domingo, 10 de abril de 2022

Con ojos de misericordia


Hoy ha amanecido un día soleado, de primavera generosa, aunque me temo que por la tarde lloverá. Dan ganas de echarse a la calle con un ramo de olivo en la mano y gritar Hosanna a los cuatro vientos. En medio de la guerra, la pandemia y la inflación, ha llegado el Domingo de la Pasión del Señor, que es como una obertura a esa ópera magna de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Parece que este año, con la pandemia casi domeñada, será posible celebrarla a pleno pulmón. 

¿Por qué mataron a Jesús? Esta es la pregunta que los niños formulan y que los adultos no sabemos responder. Si fue un hombre tan bueno, si amó a los niños y a los pobres, si curó a los enfermos, ¿por qué acabó clavado en una cruz? Durante siglos echamos la culpa a los judíos o a los romanos. Eran los malos de la película. Hoy somos conscientes de que el mundo no fue capaz de acoger tanta novedad. No lo fue en el siglo I y sigue sin serlo en el XXI. A las pruebas me remito. Dos pueblos “cristianos” (el ruso y el ucraniano) están enfrentados en una guerra inhumana y anacrónica. Es solo un botón de muestra. Al mundo (es decir, a cada uno de nosotros) le cuesta aceptar que Jesús:

  • Haya presentado un nuevo rostro de Dios. Ya no es un Dios justiciero que “premia a los buenos y castiga a los malos”, sino un Dios que quiere que todos sus hijos sean salvados y lleguen al conocimiento de la verdad.
  • Haya presentado un nuevo rostro del ser humano. Ha dado la vuelta a los valores de este mundo: grande para él no es quien gana y domina, sino quien sirve a los demás y da su vida por ellos.
  • Haya propuesto una nueva manera de relacionarnos con Dios, no basada en dogmas y ritos vacíos, sino en “espíritu y verdad”.
  • Haya propuesto una nueva sociedad en la que el “primero” es el pobre, el débil, el marginado.


¿Quién de nosotros está dispuesto a vivir esta revolución? A Jesús lo mataron el año 30 del siglo I, pero, en realidad, seguimos matándolo hoy porque no acabamos de aceptar, ni siquiera quienes nos consideramos discípulos suyos, su perturbadora novedad.

Hoy leemos en la misa el relato de la pasión según san Lucas (ciclo C.) Sabemos que todos los evangelistas dedican un espacio considerable a la pasión y muerte de Jesús. Todos siguen un esquema muy parecido y describen básicamente los mismos hechos, pero los narran de diferentes maneras y con diferentes enfoques. Además, cada evangelista presenta episodios y detalles propios. Son acentos catequéticos considerados importantes y urgentes para sus comunidades. Lucas, el evangelista que en su Evangelio siempre resalta la bondad y la misericordia de Jesús, lo hace también en el relato de la pasión. Espigo tres detalles significativos:

  • Solo Lucas refiere el mandato del Señor: “Haced esto en memoria mía” (Lc 22,19) en la narración de la última cena.
  • Como Marcos y Mateo, Lucas también dice que, después de haber negado al Maestro en casa del sumo sacerdote, Pedro salió y rompió a llorar. Pero solo Lucas observa que el Señor “se volvió y miró a Pedro” (Lc 22,61-62). El verbo griego usado no es blepo (ver) sino emblepo (mirar en el interior). La mirada de Jesús no es de reproche sino de comprensión por la debilidad de su discípulo.
  • Durante la pasión, los discípulos no dan una buena imagen de sí mismos: Judas traiciona, Pedro niega, todos huyen (cf. Mc 14,50). Todos los evangelistas resaltan este vil comportamiento. Solo Lucas intenta atenuar la responsabilidad de los apóstoles. No menciona la huida, sino que, en el Calvario, “todos sus conocidos se mantuvieron a distancia” (Lc 23,49).


Solo desde la misericordia se entiende el verdadero significado de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Y también el sentido de nuestra propia vida. En realidad, la pasión de Jesús (desde la entrada triunfal en Jerusalén hasta su resurrección la mañana del octavo día) es un espejo en el que contemplamos nuestras tentaciones, caídas, sufrimientos, dudas, negaciones, levantamientos, distancias, traiciones y muertes. Jesús ha hecho suyo el guion de la existencia humana. 

Como leemos en la segunda lectura: “Cristo Jesús, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres” (Flp 2,6-7). La sorpresa viene en la segunda estrofa del himno: “Por eso, Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre” (8-11). A esto estamos llamados. Podemos empezar esta semana con esperanza. Nada está definitivamente perdido.



2 comentarios:

  1. Hoy, día de contrastes en los sentimientos que se mueven ante esta semana a la que damos comienzo. Como los niños, en muchos momentos, busco la respuesta a la pregunta: ¿por qué mataron a Jesús?. Nos das una clave cuando escribes: “Solo desde la misericordia se entiende el verdadero significado de la pasión, muerte y resurrección de Jesús”…
    Jesús, compartiendo su vida con los más sencillos, fue un revolucionario, y, como nos dices, nos presentó un nuevo rostro de Dios y también del ser humano y nos hizo diferentes propuestas: una nueva manera de relacionarnos con Dios y una nueva sociedad.
    Gracias Gonzalo por invitarnos a empezar esta semana con esperanza.

    ResponderEliminar
  2. Vivir como Jesús propone es un reto, sin embargo, debemos amar, servir y serlos últimos si verdaderamente queremos seguirlo

    ResponderEliminar

En este espacio puedes compartir tus opiniones, críticas o sugerencias con toda libertad. No olvides que no estamos en un aula o en un plató de televisión. Este espacio es una tertulia de amigos. Si no tienes ID propio, entra como usuario Anónimo, aunque siempre se agradece saber quién es quién. Si lo deseas, puedes escribir tu nombre al final. Muchas gracias.