domingo, 17 de abril de 2022

Aspirad a los bienes de arriba


Parece que este año la naturaleza se ha puesto de acuerdo para celebrar el triunfo de Cristo. Anoche, durante la vigilia pascual, brillaba la luna llena. Hoy luce un sol radiante. En este marco cósmico la liturgia estalla de gozo: “Lucharon vida y muerte / en singular batalla, / y, muerto el que es la Vida, / triunfante se levanta”. El duelo entre la vida y la muerte continúa en nuestra historia, pero la resurrección de Cristo marca el desenlace: “Primicia de los muertos, / sabemos por tu gracia / que estás resucitado; / la muerte en ti no manda”. 

Y porque sabemos que la muerte ya no es la última palabra de la aventura del hombre sobre la tierra, nos atrevemos a pedir: “Rey vencedor, apiádate / de la miseria humana / y da a tus fieles parte / en tu victoria santa”. No solo eso. Empezamos a vivir ya como resucitados: “Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra” (Col 3,1-2).


Desbordado por la intensidad de estos días, me quedo sin palabras. Tengo la impresión de haber dicho todo lo que puedo decir. Cada año que pasa soy más consciente de que me quedo en los suburbios de la fe. Escribo que Cristo ha resucitado sin hacerme cargo de lo que significa. No digo que repita la fe de la Iglesia como un papagayo, sino que todo me sabe a poco. ¡Hasta el lenguaje de la poesía se me antoja torpe y paralítico! No digamos el de la historia o la teología. Palabras, palabras, palabras. 

Solo la vida explica a la Vida. Donde no hay vida nueva, la resurrección es solo un artículo de consumo religioso. Empezamos a barruntar su significado cuando pasamos del pecado a la gracia, de la turbación al consuelo, del orgullo a la humildad, de la oscuridad a la luz, de la tristeza a la alegría, del egoísmo a la entrega. No por mucho predicar resucitamos más temprano.


Mientras tecleo a toda prisa estas notas pascuales pienso en los lectores de este Rincón. Intento repasar las historias de quienes me resultan conocidos. ¿Cómo se va a colar el Resucitado por las rendijas de nuestras heridas y preocupaciones? ¿Cambiarán algo nuestras vidas desde que hemos vuelto a cantar el Aleluya? ¿Experimentaremos, siquiera en estado embrionario, la novedad del Cristo joven o seguiremos con nuestros viejos hábitos cansados? No hay nada más triste que una buena noticia falsa. 

¿Con qué cara vamos a cantar “Resucitó, resucitó, aleluya, aleluya” si seguimos chapoteando en el fango de nuestro egoísmo? A Cristo nuevo, vida nueva. Tenemos 50 días por delante para saborear la novedad. Si el Resucitado sigue conservando en su cuerpo glorioso las señales de las heridas, no escondamos las nuestras. Dejemos que la fuerza de su gracia se manifieste en la debilidad de nuestra carne. El tesoro de la fe lo llevamos siempre en vasijas de barro. Así brillará con más fuerza la luz de su resurrección.

Feliz Pascua



1 comentario:

  1. Nos dices: “Hoy compartes mucho y nuevo…” y añades: “Tengo la impresión de haber dicho todo lo que puedo decir.” No, no lo has dicho todo… siempre llevas novedad.
    “Escribo que Cristo ha resucitado sin hacerme cargo de lo que significa… todo me sabe a poco.” Gracias por compartir este tu sentir que a mí me lleva a la pregunta: “mientras estemos en este mundo, ¿llegará un momento de que acabaremos de entender el significado de la Resurrección de Jesús? Ojalá podamos ir diciendo: “me sabe a poco”.
    No sé por dónde se va a colar el Resucitado… Hay tantas rendijas por las que puede colarse y a diario… me pregunto: ¿sabremos reconocerle?
    Soy consciente que lo que estoy haciendo es resaltar tus ideas que me calan profundamente… sabes hacerte cargo de lo que es la vida. “Si el Resucitado sigue conservando en su cuerpo glorioso las señales de las heridas, no escondamos las nuestras. Dejemos que la fuerza de su gracia se manifieste en la debilidad de nuestra carne”.
    Feliz Pascua, Gonzalo… Un abrazo.

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