El Adviento llega a su fin. Como reza la antífona del Benedictus en la liturgia de las laudes de hoy: “Mañana será el día de vuestra salvación”. Es probable que muchos os hayáis desplazado a otros lugares para compartir estas fechas con vuestras familias. Algunos tal vez viajéis hoy. Yo me preparo a esta celebración con dos buenas noticias que tienen que ver con la Familia Claretiana: la autorización del papa Francisco para proceder a la beatificación de 109 claretianos mártires y la celebración del 209 aniversario del nacimiento de san Antonio María Claret en Sallent (Barcelona). Ambos acontecimientos suscitan en mí alegría, gratitud y deseos de mayor fidelidad. Por mi parte, quiero compartir con todos los amigos y visitantes de este Rincón de Gundisalvus mi
Carta de Navidad
Madrid, 24 de diciembre de 2016
Queridos amigos:
Es probable que
esta noche os juntéis a cenar con los familiares más próximos o con vuestras comunidades. Algunos,
rompiendo la oscuridad de la noche, participaréis después en la Misa del Gallo.
Y mañana, 25 de diciembre, todos celebraremos la Natividad del Señor. Llevamos cuatro
semanas preparándonos para esta solemnidad litúrgica. Un día antes, os escribo
desde Madrid, en donde me encuentro de paso, para compartir con vosotros la alegría y la paz que Jesús sigue
regalándonos con su venida. Me hubiera gustado dirigirme a cada uno en particular, pero no es posible. A muchos de los lectores del blog no os conozco personalmente, lo que no obsta para sentiros como miembros de este grupo digital de amigos.
El pasado día 20
visité en Aranjuez, una población a 50 kilómetros al sur de Madrid, a un
misionero claretiano que lleva 25 años en estado vegetativo a consecuencia de
un accidente de tráfico sufrido el 21 de diciembre de 1991 cerca de
Puertollano, en la provincia de Ciudad Real. Viendo su cuerpo deteriorado de
adulto –ahora tiene ya 53 años– tuve la sensación de contemplar el cuerpo
indefenso de un recién nacido. Sé que hay un fuerte debate ético sobre cómo
proceder en estos casos. Yo no tuve ninguna duda. Cuando le acariciaba la frente y observaba sus reacciones a mis palabras, con gestos para mí incomprensibles, sentí que
necesito aprender una nueva gramática para entender el lenguaje misterioso de los pequeños. Me pregunté: ¿Qué quiere decirme Dios a
través de este hecho desconcertante y, a menudo, doloroso?
En ese momento desfilaron por mi mente las imágenes de otras situaciones duras que he conocido a lo largo de mi vida: padres que han perdido a sus hijos en accidentes de tráfico o a causa de la droga, víctimas de guerras y atentados, ancianos solitarios, matrimonios rotos... En los gestos conmovidos y entrañables de mi hermano claretiano, creí barruntar una respuesta que tiene mucho que ver con el misterio de la Navidad: Dios está siempre con los pequeños y con los sufrientes. Son sus categorías preferidas. De hecho, para mí la Navidad de este año 2016 comenzó el pasado 20 de diciembre. Salí de la habitación sereno, alegre y agradecido, con esa alegría honda que no proporciona ninguno de los muchos festejos que celebramos durante estos días. Hasta me atreví a cantar para él –quizá con él– “Campana sobre campana” después de haberle signado la frente y haber recitado el Padrenuestro y el Avemaría junto a otros dos hermanos claretianos que me acompañaban.
En ese momento desfilaron por mi mente las imágenes de otras situaciones duras que he conocido a lo largo de mi vida: padres que han perdido a sus hijos en accidentes de tráfico o a causa de la droga, víctimas de guerras y atentados, ancianos solitarios, matrimonios rotos... En los gestos conmovidos y entrañables de mi hermano claretiano, creí barruntar una respuesta que tiene mucho que ver con el misterio de la Navidad: Dios está siempre con los pequeños y con los sufrientes. Son sus categorías preferidas. De hecho, para mí la Navidad de este año 2016 comenzó el pasado 20 de diciembre. Salí de la habitación sereno, alegre y agradecido, con esa alegría honda que no proporciona ninguno de los muchos festejos que celebramos durante estos días. Hasta me atreví a cantar para él –quizá con él– “Campana sobre campana” después de haberle signado la frente y haber recitado el Padrenuestro y el Avemaría junto a otros dos hermanos claretianos que me acompañaban.
Nosotros estamos
acostumbrados a hacer las cosas bien.
Lo que no se ajusta a nuestros criterios de eficiencia, calidad y belleza, nos
parece que está mal. Siguiendo está
lógica, la situación de mi hermano claretiano postrado en cama desde hace 25 años tiene que ser
calificada de mala y, por tanto,
habría que ponerle fin cuanto antes. ¿Pero es esto lo que piensa Dios? ¿Por qué no lo hace? Uno tiende a imaginar que si Él existiera de verdad, tendría que actuar con más eficacia, manifestarse de forma ostensible, vistosa, rompedora, ajustarse a nuestros deseos y expectativas.
La Navidad discurre por otro camino. El relato del nacimiento de Jesús, tal como lo narra Lucas (2,1-20), desmonta nuestros prejuicios y nos introduce en otra lógica, la única que nos salva. Por más antinavideño que nos pueda parecer, el niño de Belén es también el Crucificado-Resucitado, el que asume en su carne el dolor del mundo y lo transforma. Dios se manifiesta en un “niño envuelto en pañales”. Todo sucede en un lugar recóndito (Belén de Judá), no en alguna de las grandes urbes de la época, como Jerusalén, Roma o Alejandría. Su madre María –una pobre aldeana del villorrio de Nazaret– “lo acostó en un pesebre” porque no había lugar para ellos en la parte superior de la casa en la que se alojaban.
Solo cuando se nos concede el don de vivir este misterio como una “gran alegría” (Lc 2,10) y no como una maldición, estamos en condiciones de aceptar y agradecer todas las manifestaciones débiles y frágiles de Dios en nuestra vida personal, familiar y social. Este “niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre” es, en realidad, “el Salvador, Cristo Señor” (Lc 2,11). La fragilidad se convierte en el gran sacramento de la fuerza y el amor de Dios.
La Navidad discurre por otro camino. El relato del nacimiento de Jesús, tal como lo narra Lucas (2,1-20), desmonta nuestros prejuicios y nos introduce en otra lógica, la única que nos salva. Por más antinavideño que nos pueda parecer, el niño de Belén es también el Crucificado-Resucitado, el que asume en su carne el dolor del mundo y lo transforma. Dios se manifiesta en un “niño envuelto en pañales”. Todo sucede en un lugar recóndito (Belén de Judá), no en alguna de las grandes urbes de la época, como Jerusalén, Roma o Alejandría. Su madre María –una pobre aldeana del villorrio de Nazaret– “lo acostó en un pesebre” porque no había lugar para ellos en la parte superior de la casa en la que se alojaban.
Solo cuando se nos concede el don de vivir este misterio como una “gran alegría” (Lc 2,10) y no como una maldición, estamos en condiciones de aceptar y agradecer todas las manifestaciones débiles y frágiles de Dios en nuestra vida personal, familiar y social. Este “niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre” es, en realidad, “el Salvador, Cristo Señor” (Lc 2,11). La fragilidad se convierte en el gran sacramento de la fuerza y el amor de Dios.
Anteayer paseé
por la Puerta del Sol de Madrid. Las calles adyacentes lucían profusamente iluminadas. En el centro de la plaza se erguía una gran estructura metálica en forma de cono decorado también con luces. El Corte Inglés y otras tiendas
estaban abarrotadas de gente. Vi también las casetas navideñas de la Plaza Mayor.
Tenía interés por captar lo que los publicistas llaman “la magia de la Navidad”.
Admiré el espectáculo de luz y los excesos con los que se celebra el comienzo del invierno y las fiestas navideñas, pero nada de todo esto me llegó al corazón como la
visita a mi hermano claretiano Felipe el pasado día 20. En este contraste entre
lo que nosotros hacemos con nuestra buena voluntad y lo que Dios hace, incluso
en el reverso de la historia, comprendí un poco qué significa Navidad, por qué
los más humildes e indefensos sienten que Dios está de su parte.
Si esta noche o
mañana sentís que Dios quiere hablaros a través de algún signo de pobreza o
debilidad, no le cerréis la puerta. Viene cargado de alegría, la misma que os
deseo de corazón a todos los amigos de “El Rincón de Gundisalvus”. Muchas gracias por vuestro apoyo y por vuestra comprensión. No siempre lo que dice este Gundisalvus coincide con lo que vosotros pensáis. Espero que, por lo menos, provoque vuestra reflexión.
Feliz
Navidad
Buon Natale
Merry Christmas
Joyeux Nöel
Froehliche Weihnachten
Buon Natale
Merry Christmas
Joyeux Nöel
Froehliche Weihnachten
Un poco de humor no viene mal en un día como hoy. Os dejo con mi admirado Nacho Lozano. Mañana nos pondremos un poco más solemnes.
Gracias Gonzalo, por presentarnos una Navidad diferente...
ResponderEliminarFeliz Navidad también para ti.
Un abrazo
Muy buena y profunda tu reflexión Gonzalo. ¡Feliz Noche! Yo estoy impresionada por la capacidad de mal que hay en el ser humano... he visto un video del ISIS en el que queman a dos soldados turcos, con regodeo y humillaciones varias. Que la Bondad salvadora de este Niño frágil cambie nuestro corazón y mueva nuestra voluntad. Abrazos. cristina Ruberte
ResponderEliminar¡Muchas gracias por tu carta, Gonzalo! Qué duda cabe que el dolor también nos dilata el colrazón, sin embargo nos abre a la esperanza y a la alegría del Misterio de Dios en nuestra frágil humanidad. Con Dios y en sintonía cordial. Buon Natale!
ResponderEliminarFeliz Navidad también para ti!
ResponderEliminarCarissimo P. Gonzalo di cuore faccio a te e alla tua famiglia e ai fratelli che incontrerai i miei più sinceri e fraterni auguri di BUON NATALE che accompagno con il ricordo nella preghiera.Carlo Lavelli
ResponderEliminarFeliz Navidad, Gonzalo. El 21 evocábamos en Colmenar a Felipe. A primera vista, la vida es un "caos de sensaciones" y de golpes de fortuna e infortunio. Es bueno poner cierto orden en ese caos con palabras que nos hacen pasar de la lectura superficial a la lectura en profundidad.
ResponderEliminarSaludos Gonzalo desde las hermosas tierras de Mérida-Venezuela, Compartimos la Palabra ayer en una pequeña aldea del Paramo mérideño perteneciente a nuestra Comunidad Misionera de los Curos. Al salir de aquel lugar camino a casa para compartir con los compañeros la cena, pensé: ¿Pa' que Dios se "esconde" tanto en la simpleza de un "toche niño"? Pues allí se nos va la vida. En descubrir que Él esta en lo sencillo... Feliz Navidad y que el Corazón de la Madre nos ayude a ser cada día mas fraternos. Gracias por el recuerdo.
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