jueves, 1 de enero de 2026

Novedad, paz, maternidad


2026 ha empezado con niebla, temperatura gélida y calor familiar. El primer día del año tiene tres puntos de referencia: el paso del tiempo, la promoción de la paz y, sobre todo, la celebración de la maternidad divina de María

El primer punto es universal. Todos celebran a su modo el paso de un año a otro. Cada cultura tiene sus ritos. Abundan los fuegos artificiales, los baños en el mar, la ingesta de doce uvas, la quema de objetos viejos, el uso de vestidos especiales… y algunas supersticiones que pretenden atraer la suerte sobre aquellas personas que las practican. Las televisiones nos sirven en bandeja imágenes espectaculares desde Sidney hasta Ciudad de México o Los Angeles. En muchos lugares las personas se reúnen con sus familiares y amigos para cenar y desearse un nuevo año feliz. Las redes sociales estallan con gifs, vídeos y mensajes de todo tipo. A menudo no son creaciones personales, sino reenvíos interminables de materiales reciclados. Las llamadas telefónicas han dejado paso al envío masivo de mensajes cortos en los que apenas se nota la huella personal. El denominador común es un deseo difuso de bienestar, la convicción de que el paso del tiempo puede hacernos mejores, aunque comprobemos una y otra vez que las intenciones apenas se traducen en resoluciones. 


La segunda referencia es la paz. Con motivo de la LIX Jornada Mundial de la Paz, el papa León XIV nos ha dirigido un mensaje titulado “La paz esté con todos ustedes: hacia una paz desarmada y desarmante”. Extraigo algunas palabras: “Ya sea que tengamos el don de la fe, o que nos parezca que no lo tenemos, queridos hermanos y hermanas, ¡abrámonos a la paz! Acojámosla y reconozcámosla, en vez de considerarla lejana e imposible. Antes de ser una meta, la paz es una presencia y un camino. Aunque sea combatida dentro y fuera de nosotros, como una pequeña llama amenazada por la tormenta, cuidémosla sin olvidar los nombres y las historias de quienes nos han dado testimonio de ella”. 

Este Papa está muy preocupado por la paz. Sus informaciones privilegiadas le hacen temer un conflicto de proporciones globales. Por eso, no pierde ocasión para animarnos a todos, creyentes y no creyentes, a cuidar este don precioso sin el cual no podemos desarrollarnos como personas. El cuidado empieza en el santuario de la propia conciencia, allí donde maduran nuestras actitudes y decisiones.


Por último, el punto central de este primer día del año para un cristiano es la celebración de la solemnidad de Santa María, Madre de Dios. A ella, que ha dado a luz a Jesús, le pedimos que, con la fuerza del Espíritu Santo, engendre en nosotros a Dios. El dogma de la maternidad divina de María tiene mucho que ver con nuestro itinerario de fe. Se refiere, en primer lugar, al alumbramiento de Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, pero también a la gestación de Dios en cada uno de nosotros mediante la fe. En un contexto en el que muchas personas dudan de Dios y otras se declaran ateas, la presencia materna de María señala el camino. Ella sigue engendrando hijos en su corazón. 

Por otra parte, en un contexto tan descorazonado como el actual, ella nos enseña a “conservar todo en el corazón” para permitir que Dios llegue hasta nuestro centro personal y nos transforme. Vivir con corazón implica valorar la intimidad y la profundidad frente a la superficialidad, cultivar la cordialidad frente a la indiferencia, vivir la fe frente al miedo. 

En este primer día del año le pedimos a la Madre de Dios que nos ayude a no dejarnos llevar por la prisa, sino a atesorar todo en el corazón para que podamos ser hombres y mujeres de paz y de este modo el año 2026 sea una nueva oportunidad de crecer en la comunión con Dios y en la entrega a los demás.

A todos los amigos de El Rincón de Gundisalvus os deseo de corazón un...


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