miércoles, 15 de julio de 2026

En equipo llegamos más lejos


« Le collectif espagnol a submergé le talent individuel français » (El juego colectivo español ha superado al talento individual francés). Así titulaba esta mañana el periódico francés Le Monde en su edición digital lo sucedido ayer en la primera semifinal del Mundial de fútbol. Pude ver solo los últimos veinte minutos del partidazo que se jugó en Dallas, pero me había enterado antes de los dos goles de la selección española por el griterío que salía del parque vecino. Luego los vi repetidos en las redes sociales. 

Cuando era adolescente se decía que en el deporte español había algunas figuras individuales de éxito mundial (Bahamontes, Santana, Paquito Fernández Ochoa, Severiano Ballesteros, etc.), pero que faltaban equipos con talento. Hace ya mucho tiempo que se superó esa etapa individualista. Llevamos décadas con excelentes equipos en fútbol, baloncesto, hockey, waterpolo, balonmano, natación sincronizada y otros deportes. La victoria de ayer en Dallas fue un ejemplo magnífico de lo que se puede conseguir cuando trabajamos juntos en equipo. Para hacerlo, además de contar con individuos valiosos y dispuestos, es necesario crear una fuerte moral de equipo en torno a valores compartidos, tener una estrategia clara y contar con un entrenador que fije los objetivos, anime a los jugadores y les ayude a sacar lo mejor de sí mismos.


Cuando se habla de la importancia de los grupos y equipos, se suele invocar el socorrido proverbio africano: “Si quieres ir deprisa, camina solo; si quieres llegar lejos, camina en grupo”. Esto se puede aplicar a todos los campos de la vida. Si en el ámbito político fuéramos capaces de hacer algo parecido a lo que hacemos en el ámbito deportivo, nuestro país sería admirable. Eso no significa de ningún modo mortificar las diferencias culturales o lingüísticas, sino tener una fuerte moral de país en torno a valores compartidos, consensuar una clara estrategia de futuro y contar con dirigentes nacionales, autonómicos y locales que se pongan de acuerdo sobre los objetivos comunes, animen a los ciudadanos y, empezando con el ejemplo, nos ayuden a sacar lo mejor de nosotros mismos. 

¿Por qué es posible en el deporte y casi imposible en la política y la economía? Mucho me temo que casi todo pasa por la talla moral y la competencia profesional de los dirigentes. Cuando somos dirigidos por personas con pocos escrúpulos y con mediocre preparación, no se pueden esperar grandes logros. Si, a pesar de todo, seguimos avanzando es porque hay muchos “jugadores/ciudadanos” que, esquivando los intereses mezquinos y la incompetencia de algunos dirigentes, siguen contribuyendo con sus iniciativas y su espíritu cívico al bien común. No hace falta citar La ciudad de Dios de san Agustín ni entrar en la polémica suscitada por las declaraciones de monseñor Luis Argüello para reconocer que a menudo es la sociedad la que salva al Estado y no al revés.


El principio cooperativo puede aplicarse también a la sinodalidad eclesial. Caminar juntos ralentiza casi todos los procesos e implica tener en cuenta a los más frágiles, pero es la única manera de llegar lejos. La Iglesia no es una comunidad que tenga que someterse a los tiempos acelerados de hoy, sino una comunidad que aspira a llegar lejos, a mantener viva en el tiempo la memoria de Jesucristo muerto y resucitado. Eso pasa por que –parafraseando el titular del periódico francés– el espíritu comunitario prevalezca sobre los muchos individualismos que suelen darse en comunidades, parroquias y diócesis. 

También en este ámbito se pueden aplicar algunas lecciones  del ámbito deportivo. La moral de equipo nos viene de la acción misteriosa del Espíritu Santo, la estrategia la dibuja el Evangelio. Necesitamos dirigentes con las capacidades necesarias para animarnos a todos los cristianos a poner nuestros distintos carismas al servicio de la única misión. Se requiere una ola de entusiasmo colectivo, sin la cual la resignación y el pesimismo nos ganan por goleada.

1 comentario:

  1. Hay momentos de la vida que nos ayudan a vivir la experiencia de “equipo”, de “trabajar juntos”… y a veces nos olvidamos que lo mismo se consigue en la familia y, en estos momentos, me acuerdo de experiencias vividas en la familia numerosa que comparte ideales y “trabaja” unida.
    Gracias Gonzalo por tu reflexión…

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