Páginas web y blogs

domingo, 19 de abril de 2026

Él está vivo


El papa León XIV está desde ayer en Angola. Mientras tecleo la entrada de este III Domingo de Pascua sigo en mi pantalla la misa que está a punto de presidir en Kilamba, cerca de la capital. Estoy seguro de que en su homilía hablará del Evangelio de hoy, el relato lucano sobre los discípulos que caminaban a Emaús. No sé cómo enfocará el Papa este relato pascual. A mí me faltan las palabras para acercarme a una narración sobre la que he escrito en numerosas ocasiones en este Rincón. 

En esta ocasión quiero poner el acento en el versículo 23: “No habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo”. Es importante subrayar el estado de tristeza y confusión de los discípulos, la logoterapia que el Resucitado les sugiere (hablar), la lectio divina que hace que arda su corazón (escuchar), la cena que “recrea y enamora” (comer) y la vuelta a la comunidad de la que se han alejado (regresar). Pero lo más importante de todo es confesar “que está vivo”. Nada tendría sentido si Él continuara en el sepulcro.


La experiencia de los discípulos de Emaús es la de muchos bautizados de hoy. Quizás en algún momento de su infancia y juventud creyeron en Jesús y se sintieron miembros de su comunidad, pero, con el paso del tiempo, han ido perdiendo la fuerza de la fe. Algunos han podido dejarse seducir por el discurso secularista que hoy domina; otros han podido sentir que sus expectativas no se han cumplido, que la fe en Jesús no les ha “servido” para afrontar las grandes cuestiones de la vida. Quizá algunos admiten que “algunas mujeres (sus abuelas o madres) los han sobresaltado”, pero eso no ha sido suficiente para quitarles las escamas de lo ojos. Siguen sin ver. 

¿Qué se necesita para descubrir que Él está vivo? ¿Habrá que participar en uno de esos “retiros Emaús” hoy tan en boga? ¿Se necesitará alguna experiencia milagrosa que rompa el muro de la incredulidad? ¿O habrá que resignarse a vivir en un permanente agnosticismo que no da por cerrada la cuestión de la fe, pero que se refugia en una confortable incapacidad para tomar una decisión valiente y arriesgada? En otras palabras, ¿cómo se pasa del cansancio, la frustración y la indiferencia al ardor de la fe? ¿Cómo se redescubre la comunidad eclesial de la que uno ha podido alejarse creyendo que el camino en solitario era más auténtico?


La respuesta que el Evangelio nos ofrece a todas estas preguntas es sencilla, directa y pedagógicamente articulada. En primer lugar, nos indica que Jesús ya está caminando con nosotros por los caminos de la vida, aunque no podamos reconocerlo. Su presencia no depende de nuestra capacidad para verla, sino de su gracia. Luego nos invita a expresar “la conversación” que llevamos, las preocupaciones que anidan en nuestro corazón. De no hacerlo, pueden acabar sumiéndonos en un pozo de confusión y tristeza. Pero no basta poner nombre a lo que nos pasa. Es preciso iluminarlo. La luz viene de la Palabra de Dios. Jesús nos habla a través de las Escrituras. Podemos escuchar muchas palabras humanas provenientes de la ciencia, la filosofía o la literatura, pero solo la Palabra de Dios tiene el poder de hacer que nuestro corazón se encienda y arda. 

Preparados por el reconocimiento de lo que nos pasa e iluminados por la Palabra, somos invitados a pedirle a Jesús que se quede con nosotros y que comparta la cena. La participación en la Eucaristía abre nuestros ojos y nos permite reconocerlo. ¿Cómo vamos a saber que está vivo si renunciamos a la mediación que Él ha querido: “Haced esto en memoria mía”? Por último, cuando parece que Él se esfuma de nuevo, nos empuja a regresar a la comunidad como lugar que mantiene siempre la fe y nos ayuda a creer. 

El mensaje es simple. Sin la luz de la Escritura, el alimento de la Eucaristía y el apoyo de la comunidad nunca vamos a superar nuestra ceguera y nuestra tristeza. Podemos ensayar otras propuestas más modernas, pero corremos el riesgo de perdernos por el camino. Si Jesús está vivo, tarde o temprano nos encontraremos con Él. 



No hay comentarios:

Publicar un comentario

En este espacio puedes compartir tus opiniones, críticas o sugerencias con toda libertad. No olvides que no estamos en un aula o en un plató de televisión. Este espacio es una tertulia de amigos. Si no tienes ID propio, entra como usuario Anónimo, aunque siempre se agradece saber quién es quién. Si lo deseas, puedes escribir tu nombre al final. Muchas gracias.