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viernes, 29 de abril de 2016

Sevilla tiene un color especial

Ayer terminé el encuentro con los gobiernos de Bética, Portugal y United Kingdom-Ireland. Creo que hicimos un buen trabajo en los dos días de reunión. Al caer la tarde pudimos dar un paseo por el centro histórico de Sevilla, comenzando por la Plaza de España. 

Hay ciudades que se pueden visitar muchas veces sin caer en la rutina. Sevilla es una de ellas. Su pasado esplendoroso (se dice que en el siglo XVI fue quizá la ciudad más floreciente de Europa) ha dejado una pátina indeleble, mezcla de tronío y de una indisimulada chulería. Sevilla es una ciudad que se siente contenta de haberse conocido. Sus detractores dicen que es teatral: mucha fachada y poco contenido. Sus admiradores prefieren decir que exhibe un aspecto bonito para preservar incontaminada su intimidad. No sé. Son discursos que me superan. A un visitante ocasional no se le pueden pedir juicios sumarísimos. Basta dejarse llevar. Si, además, la temperatura es suave y sopla una brisilla que sube del Guadalquivir, entonces la combinación es perfecta. Lo que nadie pone en duda es que Sevilla atrae, embruja. Lo atestiguan los miles de turistas que la visitan cada año.

Contemplando las proporciones de la Plaza de España, construida para la Exposición Universal de 1929, o la silueta de la Giralda –minarete de la antigua mezquita– o el macizo imponente de la catedral cristiana, o la Torre del Oro, o el Palacio de San Telmo… uno tiene la impresión de que la historia no ha quedado reducida a un rincón de museo sino que sigue activa en la vida de la ciudad. No me gustan las ciudades detenidas en el tiempo (las ciudades-museo para contemplación de turistas) sino aquellas que han sabido incorporar el pasado al presente. En Sevilla todos los siglos son contemporáneos. Uno puede estar tomándose una cerveza... en pleno siglo XVI. Esta continuidad da a Sevilla un aire tradicional abierto siempre a las innovaciones.

Si esta meditación peripatética termina con una cena sobria, a base de "pescaíto frito", en un restaurante de Triana mientras en un bar cercano un grupo de aficionados corea los goles del Sevilla al Shakhtar, entonces se puede decir que Sevilla tiene un color especial. Os dejo con la famosa canción de Los del Río y luego con el tema “Sevilla” de Miguel Bosé. Espero satisfacer así dos gustos musicales muy distintos. Las sevillanas tendrán que esperar una ocasión mejor.