Mañana, 13 de marzo, se cumplen
tres años desde la elección del papa Francisco. Aquel 13 de marzo de 2013, pasadas
las 7 de la tarde, acudí a la plaza de san Pedro casi corriendo. Miles de personas,
una vez difundida la noticia de la fumata
bianca, hicieron lo mismo. Millones se pegaron al televisor. Caía una lluvia mansa sobre la ciudad de Roma. Los adoquines de la plaza de San Pedro estaban resbaladizos. Después de una espera que se me hizo muy larga, apareció en el balcón de la logia el protodiácono cardenal Tauran. Cuando, con voz temblorosa, debido al Parkinson que padece, pronunció en latín el famoso Habemus papam y a continuación el nombre compuesto del cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio, me quedé desconcertado. Poco después, al ver los gestos y escuchar las palabras de Francisco (ya nadie dice Francisco I),
intuí enseguida que estábamos entrando en una nueva etapa que vendría cargada
de sorpresas. Había sido elegido el segundo día del cónclave, a la quinta
votación, un hombre “que venía casi desde el fin del mundo”. Al cabo de un
mes, repuesto de la sorpresa inicial, escribí un artículo titulado “El efecto Francisco”. Al releerlo ahora, caigo en la cuenta de que las
primeras impresiones se han ido confirmando con el paso del tiempo.
Muchos vieron en esta foto un símbolo de lo que está pasando |
¿Por qué un Papa
tan admirado por casi todo el mundo encuentra resistencia entre algunos eclesiásticos y laicos instruidos? No se trata solo de opiniones divergentes sino, a veces, de una actitud
hostil, más o menos disimulada. Me atrevo a formular una hipótesis: porque intuyen que con el papa Francisco se está agrietando la
solidez de la Iglesia católica como ellos la conciben. Como personas
inteligentes que son, saben que sus “gestos” (vivir en Santa Marta, besar los
pies de hombres y mujeres en la misa de Jueves Santo, encontrarse con el patriarca Cirilo en La Habana, viajar a Lampedusa o
Ciudad Juárez, etc.) no son inocuos y que, tarde o temprano, comportarán
cambios significativos en la doctrina y, sobre todo, en la disciplina eclesial.
Quizás algunos temen también perder sus privilegios, un estilo de vida
protegido y acomodado, pero esto es solo un "efecto colateral".
La historia
analizará con más perspectiva el alcance de este papado. Yo me atrevo a
subrayar solo un aspecto al cabo de estos tres primeros años: Francisco es un Papa no europeo. Esto, que parece una obviedad dada
su procedencia latinoamericana, implica muchas cosas de fondo. No se trata solo de un cambio geográfico sino de una nueva manera de concebir el ministerio de Pedro y, sobre todo, de ejercerlo.
El interlocutor del discurso del Papa ya no es, en primer lugar, el hombre europeo crítico y secularizado, sino los millones de empobrecidos de todo el mundo que son siempre los destinatarios principales del Evangelio de Jesús. Esto significa, de entrada, que la mayoría de la humanidad siente que este Papa se dirige a ella, que conoce sus problemas, que se sitúa en una perspectiva semejante a la de Jesús. Como dijo una anciana italiana a los pocos días de la elección de Francisco: "¡Este Papa huele a Evangelio!". Esto no significa naturalmente que los anteriores "olieran" a otra cosa, pero muchas personas no lo percibían con tanta inmediatez: se interponían demasiadas instancias doctrinales, morales, políticas, diplomáticas, etc.
El lenguaje que usa no se basa en una impoluta –y, a menudo, aséptica– reflexión de tipo doctrinal sino en “salidas de tono” (solo aparentemente extemporáneas) que provocan, despiertan y hasta escandalizan. El Papa no es teólogo o canonista. Es un pastor que está muy preocupado por las ovejas perdidas o alejadas. Hacia ellas se dirige siempre, aun a riesgo de molestar a las que siempre permanecen en el redil. Se parece bastante al padre del que habla Jesús en su conocida "parábola del padre misericordioso y de los dos hijos perdidos" (cf. Lc 15,11-32).
Su preocupación es centrar el mensaje cristiano en su núcleo pre-reflexivo, que es la experiencia de la misericordia de Dios, sin la cual todo discurso –por fiel que sea a la gran Tradición– acaba siendo postizo. Donde hay misericordia y gracia (cháris) hay alegría (chára). ¡Hasta la etimología nos ayuda a entender el misterio! Esta conexión –tan anclada en el Evangelio– tenía que ser acentuada en un momento en el que muchos creyentes vivían su fe abrumados por los escándalos de la Iglesia y millones de personas viven –como reconoce el Papa en la exhortación Evangelii gaudium– una "tristeza infinita". Solo la persona que ha experimentado a Dios como amor misericordioso puede sentirse aceptada en su pobreza, perdonada en su pecado, comprendida en su escepticismo y estimulada en su desánimo. No hay nada más revolucionario que la misericordia. Por eso, y no tanto por cuestiones dogmáticas, morales o litúrgicas, este Papa atrae tanto y molesta tanto. ¡Y hasta ha convocado un Jubileo Extraordinario de la Misericordia! Por eso, y no tanto por estrategia diplomática o por moda, este Papa lucha contra la cultura del "descarte" y promueve la del "encuentro".
Os dejo con un vídeo que para muchos de vosotros resultará desconocido. Se trata del discurso espontáneo que el papa Francisco nos dirigió a los Misioneros Claretianos el pasado 11 de septiembre de 2015:
El interlocutor del discurso del Papa ya no es, en primer lugar, el hombre europeo crítico y secularizado, sino los millones de empobrecidos de todo el mundo que son siempre los destinatarios principales del Evangelio de Jesús. Esto significa, de entrada, que la mayoría de la humanidad siente que este Papa se dirige a ella, que conoce sus problemas, que se sitúa en una perspectiva semejante a la de Jesús. Como dijo una anciana italiana a los pocos días de la elección de Francisco: "¡Este Papa huele a Evangelio!". Esto no significa naturalmente que los anteriores "olieran" a otra cosa, pero muchas personas no lo percibían con tanta inmediatez: se interponían demasiadas instancias doctrinales, morales, políticas, diplomáticas, etc.
El lenguaje que usa no se basa en una impoluta –y, a menudo, aséptica– reflexión de tipo doctrinal sino en “salidas de tono” (solo aparentemente extemporáneas) que provocan, despiertan y hasta escandalizan. El Papa no es teólogo o canonista. Es un pastor que está muy preocupado por las ovejas perdidas o alejadas. Hacia ellas se dirige siempre, aun a riesgo de molestar a las que siempre permanecen en el redil. Se parece bastante al padre del que habla Jesús en su conocida "parábola del padre misericordioso y de los dos hijos perdidos" (cf. Lc 15,11-32).
Su preocupación es centrar el mensaje cristiano en su núcleo pre-reflexivo, que es la experiencia de la misericordia de Dios, sin la cual todo discurso –por fiel que sea a la gran Tradición– acaba siendo postizo. Donde hay misericordia y gracia (cháris) hay alegría (chára). ¡Hasta la etimología nos ayuda a entender el misterio! Esta conexión –tan anclada en el Evangelio– tenía que ser acentuada en un momento en el que muchos creyentes vivían su fe abrumados por los escándalos de la Iglesia y millones de personas viven –como reconoce el Papa en la exhortación Evangelii gaudium– una "tristeza infinita". Solo la persona que ha experimentado a Dios como amor misericordioso puede sentirse aceptada en su pobreza, perdonada en su pecado, comprendida en su escepticismo y estimulada en su desánimo. No hay nada más revolucionario que la misericordia. Por eso, y no tanto por cuestiones dogmáticas, morales o litúrgicas, este Papa atrae tanto y molesta tanto. ¡Y hasta ha convocado un Jubileo Extraordinario de la Misericordia! Por eso, y no tanto por estrategia diplomática o por moda, este Papa lucha contra la cultura del "descarte" y promueve la del "encuentro".
Os dejo con un vídeo que para muchos de vosotros resultará desconocido. Se trata del discurso espontáneo que el papa Francisco nos dirigió a los Misioneros Claretianos el pasado 11 de septiembre de 2015:
Leo con gusto tus reflexiones... un abrazo, Alberto
ResponderEliminarMuchas gracias. No es fácil encontrar un momento para escribir en el tráfago de la vida diaria, pero vamos consiguiéndolo.
EliminarQuerido Gonzalo, muchas gracias por compartir este vídeo del Papa. Me ha impresionado su mensaje y cercanía, un privilegio poder escucharle como un asistente más de ese encuentro. Y mucho ánimo con el blog, tiene mucho mérito la regularidad con la que escribes. Creo que somos muchos los que valoramos y agradecemos que compartas tus reflexiones e inquietudes, un abrazo,
ResponderEliminarIván
Gracias a ti por tus palabras de ánimo. No siempre es fácil encontrar un tiempo diario, pero lo vamos logrando.
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