viernes, 25 de septiembre de 2026

Recordar para cambiar


El papa León XIV ya ha llegado a Francia para un viaje de cuatro días. El programa es intenso y variado. La Iglesia francesa vive un momento de renacer espiritual en un contexto larga y fuertemente secularizado. Hay algún paralelismo con lo que vivimos en España, pero también notables diferencias. Me parece que en Francia la cuestión religiosa forma parte del debate intelectual con más hondura y asiduidad que en España. Aquí vivimos un trasfondo de religiosidad popular más extenso y profundo que en Francia. Son afirmaciones demasiado generales, pero ayudan a entender algunos fenómenos propios de cada país. En ambos está creciendo el número de jóvenes y adultos que piden el bautismo. 

La mayoría procede de contextos familiares muy secularizados. Los expertos dicen que buscan en la fe la seguridad que necesitan en un momento histórico de gran incertidumbre. Es difícil sacar el denominador común de historias únicas. Lo que más me llama la atención es que, por más que Europa lleva siglos queriendo pasar página, la pregunta religiosa sigue presente. Por más que la Iglesia salta a los medios de comunicación por casos de corrupción y abusos, Jesús y su Evangelio siguen atrayendo a muchos. ¡Ni siquiera la IA conseguirá apagar la sed de trascendencia!


Voy a seguir de cerca el viaje del Papa a Francia. Espero que sea un revulsivo para la Iglesia francesa, como espero que también lo sea el viaje que hizo a España. Tras el paréntesis del verano, necesitamos volver sobre los mensajes que el Papa nos dejó el pasado mes de junio. En la revista Vida Religiosa dedicamos una buena parte del número de julio a recoger los acentos que más afectaban a la vida consagrada. Espero que hagan lo mismo las diócesis y las parroquias a lo largo del curso pastoral que estamos comenzando. La visita del Papa no se reduce al momento celebrativo. Implica un compromiso sostenido en el tiempo. 

Es verdad que tenemos la impresión de estar saturados de retos, exhortaciones y programas. Es verdad que la rutina de la vida acaba erosionando casi todo. Es verdad que vivimos tan aceleradamente que lo sucedido hace tres meses nos parece casi del siglo pasado. Pero también es verdad que necesitamos volver sobre lo vivido, separar lo urgente de lo importante, atesorar lo que consideremos llamadas de Dios y hacer un esfuerzo por responderlas con generosidad. La vida no es una colección de instantes inconexos, sino un proyecto que tiene metas y etapas. La Iglesia española necesita escuchar otras voces para no enredarse en la madeja de sus asuntos internos. Como se repitió hasta la saciedad durante la visita del Papa, necesita “alzar la mirada”.


En los últimos días, además de la crisis de Ceuta, ha saltado a la prensa el caso de Maricarmen, la anciana de 87 años que fue desahuciada de la vivienda que tenía en alquiler. Varios medios señalan que esta historia marca un punto de inflexión. Es obvio que a ninguna persona de buena voluntad le gusta ver a una anciana saliendo a la fuerza en camilla de la casa en la que vive. Es obvio que tenemos un gran problema social en relación con la vivienda, los alquileres, las operaciones de los fondos buitre, los desahucios, etc. 
Pero es igualmente obvio que en este caso no se cuenta toda la verdad para poder usarlo como símbolo y arma arrojadiza. 

Esto no es justo ni prudente. No podemos utilizar a las personas como carne de cañón para combatir nuestras batallas ideológicas. Abusar de las “historias sensibles” y convertirlas en carnaza mediática es una forma de chantaje afectivo que impide un discernimiento sereno. Quizás la pregunta más de fondo siga sin respuesta: ¿Es la vivienda, ante todo, un “bien social” al que todos tenemos derecho o es un “objeto de mercado” sujeto solo a la ley de la oferta y la demanda? Sin responder honradamente a esta pregunta, será difícil poner en práctica políticas justas y eficaces. Como sucede en otros asuntos, ni el intervencionismo estatal ni la mera libertad del mercado pueden resolver por sí solos un problema que tiene muchas aristas y que tendría que abordarse desde un gran consenso social.

1 comentario:

  1. Me pregunto quién o quienes han y están asesorando a esta señora que después de tantos años “no ha recibido” (eso se dice) ninguna alternativa a su precaria situación.
    Y también me pregunto por qué este desahucio tiene y ha tenido tanto eco, cuando llevamos en el año más de cuatro mil.

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