Parecen palabras iguales. Comparten las vocales “e” y “o”. Solo cambia la consonante. Ambas palabras
son de origen griego. La primera (ego) significa “yo”; la segunda (eco) es un apócope
de “oikós” que significa “casa”. No es que me haya puesto en plan filólogo por
ser viernes. Lo que pasa es que ayer dediqué toda la mañana, junto con mis
compañeros del gobierno general, a profundizar en la famosa “teoría U” que
propone pasar del ego-sistema al eco-sistema para asegurar verdaderos procesos
de transformación social. Una de las ventajas de no poder viajar en esta etapa
de confinamiento es que disponemos de más tiempo para la formación permanente. En
algún momento he hablado en este Rincón
de la Indagación
Apreciativa. Como ella, la “teoría U” es un nuevo enfoque para
gestionar el cambio en un mundo que no para de evolucionar y que lo hace cada vez
de forma más acelerada. Pone el acento en el autoconocimiento para romper
patrones de conducta improductivos que pueden sofocar la creatividad y
dificultar la toma de decisiones. No es este el lugar para presentar sus siete
pasos y otros detalles técnicos que tal vez no interesen a muchos lectores. Lo que me interesa subrayar es que cuando
centramos nuestra vida en el propio “ego” desconectándolo del sistema en el que
vivimos, no hay un cambio auténtico.
Creo que uno de
los aprendizajes que podemos hacer en esta etapa de confinamiento es caer en la
cuenta de que si el sistema no funciona, de nada sirve nuestra seguridad
personal. Quizá algunos ejemplos lo pueden aclarar. ¿De qué sirve amasar dinero contaminando el ambiente si luego ese mismo ambiente se vuelve
irrespirable y una buena parte del dinero hay que gastarlo en descontaminar? Lo
que, a primera vista, parecía una ganancia, acaba revelándose como una gran pérdida.
¿Qué sentido tiene expoliar los recursos naturales de los países del tercer
mundo invirtiendo muy poco en ellos y luego quejarnos de la presión que los
emigrantes de esos países ejercen sobre el primer mundo? El egocentrismo es una
enfermedad que afecta a los individuos, familias, comunidades y países. La búsqueda
obsesiva de los propios intereses sin tener en cuenta las necesidades e
intereses de los demás conduce a la larga a una crisis del sistema en la que todos acabamos perdiendo. Por tanto,
aunque solo fuera por razones pragmáticas, es bueno siempre pensar de la manera
más global posible, tratando de involucrar a todas las partes afectadas en cualquier
proceso de cambio. El desafío consiste en pasar de un “ego-sistema” a un “eco-sistema”
en el que tomemos conciencia de las repercusiones que cada parte tiene sobre el
conjunto y el conjunto sobre cada parte.
El pasado día 22
fue el Día Internacional de la Madre
Tierra. Es evidente que el cuidado del planeta se inscribe en esta
visión eco-sistémica. Lo que resulta paradójico es que muchos de los que se
beneficiaron con los grandes desequilibrios de la revolución industrial se han
convertido ahora en feroces defensores de la ecología. Más vale tarde que
nunca. Para poner un poco de alegría, os dejo con una versión muy potente del
célebre “Aleluya de la tierra” de mis amigos de Brotes de Olivo. Me parece muy
oportuna en este tiempo pascual. Creo que os va a gustar.
Impresionante la versión del Alleluya de Brotes. Gracias, Gonzalo. Un regalazo para el alma
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