hábitos cambiarán tu futuro".


viernes, 17 de febrero de 2023

Sí hay salida


No es fácil ser fiel a la cita diaria con este Rincón cuando uno tiene que estar viajando de un sitio para otro o no dispone de buena conexión a Internet. Ayer me vine de Cochin (Kerala) a Bangalore (Karnataka) en un vuelo que salía a las 7 de la mañana, así que no tuve más remedio que pegarme un buen madrugón. Llegué a Bangalore diez minutos antes de lo previsto con una agradable temperatura de 16 grados. El camino del aeropuerto al complejo educativo Jalahalli, que normalmente dura unos 40 minutos, nos llevó casi dos horas porque la policía desvió el tráfico a causa de la exhibición aérea internacional que se está llevando a cabo estos días en Bangalore. 

Con todo, me dio tiempo a recorrer todas las instituciones educativas que los claretianos tenemos en ese complejo, desde preescolar hasta universidad. Unos 9.000 estudiantes desfilan cada día por sus aulas, Saludé a los más pequeños en algunas clases y tuve un breve encuentro con un grupo de universitarios que me invitaron a acompañarlos en un evento que tendría lugar por la tarde, pero no fue posible. Tras el almuerzo, me trajeron a la sede provincial desde donde escribo esta entrada horas antes de viajar de regreso a Madrid.


Como cada día, después del desayuno he echado una rápida ojeada a algunos periódicos digitales. Los ríos bajan revueltos. Abundan las noticias negativas. No es recomendable acercarse a la actualidad si uno tiende al pesimismo. Yo procuro tomar las cosas con distancia. Aunque lo que se cuenta se aproxima a la verdad, no es toda la verdad. Gracias a Dios, la vida es más rica y compleja que su reflejo en los periódicos. Mientras rusos y ucranianos se matan a pocos días de cumplirse el primer año del comienzo de la guerra, millones de personas salen cada mañana de sus casas para cultivar los campos o cuidar a los animales, hacer pan, vender alimentos en los supermercados, trabajar en la industria y en el comercio, atender a los enfermos en clínicas y hospitales, dar clase a los alumnos en escuelas y universidades, manejar barcos, trenes, aviones y autobuses y ofrecer multitud de servicios a los ciudadanos en innumerables oficinas, talleres, tiendas e iglesias en todo el mundo. La máquina de la vida funciona con más energía y regularidad que la máquina de la muerte. Por eso estamos vivos y seguimos caminando un día más.

Quienes solo buscan su propio interés, quienes aspiran a ser famosos pisando a los demás o quienes se mueven siempre en la cuerda floja de la mentira y la corrupción, tendrían que saber que ese camino nunca lleva lejos, aunque ellos se sientan omnipotentes. Lo tendría que saber el dictador nicaragüense Daniel Ortega, que ha expulsado del país a muchos opositores y quitado la nacionalidad y las propiedades a otros. Y lo tendrían que saber los dirigentes políticos de algunos países que no dudan en mandar a su gente a la guerra mientras ellos viven como crápulas. La historia brinda innumerables ejemplos pasados y actuales de finales horribles (desde Hitler a Sadam Hussein o Gadhafi), pero parece que ellos nunca aprenden la lección.


Lo que leemos en las lecturas de hoy nos da la clave de interpretación. Los cristianos tenemos la gran suerte de contar con la brújula o la linterna de la Palabra de Dios para no perdernos en este mar proceloso. El mito de Babel (primera lectura) no tiene desperdicio. Su fantasía oriental nos ayuda a entender lo que está pasando hoy desde la sabiduría de lo que pasó ayer. Frente a quienes aspiran a “construir una ciudad y una torre que alcance el cielo, para hacernos un nombre”, Dios responde deshaciendo sus planes: “Puesto que son un solo pueblo con una sola lengua y esto no es más que el comienzo de su actividad, ahora nada de lo que decidan hacer les resultará imposible. Bajemos, pues, y confundamos allí su lengua, de modo que ninguno entienda la lengua del prójimo”. El salmo 32 (salmo responsorial) es todavía más contundente: “El Señor deshace los planes de las naciones, / frustra los proyectos de los pueblos; / pero el plan del Señor subsiste por siempre; / los proyectos de su corazón, de edad en edad”.

Cada vez que la humanidad se envalentona y pretende hablar con la lengua común del orgullo y la autosuficiencia, Dios crea la confusión. La unidad que él quiere no se basa en el poder de los fuertes, en una globalización del dinero, sino en el poder suave del amor. Por si hubiera alguna duda, Jesús mismo se encarga de explicarlo en el Evangelio: “¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma?”. Ese “¿de qué le sirve?” (quid prodest?) admite tantas variantes como situaciones humanas. Fue decisivo en el cambio de rumbo que vivieron san Francisco Javier, san Antonio María Claret y muchos otros. ¿De qué te sirve ganar mucho dinero si lo has hecho a base de privilegios y de trampas y no tienes la conciencia tranquila? ¿De qué te sirve mirar a los demás por encima del hombro si morirás como todos y serás completamente olvidado? ¿De qué te sirve lograr la aprobación de todos si te estás engañando a ti mismo?

Casi todo por lo que luchamos en la vida es perfectamente efímero y en muchos casos nocivo. ¿Eso significa que no hay salida? Jesús indica con claridad el camino: “Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque, quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará”. Perder la vida por Jesús y por el Evangelio (es decir, amar a todos y en cualquier circunstancia) es el único camino que tiene futuro. Daniel Ortega, Vladimir Putin, Bill Gates, Xi Jinping y Joe Biden deberían saberlo. Y nosotros también.

miércoles, 15 de febrero de 2023

Donde hay pasado, hay futuro


Quizá tendría que haber escrito algo ayer sobre la celebración popular de san Valentín o sobre la fiesta litúrgica de los santos Cirilo y Metodio, patronos de Europa, pero ni tuve tiempo ni me sentí muy inspirado, así que he preferido esperar hasta hoy para asomarme de nuevo al Rincón. Ayer terminamos nuestro taller sobre liderazgo. Los participantes comenzaron enseguida su éxodo. Quedamos ya pocos en la sede.

Yo he aprovechado la jornada de hoy para viajar a Kuravilangad, la casa madre de los claretianos en India, fundada en 1970. Me he alegrado de saludar a viejos conocidos, orar en el cementerio en el que yacen los ocho primeros misioneros muertos en esta provincia de Santo Tomás, dirigirme brevemente a los 36 seminaristas que cursan estudios en el centro y ver las obras de renovación de la casa llevadas a cabo con motivo del cincuentenario de su fundación. Ahora ya estoy preparando mi maleta porque dentro de unas horas viajo a Bangalore, antes de emprender el vuelo de regreso a Europa.


¿Por qué me atrae tanto la India? Porque, además de ser una tierra con mucho, muchísimo pasado, exuda futuro por todas partes. La gente sueña con que el país mejore (de hecho, lo está haciendo a pasos agigantados), hay ganas de vivir, se apuesta por el futuro. Los problemas son del tamaño del país (es decir, enormes), pero no percibo el pesimismo que se respira en otras partes. Su tradicional espiritualidad les permite afrontar la vida con serenidad y esperanza. 

Yo aprendo mucho cuando vengo por aquí, sin que esto signifique que tenga que imitar sus modos o repetir sus patrones de conducta. Hablando con la gente de aquí, caigo en la cuenta de que algunas de mis convicciones son, en realidad, prejuicios; de que el lugar en el que nacemos y la primera lengua que hablamos condiciona mucho nuestra manera de ver el mundo, hasta el punto de que se convierte en regla para medir todo lo demás. Tomo distancia de lo que me parece obvio y lo pongo en tela de juicio. Escucho y me dejo interpelar. No siempre estoy de acuerdo con todo, percibo también “agujeros negros”, pero eso no cuestiona mi simpatía por el país y sus gentes.


Por otra parte, cansado por dos semanas de trabajo intenso, descubro que casi todo lo que vale la pena exige esfuerzo, que no se recogen frutos cuando no se cultiva la tierra y que es necesario aprender a sacrificarse en la vida. La cultura del mero entretenimiento nos debilita hasta el punto de convertirnos en marionetas o en seres que se arrugan ante las dificultades. La abundancia de medios y oportunidades no siempre es la mejor receta para progresar en la vida. Con frecuencia, quienes nacen teniéndolo todo no crecen como personas, se acostumbran a vivir de las rentas. Quienes, por el contrario, tienen que luchar desde el principio se curten para las batallas de la vida. 

Por eso, me produce tanta preocupación el fenómeno de los niños “hiperregalados” que vivimos en Occidente. ¿Será verdad que proporcionándoles todo se van a entrenar mejor para vivir? Creo que no, pero a veces los adultos necesitamos curar nuestra mala conciencia dando a las generaciones que vienen lo que nosotros no pudimos tener en su momento. Queriendo hacerles un bien, a veces debilitamos mucho su sistema inmunitario. No nos extrañemos luego de que cualquier virus los amenace y de que les cueste tanto comprometerse de por vida.


lunes, 13 de febrero de 2023

Navegando la incertidumbre


Navegar por un río ancho y silencioso es una de esas experiencias que no están a nuestro alcance todos los días. Ayer pude hacerlo durante una hora por el río Periyar, el más largo y caudaloso de Kerala. Como estaba previsto, después de celebrar en nuestra sede la misa dominical, nos pusimos en camino hacia el Carmel Garden, que es un recinto ecológico gestionado por los CMI, una congregación fundada en la India en 1855. Recorrimos a pie las diversas secciones y luego, acompañados por un guía local, nos internamos en la selva para hacer un recorrido a pie. Por desgracia o por fortuna, no nos encontramos con ninguna manada de elefantes. El guía nos aclaró que a mediodía suelen buscar sitios más frescos que los que nosotros recorrimos. 

Aunque estamos en la estación seca, el verde de la vegetación cubría todo como una especie de manto protector. Tras el almuerzo, regresamos al río para hacer un trayecto en barco equipados con nuestros chalecos salvavidas. Pudimos contemplar las aves que volaban cerca de nosotros y también algunos alces que se acercaron a beber a la ribera y que, en cuanto notaron nuestra presencia, huyeron atemorizados. Aunque a algunos de mis compañeros les dio por cantar y bailar a ritmo de una música machacona, yo preferí dejarme embriagar por el silencio de la naturaleza y de vez en cuando hacer alguna foto.


Para quienes vivimos en una ciudad grande, este contacto directo con la selva tropical tiene algo de curativo. Respiré lentamente, contemplé las dos colinas que se dibujaban en el horizonte y disfruté con la estela de espuma que iba dejando el barco a medida que se deslizaba por un río manso y verdoso. De vuelta a casa, tras casi un par de horas en autobús, comprendí que de vez en cuando necesitamos desconectar para volver a conectarnos con más fuerza. El calor fue intenso durante las horas centrales del día, pero lo sobrellevamos bien. Después de cenar, caí rendido en la cama, así que esta mañana me ha costado levantarme temprano como solemos hacer aquí. 

Hoy es el penúltimo día de nuestro taller. Lo dedicaremos íntegramente al discernimiento. ¿Cómo ayudar a nuestros hermanos a discernir la voluntad de Dios en las complejas situaciones de la vida actual? No es nada fácil, pero no podemos renunciar a ello. Mientras ultimo algunos detalles de mi presentación, caigo en la cuenta de que, aunque vivimos en un mundo globalizado y, por tanto, interdependiente, Asia todavía conserva un modo original de ver las cosas que no está contaminado ni por el escepticismo europeo ni por el consumismo americano. Se nota el peso de su multisecular historia. Cree en la dimensión trascendente de la vida y disfruta de las cosas sencillas. Se guía por valores estables, aun cuando existan también graves incongruencias que saltan a la vista. No importa que uno sea un gran experto en informática, un cultivador de arroz o un misionero rural. También esto es un ejercicio de discernimiento.


Lo que está desangrando poco a poco a Europa no es el progreso científico y técnico ni tampoco el estado social del bienestar. Ambos son avances innegables. Es algo más sutil que solo se percibe bien cuando uno toma distancia y se desengancha un poco del día a día. Es la cultura del “todo da igual”, del “sálvese quien pueda” y del “a vivir, que son dos días”. Ese cóctel de relativismo, egocentrismo y hedonismo, presentado a veces como expresión de libertad y madurez, es una pócima que conduce irremediablemente a la decadencia. Podemos todavía reaccionar, pero me temo que no será fácil remontar la pendiente nihilista de la historia. Los creyentes en Jesús no tendríamos que cansarnos de intentarlo mediante una vivencia fresca y compartida del Evangelio; o sea de una buena noticia que nunca pierde actualidad porque siempre conecta con las aspiraciones más profundas de los seres humanos, por más que muchos tengan la impresión contraria.

Cuando he compartido estas cosas con algunos de mis amigos, me han tildado de pesimista, a sabiendas de que por temperamento soy un optimista incorregible. Pero no creo que se trate de un estado de ánimo bajo, sino de una constatación, del fruto de un discernimiento hecho a lo largo del tiempo y contrastado una y otra vez con bastantes personas.

Eso no significa -¡faltaría más!- que no haya muchas semillas de vida, muchas experiencias de búsqueda y solidaridad, mucha gente excepcional y generosa, signos de insatisfacción frente al materialismo y expresiones de inquietud espiritual. Se refiere, más bien, a una etapa histórica, al cansancio producido por una cultura que ya no cree en altos ideales que justifiquen la entrega de la propia vida y que tampoco cree, por supuesto, que la existencia humana esté llamada a una vida plena más allá de la muerte. 

Es verdad que seguimos esforzándonos por afrontar las batallas diarias de la vida familiar, del trabajo y de la integración social. Pero a menudo lo hacemos más por instinto de supervivencia y por rutina que como expresión cabal de la alegría de vivir. Es como si no nos quedara más remedio que hacerlo, aunque no sepamos bien por qué lo hacemos, para quién lo hacemos y qué beneficios nos va a reportar a  medio y largo plazo. 

Algo de esto pensé ayer mientras navegábamos por el río Periyar. Puedo estar perfectamente equivocado, pero el río no acostumbra a mentir.



domingo, 12 de febrero de 2023

¿Fuego o agua?


Hay que elegir entre el fuego y el agua. En este VI Domingo del Tiempo Ordinario la Palabra nos invita a tomar una postura ante nosotros mismos, ante la vida y, en definitiva, ante Dios. No podemos pasar el tiempo poniendo una vela al diablo y otra al Creador. Una de las experiencias que más nos desgasta es precisamente la indefinición con la que a menudo vivimos. Queremos una cosa y su contraria. Nos gusta creer, pero disfrutamos las mieles de una vida concebida de tejas abajo. Apreciamos los valores del Evangelio, pero no le hacemos asco a las ganancias del mundo. El resultado es un corazón dividido que nunca tiene la sensación de estar a lo que está, que no se siente en casa, que no acaba de experimentar a Dios como el tesoro de la vida.


Escribo a toda prisa estas líneas porque dentro de unos minutos salimos en autobús hacia una zona montañosa con cascadas de agua. Hoy domingo es nuestro día libre. En realidad, lo comenzamos ayer por la tarde con una preciosa velada en el colegio St. Xavier que llevamos los claretianos. Nos dimos cita a las 6. Durante más de una hora, alumnos y profesores fueron trenzando un programa a base de danzas tradicionales y modernas (“made in Bollywood”) y algunos cantos y mensajes por nuestra parte. 

Felicité a los chicos y chicas porque actuaron como profesionales, con una pasión y una alegría que contagiaron a todo el público. Hacía tiempo que no veía a un grupo tan entregado a su tarea. Rematamos la jornada con una cena en el mismo auditorio en el que tuvimos la velada. Regresé a casa cansado, pero contento de haber vivido un momento distinto dentro del programa intenso que estamos siguiendo estos días.


No sé cómo agradecer todas las posibilidades que la vida misionera me ha dado de entrar en contacto con gentes diversas de todo el mundo.
Estoy convencido de que no sería el mismo sin estos encuentros. Muchas de mis convicciones acerca de la fe cristiana y de la vida en general son fruto de esta mezcla saludable. He puesto en crisis algunas creencias que, en realidad, eran fruto de mi formación infantil. He dilatado el horizonte. He comprendido que los seres humanos, aunque a primera vista somos muy diversos, padecemos los mismos desequilibrios y nos entusiasmamos por las mismas cosas. 

Y, sobre todo, he comprobado que la fe en Dios trasciende fronteras y culturas. Cuanto más nos acercamos a Él, más cerca nos encontramos de todos los seres humanos. Cuanto más nos alejamos del centro, más se encienden las luces rojas de la xenofobia, la incomprensión, el desprecio y hasta la violencia.

sábado, 11 de febrero de 2023

Una misa diferente


Este sábado me he levantado, como todos los días, a las 5,30. Media hora más tarde, en siete vehículos, nos hemos dirigido a la cercana parroquia de Little Flower dedicada a Santa Teresa de Lisieux. Hemos tardado solo un cuarto de hora en llegar. Me imagino que para la gente que participaba en la misa matutina del sábado habrá sido una sorpresa el hecho de haber encontrado a 30 sacerdotes de varios países celebrando la Eucaristía. Nos hemos trasladado ahí por una razón. Uno de nuestros compañeros indios, que trabaja como misionero en Macau (China), perdió a su anciana madre hace exactamente tres años, el 11 de febrero de 2020. Dadas las fuertes restricciones que entonces había en China por razón de la pandemia de Covid, no pudo viajar a la India para participar en el funeral de su madre. Hoy, en compañía de toda su familia y de todos nosotros, ha presidido una misa por su eterno descanso. De esta manera, como él mismo decía, se ha cerrado un duelo que ha durado tres años.

Después de la misa hemos visitado el cementerio parroquial, contiguo a la iglesia, para orar ante la tumba de su madre. Todo ha durado alrededor de hora y media. Era la primera vez que algunos de mis compañeros de Indonesia, Filipinas y Corea participaban en una misa en rito siro-malabar. Les han sorprendido algunas cosas, pero todos han admirado la participación de los fieles y la belleza de la celebración.


Durante el desayuno hemos hablado sobre la importancia de la liturgia en la vida cristiana y sobre la variedad de ritos que hay en la Iglesia Católica. A lo largo de mi vida como sacerdote, he podido celebrar la Eucaristía en cinco ritos: romano (la mayor parte de las veces), ambrosiano (en la diócesis de Milán), mozárabe (en la diócesis de Toledo), siro-malabar (en Kerala, India) y congoleño (en la República Democrática del Congo), aunque este último no es un rito en cuanto tal, sino un “uso congoleño” del Misal Romano aprobado por la Santa Sede. Algunos que han vivido en los Estados Unidos bromeaban sobre un inexistente “rito americano” en el que el cura es una especie de showman que busca, sobre todo, entretener a la asamblea para que no se aburra demasiado durante la celebración dominical. 

En más de una ocasión he escrito sobre las diversas maneras de celebrar la Eucaristía en los distintos contextos. Hoy quiero volver brevemente sobre este asunto, consciente de que es un terreno minado. Ya dice el socorrido chiste que es más fácil hablar con un terrorista que con un liturgista. Con el primero hay alguna posibilidad de negociar y llegar a acuerdos; con el segundo es sencillamente imposible. Bromas aparte, estamos viendo los muchos problemas que han surgido a propósito de la autorización para celebrar la misa según el misal de Pío V (en la iglesia latina) o las fuertes tensiones litúrgicas que han estallado también en la iglesia siro-malabar.


¿Por qué ponemos tanta pasión en las cuestiones litúrgicas? A veces, es por razones culturales, políticas e incluso económicas y de poder. No hay que espiritualizar demasiado. Defender un rito implica a menudo defender una ideología, una lengua, un territorio o un modo de ser. Pero hay una razón más profunda. Se suele decir que “lex orandi, lex credendi”. Este axioma podría traducirse libremente así: “Dime cómo oras y te diré en qué crees”. La liturgia es una expresión de nuestra fe. La manera de celebrar expresa nuestra manera de creer. No se trata, pues, solo de cuestiones rituales, sino de algo que tiene que ver con nuestra imagen de Dios y con nuestra comprensión de la Iglesia, de la evangelización y del verdadero significado de los símbolos. Para un oriental, por ejemplo, es esencial el sentido del misterio y de la adoración. No entendería la manera como 
suele presidir la misa un cura estadounidense. Le parecería demasiado autocéntrica y teatral. Es probable que al cura americano, el modo oriental le resulte muy lejano, hierático y hasta anacrónico. 

A un africano, el modo europeo le suele parecer rígido, corto y frío. Muchos europeos, por su parte, no entienden que para un africano la música y la danza sean expresiones de fe tan apreciadas. A los curas latinoamericanos les encanta llenar las celebraciones de palabras, explicaciones y símbolos. A un oriental esa abundancia le parece una verborrea innecesaria, una reducción de la liturgia a didáctica y catequesis. 

Todos podemos encontrar muchos defectos en la manera como celebran los demás. ¿Podríamos cambiar de perspectiva para ver de qué manera los otros modos pueden ayudarnos a comprender mejor la riqueza inconmensurable de la liturgia cristiana? Sin necesidad de repetir modos que no nos son connaturales, ¿podríamos aprender algo de los demás y, al mismo tiempo, revisar nuestros excesos o defectos? También en este campo podemos aprender mucho unos de otros. Esa es la conclusión a la que llego. Sabiduría, humildad y apertura son tres condiciones básicas para una liturgia significativa.