miércoles, 3 de junio de 2026

Faltan tres días


Esta mañana he recibido mi acreditación para cubrir el viaje del papa León XIV a España en el Centro Internacional de Prensa (CIP) que se ha establecido en la sede la presidencia de la Comunidad de Madrid, sita en la Puerta del Sol. Además de la tarjeta identificadora (con foto incluida), el pack incluye una botella de vidrio para mantenernos hidratados en estas jornadas veraniegas, una SIM gratuita, una tarjeta para moverse por la red pública de transportes de la comunidad y alguna otra cosilla de poca monta. Preveo que el CIP se quedará pequeño para tantos periodistas acreditados. 

En cuanto cuelgue esta breve entrada, correré a la plaza de Cibeles para una rueda de prensa con el arzobispo José Cobo y las arquitectas que han diseñado los escenarios de la vigilia con los jóvenes y la misa del domingo. Faltan solo tres días para que el papa León XIV aterrice en Madrid. Crece la expectación… y también las críticas y reivindicaciones. Nada nuevo. Unos quieren que vaya al Valle de los Caídos, otros que no visite la abadía de Montserrat y algunos (políticos y eclesiásticos) que utilice más el catalán en las ceremonias de Barcelona.


Hay grupos (muchos) que exigen ser recibidos por el Papa. En el caso de que no suceda, algunos amenazan con la apostasía. Ahí es nada. Abundan también los improvisados “redactores” de sus discursos. En vez de disponerse a escuchar al Papa con un mínimo de obsequiosa cortesía, le sugieren (y hasta le ordenan) lo que tiene que decir en cada caso, sobre todo en su discurso en el Congreso de los Diputados. Estos diktats provienen de la derecha y de la izquierda, de progres y fachas, de creyentes y ateos. El Papa no podrá quejarse de falta de sugerencias. 

Hay infinidad de personas (católicas y no) que se alegran de su visita y otras (masones y ateos) que se apuntan de manera llamativa al “Yo no te espero”. La mayoría de los políticos aplauden el viaje y seguramente lo utilizarán para sus fines, pero algunos partidos minoritarios aprovechan la coyuntura para hacerse un poco de publicidad diciendo que ellos no participarán en los actos. En fin, que el viaje sirve de catalizador de la enorme pluralidad de nuestra sociedad y de termómetro para medir la grandeza y mezquindad de los seres humanos.


A nadie se le exige que se entusiasme con el viaje del papa León XIV o que no exprese sus críticas razonables, pero sí es exigible que se le conceda un respeto parecido al que se suele dispensar a las decenas de personajes famosos que visitan cada año en nuestro país. Como siempre, las personas más sencillas serán las que salven el significado más hondo de este viaje apostólico. 
Los cabecillas políticos y mediáticos de turno lo instrumentalizarán, lo boicotearán o lo tergiversarán. Nada nuevo. 

Voy a ver cómo llevan los automovilistas los cortes de tráfico y qué preguntas ocurrentes hacen los periodistas de los grandes medios a los organizadores. Lo que ya se ha convertido en un dogma mediático es que el coste del viaje no bajará de los 25 o 26 millones de euros. La letra pequeña se conocerá dentro de unas semanas. ¿Algo más, señoría?

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