miércoles, 21 de abril de 2021

Un rincón en el Rincón

A eso de las 9,30 de la noche, acabadas todas las actividades, terminada la cena, visto el telegiornale de RAI2, me siento en mi rincón de lectura antes de irme a la cama. Hay un gran silencio en casa. Solo se oyen los pocos coches que a esa hora circulan por la calle del Sacro Cuore di Maria. Si hace frío, me cubro con la mantita que hace años “robé” en un avión de Iberia. A veces, me preparo un café con leche muy caliente que vierto sobre una taza grande donde se lee “I love coffee”. En realidad, el verbo love está simbolizado por un gran corazón rojo. La bebida ayuda a conciliar el sueño. La voy sorbiendo mientras leo despacio. 

Es la hora de la literatura, de la historia o de la poesía. En este momento no suelo leer libros académicos, ni siquiera de teología o espiritualidad. Me gustan las biografías. Combino los libros en papel (mis preferidos) con los libros en formato electrónico. No terminé de leer las memorias de Barack Obama que empecé el pasad noviembre. Volveré cuando tenga más tiempo. Ahora compagino Vida espiritual en la sociedad digital, un libro (en papel) del catalán Francesc Torralba escrito hace ya nueve años y 1984, la premonitoria y distópica novela que George Orwell publicó en 1949. He sentido la necesidad de releer este libro en formato electrónico. La primera vez que lo leí hace ya muchos años me dejó un regusto amargo. Ahora no sabría describir mi reacción, pero sigo adelante.

La lectura me serena. No me gusta despedir el día pegado a la pantalla del ordenador, a menos que haya algo urgente que preparar para el día siguiente o quede en programa alguna videoconferencia con América. Tampoco a estas horas suelo ver la televisión. En realidad, salvo el informativo de la noche, no suelo ver la televisión. Soy de los que ha sucumbido a la atracción de Internet. En el proprio ordenador uno puede ver lo que quiera en el momento oportuno, sin atarse a los horarios televisivos. 

Compruebo que leer ayuda a reflexionar con calma. Me gustan las películas y los vídeos sobre diversos temas. Sigo a algunos youtubers que me parecen originales y creativos, como Jaime Altozano (música) y su compañera Ter (arquitectura), además de otros más ortodoxos, pero reconozco que la lectura me ayuda a lentificar mi ritmo de vida y a pensar los asuntos lejos del ritmo veloz que suelen marcar las producciones audiovisuales. Me parece que ambos medios se equilibran. 

Por otra parte, leer es imprescindible para aprender a escribir. No solo porque la lectura aumenta el vocabulario, enriquece la sintaxis y sugiere infinidad de temas, sino porque ayuda a pensar, sentir e imaginar. Me resultaría difícil escribir algo sin haberlo rumiado. Solo cuando hago algo mío, por complejo que sea, puedo comunicarlo con claridad y sencillez. No me gusta la prosa alambicada. Se me caen de las manos el Ulises de Joyce y algunos de los últimos libros de Umberto Eco, por citar solo un par de ejemplos. No suelo dejarme llevar por lo que opinan los críticos, sino por lo que yo experimento. Si un libro, por famoso que sea, no me ha atrapado en las diez primeras páginas, suelo dejarlo sin ningún remordimiento.

El final del tiempo de lectura lo marcan los párpados. Cuando comienzan a cerrarse, quiere decir que ha llegado el tiempo de irme a la cama. Entonces, abro la aplicación eprex en mi teléfono móvil y allí mismo, en la butaca del rincón de lectura, rezo las completas en italiano. El versículo que más me gusta, porque se cumple rigurosamente casi todos los días, es uno tomado del salmo 4 que se recita después de las primeras vísperas del domingo y de las solemnidades: “En paz me acuesto y en seguida me duermo, porque tú solo, Señor, me haces vivir tranquilo”. En italiano suena así: “In pace mi corico e subito mi addormento: tu solo, Signore, al sicuro mi fai riposare”. Apago la luz, voy a la zona de dormir y como dice el salmo enseguida me duermo, derrotado por el peso del día y poniendo toda la jornada en manos de Dios. 

Cuando tengo que viajar de un lado para otro, echo de menos mi rincón de lectura. Una de las ventajas de este año de la pandemia es que he tenido que pasar la mayor parte del tiempo en Roma. Esto me ha permitido mantener mis rutinas con regularidad. Me temo que este aprecio de los pequeños “sacramentos” domésticos, de los lugares que nos ayudan a meditar o descansar, es un claro signo de que me encuentro en el otoño de la vida. Sea como fuere, me ayuda a encontrar un poco de equilibrio en medio de jornadas repletas de compromisos. Valga lo uno por lo otro.





1 comentario:

  1. Escribes: “Me resultaría difícil escribir algo sin haberlo rumiado. Solo cuando hago algo mío, por complejo que sea, puedo comunicarlo con claridad y sencillez.” Y se nota, solo lo que has bien digerido puedes ofrecerlo a los demás y ayudar a que encaje en la vida de quien sea. Precisamente, creo que “claridad y sencillez” caracteriza tu blog y hace que, casi sin darnos cuenta, dejemos que penetre en nosotros tu mensaje.
    Te agradezco que siempre acabes compartiendo algún salmo y/o tu relación con Dios.
    Muchas gracias Gonzalo, por haber compartido este espacio tuyo que está lleno de sabiduría y sobre todo con la fuerza con que lo vives.

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