Semana Santa

Semana Santa

jueves, 31 de marzo de 2016

Faltan verbos, sobran sustantivos


Las pocas veces que he hablado de política en este blog he tenido escaso eco. De hecho, uno de los posts menos leídos fue el titulado El acuerdo “imposible” en el que me refería a la incertidumbre política que reina en España (aclaro, por si abundan los lectores republicanos, que lo de reinar es un verbo sin la menor connotación monárquica). Entonces lo atribuí al hecho de que muchos lectores son de América. Es normal que no estén muy interesados en cuestiones tan domésticas. Pero quizá hay otra lectura: todos empezamos a estar un poco hartos de un debate político que parece no conducir a ningún puerto. De hecho, por lo que respecta a mi país, después de tres meses de dimes y diretes, todavía no hay gobierno. El Rey ha tenido que suspender varios viajes internacionales programados. La política española se ha convertido en una especie de serie de televisión por capítulos. Se habla ya de nuevas elecciones en el mes de junio.

¿Y si el problema principal fuera que abundan los sustantivos y faltan verbos? Según el diccionario de la RAE, sustantivo es sinónimo de nombre y nombre, en su primera acepción, significa “palabra que designa o identifica seres animados o inanimados”. El mismo diccionario define verbo como “clase de palabras cuyos elementos pueden tener variación de persona, número, tiempo, modo y aspecto”. 

Se podría decir de forma más breve, aunque quizá menos precisa. Para mí, un sustantivo expresa la identidad de algo; un verbo apunta, más bien, a la acción. Veamos. En el arco parlamentario español hay cuatro partidos mayoritarios que podríamos caracterizar con tres sustantivos (populares-PP, socialistas-PSOE y ciudadanos-Ciudadanos) y un verbo (podemos-Podemos). Los sustantivos ganan al verbo por 3 a 1. Ya podemos imaginarnos lo difícil que resulta llegar a acuerdos. Es una simple cuestión gramatical. Veámoslo con detalle.

Si se animaran a formar una coalición entre los cuatro podrían producirse interesantes combinaciones. Por ejemplo: "Ciudadanos, Podemos ser Socialistas Populares" (CIPOSOPO). O esta otra: "Populares, Podemos ser Ciudadanos Socialistas" (POPOCISO). Las siglas, por supuesto, no resisten la menor criba publicitaria, pero esto es lo que hay. El lector es libre de idear otras combinaciones aún más rocambolescas. En cualquier caso, disponemos solo de un verbo (podemos), lo cual empobrece mucho la construcción gramatical. Todo tiene que pasar por él para formar una frase con sentido. Además, ese verbo no expresa una acción concreta. Necesita un infinitivo que le dé contenido: podemos dialogar, podemos arruinar, podemos mejorar, podemos reírnos de todo el mundo, etc. Así, mondo y lirondo, en primera persona del plural, parece indicar que a lo que aspira este partido es al poder sin más: “podemos”. Qué hacer con ese poder… eso no hay que contárselo con claridad a los votantes, que luego pasa lo que pasa. Es lógico que algunos los tilden de arrogantes y prepotentes. Hace meses decían: “El cielo no se toma por consenso, se toma por asalto”. Hoy la frase suena, además de ridícula, anacrónica. Por si esto fuera poco, el verbo podemos está ya dando paso al sustantivo podemita. Este es el principio del fin. Llamarse podemita es lo peor que le puede ocurrir a quien aspira a ser una alternativa de cambio. ¡El verbo es sustituido casi suplantado– por el sustantivo!

Los otros tres partidos parecen todavía perdidos en defender sus esencias. Nos dicen lo que son o quieren ser (populares, socialistas, ciudadanos), sin expresar con claridad sus planes de acción; es decir, lo que quieren hacer por su país. Está bien perfilar las señas de identidad, pero no es suficiente para gobernar un estado.

¿Qué pasaría si surgiera una nueva generación de formaciones políticas con más verbos y menos sustantivos? Imaginemos un partido llamado Limpiamos (con el objetivo de barrer la corrupción en las instituciones públicas) 0 Trabajamos (enfocado en resolver el problema del desempleo endémico) u otro llamado Educamos (centrado en mejorar de una vez por todas la educación como base de todo cambio duradero). Incluso podríamos hablar del partido Distribuimos (empeñado en un reparto equitativo y solidario de la renta), del partido Integramos (preocupado por afrontar de manera positiva la cuestión de los inmigrantes y refugiados) o del partido Innovamos (comprometido con los desafíos de la sociedad de la información).

Como los verbos implican compromisos (porque apuntan directamente a una acción), preferimos perdernos en el bosque de las señas identitarias, que se prestan a interminables discusiones teóricas y a masivas explosiones sentimentales y no implican mover un dedo. Se puede discutir igual y se exige mucho menos. A los sustantivos del terceto mayoritario se unen otros hoy en boga que también andan liados con la cuestión de las identidades: periféricos, independentistas, republicanos, ecologistas, etc. Hay todavía puestos libres en el supermercado. ¿Alguien da más? La gente está hartándose de este desfile. Echa de menos un director inteligente y decidido que levante la claqueta y grite: ¡Acción, se rueda!

miércoles, 30 de marzo de 2016

Quédate con nosotros

Pocos textos del Nuevo Testamento me resultan más inspiradores que el que propone el evangelio de este miércoles de la Octava de Pascua. Lo he estudiado, meditado, explicado y propuesto infinidad de veces y en contextos muy diversos. Sigue atrapándome. Hace un par de años, estando en Medellín (Colombia), escribí unas notas sobre este Camino de Emaús desde una perspectiva terapéutica, como un itinerario de recuperación de la alegría tras experiencias de fracaso y decepción. Los "dimisionarios" pueden volver a ser "misioneros". Hay un camino de bajada (Jerusalén-Emaús), que simboliza la frustración y la soledad. Y un camino de subida (Emaús-Jerusalén) que simboliza la recuperación de la alegría misionera y de la comunidad. 

Hoy quisiera acercarme a este texto del Evangelio de Lucas desde un himno litúrgico que lo recrea y actualiza. Os confieso que este himno me acompaña desde los 17 años. Siempre me ha parecido hermoso e interpelante. En el estribillo, le pide al Señor que se quede con nosotros “porque la tarde está cayendo”. Os propongo escucharlo con calma, en la versión musical de Juan Antonio Espinosa.


 Voy a comentar ahora cada una de las cuatro estrofas.

¿Cómo te encontraremos
al declinar el día,
si tu camino no es nuestro camino?
Detente con nosotros;
la mesa está servida,
caliente el pan y envejecido el vino.

Me duele pensar que el camino de Jesús “no es nuestro camino”. Es como si él tuviera su plan de viaje y nosotros el nuestro. Como si él nos dejara plantados con la mesa puesta. Adivino que el ademán de Jesús de “seguir adelante” no es sino una forma sutil y amorosa de despertar nuestro deseo. Me viene a la mente la palabra poética de Juan de la Cruz en su Cántico Espiritual: “¿Adónde te escondiste, / amado, y me dejaste con gemido? / Como el ciervo huiste / habiéndome herido; / salí tras ti clamando y eras ido”. Cuando sentimos que él se esfuma, que nos quedamos solos en este mundo inerte, que navegamos a golpes de continuos clicks, entonces –movidos por una nostalgia anidada en el alma– decimos, casi gritamos: “Detente con nosotros; no nos dejes solos, siéntate a la mesa”.  

¿Cómo sabremos que eres
un hombre entre los hombres,
si no compartes nuestra mesa humilde?
Repártenos tu cuerpo,
y el gozo irá alejando
la oscuridad que pesa sobre el hombre.

Dios, a veces, nos da miedo, sobre todo cuando lo imaginamos con rasgos de juez implacable o de “gran hermano” que vigilia todos nuestros rincones desde su gran computadora celeste. Jesús, con su humanidad, nos ha revelado un rostro distinto: ¡Dios es un padre misericordioso! Pero, ¿cómo podremos saber que Jesús es un verdadero hombre y no el mito que cada época se inventa a la medida de sus deseos y frustraciones? Necesitamos verlo a nuestro nivel, compartiendo “nuestra mesa humilde”. Entonces, cuando él tome el pan, lo bendiga, lo rompa y lo reparta; es decir, cuando él nos sorprenda con una eucaristía doméstica, íntima, “el gozo irá alejando la oscuridad que pesa sobre el hombre”. Este verso encierra una verdad olvidada: la Eucaristía es el mayor antidepresivo que podemos imaginar en un mundo lastrado por una “infinita tristeza” (papa Francisco). Hace años se vendió mucho el libro Más Platón y menos Prozac. Reivindicaba la filosofía frente a las pastillas. Me atrevo a remedarlo así: Menos Prozac y más Eucaristía.



Vimos romper el día
sobre tu hermoso rostro,
y al sol abrirse paso por tu frente.
Que el viento de la noche
no apague el fuego vivo
que nos dejó tu paso en la mañana.

Jesús se ha presentado como la luz del mundo (cf. Jn 8,12). Donde él está, su hermoso rostro –“Eres el más bello de los hombres”, canta el salmo 44 se convierte en un espejo refulgente que proyecta el chorro de la luz de Dios para disipar toda tiniebla. También a nosotros nos alcanza, como a Moisés, esa luz, hasta el punto de transformar nuestros rostros en rostros resplandecientes, en testigos de la Luz: “Tu luz nos haces ver la luz” (Sal 35,10). Nuestro deseo es que “el viento de la noche no apague el fuego vivo”, que otras luces menores no nos desvíen del camino, que la noche de la duda o de la injusticia no malogre el tesoro que nos dejó su paso “en la mañana”.

Arroja en nuestras manos,
tendidas en tu busca,
las ascuas encendidas del Espíritu;
y limpia, en lo más hondo
del corazón del hombre,
tu imagen empañada por la culpa.

Para seguir buscando sin errar no nos basta la brújula de nuestra inteligencia ni la sabiduría de lo que otros han dicho. Necesitamos “las ascuas encendidas del Espíritu”. Solo el Espíritu de Jesús puede limpiar su imagen “empañada por la culpa”; sobre todo, por el olvido que ha ido llenando su imagen bella de las telarañas de la indiferencia. ¿Siguen estando nuestras manos “tendidas en tu busca”?

Mañana viernes 31 de marzo comienza en Madrid la 45 Semana Nacional para Institutos de Vida Consagrada. Deseo a mis hermanos claretianos que la organizan y a todos los que van a participar en ella un encuentro renovador con Cristo resucitado. La Vida Consagrada no puede abandonarse a la frustración. Los religiosos y religiosas están llamados a pasar “de quemados a encendidos”. Necesitamos recorrer con Jesús el camino hacia Emaús. 

martes, 29 de marzo de 2016

Héroes anónimos

El tiempo de Pascua es una invitación a abrir los ojos para caer en la cuenta de que estamos rodeados de gente buena. Algunas personas han saltado a la fama. Todo el mundo las conoce: por ejemplo, Teresa de Calcuta o Vicente Ferrer en la India. Se ha hablado, incluso, de la felicidad según Vicente Ferrer. En el ámbito de España es muy famoso el  P. Angel García, presidente de Mensajeros de la Paz. En Italia hay también un buen grupo: la comunidad de San Egidio, don Luigi Ciotti, don Antonio Mazzi y muchos otros hombres y mujeres. En los países de quienes leéis este blog habrá, sin duda, otras muchas personas famosas empeñadas en entregar su vida al servicio de los pobres. Todas ellas nos han despertado de nuestro letargo. Estamos agradecidos por su testimonio de entrega a tiempo pleno; a veces, de manera heroica. Casi todas ellas han puesto en marcha instituciones que prolongan su compromiso con los más necesitados. Muchas han recibido reconocimientos públicos, desde el Premio Nobel de la Paz (Madre Teresa) al Príncipe de Asturias de la Concordia (P. Ángel García).

Cada uno de nosotros tenemos nuestra lista de los ángeles (hombres y mujeres) que hoy siguen anunciando buenas noticias, que son mensajeros de resurrección. Los que saltan a los medios son, en realidad, muy pocos. Si caen bien, son aupados, se convierten pronto en héroes de la solidaridad. Pero, como sucede con todas las estrellas mediáticas, pueden ser también denostados. El ejemplo más claro es el de la beata Teresa de Calcuta. A veces, los héroes famosos se ven sometidos a la presión de la fama. Corren el riesgo de volverse un poco arrogantes, malhumorados y narcisistas, olvidando el principio evangélico: “Que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha”. Sus defectos suelen ser del tamaño de sus virtudes. Unos pocos acaban siendo intratables, megalómanos, admirados pero no queridos. Por otra parte, los mismos que los engrandecemos, llegado el caso, los vapuleamos. Es el precio de una caridad demasiado pública, de una popularidad expuesta a los baremos del mercado.

Por eso es bueno recordar que hay muchas personas que, sin cámaras de televisión, están dando lo mejor de sí mismas para hacer un mundo más respirable y humano. Son los héroes anónimos. Quizá tú mismo o tú misma eres uno de ellos. No hacen ruido. No tienen conciencia de estar cambiando el mundo. Les disgustaría ser tratados de profetas. Hacen lo que les pide el corazón: padres y madres de familia que cuidan a sus hijos con cariño, profesionales que cumplen su tarea con responsabilidad y espíritu de servicio, artistas que ponen un poco de belleza en nuestras vidas grises, voluntarios que dedican su tiempo a ayudar a los más vulnerables, etc. Pienso también en la inmensa red de comunidades religiosas (sobre todo, femeninas) que están discretamente donde se precisa su ayuda. Todas estas personas son verdaderos héroes anónimos. A todos ellos (hombres y mujeres) va dedicada está canción que compuso hace años el cantautor cristiano Luis Alfredo
Su nombre no saldrá mañana en el periódico
Ni a mediodía su rostro en la televisión
Pero les aseguro que mi amigo es un héroe
De esos que dan su vida, por amor.

Tendrá veinte años poco más o menos
Y los ojos despiertos como un volcán
Una sonrisa fácil, aunque de hablar reservado
Y le encanta el fútbol y salir a bailar. 

Hasta aquí me dirán nada de particular
Nada que justifique que le vayas a cantar
Pero el fin de semana cuando cierra los libros
Mi amigo se viste de Superman. 

Porque es un héroe
Un héroe anónimo
Un héroe (oe oe oe)
Un héroe anónimo
Es un héroe oh si
Un héroe. 

Tiene toda una sala solo a su cargo.
Diez o quince niños, yo diría que mil
Y a cada uno de ellos llama por su nombre
Y cada uno de ellos le responde papá. 

A Antonio de quince le da de comer en la boca.
Al Rata de once le está enseñando a andar.
Y por la noche, después que los ha acostado a todos,
se mete en la cama a escuchar a Maná. 

Y el lunes en la facultad se hablará de mil cosas.
Cada uno tendrá una historia que contar
Pero mi amigo que tiene una sonrisa fácil
Es más bien reservado a la hora de hablar.

Aquí tenéis el vídeo con la interpretación del autor, Luis Alfredo Díaz:


Y aquí otro, con la interpretación del cantante argentino Daniel Poli:


lunes, 28 de marzo de 2016

Ahora toca cantar Aleluya

Estamos ya en el Tiempo pascual, un período de cincuenta días para celebrar la resurrección de Jesús. Aquí en Italia celebramos hoy el Lunedì dell'Angelo o la Pasquetta. Es un día para estar en familia y salir al campo. Me temo que este año no va a ser fácil practicar la segunda posibilidad porque ha amanecido un día gris y amenaza lluvia. En otros muchos países del mundo, también hoy es un día festivo. Se ve que las tres Pascuas (Navidad, Resurrección y Pentecostés) necesitan prolongarse un poco más para que podamos hacernos cargo de su importancia. Yo tengo tarea, así que me quedaré en casita preparando los próximos compromisos en Portugal e Inglaterra. Me había levantado con muy buen humor, pero la noticia de la nueva masacre de cristianos en Pakistán me ha dejado temblando. 

Si hay algún canto que se repite incesantemente durante estas siete semanas es el Aleluya, una expresión hebrea que significa “Alabad a Dios”. En la carta de ayer puse un vídeo con una de las innumerables versiones del Aleluya de Haendel. ¡Menos mal que a nadie se le ocurrió tirarme de las orejas por haber insinuado con ironía que el tema fue compuesto como un jingle para el anuncio de Conguitos! ¿Quién no ha compuesto su propio Aleluya alguna vez, incluso bajo la ducha? 

Como durante los días del triduo pascual escribí mucho, no quiero pasarme ahora, así que el post de hoy va a estar cargado de vídeos. La música nos pone a tono. 

Uno de los Aleluyas que recuerdo cuando era joven era éste con el que Israel ganó el festival de Eurovisión en 1979. ¿Os suena?


Pero si ha habido un Aleluya que ha sido versionado muchas veces en las tres últimas décadas es el que compuso Leonard Cohen en 1984 y que incluyó en su disco Various Positions. Os ahorro explicaciones sobre su génesis y su sentido ambiguo. Echad un vistazo a la letra y juzgad vosotros mismos.

HALLELUJAH
(Leonard Cohen)

ALELUYA
(Leonard Cohen)
Now I've heard there was a secret chord
That David played, and it pleased the Lord
But you don't really care
for music, do you?
It goes like this
The fourth, the fifth
The minor fall, the major lift
The baffled king composing Hallelujah.

Hallelujah…

Your faith was strong but you needed proof
You saw her bathing on the roof
Her beauty and the moonlight overthrew her
She tied you
To a kitchen chair
She broke your throne,
and she cut your hair
And from your lips she drew the Hallelujah.

Hallelujah…

You say I took the name in vain
I don't even know the name
But if I did, well really, what's it to you?
There's a blaze of light
In every word
It doesn't matter which you heard
The holy or the broken Hallelujah.

Hallelujah…

I did my best, it wasn't much
I couldn't feel, so I tried to touch
I've told the truth, I didn't come to fool you
And even though It all went wrong
I'll stand before the Lord of Song
With nothing on my tongue but Hallelujah.

Hallelujah…

He oído que existe un acorde secreto
que David solía tocar, y que agradaba al Señor.
Pero tú no le das mucha importancia a la música, ¿verdad?
Era algo así como
la cuarta, la quinta
cae la menor y sube la mayor.
El rey, confundido, componiendo un aleluya.

Aleluya…

Tu fe era fuerte, pero necesitabas una prueba.
La viste bañarse en el tejado.
Su belleza, y el brillo de la luna, te superaron.
Te ató a la silla
de su cocina.
Rompió tu trono,
y cortó tu pelo.
Y de tus labios arrancó un aleluya.

Aleluya…

Dices que tomé su nombre en vano.
No conozco siquiera su nombre.
Pero si lo hice, bueno, ¿qué significa para ti?
Hay un resplandor de luz
en cada palabra.
No importa la que hayas oído.
La sagrada o la rota. Aleluya.

Aleluya…

Hice lo mejor posible, no fue mucho.
No podía sentir, así que intenté tocar.
Dije la verdad, no te tomé el pelo.
Y aun así, todo salió mal.
Permaneceré ante el Señor de la Canción,
sin nada en mi lengua más que el aleluya.

Aleluya…

Aquí tenéis una interpretación lúgubre del propio Leonard Cohen:


Y aquí una versión más movida de Bon Jovi:


Creo que os va a gustar ésta realizada por tres niños:


Hay también versiones en español como ésta de Il Divo:


Ya me diréis cuál de todas os gusta más. No pongo otras algo extravagantes, como la de un cura irlandés al final de una boda y que se hizo viral hace unos meses.

Bueno, no digáis que no hemos empezado el tiempo pascual con ritmo. No puedo terminar el post de hoy sin poneros el Aleluya de la tierra de mis amigos de Brotes de Olivo. Hasta mañana. Buen comienzo de semana.


FELIZ PASCUA 
a los más rezagados.


domingo, 27 de marzo de 2016

El alba es más fuerte que la noche - Carta de Pascua

Queridos amigos y amigas: Empecé este blog el pasado 20 de febrero. Hoy, Domingo de Pascua, escribo el post número 40. Hemos cubierto juntos una cuaresma comunicativa. Muchas gracias por vuestra compañía, apoyo y estímulo. A lo largo de estas cinco semanas, cientos de personas os habéis acercado a “El Rincón de Gundisalvus”. La mayoría lo hacéis (por este orden) desde España, Italia, Estados Unidos, Colombia, Puerto Rico, Alemania, Irlanda, Argentina, México, Polonia… Pero hay también visitas de Portugal, Taiwán, Bolivia, Venezuela, etc. Algunos sois lectores habituales; otros habéis llegado hasta aquí por casualidad. Por lo general, casi todos enlazáis con este blog desde vuestra cuenta de Facebook. Sois pocos los que entráis directamente. Estos datos y otros muchos me los proporciona la función Estadísticas del propio blog. Pero no dejan de ser referencias anónimas. Les faltan rostros y nombres. Hoy, día de Pascua, quisiera enviaros un saludo cordial a todos y cada uno de los que visitáis el blog. Por eso, he querido dar a este post la forma de carta, que siempre es más directa y personal.

Mientras escribo, reina un silencio completo en mi casa. En Roma ha amanecido un día soleado. Es como si la naturaleza se sumara a la fiesta de la Resurrección de Jesús. Dentro de un par de horas celebraré la Eucaristía en la residencia de ancianas a la que he estado yendo estos días de la Semana Santa. El Viernes Santo, después de la celebración de la Pasión del Señor, una de ellas me confesó: “Me encanta que seamos pocos, así me siento como en familia”. La ancianidad es una de esas periferias existenciales a las que a menudo se refiere el papa Francisco. Por eso,  me alegro de poder celebrar el misterio del Cristo muerto y resucitado con estas señoras ancianas, algunas sin más familia que las hermanas que las cuidan y sus compañeras de residencia.


El pasado Viernes Santo me impresionó mucho la oración a la Cruz del Señor que el papa Francisco hizo al final del Via Crucis del Coliseo. Fue una lista de los 14 dolores de nuestro tiempo. El último sonaba así: “Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en nuestro Mediterráneo y en el Mar Egeo convertidos en un insaciable cementerio, imagen de nuestra conciencia insensible y anestesiada”. Aludía al drama de los refugiados que tanto dolor nos está produciendo en los últimos meses.

Pero oraba, a continuación, con otras realidades de nuestro tiempo que son signo del triunfo de Cristo sobre la muerte. Aunque esta carta se alargue un poco, quisiera incluirlas aquí. Representan la letanía de los testigos actuales –a menudo, inconscientes de su hermosa tarea– de la Resurrección de Jesús:

Las personas buenas y justas que hacen el bien sin buscar el aplauso o la admiración de los demás.

Los ministros fieles y humildes que alumbran la oscuridad de nuestra vida, como candelas que se consumen gratuitamente para iluminar la vida de los últimos.

El rostro de las religiosas y consagrados –los buenos samaritanos– que lo dejan todo para vendar, en el silencio evangélico, las llagas de la pobreza y de la injusticia.

Los misericordiosos que encuentran en la misericordia la expresión más alta de la justicia y de la fe.

Las personas sencillas que viven con gozo su fe en las cosas ordinarias y en el fiel cumplimiento de los mandamientos.

Los arrepentidos que, desde la profundidad de la miseria de sus pecados, saben gritar: Señor acuérdate de mí cuando estés en tu reino.

Los beatos y en los santos que saben atravesar la oscuridad de la noche de la fe sin perder la confianza en ti y sin pretender entender tu silencio misterioso.

Las familias que viven con fidelidad y fecundidad su vocación matrimonial.

Los voluntarios que socorren generosamente a los necesitados y maltratados.

Los perseguidos por su fe que con su sufrimiento siguen dando testimonio auténtico de Jesús y del Evangelio.

Los soñadores que viven con un corazón de niños y trabajan cada día para hacer que el mundo sea un lugar mejor, más humano y más justo.

Estoy seguro de que os reconocéis en alguna de estas categorías. También vosotros sois testigos y mensajeros. Esto significa que, por mucho mal que haya en nuestro mundo, la fuerza de Cristo resucitado sigue produciendo vida, alegría y esperanza. Hace años, leí en una columna de un periódico algo parecido a esto: "Mientras cada noche nos acostamos derrotados por las malas noticias de la televisión, a la mañana siguiente encontramos el periódico, una botella de leche y una barra de pan en el rellano de la escalera. Mientras unos pocos miles de hombres buscan destruir el mundo, millones de seres humanos hacen todo lo posible por construirlo. La vanguardia de la historia pertenece a los panaderos". Esta es la fuerza escondida de la Resurrección de Jesús que actúa como levadura en la masa del mundo.

El Papa terminaba su oración así: “Oh, Cruz de Cristo, enséñanos que el alba del sol es más fuerte que la oscuridad de la noche. Oh Cruz de Cristo, enséñanos que la aparente victoria del mal se desvanece ante la tumba vacía y frente a la certeza de la Resurrección y del amor de Dios, que nada lo podrá derrotar u oscurecer o debilitar. Amén”.


Amigas y amigos, sin Resurrección no tendríamos ningún motivo serio para seguir viviendo. Pablo lo expresó con palabras insuperables: “Seríamos los más desgraciados de los hombres” (1 Cor 15,19). Nos quedaríamos sumergidos en un interminable Sábado Santo, en la noche de la ausencia. A lo más, nos atreveríamos a confesar nuestro desconcierto como María de Magdala: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto” (Jn 20,2). ¿Dónde está Jesús en un mundo que vive etsi Deus non daretur (como si Dios no existiera)? ¿Dónde está Jesús en un mundo tan inhumano e injusto, que ridiculiza sus bienaventuranzas?

No sabemos dónde lo han puesto porque el Resucitado es un insumiso: no se ata ya a ningún espacio o tiempo concretos, los traspasa todos. Por la fuerza del Espíritu, se ha convertido en el contemporáneo de todo ser humano. Está en ti y en mí, a la vuelta de la esquina. Hay que abrir los ojos del corazón.

Desde esta fe regalada, os deseo una FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN. Dondequiera que estéis, cualquiera que sea vuestra situación personal, incluso en medio de la duda, creed que el Resucitado os sale al encuentro para transformar vuestra noche en un alba sin tramonto. Sentiréis una bocanada de alegría fresca.

Recibid un fuerte abrazo de vuestro amigo Gonzalo (o Gundisalvus).

Hoy os dejo con una famosa pieza musical compuesta para promocionar una conocida marca de Conguitos. Bueno, quizá Händel la compuso un poco antes con otro propósito. Vosotros podréis juzgar.


Si os va la marcha, quizá prefiráis este otro vídeo de Nidia Quintanilla:


sábado, 26 de marzo de 2016

Cerrado por defunción - Abierto por esperanza

Se suele decir que hoy es un día no litúrgico porque hasta bien entrada la noche no hay ninguna celebración prevista. La Iglesia tampoco celebra hoy la Eucaristía. Se mantiene en un ayuno que prepara la venida del novio. Tras la pasión del Señor, ayer Viernes Santo, hoy parece que hemos entrado en una situación de stand-by. Domina un silencio sereno, como el que suele acompañar a las familias tras el sepelio de sus muertos queridos. Después de haber llorado mucho, el cuerpo y el espíritu entran en una fase de sosiego, como si intuyeran que ya no hay que mirar atrás, que “lo mejor está siempre por llegar”.

A más de uno le gustaría colgar el cartel de “Cerrado por defunción”. En realidad, eso es lo que piensan muchas personas con respecto al futuro de la fe cristiana y, más en concreto, de la Iglesia. Desearían que se quedaran en un Sábado Santo perpetuo, en el día de la ausencia. Eso es lo que imaginó también Poncio Pilatos: muerto el perro, se acabó la rabiaLo que ocurre es que se llevan expidiendo certificados de defunción desde la tarde del 7 de abril del año 30. Pero nada ni nadie encierra el poder de la Vida. Ni siquiera nuestra indiferencia.

El dictamen suena ya un poco repetitivo. El cristianismo lleva desapareciendo desde que nació. ¿O no será que los doctores que expiden estos certificados han interpretado mal los síntomas? Es verdad que hay formas de seguir a Jesús que van muriendo con el paso del tiempo porque están muy ligadas a un contexto cultural y social determinado o porque identifican la esencia con la escoria. Es verdad que las estadísticas oscilan, quizá porque no sabemos contar: incluimos a los que nunca han dicho sí con el corazón, aunque estén registrados en nuestros archivos, y excluimos a muchos otros sin papeles que se sienten tocados por Jesús. 

El interés por el Crucificado-Resucitado es más fresco y universal que nunca. El mundo no se reduce a nuestra pequeña Europa. Jesús tiene seguidores de primera generación en África, América y Asia que nos despiertan de nuestras inconsistencias y rutinas. Incluso aquí, sin hacer ruido, hay personas y comunidades que están viviendo un cristianismo renovado: místico y profético a un tiempo. A veces, se trata de personas que, tras años de alejamiento, redescubren la alegría de la fe y regresan a la comunidad. En otros casos, son personas que se encuentran por primera vez con Jesucristo y quedan enganchadas. Algún día del tiempo pascual contaré historias concretas. Son los nuevos Hechos de los Apóstoles que el Espíritu sigue escribiendo en nuestro tiempo.

Por eso, más que cerrar el quiosco por defunción de su propietario, habría que colgar otro cartel: “Abierto por esperanza”. Creo que el Sábado Santo es como un día de comienzos de primavera en el que de repente, sin saber bien por qué, comienzan a despuntar brotes en las ramas de los árboles que parecían muertas. Uno se puede quedar mirando desde lejos el árbol desnudo. O puede acercarse para percibir que algo está naciendo. El Sábado Santo es, ciertamente, un curso acelerado de no sabe-no contesta, un símbolo de la ausencia de Dios, pero es, sobre todo, el momento de la noche más cercano al alba. Es el final del invierno que se abre a la primavera. El noveno mes de un embarazo. 

El Sábado Santo es también un día mariano por excelencia, porque la Madre, que supo estar al pie de la cruz, nunca perdió la esperanza. Por eso, María es la acompañante de todos aquellos que, probados por las crisis de la vida, han tirado la toalla. No hay dolor humano que no comprenda después de haber estado "junto a la cruz de Jesús". Quienes más se desesperan no suelen ser quienes viven el dolor de cerca sino quienes especulan sobre él de lejos. Hay enfermos terminales que tienen que insuflar un poco de esperanza a sus familiares porque éstos no soportan la experiencia de la muerte.

Esta noche, en la Vigilia Pascual, actualizaremos, ese acontecimiento tan nuevo que no hay palabra que lo encierre. Lo llamamos resurrección, pero bien podríamos denominarlo victoria sobre la muerte, el espacio y el tiempo. ¡Feliz y serena espera!

viernes, 25 de marzo de 2016

Eran como las tres de la tarde

Cuando era niño, todo se detenía el Viernes Santo. Era como si el reloj de la historia marcara solo las tres de la tarde. Como si el mundo entero solo tuviera un deber que cumplir: mirar con “vergüenza digna” –como dijo ayer el papa Francisco en la Misa Crismal– el cuerpo inerte del Crucificado

Hoy todo es diferente. El reloj no se detiene. Los hombres y mujeres van al cine, a la montaña o a la playa. Desean disfrutar de las vacaciones de primavera para desperezarse del invierno y recargar baterías. Las agencias de viaje se forran las manos: en pocos días hacen su agosto… ¡en marzo! El "asunto de Cristo" (su muerte, sepultura y resurrección) es solo la excusa perfecta para un fin de semana largo. 

Pero yo no puedo librarme de mis recuerdos infantiles. Me oprime una secreta tristeza. Me cubre un velo de abatimiento. Si Cristo ha muerto… que se pare el mundo. Todo me suena a hueco. Todo me parece una grotesca farsa. Mis propias palabras son solo el eco de un murmullo. Si Cristo ha muerto… quizá todo ha sido un inmenso error que ha conducido a un fracaso obsceno. Entonces todo lo que hago no es más que una huida hacia adelante para no tener que mirar el cuerpo inerte del Crucificado

Si me declaro ateo, levanto acta de la defunción de una esperanza. Si me lavo las manos en el agua del agnosticismo, practico la religión de Pilatos: ni contigo ni contra ti, a favor de mi duda. Si me confieso creyente, tal vez no sé lo que digo. Pura rutina para sobrellevar la angustia y el miedo. Mejor, me voy a la playa. El ruido de las olas y el murmullo del viento amortiguan el peso de mi desconcierto.

Es Viernes Santo. Hasta la India, país con alma hindú, lo celebra como fiesta nacional. Aquí, en Europa, este Good Friday pierde peso. Los periódicos ya no hablan de que Cristo ha muerto. Reportan el fallecimiento de Cruyff, uno de los grandes del fútbol mundial. Hablan de que los hoteles están llenos y han subido los precios. Es Viernes Santo. El ayuno ha sido sustituido por un concurso de paellas. 

Solo los que van a morir lo entienden. Es Viernes Santo: el día de todos los condenados. Ni siquiera sabría componer una lista presentable. Los sufrientes son la mayoría silenciosa del planeta Tierra. Hay una democracia del dolor que gana siempre por goleada. No es necesario regresar a Auswitchz, Srebrenica, Siria o Sudán del Sur. El dolor y la muerte golpean con los nudillos en nuestra propia puerta. Tienen nombre de niños abusados y explotados, mujeres maltratadas, parados de infinita duración, refugiados sin cobijo, enfermos desahuciados, ancianos abandonados en un asilo, jóvenes sin porvenir, cristianos perseguidos y martirizados, musulmanes masacrados por sus propios correligionarios, campesinos desplazados, toxicómanos sin rehabilitación, víctimas de atentados terroristas y accidentes de carretera, niños abortados, ...

Los que vivimos bien pasamos página. No estamos hechos para viernes negros, sino para placenteros fines de semana. ¡Gracias a Dios, es viernes… pero no santo! ¿Es que, tras largos siglos de monserga eclesiástica, no pueden dejarnos respirar un poco? Después de lunes negros, martes estresados, miércoles perdidos y jueves resecos... ¿para qué queremos un Viernes Santo? Lo que necesitamos son unas buenas vacaciones. ¡Y que corra el dinero!

Me brotan las palabras con rabia contenida. Conviven en mí el creyente, el agnóstico y el ateo. Soy Judas y Juan al mismo tiempo. Me quedo detenido en el Oh Dios, ¿por qué me has abandonado? No tengo la humildad suficiente para pasar al Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. Pero esta es la más profunda verdad: no sabemos lo que hacemos. Nos permitimos matar a Dios porque nos gusta demostrar lo maduros que somos. No acabamos de superar una interminable adolescencia. Llegados a la sacrosanta adultez del hombre científico y liberado, no necesitamos ni dioses ni cristos. Nos bastamos solos para organizar el gran teatro del mundo. Ahora la informática nos echa una mano. Mañana… el azar dirá. Y los que sufren… que se apañen como puedan. No tenemos hombros para cargar con todo el dolor del mundo. Que cada palo aguante su vela.

Sumergido en este mar de contradicciones, poco me importa calcular con precisión el año de la muerte de Jesús o hacer una interpretación simbólico-teológica y no mítica de los fenómenos extraordinarios que acompañaron su muerte o descifrar algunos enigmas a partir del examen forense de su cuerpo. Aunque los evangelios le dedican una atención superlativa, se sigue diciendo que de la muerte de Jesús no sabemos (casi) nada. Hoy no es un día para investigaciones. Caso cerrado. 

Las dudas solo se resuelven mirando al que traspasaron, atreviéndose a contemplar el cuerpo inerte del Crucificado durante más de un segundo fugaz. Estar ahí, al pie del dolor, sin esconderlo ni disimularlo. Como María. Solo ella, el discípulo amado y algunas mujeres –no los discípulos oficiales– permanecieron junto a la cruz: Stabat mater iuxta crucem

Unos rockeros cristianos se han atrevido a poner ritmo a la experiencia del Getsemaní. Yo os dejo con el poder evocador de la pintura y la poesía. Solo el arte acierta a no profanar demasiado el Misterio.


(Miguel de Unamuno)


¿En qué piensas Tú, muerto, Cristo mío?
¿Por qué ese velo de cerrada noche
de tu abundosa cabellera negra
de nazareno cae sobre tu frente?
Miras dentro de Ti, donde está el reino
de Dios; dentro de Ti, donde alborea
el sol eterno de las almas vivas.
Blanco tu cuerpo está como el espejo
del padre de la luz, del sol vivífico;
blanco tu cuerpo al modo de la luna
que muerta ronda en torno de su madre
nuestra cansada vagabunda tierra;
blanco tu cuerpo está como la hostia
del cielo de la noche soberana,
de ese cielo tan negro como el velo
de tu abundosa cabellera negra
de nazareno.Que eres, Cristo, el único
hombre que sucumbió de pleno grado,
triunfador de la muerte, que a la vida
por Ti quedó encumbrada. Desde entonces
por Ti nos vivifica esa tu muerte,
por Ti la muerte se ha hecho nuestra madre,
por Ti la muerte es el amparo dulce
que azucara amargores de la vida;
por Ti, el Hombre muerto que no muere
blanco cual luna de la noche. Es sueño,
Cristo, la vida y es la muerte vela.
Mientras la tierra sueña solitaria,
vela la blanca luna; vela el Hombre
desde su cruz, mientras los hombres sueñan;
vela el Hombre sin sangre, el Hombre blanco
como la luna de la noche negra;
vela el Hombre que dio toda su sangre
por que las gentes sepan que son hombres.
Tú salvaste a la muerte. Abres tus brazos
a la noche, que es negra y muy hermosa,
porque el sol de la vida la ha mirado
con sus ojos de fuego: que a la noche
morena la hizo el sol y tan hermosa.
Y es hermosa la luna solitaria,
la blanca luna en la estrellada noche
negra cual la abundosa cabellera
negra del nazareno. Blanca luna
como el cuerpo del Hombre en cruz, espejo
del sol de vida, del que nunca muere.
Los rayos, Maestro, de tu suave lumbre
nos guían en la noche de este mundo
ungiéndonos con la esperanza recia
de un día eterno. Noche cariñosa,
¡oh noche, madre de los blandos sueños,
madre de la esperanza, dulce Noche,
noche oscura del alma, eres nodriza
de la esperanza en Cristo salvador!
  
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