jueves, 13 de abril de 2023

Itinerarios de esperanza


Llevo un par de días participando saltuariamente en la 52 Semana Nacional de Vida Consagrada que está teniendo lugar en el Aula Magna CEU-San Pablo de Madrid. El tema es muy actual: “Entretejer itinerarios de esperanza”. A los religiosos nos gusta mucho jugar con símbolos y manejar, con mejor o peor fortuna, el lenguaje poético. En otros foros en los que se opta por un lenguaje más directo, los títulos de nuestros congresos, capítulos y encuentros pueden sonar hasta un poco cursis, pero qué le vamos a hacer. Cada grupo humano acuña su particular vocabulario. 

Antes dije que el tema me parecía muy actual porque vivimos tiempos en los que no resulta fácil esperar. Los ponentes de ayer se encargaron de explicarlos desde los ángulos de la psicología, la antropología y la historia de la Iglesia. Los de hoy se están esforzando por darnos algunas claves de interpretación desde la Biblia. En el aula hay unos 300 religiosas y religiosos que completan el aforo. Otros muchos siguen las conferencias en formato virtual. Me llama la atención el carácter intercultural de los participantes. Se ven muchos rostros latinoamericanos, bastantes africanos y algunos asiáticos.


Acostumbrado a organizar talleres muy interactivos, confieso que me resulta un poco fatigoso escuchar conferencias de 50 minutos, sobre todo cuando el conferenciante se limita a leer un texto que está más pensado para la publicación que para la lectura en público. Es el peaje necesario que hay que pagar para acceder a reflexiones que contienen perlas muy aprovechables. Ayer, por ejemplo, disfruté con la ponencia del profesor Mariano Delgado y su interpretación del “juicio final” (tema del que se habla y escribe muy poco en la actualidad) como manantial de esperanza. También me parecieron muy lúcidas las 5 convicciones de mi compañero Antonio Sánchez Orantos. 

Cuando comparaba el nivel de estas intervenciones con la banalidad que a menudo se respira en otros foros, me daba cuenta de que vivimos en mundos paralelos que pocas veces se encuentran. Por eso, hubiera deseado una exploración aguda, fenomenológica, de las esperas y esperanzas, no solo de las personas consagradas, sino de los hombres y mujeres que pasean por nuestras calles, de los que inundan Primark en la Gran Vía o se desplazan en metro todas las mañanas para ir a su lugar de trabajo. ¿Qué esperan? ¿Hay alguna diferencia entre las “esperas menores” (llegar a fin de mes, pagar la hipoteca de la casa, programar las vacaciones de verano, etc.) y la “esperanza radical” (que la vida tiene sentido, que es mejor amar que odiar, que la muerte no es una especie de game over, etc.)?


Cuando reflexiono sobre estas cosas no puedo evitar pensar en mis amigos no religiosos, que son siempre mis interlocutores imaginarios. Si me limito a hablar de la esperanza solo en aquellos foros en los cuales compartimos convicciones y lenguajes (como es el caso de estas jornadas) y no soy capaz de escuchar las esperanzas de otras personas que se mueven en círculos distintos y de dar razón de mi propia esperanza con un lenguaje comprensible y claro, entonces me sirve de poco el esfuerzo reflexivo de estos días, por interesantes que parezcan. Comparto eso de que “no hay nada más práctico que una buena teoría”, pero en los últimos años me he ido haciendo un poco anglosajón (es decir, un poco más empirista y pragmático). Se me hace muy cuesta arriba la especulación que no toma en serio los hechos concretos, que planea sobre lo que vivimos los seres humanos de carne y hueso en el día a día.

¿De qué sirve escalar el monte de la reflexión teórica, mostrar parajes esplendorosos donde crece la esperanza, si luego, en mi vida cotidiana, soy una persona que ha perdido las ganas de vivir y no soy capaz de “entretejer itinerarios de esperanza” con otras? Si algo me gusta de la Biblia es que raramente se abandona a especulaciones teóricas (tan del gusto griego), sino que reconoce la apertura del ser humano al misterio de Dios en las experiencias de la vida cotidiana: el amor, la traición, el trabajo, el sexo, la fiesta, el lenguaje, la guerra, los hijos, la cosecha, la comida, la amistad, etc. Seguimos caminando. 

1 comentario:

  1. Al leer el título de hoy: “Entretejer itinerarios de esperanza”, me he dicho a mi misma que si los religiosos os atrevéis a entretejerlos, también los hombres y mujeres que vivimos y trabajamos en distintos estamentos, y de todas edades, nos veremos beneficiados de ello… Necesitamos, cada día más, que haya quien, con su ejemplo, nos transmita esperanza en cada etapa de la vida.
    Necesitamos que nos ayudéis, como dices, a “reconoce la apertura del ser humano al misterio de Dios en las experiencias de la vida cotidiana: el amor, la traición, el trabajo, el sexo, la fiesta, el lenguaje, la guerra, los hijos, la cosecha, la comida, la amistad, etc.”
    Gracias por toda la información y el testimonio que nos transmites.

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