
Creo que fue el rumano Emil Cioran quien escribió algo parecido a esto: “Dios no tiene ni idea de cuántos creyentes le debe a Bach”. La música de Bach parece escrita por algunos ángeles graduados en el conservatorio celestial. Hoy necesitaríamos escuchar muchas veces las composiciones de El clave bien temperado, por ejemplo, para corregir la desafinación que padecemos. Son tantos los ruidos y desajustes que nos rodean que resulta casi imposible escuchar “la música callada, / la soledad sonora” y degustar en calma “la cena que recrea y enamora” (san Juan de la Cruz).
Estoy convencido de que la música de Bach podría ayudarnos a serenar los ánimos y espabilar los oídos, a oír esa discreta voz de Dios que anida en nuestro interior: “Si hoy escucháis su voz, no endurezcáis el corazón”. Estas palabras del salmo 94 se repiten a menudo durante el tiempo de Cuaresma. ¿Qué significa “escuchar su voz”? En su último libro, el que narra su viaje a Mongolia con el papa Francisco, Javier Cercas cuenta la impresión que le produjo escuchar a Bach en la audiencia que el papa concedió a los artistas el 23 de junio 2023. Quizás Cioran llevaba razón. Bach es una especie de Juan Bautista que prepara el camino para que nos encontremos con Dios.

Bien es verdad que hay melómanos enamorados de Bach que son perfectamente ateos. Y criminales que disfrutan con la música clásica sin dejarse transformar por ella. Muchos de los dirigentes nazis pertenecían a este grupo. Pero, en condiciones normales, una persona que escucha con apertura mental y sencillez de corazón La Pasión según san Mateo, por ejemplo, o algunos de los seis conciertos de Brandeburgo experimenta una emoción que lo transporta más allá de su pequeño mundo.
La música nos hace humildes porque nos saca de nosotros mismos, nos revela al mismo tiempo nuestra pequeñez y nuestra grandeza, nos reconcilia con nuestro misterio personal y nos conecta con el universo. No es extraño que durante el tiempo de Cuaresma y Semana Santa las iglesias organicen conciertos de música sacra. Es una forma de enriquecer las catequesis e incluso de desbordarlas porque el arte no pretende catequizar sino sugerir, abrir la mente y el corazón, hacernos ver la otra cara de la realidad.

En momentos de tanta tensión social, de tanta incertidumbre respecto del futuro, la música nos ayuda a vivir con serenidad y humanidad. No porque la música “amanse las fieras”, como solemos decir, sino porque nos recuerda que el universo es armonioso, que, a pesar de la cacofonía imperante, la realidad es radicalmente verdadera, buena y hermosa. Es un viaje al fondo del misterio, una cura de la superficialidad, la fealdad y el individualismo que nos desfiguran.
He leído varias veces esta entrada para poder ir comprendiendo toda su profundidad, al mismo tiempo que iba escuchando a Bach y he podido percibir, un poco, lo que decía Cioran que “Bach es una especie de Juan Bautista que prepara el camino para que nos encontremos con Dios”…
ResponderEliminarGracias Gonzalo por ayudarnos a descubrir y valorar la música de Bach y a experimentar lo que escribes: “… la música de Bach podría ayudarnos a serenar los ánimos y espabilar los oídos, a oír esa discreta voz de Dios que anida en nuestro interior”.