jueves, 16 de julio de 2026

De Vic para todo el mundo


Tras la victoria de Argentina sobre Inglaterra en el Mundial de fútbol, recibo un mensaje de uno de mis primos argentinos acompañado por una foto en la que se los ve exultantes, cubiertos con la camiseta albiceleste. El mensaje dice así: “Celebramos de antemano el legado de nuestros ancestros y la pasión de Argentina”. Y, en previsión de la final del próximo domingo en New Jersey entre España y Argentina, añaden: “¡Que sea una fiesta para ambos lados del océano!”. Me gusta que acentúen la fiesta hispanoargentina sobre la rivalidad deportiva. Los vínculos entre los dos países son tantos que, gane quien gane, siempre sentiremos que se trata de un asunto de familia.

Y, para asunto de familia, la fiesta de Nuestra Señora del Monte Carmelo que hoy celebramos. Tal día como hoy, en 1849, fue fundada en Vic (Barcelona) la congregación misionera a la que pertenezco. He contado varias veces en este blog la historia de los comienzos. La recuerdo cada año cuando llega esta fecha. Me resulta emocionante y paradigmática. Seis jóvenes sacerdotes, en ambiente de ejercicios espirituales y sobriedad de vida, ponen en marcha una fraternidad misionera bajo los auspicios de la Virgen María. Nuestro nombre oficial es largo, pero hermoso: “Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María”. Cada palabra está preñada de significado y enriquece las demás. 


La sola meditación de cada una de ellas basta para entender cuál es la identidad de esta congregación que hoy se extiende por cerca de 80 países y reúne a unos 3.000 misioneros de procedencias muy diversas. Si el pequeño grupo no hubiera salido de Vic o de Cataluña, seguramente habría desaparecido hace mucho tiempo, como les pasó a algunas fundaciones similares. Pero Claret era muy consciente de que su espíritu era “para todo el mundo”. 

Hoy formamos la congregación un buen grupo de españoles, pero hace años que los hermanos de la India nos han superado en número. Junto a claretianos de algunos países europeos (como Portugal, Polonia, Alemania, Italia, Reino Unido o Rusia), abundan los misioneros de todos los países de América y cada vez son más los provenientes de Indonesia, Timor Oriental, Filipinas, Vietnam. Y también de Nigeria, Congo, Camerún, Kenia o Angola, por poner solo algunos ejemplos.


Admiro el crecimiento numérico (sostenido en torno a 3.000, a pesar de la crisis) y la extensión territorial, pero este no es el criterio más importante para verificar la vitalidad de un carisma. Lo que de verdad importa es mantener vivo el fuego de los orígenes. Solo seremos creíbles y fecundos si los elementos del primer día siguen creciendo: la comunidad reunida a la escucha de la Palabra, la experiencia de la filiación cordimariana, el entusiasmo misionero y un estilo de vida fraterno, pobre e itinerante. 

Hoy tendré el privilegio de compartir mesa y mantel con la comunidad de nuestros misioneros mayores que viven en la comunidad de Colmenar Viejo. Quienes los cuidan han preparado una larga mesa en el jardín, al resguardo de las hojas de los plátanos. Me emociona comprobar cómo la vocación sigue fresca cuando uno supera el umbral de los 80 o 90 años. Me pregunto si no será esta la verdadera razón por la que los religiosos viven más que los laicos. Espero que las conclusiones de este estudio alemán no molesten a ninguno de mis amigos laicos que son lectores habituales de este blog, jajajaja. A todos os deseo una feliz fiesta de la Virgen del Carmen.

1 comentario:

  1. Gracias por tus palabras, Gonzalo, que llevan a la reflexión, válida para los Misioneros, como también para los seglares que compartimos vocación claretiana.
    “Lo que de verdad importa es mantener vivo el fuego de los orígenes. Solo seremos creíbles y fecundos si los elementos del primer día siguen creciendo…”
    Feliz fiesta, en Vic hemos compartido Eucaristía y mesa con Misioneros, Misioneras y Seglares claretianos.

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