domingo, 11 de enero de 2026

Aviso para navegantes


Termina hoy el tiempo litúrgico de Navidad con la fiesta del Bautismo del Señor. Se completa así el belén que hemos ido montando a lo largo de casi tres semanas. A los personajes principales (Jesús, María y José), a los secundarios de lujo (ángeles, pastores y magos) y a los malvados (Herodes y compañía), se unen hoy las dos figuras esenciales, sin las cuales nunca entenderíamos de qué va esta película, quién es de verdad este Niño que ha nacido en Belén. Son personajes misteriosos que aparecen en escena de manera simbólica: uno en forma de paloma y otro como voz

El primero es el Espíritu Santo (paloma) y el segundo el Padre (voz). Junto con Jesús forman la Trinidad Santa. Mientras los dos personajes permanecen invisibles, Jesús aparece como el signo visible de Dios, su verdadero “sacramento”. Esta manifestación de su identidad más profunda está ligada al rito del bautismo en el Jordán. La adoración de los magos, las bodas de Caná y el bautismo en el Jordán son tres momentos esenciales de la “epifanía” (manifestación) del Verbo de Dios hecho carne humana.


En nuestra sociedad racionalista no estamos preparados para captar el significado profundo de estos símbolos. Nos parece que no pasan el control empírico al que sometemos las realidades que consideramos “verdaderas”. Pero la fe no se deja domesticar por el método de las ciencias naturales. Lo desborda por la derecha y por la izquierda. La fe va derecha al corazón de la realidad, no a sus indicadores medibles. Iluminados por la Palabra de Dios, hoy aprendemos que Jesús no es solo un hombre extraordinario, dotado de altas cualidades morales y con grandes dotes de persuasión. No es solo un taumaturgo o un líder revolucionario que moviliza a las masas. 

Jesús es el Hijo amado en el que el Padre se complace. Jesús es también el ungido por el Espíritu Santo “que manifestará la justicia a las naciones” (Isaías) y “que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Hechos de los Apóstoles). No se puede entender a Jesús sino en referencia al Padre y al Espíritu con los que constituye la Trinidad Santa. Esta identidad profunda, revelada al comienzo de su misión, será sometida a prueba a lo largo de su vida. Las “tentaciones” formarán parte de su itinerario existencial, pero nunca podrán destruir la realidad. (También nosotros estamos sometidos a la tentación de reducir a Jesús a un hombre interesante).


Con el trasfondo del Bautismo de Jesús, meditamos sobre nuestro propio bautismo como experiencia de identidad. ¿Quiénes somos cada uno de nosotros? La identidad más profunda no viene determinada por nuestro sexo, etnia, lengua, extracción social o lugar de nacimiento. Por el bautismo hemos sido incorporados a Dios como hijos en el Hijo. Nuestra identidad más profunda consiste en ser hijos o hijas de Dios, ungidos por el Espíritu Santo que clama en nuestro interior: “Abbá, Padre”. Esta identidad radical nos cura de las falsas identidades que se han ido inoculando en nosotros y que constituyen barreras con los demás. Solo cuando tomamos conciencia de nuestra identidad radical como hijos o hijas de Dios, podemos ver a los demás como hermanos en Cristo. 

Esta fraternidad universal es el fundamento y la salvaguardia de la paz y la justicia. Por eso, en un momento en el que parece que el mundo arde y que se está subvirtiendo el “(des)orden mundial”, necesitamos saber quiénes somos en verdad, por qué los otros son dignos de respeto, por qué los hijos de Dios (todos sin excepción) son dignos e inviolables, aunque no siempre podamos justificar sus obras. La paz mundial nunca será el resultado de un mero acuerdo horizontal, sino el fruto de una verdadera fraternidad que nace como reflejo de la filiación: “Somos hijos, luego somos hermanos”. La fiesta del Bautismo de Jesús con la que cerramos el ciclo de Navidad es más que una mera conmemoración. Es un aviso para navegantes.



1 comentario:

  1. Muchas gracias por toda tu reflexión que se hace difícil resumir en pocas palabras… pero que llevará a horas de meditación y descubiertas.
    “Gracias Gonzalo por recordarnos que: "Por el bautismo hemos sido incorporados a Dios como hijos en el Hijo.”

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