sábado, 11 de marzo de 2017

Paseo virtual por Villa Adriana

El hecho de vivir en Roma hace que de vez en cuando uno piense en los romanos. No me refiero a los habitantes actuales de esta hermosa y caótica ciudad italiana sino a los que vivieron aquí hace veinte siglos. De adolescente me gustaban mucho las películas de romanos. Me hacían soñar con un mundo fascinante. Hoy, visitando las ruinas de los foros o la imponente silueta del Coliseo, tengo la impresión de que las civilizaciones son como las personas: nacen, crecen, maduran y mueren. En realidad, no desaparecen del todo, porque siempre perviven de múltiples formas, pero dejan espacio a otras maneras de organizar la vida social. Es evidente que la civilización romana pervive en la cultura occidental (pensemos en la influencia del latín en las lenguas romances o en el derecho romano, la arquitectura, etc.), pero hace mucho tiempo que dejó de ser determinante. Por muy esplendentes y poderosas que hayan sido, todas las civilizaciones acaban sucumbiendo a su propia debilidad interna. Bastan luego algunos factores externos para que se desmoronen. ¿Sucederá lo mismo con la llamada civilización occidental? Es conocida la sugerente y controvertida tesis de Samuel Hungtington sobre el choque de civilizaciones, pero hoy sábado es mejor no meterse en un debate complicado. Ya tendremos tiempo otro día.

Os dejo con un vídeo que reconstruye cómo era la famosa Villa Adriana, la magnífica residencia imperial a pocos kilómetros de Roma. La villa fue construida en Tibur (actual Tívoli) como lugar de retiro por el emperador Adriano en el siglo II. En ella pasó los últimos años de su vida, disfrutando de la paz que no encontraba en Roma. Tras su muerte, la villa fue usada por varios de sus sucesores. Cuando el Imperio Romano entró en declive, la hermosa villa cayó también en desuso y quedó parcialmente en ruinas. Durante los siglos posteriores, sobre todo en el siglo XVI, fue desmantelada para aprovechar sus materiales en otras construcciones. Las ruinas de la villa Adriana son un testimonio elocuente de que la civilización romana ha pasado. Quedan por muchas partes del antiguo imperio otras ruinas hermosas. Hoy, las técnicas digitales nos ayudan a visualizar cómo eran las construcciones originales. Esto nos permite disfrutar de su belleza y grandiosidad. Las reflexiones de fondo las dejamos para otro día. Buen fin de semana. 


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