martes, 15 de septiembre de 2026

Los valores compartidos


No vi anoche ni la entrevista que Pablo Motos le hizo a Juan Jesús Vivas, presidente de Ceuta, en El hormiguero, ni la que le hizo el Gran Wyoming a Pedro Sánchez, presidente del gobierno, en El intermedio. Hoy los periódicos dedican mucho espacio a esta confrontación hospedada por dos televisiones (Antena 3 y La Sexta) pertenecientes al mismo grupo mediático: Atresmedia. Jugada maestra. Dos voces para un mismo (des)concierto. Por lo que he leído, parece evidente que estamos ya calentando motores para la campaña electoral, si es que no hemos entrado de bruces en ella. La crisis de Ceuta parece ser el pistoletazo de salida. 

En este asunto –como prácticamente en todos los que tienen que ver con la cosa pública– resulta imposible hacerse una idea cabal de lo que ha sucedido y de lo que habría que hacer. No olvidemos que, en las sociedades dominadas por los medios, lo esencial no es buscar la verdad, sino “controlar el relato”. Los gabinetes de prensa (u oficinas de comunicación) de las distintas instituciones pugnan por ofrecer relatos convincentes, aunque no sean verdaderos. Las redes sociales se encargan luego de amplificarlos hasta la extenuación. Y los ciudadanos de a pie, conscientes de esta manipulación, acabamos enojándonos un poco más de lo que ya estábamos y sintiéndonos impotentes.


Lo peor de todo es que la rabia no acaba de traducirse en acciones enérgicas. No es suficiente votar cada cierto tiempo. Ni tampoco manifestarse en la calle con pancartas. En las sociedades democráticas, la participación ciudadana tiene que ser constante, libre, responsable y eficaz. El cacareado “poder del pueblo” necesita mediaciones ordinarias y extraordinarias, no cesiones incontroladas a una élite, por más que haya obtenido la victoria en las urnas o en el parlamento. Pasar del “derecho al voto” a una verdadera “cultura democrática” (por tanto, participativa) exige educación y tiempo. Y algo mucho más profundo: un territorio común de valores compartidos. 

¿Cuáles son hoy por hoy esos valores que nos permiten convivir pacíficamente en las sociedades plurales como la española? En el preámbulo de la Constitución se mencionan algunos: la justicia, la libertad, la seguridad, el bien común, un orden económico social justo, el imperio de la ley, los derechos humanos, la digna calidad de vida, la paz y la cooperación con otros pueblos. Curiosamente, no se habla de la verdad. No sé si todos tenemos una comprensión parecida de estos “valores” que sostienen la carta magna de la convivencia, pero, por lo menos, señalan un horizonte axiológico al que atenernos. Cuando este se desdibuja o se manipula, todo se reduce a tacticismo y maquiavelismo.


Lo importante, pues, no es “controlar el relato” para defender los propios intereses, sino fortalecer los valores que nos permiten discernir en cada momento qué decisiones se deben tomar. No hay nada más eficaz que una axiología bien fundamentada y compartida. Los pueblos que respetan y cultivan los valores que los sostienen pueden afrontar las crisis con garantía de éxito. Los que se mueven a golpe de encuestas de opinión o de intereses mezquinos acaban pagando un alto precio. 

Necesitamos “rearmar” los valores democráticos y “desarmar” las descalificaciones. La legítima pluralidad de opiniones y opciones solo se puede garantizar cuando compartimos un conjunto de valores y de reglas de juego que no se cambian en mitad de la partida. La educación familiar y escolar tiene mucho que hacer en este campo.

1 comentario:

  1. Es difícil entender este nuestro mundo... Desde la política, no se mira el bien común, cada cual juega su partida y no somos capaces de compartir con tranquilidad... Estamos lejos de lo que predicaba Jesús: “Amaos como yo os he amado”...
    Cuando contemplamos el tema de la invasión en Ceuta... Sean cuales sean los motivos, hay muchos intereses y no se sabrá la verdad, pero cuando contemplo las imágenes, me pregunto: ¿“Y, no seremos capaces de sentirnos hermanos y dejar de ver “al otro” como enemigo? Cada cual, tenga razón o no, defiende su punto de vista, aunque sean muy distantes.
    Estoy de acuerdo contigo, Gonzalo, cuando escribes: “Necesitamos “rearmar” los valores democráticos y “desarmar” las descalificaciones.” Gracias.

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